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	<title>El Blog de David Llada &#187; recuerdos</title>
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		<title>Lo que nos dicen las canciones</title>
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		<pubDate>Fri, 18 May 2012 02:18:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[San Sebastián, 17 de mayo de 2012 Es un hecho bien conocido que ciertas experiencias resultan como mirarse en el espejo: nos devuelven una imagen que refleja, en gran parte, lo que hay dentro de nosotros mismos. Ese libro leído en la adolescencia, si volvemos a pasar sus páginas una década después, nos parece completamente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>San Sebastián, 17 de mayo de 2012</em></p>
<p>Es un hecho bien conocido que ciertas experiencias resultan como mirarse en el espejo: nos devuelven una imagen que refleja, en gran parte, lo que hay dentro de nosotros mismos. Ese libro leído en la adolescencia, si volvemos a pasar sus páginas una década después, nos parece completamente diferente. Obviamente el libro no ha cambiado; lo hemos hecho nosotros, y con ello, el reflejo que obtenemos.</p>
<p>Este fenómeno se va haciendo más y más evidente con el paso de los años, según acumulamos experiencias. Canciones que antes no nos decían nada, de repente obtienen significado. Te identificas con ellas de una forma que nunca hubieras imaginado. Y al ritmo al que yo voy recorriendo kilómetros, conociendo gentes, y coleccionando experiencias, estoy llegando a una situación en la que todas las canciones, todos los libros, todas las películas y obras de arte, tienen algo que decirme.</p>
<p>En realidad, y aunque comencé hablando de ellos, con los libros es más fácil que nos identifiquemos, que sintamos empatía, aunque jamás hayamos vivido nada parecido. Juegan con ventaja: el autor no tiene límites para desarrollar su juego, para presentarnos los personajes. Hay cientos de páginas, decenas de horas de lectura por delante para empaparnos de su historia. Creo que todos hemos podido llegar a entender cómo se sentía <strong>Madame Bovary</strong>, aunque jamás hayamos sido una jovencita de provincias casada con un aburrido médico. Por eso los libros te enseñan más que ninguna otra cosa.</p>
<p>En cambio con las canciones y las películas es más fácil que pasemos completamente por alto su significado. Su brevedad las obliga a limitarse a sugerir. Y si no atesoras la experiencia adecuada que se refleje en ellas, no te dirán nada. Es como tener o no tener la llave que abre esa cerradura y te permite pasar, ver lo que hay detrás de ella.</p>
<p>Ya puse alguna vez <a title="here comes the sun" href="http://davidllada.com/blog/2005/03/16/here-comes-the-sun" target="_blank">por aquí</a> el ejemplo de la canción de George Harrison, <em>&#8220;<a title="here comes the sun" href="http://www.youtube.com/watch?v=n6j4TGqVl5g" target="_blank"><strong>Here Comes the Sun</strong></a>&#8220;</em>. Una canción bonita, pero que no llegas a entender en absoluto hasta que no vives el primer día de primavera tras un largo y oscuro invierno londinense.</p>
<p>Y un ejemplo más claro aún: la película <em>&#8220;<strong>Lost in Translation</strong>&#8220;</em>. Simplemente no entiendo cómo alguien que no haya vivido una situación parecida puede apreciarla; lo normal es que al 90% de la gente le parezca un tostón. Yo en cambio tuve la afortunada coincidencia de verla pocos meses después de mi primer viaje a Shanghai. Reconocía en ella sensaciones muy sutiles: la de tener el hotel como un refugio de relativa normalidad frente a un ambiente completamente extraño. La de estar totalmente desubicado a causa de un <em>jetlag</em> que persiste día tras día. O la sensación de irrealidad cuando te aventuras a ir de juerga en un entorno tan ajeno, casi marciano. Todo ello queda retratado tan bien que para mi esta película es una obra maestra; pero estoy seguro de que a la mayoría de la gente le aburrió soberanamente.</p>
<p>Otra de mis películas favoritas, <em>&#8220;<strong>Das Leben ist eine Baustelle</strong>&#8220;</em>, es probablemente la película más berlinesa que se haya realizado nunca. La que mejor retrata la jaula de grillos que es esa ciudad, llena de almas perdidas que, pese a sus problemas y su pobreza, sobreviven y son felices en esa ciudad-comuna. Si no hubiese vivido todo eso, no la habría disfrutado ni la mitad.</p>
<p><em>&#8220;<strong>Room in Rome</strong>&#8220;</em> queda estropeada por la tremenda ida de olla de su director y las excesivas concesiones a sus particulares fantasías sexuales, pero se traía entre manos un tema fantástico que conocí -y reconocí- muy bien: el de esas aventuras que surgen en los viajes, que duran una o muy pocas noches, y en las que la brevedad multiplica por mil la intensidad. Aventuras en las que los implicados fantasean inventándose una vida que contarle al otro, o imaginándose la que podrían tener juntos. Jugando al gato y al ratón con la idea de dejarlo todo y quedarse en Roma para siempre. &#8220;Si sale cara nos quedamos y si sale cruz nos decimos adiós&#8221;. O, &#8220;nos vemos en la estación central de Viena, dentro de seis meses, a esta misma hora&#8221;.</p>
<p>Y volviendo a las canciones, una que me asaltó ayer en un episodio de <strong>Mad Men</strong> y me trajo una sonrisa: ¿Habéis escuchado alguna vez la psicodélica <em>&#8220;<a title="tomorrow never knows beatles" href="http://youtu.be/tisjsgsgtZU" target="_blank"><strong>Tomorrow never knows</strong></a>&#8220;</em>, de los <strong>Beatles</strong>? ¿La habéis escuchado bajo el efecto de alguna droga, aunque sea un simple porrillo de marihuana? Si la respuesta a la segunda pregunta es &#8220;no&#8221;, la respuesta a la primera pregunta también es &#8220;no&#8221;. Volved a intentarlo y ya me contaréis.</p>
<p>Qué bonito tiene que ser alcanzar un día en el que puedas decir, &#8220;he vivido lo suficiente para poder entenderlo todo&#8221;.</p>
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		<title>Diez años del 11-S</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Sep 2011 04:45:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[actualidad]]></category>
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		<category><![CDATA[historia]]></category>
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		<description><![CDATA[(San Sebastián, 11 de septiembre de 2011) El 11-S me pilló en uno de esos pisos de acogida por los que he ido peregrinando en los periodos en los que no vivía ni aquí ni allá, y estaba siempre de paso. Concretamente, en el 5º-E del número 8 de la calle Víctor Sáenz en Oviedo: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>(San Sebastián, 11 de septiembre de 2011)</em></p>
