Las apuestas tenísticas, bajo el microscopio

elmundo

[Escrito en Vitoria el 8 de noviembre de 2007; publicado en el diario El Mundo el 10 de noviembre de 2007 bajo el título “Cuando fallan los filtros”, que he modificado por no ajustarse exactamente al contenido]

El tenis vive momentos de preocupación, y por primera vez en este deporte aparecen algunos nubarrones que ensombrecen su habitual brillo. Cada semana, nuevas y alarmantes declaraciones levantan sospechas acerca de partidos amañados y se lanzan acusaciones que, ya sean hechas con fundamento o bien pura exageración, causan continuos sobresaltos a los profesionales y aficionados de la raqueta.

Es un hecho que la lista de escándalos que se destapan y la de jugadores que han denunciado haber recibido un intento de soborno en alguna ocasión crece día tras día; sin embargo eso no debería ser algo demasiado preocupante. Lo que causa verdadera inquietud es la incógnita de cuán larga puede ser la lista de los que callan. Algo así debe de haber pensado la ATP cuando elaboró su última norma respecto al tema -en aplicación a partir de este mes-, que establece un periodo máximo de 48 horas para que los tenistas les comuniquen cualquier amenaza o tentativa de soborno que hayan recibido por parte de terceras personas; si no lo hacen a tiempo, se sobreentenderá su connivencia y serán duramente sancionados.

Por supuesto, esta medida no elimina la posibilidad más preocupante, que es, precisamente, la de que la iniciativa de arreglar un resultado surja del propio tenista o de su entorno. Tanto los jugadores como sus familiares y entrenadores tienen terminantemente prohibido efectuar apuestas. Si alguien intenta saltarse ese bloqueo, tendrá que enfrentarse a unas medidas de control cada vez más sofisticadas.

«No es que últimamente se produzcan más amaños en los partidos, sino que ahora existen más medios y mejor coordinación entre todas las partes implicadas para poder detectarlos», explica Sacha Michaud, gerente en España de Betfair, la compañía donde se gestionan la mayor parte de las apuestas en vivo (las realizadas con el partido ya en marcha) y gracias a la cual se destapó el caso Davydenko.

Velando tanto por su propio interés como por el del juego limpio, las casas de apuestas monitorizan toda la actividad que se produce antes y durante el transcurso de cada uno de los encuentro. Aunque ninguna de estas empresas puede desvelar excesivos detalles para no dar pistas a quien se plantee intentar cometer un fraude, existen parámetros que se miden y que pueden hacer saltar las alarmas de que está sucediendo algo anormal. Por ejemplo, la cantidad de dinero que se mueve: es evidente que en un partido de primera ronda -los más susceptibles de amaño, por otra parte- no se suelen jugar las mismas cantidades que en una gran final, salvo que alguien sepa a ciencia cierta cuál va a ser el resultado y juegue con la garantía de que no arriesga nada.

Tampoco es normal que aparezca un nuevo cliente con un historial de apuestas en blanco, juegue cantidades elevadas en un determinado encuentro, e inmediatamente se retire con las ganancias. «Hay muchos indicios de puro sentido común: no es habitual que alguien realice apuestas por importes muy elevados en contra del favorito sin que nada haga presagiar que éste va a perder, o que se juegue las mismas cantidades con independencia del marcador o del estado de las cotizaciones en ese momento», explica a EL MUNDO un apostante experimentado.

Todos estos parámetros que pueden ayudar a detectar comportamientos anómalos en algún apostante son escrutados de forma automatizada. «De los 30 millones de euros que invertimos cada año en tecnología, una parte muy importante se destina a desarrollar herramientas y filtros que nos ayuden en este objetivo», indica Michaud. En caso de producirse una alarma, se pone en marcha un complejo protocolo que implica un estudio más minucioso, y también un cambio de competencias: «Betfair tiene firmado desde hace tres años un acuerdo con la ATP, y también con otros organismos como la FIFA y la UEFA. De existir sospechas fundadas, se pone en sus manos toda la información disponible referida a ese evento: quién, cómo, cuándo y desde dónde se han realizado esas apuestas dudosas. Y a ellos corresponde la tarea de profundizar en las investigaciones y juzgar si existe o no una irregularidad», explican desde Betfair. La pelota está por tanto en el tejado de los organismos deportivos.

Amenazas y sospechosas lesiones

El checo Jan Hernych denunció ayer que en la Copa del Kremlin de 2006 le intentaron sobornar con una llamada telefónica desde la recepción del hotel de Moscú donde estaba hospedado. Y es que con una simple mensaje se puede amañar un partido en beneficio de los apostantes. Las estrategias para comprar a un jugador son muy diversas. La más burda es contactar con el tenista y ofrecerle una elevada cantidad de dinero por perder. La más agresiva es amenazar al jugador o a un miembro de su familia. En otras ocasiones, cuando el propio jugador o su entorno están interesados en el complot, todo se facilita. Así, el protagonista advierte a una tercera persona de que estaría dispuesto a dejarse perder el partido o un entrenador informa a los interesados que su pupilo sufre una pequeña lesión que le impedirá soportar el exigente ritmo del encuentro.

Estos métodos de trabajo han convertido al tenis en una actividad bajo sospecha y susceptible de corrupción, como ya ha ocurrido con otros deportes. En el verano del 2006, después del Mundial de Alemania, el fútbol italiano se convulsionó con el escándalo de las apuestas y el amaño de partidos. Ese asunto salpicó a la Federación y a clubes históricos, como el Juventus, que fue castigado con el descenso a Segunda División, y otros fueron penalizados por la pérdida de puntos y elevadas multas. En el fútbol de Bélgica, Polonia y Alemania también aparecieron tramas relacionadas con la compra de colegiados.

Recientemente, en la NBA se descubrió que un árbitro estaba implicado en la red de las apuestas. La irrupción de internet ha propiciado el incremento de unos casos que siempre han aparecido y que los aficionados al boxeo y a las carreras de caballos conocen bien.

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