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	<title>El Blog de David Llada &#187; paternidad</title>
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		<title>Muñeca</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Jan 2011 09:27:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[(M&#8217;Bour, Senegal, 10 de noviembre de 2010) Nunca me olvidaré de lo mucho que disfrutó Nahui de nuestro viaje a Senegal. Divertida, asombrada, curiosa ante todo, hasta acabar los días completamente rendida. Pensé que era una lástima que estemos viajando tanto con ella ahora que es tan pequeña, en lugar de hacerlo dentro de unos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p style="text-align: right;"><em>(M&#8217;Bour, Senegal, 10 de noviembre de 2010)</em></p>
<p><a href="http://farm5.static.flickr.com/4153/5180027423_544b4fe62c_b.jpg" target="_blank"><img src="http://farm6.static.flickr.com/5001/5209046887_555638a9fe_o.jpg" alt="Llada Nahui" vspace="10" /></a></p>
<p>Nunca me olvidaré de lo mucho que disfrutó <strong>Nahui</strong> de nuestro viaje a Senegal. Divertida, asombrada, curiosa ante todo, hasta acabar los días completamente rendida.</p>
<p>Pensé que era una lástima que estemos viajando tanto con ella ahora que es tan pequeña, en lugar de hacerlo dentro de unos años, cuando ya sea capaz de recordarlo. Pero estoy seguro de que aun con todo, estas experiencias y estos estímulos marcarán su vida.</p>
</div>
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		<title>Qué es la felicidad</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2010/06/07/307/</link>
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		<pubDate>Mon, 07 Jun 2010 21:13:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[paternidad]]></category>
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		<description><![CDATA[(San Sebastián, 7 de junio de 2010) La felicidad, es ver a tu hija tirarse por un tobogán. Y punto, fin del debate; no hay nada más.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>(San Sebastián, 7 de junio de 2010)</em></p>
<p><a href="http://farm5.static.flickr.com/4005/4680049706_06d8a7c76a_b.jpg" target="_blank"><img src="http://farm5.static.flickr.com/4065/4679547897_8e7f5ef460_o_d.jpg" alt="nahui" vspace="10" /></a></p>
<p>La felicidad, es ver a tu hija tirarse por un tobogán.</p>
<p>Y punto, fin del debate; no hay nada más.</p>
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		<title>Viaje a China</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2009/11/07/viaje-a-china/</link>
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		<pubDate>Sat, 07 Nov 2009 20:07:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[china]]></category>
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		<category><![CDATA[cindy]]></category>
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		<category><![CDATA[viajar con niños]]></category>

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		<description><![CDATA[(San Sebastián, 6 de noviembre de 2009) Ya han pasado casi cinco meses desde que sucedió, pero fue una locura tan divertida, y un viaje tan intenso, que merece la pena dejar un recuerdo escrito de ello. El domingo 14 de Julio, a las 7 de la mañana, yo debía viajar a Guangzhou -con parada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>(San Sebastián, 6 de noviembre de 2009</em>)</p>
<p><a href="http://farm4.static.flickr.com/3606/3662370516_39629833cf_b.jpg" target="_blank"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3606/3662370516_39629833cf.jpg" alt="nahui" vspace="10" /></a></p>
<p>Ya han pasado casi cinco meses desde que sucedió, pero fue una locura tan divertida, y un viaje tan intenso, que merece la pena dejar un recuerdo escrito de ello.</p>
<p>El domingo 14 de Julio, a las 7 de la mañana, yo debía viajar a <strong>Guangzhou</strong> -con parada en <strong>Hong Kong</strong>-, para visitar a Alberto y hacer los trámites para echar a andar nuestra pequeña aventura empresarial por tierras chinas, <a title="canton global logistic trading shipment" href="http://www.cantonglobal.com" target="_blank"><strong>Canton Global Logistic</strong></a>. Para asegurarme de dejarlo todo bien atado, dispuse las cosas para estar allí 11 días.</p>
<p>Pero sucedió que, antes de este viaje, tuve que atender un compromiso importante e irme a Madrid 4 días. Este contratiempo suponía que yo regresaría a casa el sábado a mediodía, cambiaría mi maleta pequeña por mi maleta grande, y tras apenas 17 horas de descanso hogareño volvería a ponerme en marcha.</p>