<p>El 11-S me pilló en uno de esos pisos de acogida por los que he ido peregrinando en los periodos en los que no vivía ni aquí ni allá, y estaba siempre de paso. Concretamente, en el 5º-E del número 8 de la calle Víctor Sáenz en Oviedo: en el piso de <strong>Artus</strong>.</p>
<p>En contra de la costumbre de la casa, consistente en alimentarse de yogures, potitos para bebé, comida china, o cualquier cosa precocinada, aquel día creo recordar que tocaba comer caliente: lentejas. Yo estaba sentado a la mesa y Artus servía los platos cuando encendí la tele. Acababan de conectar en ese momento con las imágenes del incendio en la primera torre, en la que decían que se había estrellado una avioneta.</p>
<p>En aquella época la hermana de Artus estudiaba para controladora aérea, así que no pude evitar la broma: “Tu hermana ya ha empezado las prácticas, por lo que veo, ¿no?”.</p>
<p>Dicha la inevitable tontería, empecé a pensar que aquello era mucho boquete y mucho humo para haber sido causado por una avioneta. Y en ese instante despejó mis dudas la aparición en escena del segundo avión.</p>
<p>El escalofrío fue profundo y fruto de muchas sensaciones. La de incredulidad. La de ser consciente de presenciar algo histórico. La de la irrealidad de estar comiéndose, cucharada a cucharada, un plato de lentejas mientras presenciábamos aquello en vivo y en directo por la televisión. Entonces no había<a href="http://www.twitter.com/lladini" target="_blank"> twitter</a>, y esa inmediatez era aún inusual.</p>
<p>Y luego vino el espeluznante momento en que dejas de lado el simbolismo y la trascendencia de lo que está pasando, y la empatía te hace pensar <em>a escala humana</em>: pensar en las personas que agitaban un pañuelo desde su ventana, atrapadas. En los cientos de bomberos y policías que se enfrentaban a una tarea imposible, casi suicida. En las decenas de personas que, acosadas por el humo y el calor, superadas por la angustia, veíamos tirarse al vacío, sólo para poder respirar un par de bocanadas más de aire antes de morir.</p>
<p>Las torres gemelas tenían 63 metros de ancho. Un Boeing 767 como los secuestrados tiene una envergadura de 47 metros; las pistas de aterrizaje suelen tener entre 45 y 70 metros de ancho. Estrellarse contra ellas no tuvo que suponer una dificultad excesiva, en cualquier caso no mucha más que una aproximación normal para un aterrizaje, aunque aproximadamente al doble de velocidad (algunos testigos confirmaron que los aviones aumentaron su velocidad una vez que ya enfilaban su objetivo, hasta alcanzar aproximadamente unos 750 km/h).</p>
<p>Años después un arquitecto, que conocía bien el funcionamiento de las torres, me dijo que todo parecía planificado para causar el máximo impacto mediático y el menor número de muertes. Lo primero es evidente: el intervalo entre los dos impactos parecía perfectamente calculado para dar tiempo a todas las cadenas de televisión a tomar posiciones y registrar en directo el segundo ataque. Lo segundo, sorprende un poco, pero según esta persona, también parece intencionado: el primer avión se estrella contra los pisos altos de la torre; el segundo lo hace de lleno, a media altura, pero para cuando lo hace esa torre ya estaba completamente evacuada. “Con un intervalo menor entre los dos impactos, o si el primer avión se hubiese estrellado a la misma altura que el segundo, podríamos estar hablando fácilmente del doble de muertes”, me explicó.</p>
<p>El derrumbe de la Torre Sur, como un castillo de naipes, consiguió dejarme boquiabierto por segunda vez en el día. Pensé sin embargo que la Torre Norte aguantaría. Eran unos edificios elegantes, emblemáticos, y siempre quise conocerlos, especialmente desde que se jugó en ellos el Campeonato Mundial de ajedrez entre <strong>Kasparov</strong> y <strong>Anand</strong>. Fue también una desilusión personal ver que las dos se convertían en polvo, y que ya nunca tendría la oportunidad de ver siquiera una una en pie.</p>
<p>De hecho, siempre he pensado que lo mejor que hubiera podido hacer ese país y esa ciudad habria sido reconstruirlas, exactamente igual a como eran, sin cambiar absolutamente nada. La mejor exhibición de perseverancia, de orgullo, de espíritu de superación y de dignidad frente a la barbarie. Pero me temo que Norteamérica es un lugar con demasiada tendencia a los homenajes horteras. Cada uno de los proyectos de reconstrucción que he visto que proponían, resultaba más horroroso que el anterior; no sé en qué habrá quedado la cosa.</p>
<p><strong>Jesgar</strong>, que quiere sacudirse la fama de gafe echándosela a los demás, probablemente saldrá ahora a recordarme (si es que conoce ese detalle) que el día anterior yo había estado mirando, por casualidad y sin intenciones concretas, ofertas de vuelos a Nueva York. Lo curioso es que después de todos estos años aún no he ido nunca a esa ciudad, a pesar de que ya he transitado por todos y cada uno de sus aeropuertos.</p>
<p>Donde sí tenía planes concretos de viajar, a finales de ese mismo mes de septiembre, era a Iraq, incrustado con una delegación humanitaria para hacer una serie de reportajes sobre el embargo. Pero en las horas siguientes al atentado, se llegó a despertó el disparatado debate de si Estados Unidos &#8220;estaba legitimado para hacer uso de armas nucleares en su represalia&#8221;, a pesar de que aún ni siquiera se sabía contra qué o contra quién. Pero Saddam Hussein estaba siempre entre los <em>sospechosos habituales,</em> así que pareció prudente aplazar el viaje por una temporada (finalmente, iríamos en enero de 2002). Eso sí, nos dijeron que fuésemos a hacer el ingreso por los costes del viaje en los días siguientes, tal y como estaba previsto. Imagínense ustedes el escenón de ir un jueves 13 de septiembre a una oficina bancaria a hacer un ingreso de 700 euros en una cuenta corriente a nombre del “comité de solidaridad con la causa árabe”. Con la que estaba cayendo. Nunca olvidaré la cara del tipo que estaba detrás de la ventanilla.</p>
<p>Otro momento de humor negro: en cierta ocasión, años antes del 11-S, el cabrón de Joao y la no menos cabrona de Lucía, una noche que quedamos para tomar algo, me dijeron al llegar al bar: “¿Te has enterado? ¡Se ha caído la torre de Pisa!”. Dicho así, sin venir a cuento, me tragué por completo lo que resultó ser una broma tonta, y me pasé la mañana siguiente rebuscando en las páginas de los periódicos información sobre la noticia.</p>
