Miércoles, Diciembre 6th, 2006...11:59 pm
Necrológica: David Bronstein, cuando el ajedrez se convierte en arte

[Publicado en el diario El Mundo el 6 de diciembre de 2006, en la sección de necrológicas]
Tras la larga y azarosa partida de ajedrez que fue su carrera deportiva, una dolencia cardiaca y otras complicaciones derivadas de su avanzada edad han puesto punto y final a la vida de David Ionovich Bronstein, una de las figuras más importantes del ajedrez a lo largo del siglo XX. El jaque mate final le alcanzó el martes, 5 de diciembre de 2006, en Minsk (Bielorrusia), donde este errante maestro de los tableros se encontraba en compañía de su esposa. Había nacido el 19 de febrero de 1924 en Belaya Tserkva, una pequeña ciudad a las afueras de Kiev (Ucrania).
«No diga de mí que soy un genio, ni cosas por el estilo. Diga simplemente que yo entendía la lógica del ajedrez, y con eso me habrá definido perfectamente», solía aleccionar Bronstein a los periodistas. Siempre preocupado por lo que se decía o escribía acerca de él, era bastante reticente a conceder entrevistas. Y especialmente cuidadoso era con sus declaraciones acerca del acontecimiento más crucial por el que atravesó su carrera ajedrecística: la final del Campeonato del Mundo de 1951, que le enfrentó a Mijail Botvinnik.
Fue un apasionante choque entre dos concepciones opuestas del ajedrez: por un lado, la del creador Bronstein, quien sólo podía interpretar el juego como una fuente de estímulo intelectual y de belleza artística; por el otro, el metódico Botvinnik, que revolucionó este deporte al aplicar los fundamentos del método científico. Bronstein llegó con un punto de ventaja al tramo final del duelo, pero dejó escapar su oportunidad al perder la penúltima partida. El marcador señalaba una igualada que, con la disputa del vigésimo cuarto y último encuentro, no pudo romperse: el resultado final, de empate a 12, permitía al vigente campeón, Botvinnik, retener su título.
Los rumores dicen que David, tras haber puesto a su rival contra las cuerdas, se dejó perder, presionado por las autoridades soviéticas. Y es que había muchos motivos que convertían a Botvinnik en el favorito del régimen, mientras que Bronstein no contaba más que con manchas en su historial, según la manera de interpretar las cosas que imperaba entonces en su sociedad: era de origen judío, su padre había sido declarado disidente -y encarcelado- por haber participado en unas huelgas en la fábrica donde estaba empleado y, para colmo, se le atribuía un parentesco lejano con Leon Trotsky.
Según varios testimonios, cuando algunos años después un adolescente Bobby Fischer perdió con Spassky en un torneo en Argentina, se echó a llorar, y Bronstein se acercó a consolarle: «Escucha», le dijo, «¿Lloras por perder una partida frente a un soviético? A mí ellos me forzaron a perder un match entero frente a Botvinnik y no lloré». Sin embargo, años después Bronstein trataría por todos los medios de suavizar esas palabras, dando a entender que renunciar a ganar fue su propia decisión: «Tenía mis razones para no convertirme en campeón mundial, puesto que en aquellos tiempos semejante título implicaba encerrarse en un mundo de burocracia, con muchas obligaciones formales, y esas cosas no son compatibles con mi carácter. Desde mi infancia siempre traté de ser un hombre libre, y a pesar del país en que crecí, he intentado vivir toda la vida con este espíritu», declaró. «Y por lo que a mí concierne, el match constituyó una victoria absoluta de mis ideas ajedrecísticas, puesto que a partir de entonces Botvinnik, enriquecido por la experiencia, cambió su estilo y mejoró sus resultados», concluyó.
De una forma u otra, Bronstein no tendría una segunda oportunidad, y pasará a la historia como uno de los ajedrecistas más fuertes que no haya logrado alzarse con el máximo título. También en uno de los más admirados por los aficionados, hasta tal punto que cualquier libro especializado dedicado a él se convierte en un éxito de ventas: entre biografías y colecciones de partidas, suman casi un centenar de títulos, entre las que se incluyen doce libros firmados por él mismo, y que se tradujeron a nueve idiomas. Estas obras y su columna regular en el diario Izvestia, en las que se publicaron con sus didácticos comentarios muchas de las partidas más brillantes de la segunda mitad del siglo XX, son sin duda el legado por el que él preferiría ser recordado, y no por el trágico desenlace de su match frente a Botvinnik.
David Bronstein, ajedrecista, nació el 19 de febrero de 1924 en Belaya Tserkva (Ucrania) y murió el pasado día 5 en Minsk (Bielorrusia).
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