<p>Era la primera vez que me iba de viaje desde que había nacido la niña y, si ya se me hacía difícil la idea alejarme de ella durante 11 días (aunque había tenido mucho tiempo para mentalizarme), prolongarlo inesperadamente a 15 parecía insoportable.</p>
<p>Recuerdo que le pedí a Cindy que me vinieran a recoger al aeropuerto ese sábado, para exprimir al máximo esas 17 horas que iba a estar con ella y con la niña. Y en el taxi de camino a casa me di cuenta realmente de lo mucho que había echado de menos a la pequeña, y lo cuesta arriba que se me haría volver a marcharme tan pronto.</p>
<p>Acabábamos de comer cuando de repente empezó a ponerme nervioso la idea que se me cruzó por la cabeza: “¿y si nos vamos los tres?” Me senté frente al ordenador a comprobar si quedaban plazas en mi vuelo, y supuse que de haberlas estarían a un precio prohibitivo, pero resultó que no. Costaban lo mismo que había costado mi billete: 450 accesibles euros por Cindy, y la bebé viajaría gratis en un canastito adosado al asiento. Al ver que la posibilidad tomaba forma empezó a acelerárseme el pulso.</p>
<p>Fue impagable ver la cara que se le puso a Cindy cuando le comenté la idea. Los primeros diez minutos me tomó a broma, pero luego, conociéndome, empezó a asumir que estaba ante uno de mis típicos arrebatos. Ya mentalizada para verme marchar y quedarse sola una vez más, lo último que había imaginado ella cuando se levantó esa mañana es que al día siguiente podía estar camino de China. Y no sé si le pesaba más la excitación por hacer un viaje totalmente inesperado a un lugar exótico, o el pánico a emprender un viaje así con una recién nacida que no había cumplido siquiera los dos meses.</p>
<p>A contrarreloj, empezamos a hacer averiguaciones. Por suerte Nahuí tenía su propio pasaporte, expedido apenas dos semanas después de nacer (fui previsor). Y en varias agencias de Hong Kong, un europeo puede tramitar una visa para China en apenas unas horas: si lo solicitas antes de las 11 de la mañana, te la entregan a las 5 de la tarde.</p>
<p>Pero Cindy, mexicana, y en plena psicosis por la gripe porcina, podía tenerlo más difícil. Por medio de Alberto –que no daba crédito- consultamos a una mexicana residente en Guangzhou, para que nos aclarase la situación. Nada estaba seguro, probablemente quedaríamos un poco a expensas del azar, pero decidimos ir adelante: si en el peor de los casos Cindy no conseguía el visado para la China continental, ella se quedaría haciendo turismo por Hong Kong y Macao durante los días que yo tuviese que estar por fuerza en Guangzhou.</p>
<p>El siguiente paso en la carrera de obstáculos era comprar los billetes de avión, porque <a href="http://www.airfrance.es" target="_blank"><strong>Air France</strong></a> no lo pone fácil precisamente: no vende por internet con menos de 48 horas de antelación, ni tampoco se pueden comprar sus billetes en agencias como <a href="http://www.rumbo.es"><strong>Rumbo</strong></a> o <a href="http://www.es.lastminute.com/" target="_blank"><strong>Lastminute</strong></a>. Como si fuera una <em>gymkana</em>, recorrimos las agencias de viajes de medio Donosti, pero resulta que todas cierran los sábados por la tarde. Ya estábamos a punto de tirar la toalla cuando, escondido en un recóndito apartado de la web de Air France, dí con un número donde podía hacer la reserva telefónica, con la condición de estar bien temprano a la mañana siguiente en el aeropuerto de Bilbao para confirmar las plazas. Tendríamos que viajar en diferentes vuelos a París, tanto a la ida como a la vuelta, pero el trayecto de París a Hong Kong podríamos hacerlo juntos.</p>
<p>Ahora ya sí, sorteadas las dificultades, y a falta de 12 horas para despegar, la emoción y la adrenalina empezaron a ceder un poco a las preocupaciones. ¿Nos arreglaremos bien para hacer un viaje tan largo con la niña? ¿Le dolerán los oídos con la presión? ¿Cómo haríamos para aliviarle el calor tropical de Cantón?</p>
<p>El viaje fue plácido. Dormimos en el avión todo lo que los nervios no nos habían dejado dormir durante la noche anterior, así que aterrizamos en Hong Kong acompasados al horario y sin pizca de <em>jet-lag</em>. La niña ni se inmutó en todo el viaje, salvo por poner cara de asombro en su primer despegue. Y tanto en el aeropuerto como en el avión todo el personal se esforzó por hacernos las cosas más fáciles: casi hasta se pelearon entre las azafatas por sostener a la niña en brazos mientras pasábamos el control de seguridad, e incluso el comandante del avión vino a hacerle cariños un rato. Un punto a favor de Air France, sobre todo comparado con la mala experiencia vivida un mes después con Iberia en el viaje a México.</p>