<p>Pues bien: obviamente, cuando cayeron las torres gemelas, lo primero que se me cruzó por la cabeza llamar al Joao y venirle con el cuento, para hacerle creer que trataba de devolverle la broma, y escucharle decir: “¡Anda ya! ¡A mi me la vas a colar!”</p>
<p>Eran otros tiempos, en los que la omnipresencia de internet no se había extendido aún, lo que nos hacía a todos un poco más ingenuos y posibilitaba gastar bromas así. Unos tiempos en los que, incluso, uno era tratado aún con relativa dignidad en los aeropuertos. Otra época, sin duda.</p>
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		<title>El afilador</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2009/07/05/el-afilador/</link>
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		<pubDate>Sun, 05 Jul 2009 00:36:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[personajes]]></category>
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		<category><![CDATA[chifle]]></category>

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		<description><![CDATA[(San Sebastián, 5 de julio de 2009) Yo soy de un pueblo pequeño de Asturias, y dentro de ese pueblo pequeño, me crié en una pequeña barriada apartada, de apenas doscientos vecinos. Es un lugar donde aun hoy los niños –los pocos que quedan- juegan en la calle sin supervisión, la gente se llama pegando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>(San Sebastián, 5 de julio de 2009)</em></p>
<p><img src="http://farm4.static.flickr.com/3122/3688854216_dcc9b8f5c6_o.jpg" alt="afilador" vspace="10" /></p>
<p>Yo soy de un pueblo pequeño de <strong>Asturias</strong>, y dentro de ese pueblo pequeño, me crié en una pequeña barriada apartada, de apenas doscientos vecinos. Es un lugar donde aun hoy los niños –los pocos que quedan- juegan en la calle sin supervisión, la gente se llama pegando una voz frente a la ventana en vez de por teléfono, y los vecinos, que se conocen todos entre ellos, se juntan a charlar en los bancos cuando cae la tarde.</p>
<p>En una infancia con dos canales de televisión, sin internet ni <em>playstations</em>, pasar los días enteros en la calle, con un balón de fútbol, un bocadillo de mortadela a media tarde, y total libertad para campar a nuestras anchas, era lo más habitual del mundo.</p>
<p>Eran muy pocas las cosas que rompían la monotonía en un ambiente así. De vez en cuando, como mucho, hacíamos una incursión furtiva a algún prao vecino, explorando territorios algo más alejados. Y cuando llegaba el verano teníamos ocasión de hacer alguna cosa más “intrépida”, como jugar al escondite entre los campos de maizales, o ir por las noches a trepar a los cerezos de algún pueblo vecino, volviendo a casa con una sabrosísimo botín: apenas he vuelto a comer cerezas en mi vida, porque ningunas me saben igual que ésas que robábamos al oscurecer.</p>
<p>Como digo, eran muy pocas las cosas que rompían esa apacible monotonía; una de ellas, era la esporádica aparición de un extrañísimo personaje que, siempre a dos ruedas, visitaba el lugar un par de veces al año: <strong>el afilador</strong>.</p>
<p>Supongo que habrá quien lea esto siendo de ciudad, y quizá no haya visto un afilador en su vida, ni sepa de qué le hablo. Y es que el de afilador es un oficio de origen rural. Un trabajo solitario de gallegos errantes –la mayoría, orensanos-, a los que el campo no les daba para vivir, y se echaban a los caminos con una bicicleta o una moto a la que habían acoplado un esmeril, con una piedra de afilar. <strong>Goya</strong> incuso <a title="goya afilador" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Francisco_de_Goya_y_Lucientes_008.jpg" target="_blank">les dedicó un cuadro</a>, pero no está en El Prado, sino en Budapest, y no es muy conocido.</p>
<p>Habituales de las ferias y los mercados de pueblo, los afiladores ofrecían sus servicios a carniceros, peluqueros, barberos, y también a particulares. Algunos habían <em>diversificado su línea de negocio</em>, y también arreglaban paraguas. Solían anunciar su llegada a los pueblos haciendo sonar una flautita de tres agujeros, <strong>el chifle</strong> (¿de ahí vendrá lo de “mercachifle”?), con un soniquete muy característico, de más grave a más agudo, y luego al revés. Ese simple hecho era suficiente de por sí para hacerlos parecer ante mis ojos como personajes sumamente estrafalarios. Pero además, siempre solían irse de mi barrio con las manos vacías, sin haber conseguido un solo cliente: dignamente, con una paciencia de otros tiempos, daban media vuelta con su bici y se iban por donde habían venido, quién sabe en dirección a dónde. ¿Realmente era posible que se ganaran así la vida?</p>
<p>Si les faltaba algo para ser aún más enigmáticos, hablaban un gallego incomprensible, un idioma particular llamado <strong>barallete</strong>, que tenía como base la jerga de Orense, y del que hay algunos ejemplos <a href="http://usuarios.lycos.es/Vacariza/cobacost3.html" target="_blank">en esta web</a>. Probablemente sólo se entendieran entre ellos, aunque, por otro lado, ¿alguien ha visto coincidir alguna vez a dos afiladores?</p>
<p>Y para colmo, les rodeaban mil supersticiones: la principal era la de que traían con ellos la lluvia, supongo que por venir de Galicia. Eso, quizá en la meseta les hacía ser bien acogidos, pero recuerdo que en mi pueblo el sonido de su flauta era recibido con maldiciones, como si con ella estuvieran invocando directamente al mismísimo <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Nuberu" target="_blank"><strong>nuberu</strong></a>.</p>
<p>Cuando me vine a vivir a San Sebastián, después de unos años haciendo el <em>hippy</em> por tierras bárbaras, me llamó muchísimo la atención escuchar una mañana el sonido peculiar de su flauta, y no me podía creer que estos personajes todavía estén dando vueltas por el mundo. Recuerdo que tenía a <a href="http://www.diariodeunesqueleto.blogspot.com/" target="_blank">Andresín</a> de visita en casa, y le hice una observación que ahora, repensada, me parece la mejor definición –y la más literaria- posible: <strong>son lo más parecido a un personaje del realismo mágico</strong> que me he cruzado en la vida.</p>
<p>Hoy he vuelto a cruzarme con uno, de la que llegaba a casa. A veinte metros frente a mi, echó pie a tierra para acomodar algo en su bicicleta. Estuve muy tentado de aprovechar pararme a hablarle, a preguntarle de dónde viene, a dónde va, qué tal va el oficio. Pero para una de las pocas cosas del mundo actual que aún mantiene algo de misterio, no quise estropearlo. Hay lugares que resulta mejor no visitar, preguntas que vale más que no sean contestadas, y puertas que vale más no abrir, para que lo que hay detrás siga siendo un misterio.</p>
<p>Algo más sobre los afiladores:</p>
<p>La foto utilizada en el artículo es de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sameer_Makarius" target="_blank">Sameer Makarius</a> <a href="http://gallegosporelmundo.wordpress.com/2009/04/04/afilador-y-paraguero/" target="_blank"></a></p>
<p><a href="http://blogs.lavozdegalicia.es/globalgalicia/2008/06/03/afilador-en-bicicleta/" target="_blank">http://gallegosporelmundo.wordpress.com/2009/04/04/afilador-y-paraguero/</a></p>
<p><a href="http://blogs.lavozdegalicia.es/globalgalicia/2008/06/03/afilador-en-bicicleta/" target="_blank">http://blogs.lavozdegalicia.es/globalgalicia/2008/06/03/afilador-en-bicicleta/</a></p>
<p><a href="http://usuarios.lycos.es/Vacariza/cobacost3.html" target="_blank">http://usuarios.lycos.es/Vacariza/cobacost3.html</a></p>
<p><a href="http://www.consumer.es/web/es/economia_domestica/trabajo/2008/05/03/176594.php" target="_blank">http://www.consumer.es/web/es/economia_domestica/trabajo/2008/05/03/176594.php</a></p>
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		<title>Desde lo profundo de la memoria (I)</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2009/05/20/desde-lo-profundo-de-la-memoria-i/</link>
		<comments>http://davidllada.com/blog/2009/05/20/desde-lo-profundo-de-la-memoria-i/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 20 May 2009 06:47:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[personal]]></category>
		<category><![CDATA[recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[memoria]]></category>
		<category><![CDATA[paternidad]]></category>

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		<description><![CDATA[(San Sebastián, 20 de mayo de 2009) Cuando comuniqué la noticia de que iba a ser padre, empecé a recibir todo tipo de consejos y advertencias.  Olvídate de dormir. Ya verás cómo ahora no viajas tanto. Vas aprender lo que es la responsabilidad. Te sentirás esclavo por el resto de tus días. No tendrás tiempo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>(San Sebastián, 20 de mayo de 2009)</em></p>
<p>Cuando <a href="http://davidllada.com/blog/2008/09/01/creced-y-reproducios/" target="_blank">comuniqué la noticia</a> de que iba a ser padre, empecé a recibir todo tipo de consejos y advertencias.  <em>Olvídate de dormir. Ya verás cómo ahora no viajas tanto. Vas aprender lo que es la responsabilidad. Te sentirás esclavo por el resto de tus días. No tendrás tiempo para nada</em>.</p>
<p>Sin embargo, la paternidad me ha traído un regalo inesperado, algo de lo que nadie me había advertido ni mencionado siquiera. Desconozco si es algo común, o lo mío resulta un caso particular, pero merece la pena ser mencionado.</p>
<p>Comenzó aproximadamente al mes de conocer que Cindy estaba embarazada. Tras superar el torbellino inicial de emociones –nervios, alegría desbocada, incredulidad-, mi mente empezó a sosegarse, y continuamente me venía a la cabeza el mismo pensamiento: “Hay que ver lo rápido que pasa la vida”.</p>
<p>Por ejemplo, me asaltaban recuerdos de mi primer día de colegio. “Parece que fue ayer, y antes de darme cuenta seré yo quien esté llevando a mi hija al colegio”, era el tipo de reflexión recurrente.</p>
<p>Sin embargo, estas regresiones comenzaron a ser cada vez más frecuentes. Ya no eran pensamientos aislados, sino prácticamente un nuevo estado mental, una nueva fase. Recuerdos de todo tipo afloraban constantemente. Es como si me hubieran dado una poderosísima píldora de la memoria. Cosas que recordaba, ahora puedo revivirlas de forma muchísimo más intensa, con detalles nuevos en los que nunca me había detenido. Y otros recuerdos han aparecido de la nada, fluyendo desde lo más profundo de la memoria, donde estaban completamente enterrados. Mi reciente visita a Asturias, hace una semana, se convirtió en un bombardeo de estímulos memorísticos, casi hasta el punto de saturarme.</p>
<p>Es increíble la fuerza de la mente humana; la cantidad de información residual que queda registrada en nuestro cerebro, en carpetas olvidadas, que de repente se abren y nos muestran su contenido. Pero habiendo tenido lo que se podría decir una infancia feliz, la sensación general es muy hermosa.</p>
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		<title>Perder recuerdos</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2009/03/04/perder-recuerdos/</link>
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		<pubDate>Wed, 04 Mar 2009 08:11:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[amigos]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>
		<category><![CDATA[recuerdos]]></category>

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		<description><![CDATA[(Madrid, 4 de marzo de 2009) Al hilo de lo que contaba ayer por aquí, me acordé de la anécdota que me narró una vez una interesante persona a la que tuve oportunidad de conocer. Se llamaba Oscar Danés, y era un productor de TVE con el que hace unos años estuve estudiando cierto proyecto. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>(Madrid, 4 de marzo de 2009)</em></p>
<p>Al hilo de lo que contaba ayer por aquí, me acordé de la anécdota que me narró una vez una interesante persona a la que tuve oportunidad de conocer. Se llamaba <strong>Oscar Danés</strong>, y era un productor de TVE con el que hace unos años estuve estudiando cierto proyecto.</p>
<p>Tiempo atrás este hombre había tenido la oportunidad de viajar muchísimo, haciendo una serie sobre viajes, o antropología, no lo recuerdo bien. Y me contaba que tenía una casa preciosa, de madera, llena de recuerdos que había acumulado durante todos esos años de viajes. Hasta que un día se le quemó hasta los cimientos.</p>
<p>“Lo perdí todo”, me contó entre caña y caña, “y para que te hagas una idea del valor de esos recuerdos, te voy a poner un ejemplo”. Resulta que en una ocasión se había ido a grabar a algún exótico lugar, donde pasó unos días en un poblado, no recuerdo si de aborígenes australianos o polinesios. Algo así.</p>
<p>Oscar llevaba consigo una cámara Polaroid, de ésas que ya no quedan. Y antes de irse, le tomó una foto a uno de estos aborígenes, y se la regaló. “Tendrías que haberle visto, no podía creérselo cuando vio su cara en la foto”, me contaba.</p>
<p>Tan agradecido se quedó el aborigen ante este –para él- milagroso regalo, que no sabía qué hacer para corresponderle. Revolvió entre sus escasas pertenencias, y le tendió una especie de flauta hecha de hueso. O creo que era una flauta, porque reconstruyo la historia un poco de memoria. Pero era de hueso, eso seguro.</p>