<p>A la llegada pasamos dos noches en Hong Kong, solucionando los visados, aclimatándonos, y turisteando un poco. Uno de los momentos divertidos fue cuando los tres tuvimos que hacernos fotos de carné y la niña no paraba de llorar y menearse: más de una hora estuvimos allí, haciéndole perder la paciencia incluso a los chinos. Y a la tercera mañana tomamos el tren a Cantón.</p>
<p>Como siempre, nada más llegar, más problemas. Ni mi teléfono español ni el que me había comprado en Hong Kong funcionaban en China. Recurrí a uno de los muchos taxistas que nos asediaban en la estación, con el viejo recurso de “te doy 5 dólares si me dejas usar tu móvil un minuto”. Conseguí hablar con Alberto para recibir indicaciones y, unas horas más tarde, nos encontrábamos con él en una estación de metro.</p>
<p>Todo en el viaje tuvo el intenso sabor de lo inesperado. Para mí hubiera sido “un viaje más”: bonito, por reencontrarme con un amigo al que hacía un año que no veía, pero un viaje más al fin y al cabo. Pero el hecho de hacerlo con mi familia lo cambió todo. Y para Cindy, pues qué voy a decir. A ella le había encantado Taiwan cuando estuvimos el año anterior, y tenía muchísimas ganas de conocer la China continental. Estuvo con los ojos abiertos como platos durante los 11 días. Y, como yo, volvió enamorada de la cocina cantonesa, además de que pudo vivir de primera mano muchas de las “curiosidades culturales” sobre China que yo le había contado, y anécdotas muy parecidas a las de mi viaje a Shanghai en 2005.</p>
<p>Sólo me da lástima que Nahuí era demasiado pequeña para ser consciente de nada, máxime teniendo en cuenta que ella fue la máxima protagonista en este viaje. Guangzhou es una ciudad enorme con una presencia relativamente pequeña de occidentales, y fuera de las calles más céntricas, resulta algo relativamente común que algún chino se te acerqué y te pida tímidamente si puede sacarse una foto contigo, como si fueras una rareza andante. Pero además, los pocos occidentales que van por allí suelen ser hombres de negocios que no van acompañados de niños (por lo menos habitualmente, aunque me toque ser la excepción). Un bebé occidental es algo que en China sólo han visto por la tele. Y no os podéis imaginar los remolinos de curiosos que se formaban a nuestro alrededor cada vez que entrábamos en una tienda o un restaurante: los chinos se acercaba a Nahuí y, aunque tímidos, se morían por tocarla, como si no se creyesen que fuese una niña de verdad. Incluso las limpiadoras de nuestro hotel hacían guardia cada mañana en nuestra planta, y se avisaban entre ellas para echársenos encima cuando salíamos a desayunar. Un auténtico circo.</p>
<p>A toro pasado, aparte de los bonitos recuerdos, creo que el viaje fue muy interesante para nosotros para <em>curtirnos</em> como padres. Fue como tirarse de cabeza a la piscina cuando uno apenas está aprendiendo a nadar. Perdimos muchos de los miedos de cualquier padre primerizo, porque, después de haber arrastrado a Nahuí hasta China teniendo sólo dos meses, ¿qué tontería nos podría amedrentar?</p>
<p>De hecho, quizá lo más importante de todo, fue darnos cuenta de que tener una hija no nos ha restado libertad. Ni siquiera la libertad de improvisar, que es una de las más difíciles de todas.</p>
<p><a href="http://farm3.static.flickr.com/2463/3638545161_a47b1c8118_o.jpg" target="_blank"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2654/4083894378_55b3ca1b6b_o.jpg" alt="nahui" vspace="10" width="400" height="266" /></a></p>
<p><a href="http://farm4.static.flickr.com/3307/3663310664_cb16b90f4c_o.jpg" target="_blank"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2755/4083132421_9f7b19cd33_o.jpg" alt="nahui" vspace="10" /></a></p>
<p><a href="http://farm3.static.flickr.com/2454/3662556731_dbf3142ee9_o.jpg" target="_blank"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3486/4083132313_14b63c5268_o.jpg" alt="nahui" vspace="10" width="400" height="266" /></a></p>
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		<title>Medio año</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2009/10/16/medio-ano/</link>