<p>El aborigen dijo entonces algo. “Dice”, aclaró el traductor, “que ésta es la tibia de su padre, lo único que conserva de él, y que quiere que tú la tengas”.</p>
<p>“Hazte una idea entonces”, me siguió contando Oscar, “de lo que sentí cuando se me quemó la casa, llena de cosas de ese tipo. Pero hay que saber vivir sin más apegos que los de la amistad”.</p>
<p>Y es que, como me dijo alguien una vez, no se añoran los objetos ni los lugares, sino los momentos vividos. Y ésos ya están perdidos desde el instante en que suceden.</p>
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		<title>Koh Phi Phi Leh: Mahya Bay, &#8220;La Playa&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Dec 2008 04:31:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[fotos]]></category>
		<category><![CDATA[recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[tailandia]]></category>
		<category><![CDATA[viajes]]></category>
		<category><![CDATA[koh phi phi leh]]></category>
		<category><![CDATA[mahya beach]]></category>
		<category><![CDATA[thailand]]></category>
		<category><![CDATA[the beach]]></category>

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		<description><![CDATA[Koh Phi Phi Leh, 2 de agosto de 2008 No soy precisamente un fanático de coleccionar fotos de postal, del &#8220;been there, done that&#8221;, ni de las visitas obligadas. De hecho, ya confesé que la primera vez que fui a París, ni siquiera vi la torre Eiffel. Sin embargo, tengo que admitir que uno de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><em>Koh Phi Phi Leh, 2 de agosto de 2008</em></p>
<p align="justify"><a href="http://farm4.static.flickr.com/3241/3109399006_ae633db805_b.jpg" title="maya bay the beach koh phi leh thailand tailandia tsunami" target="_blank"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3171/3109410206_ed4eb03a4d_o_d.jpg" alt="maya bay the beach koh phi leh thailand tailandia" vspace="10" /></a></p>
<p>No soy precisamente un fanático de coleccionar <em>fotos de postal</em>, del <em>&#8220;been there, done that&#8221;</em>, ni de las <em>visitas obligadas</em>. De hecho, <a href="http://davidllada.com/blog/2007/06/10/apuntes-de-paris-1/" target="_blank">ya confesé</a> que la primera vez que fui a <strong>París</strong>, ni siquiera vi la torre Eiffel.</p>
<p>Sin embargo, tengo que admitir que uno de los momentos culminantes de mi pasado viaje a <a href="http://www.flickr.com/photos/davidllada/sets/72157606499635359/" title="thailand photoset" target="_blank"><strong>Tailandia</strong></a> fue cuando eché pie a tierra en <a href="http://flickr.com/search/?q=maya%20bay&amp;w=all" target="_blank"><strong>Mahya Bay</strong></a>, en la pequeña isla de <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Ko_Phi_Phi_Lee" target="_blank"><strong>Koh Phi Phi Leh</strong></a>. Resultó, sin pretenderlo, algo así como el destino final, porque todo lo que siguió a partir de entonces tuvo ya el regustillo propio del retorno.</p>
<p>Por si pillo a alguien desubicado, la referida Mahya Bay es el impresionante escenario donde se rodaron las tomas más cautivadoras de la película &#8220;<a href="http://www.imdb.com/title/tt0163978/" target="_blank">The Beach</a>&#8220;. Sí, ese lugar existe; no fue creado con <em>fotochop</em>.</p>
<p>La naturaleza se ha mostrado verdaderamente caprichosa en este apartado rincón del mundo, dotándolo de unas formas y unos colores de una belleza espectacular, original y refulgente. Y soy consciente de que estoy sonando a folleto de agencia de viajes, pero es que el lenguaje es un medio con muchas limitaciones, y cualquier cosa que se diga sobre semejante lugar sonaría a tópico, a lugar común. Simplemente, haced click en la foto para ampliarla.</p>
<p>Aunque he de advertir a quien planee acercarse hasta allí -ya os lo podéis imaginar- que no todo es tan bonito como en las fotos. A poco que uno se adentre en la isla, descubrirá tras el follaje las fosas en las que los guardas de este parque natural queman la basura que diariamente se acumula sobre la arena.</p>
<p>Gran parte de la culpa de este deterioro se debe precisamente al rodaje de &#8220;La Playa&#8221;, para cuya producción la Fox cometió tal cúmulo de atropellos que dejaría a los especuladores urbanísticos de nuestras costas como unos simples aficionados: se las apañaron para llevar un bulldozer a esta pequeña bahía, talaron palmeras y removieron dunas para agrandar la playa&#8230;</p>
<p>El <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Effect_of_the_2004_Indian_Ocean_earthquake_on_Thailand" target="_blank">tsunami del 26 de diciembre de 2004</a> restableció en cierto modo el equilibrio, borrando la mayor parte de las huellas dejadas por el paso del rodaje, arrastrando toneladas de la basura allí dejada, y tomándose de paso, y a modo de venganza, su cuota en vidas humanas. Pero un daño ya para siempre irreparable es la popularidad que se le ha dado a la isla, lo que la convierte en el destino de cientos de excursionistas cada día. De ahí lo primero que escribí en su día acerca de este lugar: <em>&#8220;la buena noticia es que el paraíso existe; la mala, que no es ningún secreto&#8221;</em>.</p>
<p>No voy a quejarme; yo también conocí este lugar gracias a la película. Al menos está lo suficientemente apartado como para que sólo llegué hasta allí quien realmente le ponga empeño y esté dispuesto a hacer varios transbordos. Además tuve la suerte de viajar a Tailandia en temporada baja. Y el tremendo acierto de levantarme -por una vez en mi vida, y sin que sirva de precedente- a las 6 de la mañana.</p>
<p>Ese madrugón me permitió disfrutar de un momento irrepetible: el de ser el primero en llegar aquel día a &#8220;la playa&#8221;, acompañado además por <a href="http://farm4.static.flickr.com/3128/2737512620_fa52a96207_b.jpg" target="_blank">la mujer más guapa del mundo</a>; tener ese lugar para nosotros solos durante más de una hora, como un paraíso privado, chapoteando entre risas y mirando a nuestro alrededor sin poder creernos tanta belleza.</p>
<p>A las 9 de la mañana empezaron a llegar las lanchas de las visitas programadas, llenas de excursionistas; sobre todo, mitómanos japoneses, ansiosos de remojar el culo en la misma playa que DiCaprio. La magia se esfumó en un abrir y cerrar de ojos. Pero mientras duró, mientras estuvimos solos allí, podéis creerme: hasta se me erizó el vello del cuerpo, sintiéndome la persona más afortunada del mundo en ese momento</p>
<p><em>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<br />
<strong>Llegamos desde:</strong> la vecina Koh Phi Phi Don, a 3 kilómetros, en una barca alquilada (15 euros día completo)<br />
<strong>Precio de la estancia:</strong> 200 baht (4 euros) por persona por visitarlo, ya que es una parque natural. No hay restaurantes ni alojamiento, aunque grupos muy reducidos pueden acampar cada noche bajo supervisión del guarda del parque.<br />
&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</em></p>
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		<title>Experiencias infantiles (II)</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2008/02/20/experiencias-infantiles-ii/</link>
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		<pubDate>Wed, 20 Feb 2008 14:03:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[personal]]></category>
		<category><![CDATA[recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[enfermedasdes]]></category>
		<category><![CDATA[infancias]]></category>

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		<description><![CDATA[San Sebastián, 18 de febrero de 2008 [Continúa a partir de AQUÍ] Un recuerdo que me vino a la cabeza durante esa cena fue que, de no haber sido por mi infantil interés por el funcionamiento del cuerpo humano, probablemente no estaría aquí para escribir estas líneas. Debido a una sucesión de negligencias médicas estuve [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><em>San Sebastián, 18 de febrero de 2008</em></p>
<p><em><strong>[Continúa a partir de <a href="http://davidllada.com/blog/2008/02/19/experiencias-infantiles-i/" target="_blank">AQUÍ</a>]</strong></em></p>
<p>Un recuerdo que me vino a la cabeza durante esa cena fue que, de no haber sido por mi infantil interés por el funcionamiento del cuerpo humano, probablemente no estaría aquí para escribir estas líneas. Debido a una sucesión de negligencias médicas estuve a punto de diñarla a los 10 años, y es bastante posible que mis propias y rudimentarias nociones de medicina hayan sido una ayuda decisiva para llegar a ver la luz del día siguiente.</p>
<p>El problema empezó por un malestar sin importancia. Me dolía un poco la cabeza, no había comido en todo el día, y mis padres me dieron una aspirina y me mandaron a la cama.</p>
<p>Al día siguiente mi cabeza estaba completamente despejada. Pero en mi primera visita matinal al baño, sentí unas profundas nauseas. Me dieron arcadas y me encontré de repente vomitando sangre, negra y espesa como petróleo.</p>
<p>Mis padres me llevaron a toda prisa al ambulatorio, donde se produjo la primera cagada médica. Mi doctor de cabecera achacó el problema a una muela que por casualidad se me había caído el día anterior. <em>“Habrá tragado sangre durante la noche sin darse cuenta”</em>, zanjó, y me mandó de vuelta a casa quedándose tan ancho.</p>
<p>A la tarde volví a vomitar de nuevo, y con preocupante abundancia. Estaba claro que aquello ya era mucha sangre para una muela. Y un médico amigo de la familia apuntó a lo que yo ya sospechaba: la aspirina que había tomado con el estómago vacío me había causado una úlcera o -más probable por la abundancia del sangrado- una perforación en toda regla.</p>
<p>Me llevaron a toda prisa al hospital, donde ingresé por urgencias. El problema no debería ser tan grave, ni muchísimo menos, como para que mi vida corriese ningún riesgo. Pero aquí llegó la segunda cagada médica: era el dichoso puente de “todos los santos”, y el personal estaba bajo mínimos. Tras tomarme unas muestras me mandaron a una habitación, y <strong>ni un solo doctor o ATS se pasó por allí en las siguientes doce horas</strong>.</p>
<p>La situación fue yendo a peor durante la noche, con una hemorragia que parecía no detenerse sino ir a más, y sin ningún tipo de atención. Mi madre se fue de mi lado –supongo que para ir a buscar un médico, o simplemente porque no aguantaba más allí-, y me quedé solo. La única persona que se pasaba de tanto en cuando por la habitación era una celadora que venía a limpiar la sangre, y que preocupada por mí me preguntaba cómo estaba y me ofrecía constantemente un vaso de agua.</p>
<p>Cuando uno ha perdido mucha sangre, no os podéis ni imaginar la sed que se siente. La sequedad invade toda la boca y llega hasta la garganta, como si se hubiera estado comiendo tierra. Ni siquiera me era posible pronunciar palabra, pero una y otra vez rechacé con gestos ese vaso de agua. Un arranque de lucidez me había traído a la memoria la recomendación de que a un paciente con una hemorragia interna no se le debe dar de beber bajo ningún concepto, hasta que la hemorragia esté controlada. Y por precaución eso hice.</p>
<p>Resulta difícil afirmarlo con certeza, pero visto que me salvé sólo por los pelos, me parece que haber cedido a la tentación de aquel vaso de agua probablemente me hubiera dado el empujoncito definitivo al otro barrio.</p>
<p>Recuerdo con asombrosa nitidez –dadas las circunstancias- cómo mi cuerpo se fue <em>apagando</em> poco a poco por la pérdida de sangre. Primero las extremidades dejaron de responderme, hasta el punto de no poder mover ni un dedo. Luego, tan de repente como si alguien hubiese apagado la luz, dejé de ver, no sé si porque mi cerebro <em>desconectó</em> esa parte de mi organismo, o simplemente porque se me cerraron los párpados y ya no podía abrirlos. En ese momento asumí con resignación (por pura debilidad, y no por valentía o entereza ni mucho menos) que se acabó lo que se daba, y cuando un ratito después dejé también de oír los sonidos de mi alrededor, recuerdo haberme preguntado infantilmente si aún estaría vivo o ya me habría muerto.</p>
<p>Para cuando por fin un médico se pasó por allí y me descubrió, blanco como un cadáver, yo ya llevaba varias horas inconsciente. Tan pronto como empezaron a tratarme y me hicieron una transfusión mejoré rápidamente, y unos cinco días después me dieron el alta. Había tenido una perforación <em>“del tamaño de una moneda de cinco duros”</em>, pero aparte de la recomendación de evitar cualquier medicamento con ácido acetil salicílico, no me quedó ninguna secuela. Físicas, al menos. Porque una experiencia así a esa edad marca bastante.</p>
<p>Las conclusiones de esta anécdota son tan obvias que no merece la pena extenderse mucho. Dicen que no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde, y que no se aprecia la vida en su justa medida hasta que ésta corre algún riesgo serio. Habiendo estado tan cerca de irme a criar malvas con sólo 10 años, siempre he tratado a la muerte con bastante confianza, perfectamente consciente de que la tengo ahí al lado. E imagino que eso ha influido toda mi juventud en la forma desenfrenada en que hago muchas cosas: como si mañana no fuese a estar aquí, porque nadie me garantiza que así vaya a ser.</p>