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		<pubDate>Fri, 16 Oct 2009 09:27:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[paternidad]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>
		<category><![CDATA[cumpleaños]]></category>
		<category><![CDATA[nahui]]></category>

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		<description><![CDATA[(San Sebastián, 16 de octubre de 2009) Hoy la gordita risueña que tengo por hija cumple seis meses; medio año. Ya nos lo decían los viejitos cuando éramos jóvenes y crecíamos de un verano para otro: ¡Ay qué rápido pasa el tiempo!]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><em>(San Sebastián, 16 de octubre de 2009</em>)</p>
<p align="justify"><a href="http://www.flickr.com/photos/davidllada/sets/72157619322795878/" target="_blank"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2705/4015773031_7f5962e2c5_o.jpg" alt="nahui" vspace="10" /></a></p>
<p> Hoy la gordita risueña que tengo por hija cumple seis meses; medio año. Ya nos lo decían los viejitos cuando éramos jóvenes y crecíamos de un verano para otro: <em>¡Ay qué rápido pasa el tiempo!</em></p>
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		<title>“Mi hijo, el Che” (I)</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2009/09/03/%e2%80%9cmi-hijo-el-che%e2%80%9d-i/</link>
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		<pubDate>Thu, 03 Sep 2009 01:04:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[cuba]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
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		<category><![CDATA[personajes]]></category>

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		<description><![CDATA[(La Habana, 18 de agosto de 2009) “Si hubiera tenido la juventud y el coraje necesarios para empuñar el arma que dejó mi hijo el Che, este libro jamás se hubiera escrito” Con esas emotivas palabras comienza la biografía del Che escrita por su propio padre, Ernesto Guevara Lynch, y publicada en 1987. Este año [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><em>(La Habana, 18 de agosto de 2009</em>)</p>
<blockquote><p>“Si hubiera tenido la juventud y el coraje necesarios para empuñar el arma que dejó mi hijo el Che, este libro jamás se hubiera escrito”</p></blockquote>
<p>Con esas emotivas palabras comienza la biografía del <em>Che</em> escrita por su propio padre, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ernesto_Guevara_Lynch" target="_blank"><strong>Ernesto Guevara Lynch</strong></a>, y publicada en 1987.</p>
<p>Este año mis vacaciones por tierras mexicanas incluían también una breve visita a <strong>La Habana</strong>, y adquirir un ejemplar de esta biografía, junto con un buen libro de fotografías de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alberto_Korda" target="_blank"><strong>Alberto Korda</strong></a> (cuyo trabajo no se limita ni mucho menos al famoso retrato del guerrillero argentino), eran las dos cosas que llevaba apuntadas en la lista de la compra. Y la verdad es que en La Habana los únicos bienes materiales que se puede conseguir con facilidad y en abundancia son libros viejos. También pensé en comprar habanos, pero luego deseché la idea porque era incompatible con otro de mis propósitos vacacionales: dejar de fumar.</p>
<p>Ahora, tratemos de olvidar que estamos hablando de una personalidad tan mitificada y/o controvertida como es el <strong><em>Che</em></strong> <strong>Guevara</strong>: Este libro al que voy a referirme resulta, por su planteamiento, una rareza, ya que es del todo insólito que un padre se convierta en biógrafo de su propio hijo. Lo habitual en todo caso es a lo inverso: que hijos -e incluso nietos- dejen plasmadas impresiones personales sobre su ilustre progenitor. Y es que por lo común, para cuando la vida u obra de una persona acumula el bagaje suficientes como para merecer una biografía, sus padres lo normal es que estén ya muertos o sean como poco septuagenarios, una edad poco propicia para emprender una labor de este tipo. Pocos, como el <em>Che</em>, han tenido una vida tan rica, variada e intensa, y una muerte tan prematura; circunstancias todas ellas imprescindibles para que vea la luz una publicación así.</p>