<p>También, mi terquedad en no aceptar aquél vaso de agua, la tomo como una demostración práctica del tan manido dicho “el saber no ocupa lugar”, ya que nunca se sabe cuándo podremos sacar provecho a conocimientos dispares que, de alguna forma, nuestra cabeza ha conseguido retener.</p>
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		<title>Experiencias infantiles (I)</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2008/02/19/experiencias-infantiles-i/</link>
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		<pubDate>Tue, 19 Feb 2008 20:47:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[personal]]></category>
		<category><![CDATA[recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[educación]]></category>
		<category><![CDATA[infancia]]></category>
		<category><![CDATA[memoria]]></category>
		<category><![CDATA[niños]]></category>

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		<description><![CDATA[San Sebastián, 18 de febrero de 2008 Hace poco, en una cena con amigos en la que había varios educadores presentes, la conversación derivó hacia las habilidades de los niños. Concretamente, hacia los cerebritos que nos asombran con alardes de memoria, almacenando en su cabeza cantidades impresionantes de información. Yo opino que eso no es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><em>San Sebastián, 18 de febrero de 2008</em></p>
<p>Hace poco, en una cena con amigos en la que había varios educadores presentes, la conversación derivó hacia las habilidades de los niños. Concretamente, hacia los <em>cerebritos</em> que nos asombran con alardes de memoria, almacenando en su cabeza cantidades impresionantes de información.</p>
<p>Yo opino que eso no es un don excepcional. Creo que incluso el menos espabilado de los niños tiene latente esa capacidad de absorción, y tan sólo hay que despertarla con el tema que le apasione. Los hay que se aprenden de memoria las plantillas de los clubes de fútbol de todo el mundo, otros que mantienen un archivo en su cabeza de su colección de cromos, los que se saben todas las especies y subespecies de dinosaurios que han existido, o los que podrían situar en el mapa ciudades que algunos tendríamos problemas para decir tan siquiera a qué país pertenecen.</p>
<p>Sentarse a charlar con un niño y averiguar qué es lo que atrae su interés es una de las experiencias más fascinantes que existen. Y en ocasiones se puede aprender tanto como abriendo una enciclopedia.</p>
<p>La conversación me hizo reflexionar sobre mis propios recuerdos de infancia. Me resultó difícil precisarlo, porque además mis intereses y curiosidades han ido variando mucho con el tiempo, atravesando varias etapas. Pero creo que en mi infancia (hasta los 11 o 12 años) lo que más me interesaba era todo lo relacionado con la biología y la medicina. Era capaz de ver los documentales sobre cirugía más escabrosos y sanguinolentos mientras me comía tranquilamente un bocadillo de mortadela.</p>
<p>De hecho aún hoy, cuando alguien a mi alrededor me comenta cualquier problema de salud, suele identificarlo, sé con qué medicinas se trata la dolencia e incluso cuáles son los efectos adversos de éstas. Me marco unos diagnósticos que ni el <strong>Dr House</strong>. Y me cuesta decir de dónde saqué toda esa información, no recuerdo cómo llegó a mí ni dónde la he leído, pero de alguna forma durante esa época fue quedando enterrada en un recóndito rincón de mi memoria, y pequeños <em>bites</em> de ella salen a flote desde la profundidad cuando lo necesito.</p>
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		<title>¿Por qué Iraq? (II)</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2007/12/28/%c2%bfpor-que-iraq-ii/</link>
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		<pubDate>Fri, 28 Dec 2007 21:03:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[iraq]]></category>
		<category><![CDATA[prensa]]></category>
		<category><![CDATA[recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[usa]]></category>
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		<description><![CDATA[Oviedo, 20 de diciembre de 2007 Tenía pendiente la continuación a mi anterior post. Ya expliqué cómo surgió la idea del viaje y cómo se fue preparando. Pero me faltaba ahondar en la clave: el por qué. Hay motivos que resultan obvios para cualquiera que me conozca, y que podrían resumirse en que me va [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><em>Oviedo, 20 de diciembre de 2007</em></p>
<p align="justify"><a href="http://farm1.static.flickr.com/65/163200402_b9110ba280_o_d.jpg" target="_blank"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2015/2144849532_3a2c4df361_o_d.jpg" vspace="10" /></a></p>
<p align="justify">Tenía pendiente la continuación a mi anterior post. Ya expliqué cómo surgió la idea del viaje y cómo se fue preparando. Pero me faltaba ahondar en la clave: el por qué.</p>
<p>Hay motivos que resultan obvios para cualquiera que me conozca, y que podrían resumirse en que <span style="font-style: italic">me va la marcha</span>: “lo emocionante”. Me gusta estar en el meollo de los asuntos, presenciarlos y vivirlos para después compartir la experiencia, en lugar de leer sobre ello en las noticias. Especialmente en lo referente a un lugar como <span style="font-weight: bold">Iraq</span>, sobre el que la cantidad de información es tan grande como la de desinformación.</p>
<p>Resultaba un desafío personal viajar allí para  contrastar por mí mismo hasta qué punto esa ventana al mundo que son “los medios” ofrecen una visión distorsionada o directamente manipulada de lo que en realidad estaba sucediendo. Y tomando Iraq como muestra, podían sacarse conclusiones extrapolables a muchos otros asuntos.</p>
<p>Por ejemplo, mientras en los medios se hablaba de que <span style="font-style: italic">la guerra estaba a punto de empezar</span>, yo pude ver allí el cráter humeante que había creado un reciente bombardeo de un caza estadounidense. O sea, que la <span style="font-style: italic">guerra de baja intensidad</span> ya estaba en marcha. Y las reyertas particulares entre chiítas y sunitas también tenían sus focos de acción (que la caída de <span style="font-weight: bold">Saddam</span> y el vacío de poder no hicieron más que azuzar después).</p>
<p>Por otro lado, había motivos profesionales. Yo no hice la correspondiente carrera, pero el periodismo se empezaba a perfilar entonces como un trabajo en el que podía tener cierto futuro. Y para aumentar mis posibilidades, necesitaba acumular mientras aún era joven algunos méritos con los que nutrir mi exiguo currículo. Irse a Iraq como <span style="font-style: italic">freelance</span> con 23 años daba mucho relumbrón &#8211; y no menos importante fue todo lo que aprendí allí, trabajando sobre el terreno.</p>
<p>Pero hay un último motivo que me impulsó a hacer ese viaje, bastante más íntimo pero no menos importante y, hasta ahora, menos compartido también con mis conocidos. Y tiene que ver con mi poco apego hacia esa falacia en la que vivimos a la que se llama pomposamente “democracia”.</p>
<p>Siento un absoluto desprecio hacia el sistema de gobierno que rige nuestras vidas. Nunca jamás he votado, porque me parece un acto tan cargado de simbolismo como inútil. Y aunque estas convicciones eran firmes, me causaba cierta sensación de culpabilidad el hablar con mis mayores y escuchar de su boca historias que reflejaban lo mucho que han tenido que luchar <span style="font-style: italic">para que ahora disfrutemos de una democracia</span>. Sin duda que antes estábamos mucho peor, pero ¿de verdad debemos darnos por satisfechos con el remedo de democracia que existe hoy en día en occidente?</p>
<p>Pensé algo así como que quizá visitar un país que vive bajo una dictadura me permitiría, por el contraste, aprender a apreciar algo más lo que tenemos. Y de entre las opciones disponibles por este castigado planeta, Cuba e Iraq parecían lo que pillaba más a mano. Descartando el país caribeño –demasiado cargado de tentaciones-, y añadiendo a Iraq los incentivos profesionales, la elección estaba clara.</p>
<p>La cuestión es: tras haber visto por dentro cómo es un país sometido a una dictadura, ¿aprendí a valorar la democracia que tenemos?</p>
<p>Me temo que aún hoy, tras haber pasado casi cinco años de aquello, sigo sin poder dar una respuesta clara a esa pregunta. Evidentemente allí las cosas eran mucho peor, y la falta de libertad y la pequeñez de las personas frente al autoritario sistema que les gobernaba resultaba dramática. Pero viendo el rumbo que están tomando las <span style="font-style: italic">democracias occidentales</span>, con <span style="font-weight: bold">Estados Unidos</span> a la cabeza, las diferencias me parecen cada vez más irrelevantes y las similitudes más preocupantes. Y valga como ejemplo el hecho de que, tras mi visita a Iraq, yo mismo pasé a ser por un tiempo un sujeto sometido a observación por esa entelequia que son “los servicios de inteligencia”. Al menos los de un país &#8211; y no descarto que hayan sido los de dos.</p>
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		<title>¿Por qué Iraq? (I)</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Dec 2007 13:12:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[iraq]]></category>
		<category><![CDATA[recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[San Sebastián, 2 de diciembre de 2007 De tanto en cuando, surge el tema en una conversación y ante la curiosidad de la gente, me veo obligado a dar explicaciones acerca de mi viaje a Iraq. ¿Por qué fuiste? ¿Qué demonios se te había perdido allí? Antes de pasar a hablar de los motivos, abro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><em>San Sebastián, 2 de diciembre de 2007</em></p>
<p align="justify"><a href="http://flickr.com/photos/davidllada/sets/72157594160889025/" target="_blank"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2351/2079962681_49a79448b9_o_d.jpg" vspace="10" /></a></p>
<p align="justify">De tanto en cuando, surge el tema en una conversación y ante la curiosidad de la gente, me veo obligado a dar explicaciones acerca de mi viaje a <span style="font-weight: bold">Iraq</span>. ¿Por qué fuiste? ¿Qué demonios se te había perdido allí? Antes de pasar a hablar de los motivos, abro un paréntesis para explicar cómo surgió todo.</p>
<p>En marzo de 2001, visité un torneo de ajedrez que se disputaba en un centro social en Pola de Siero (Asturias). El local donde se disputaban las partidas servía habitualmente de sede social a varias organizaciones políticas y culturales, y en el tablón de anuncios de la entrada había varios panfletos que hablaban de Iraq, del embargo y de un viaje que una delegación haría hasta allí para entregar material médico y escolar.</p>
<p>Recuerdo que, mientras ojeaba esa información, tuve una conversación con un amigo acerca de lo absurdo e inhumano de los embargos: una medida que nunca jamás ha servido para derrocar a ningún gobierno, y que por el contrario causa innumerables miserias a la población del país que lo sufre.</p>
<p>Me había entrado el gusanillo de saber más, y esa noche, de regreso en casa, estuve googleando sobre el tema y descubrí algún hecho curioso. Por ejemplo, respecto a los llamados materiales “de doble uso”, aquellos cuya adquisición estaba vetada a Iraq por ser susceptibles de ser utilizados en la elaboración de las famosas <span style="font-style: italic">armas de destrucción masiva</span>: Una de las materias primas necesarias en la elaboración de un arma nuclear resulta ser el grafito, así que en Iraq estaba prohibido producir, almacenar o importar (dentro del programa “Petroleo por alimentos”, se entiende) cualquier producto con este material. Y <span style="font-weight: bold">eso incluía los lápices comunes y corrientes</span>.</p>
<p>Hasta el más pintado sabe que Mesopotamia fue la cuna de uno de los primeros sistemas de escritura conocidos por la humanidad. El hecho, la tremenda paradoja, de que en esa misma tierra el instrumento básico de escritura se hubiese convertido en algo vetado para los escolares iraquíes, me dio el impulso definitivo para querer saber más, y por primera vez la idea de acoplarme de alguna forma o &#8220;infiltrarme&#8221; en esa delegación empezó a rondarme la cabeza.</p>
<p>Una vez hechas las llamadas y los contactos pertinentes, y tomada la decisión, la cosa quedó en que viajaríamos allí a finales de septiembre de 2001. Pero cuando se acercaba la fecha se produjeron los atentados de Nueva York, y debido al estado de tremenda incertidumbre que se desató -se hablaba de represalias con <span style="font-style: italic">armas no convencionales</span>, cuando aún no sabía ni contra quién irían dirigidas-, el viaje quedó un poco en suspenso. Los intereses iniciales que me habían empujado a este viaje habían cambiado, pero surgían nuevos factores que lo hacían aún más tentador &#8211; sobre todo desde el punto de vista periodístico.</p>
<p>Finalmente, en vista de que fue Afghanistán el primer país en pagar el pato y que Iraq aún tendría al menos algunos meses de relativa seguridad por delante, el viaje se concretó para enero de 2002. El día de año nuevo, mientras España estrenaba el euro, yo volaba hacia Amman en un charter con otras 40 personas.</p>
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