<p>Una biografía escrita por el padre del protagonista tiene un enfoque completamente distinto a cualquier otra, con la indudable cualidad de poder nutrirse en hechos de la infancia y la adolescencia; periodos en los que se forja el carácter y la personalidad de una persona. Y aunque la vida y sus circunstancias muchas veces nos impone tal o cual camino de forma totalmente fortuita, son el carácter y la personalidad los que nos hacen decidir el rumbo cada vez que nos vemos en una encrucijada con opción de elegir (y la “opción de elegir” se nos presenta muchas más veces de lo que parece, me gustaría apuntar a aquellos que van por la vida con exceso de pasividad y lamentos).</p>
<p>En ese terreno nebuloso donde otros biógrafos tienen que especular y recurrir a anécdotas contadas por terceros (y lo sé por experiencia, al haber escrito yo mismo <a href="http://www.chessbase.com/ESPANOLA/newsdetail2.asp?id=4659" target="_blank">una obra de este tipo</a>), un padre tiene muchos recuerdos propios y bastante precisos. Y muchas veces son estas pequeñas anécdotas de juventud las que nos permiten conocer y comprender mejor a un ser humano.</p>
<p>Por poner un ejemplo: Todo parecía indicar que Ernesto Guevara, <em>“Teté”</em> (como lo apodaban por aquella época), iba a cursar la carrera de ingeniero, y tenía muy buenas posibilidades de obtener inmediata colocación en ese campo de trabajo, en el que ya estaba adquiriendo alguna experiencia y contaba con muy buenas referencias. Sin embargo su abuela, a la cual se sentía muy apegado, enfermó gravemente, y él decidió renunciar a su empleo y acudir a cuidar de ella durante los 17 días que duró su agonía.</p>
<p>Según su padre, fue la impotencia de no poder hacer nada por su abuela lo que le hizo cambiar de planes y ponerse a cursar medicina. Otros biógrafos anteriores habían especulado, en cambio, con que la causa de su interés por la medicina se debía a su propia enfermedad, un asma que le provocaba fortísimos ataques que de tanto en cuando lo paralizaban.</p>
<p>Teniendo en cuenta que el cambio de rumbo fue brusco, a mi me parece más probable que se desencadenara por un acontecimiento (en este caso, la muerte de su abuela) que por los problemas de salud que lo acosaban desde la infancia, lo cual hubiera sido más lógico que despertase una vocación temprana y continuada (no fue el caso).</p>
<p>Por otro lado, y sin ánimo de pasar a hacer juicios de opinión sobre el personaje en concreto (no al menos por ahora, o en este texto), para mi lo que indica una anécdota como ésta es una gran capacidad de empatía ante el sufrimiento ajeno.</p>
<p>¿Todo son ventajas en biografías como ésta, escritas por un padre? Evidentemente, no. Una biografía así es una fuente incomparable de información y anécdotas en lo que respecta a la formación y desarrollo de un personaje trascendente. Pero a la hora de valorar su obra, sus hechos de madurez y su legado, por fuerza tendría tendencia a convertirse en la más exagerada hagiografía. De hecho en este libro en concreto, <strong>Ernesto Guevara Lyinch</strong> renuncia de plano esa tarea valorativa, y tan sólo la primera parte del libro habla del <em>Che</em> victorioso, el que tuvieron ocasión de visitar en Cuba tras triunfar la revolución, y cuenta algunas anécdotas de sus luchas en la Sierra Maestra narradas por sus compañeros de lucha.</p>
<p align="right"><em>(Añadido en Morelia, México, a 1 de septiembre de 2009)</p>
<p>Cuando me llega la ocasión de publicar esto, ya hace bastantes días que pasé la última página a la biografía  del Che. Es una lectura entretenida e interesante: Ernesto Guevara senior era un hombre culto que escribe con soltura, o quizá con ese talento natural que parecen tener muchos argentinos para narrar anécdotas. Además, el libro está salpicado de extractos de la correspondencia personal (y otros escritos de ese estilo, como sus “diarios de motocicleta”) del propio Che, cuyo estilo agudo e irónico en concisas líneas se me hizo aún más agradable Su juventud fue realmente más intensa y atribulada de lo que pensaba: con razón afirma su padre que “era un mago del tiempo”, porque sus intereses y actividades fueron variadísimas.</p>
<p>Supongo que volveré a abordar el personaje en próximos escritos; creo que es la quinta biografía suya que leo, y sólo una vez que ha pasado el fervor juvenil puede uno escribir sobre alguien como el Che con un mínimo de objetividad y desapasionamiento.</p>
<p>Por otro lado, leer la concisa pero entretenida correspondencia que el Che destinaba a sus familiares, me ha animado a retomar la escritura en este blog, de actualización &#8220;un poco discontinuada&#8221; últimamente. Primero, porque me vuelve a estimular la idea de dejar constancia de mis propias peripecias, aunque sólo sea para releerlas y refrescar la memoria en mi senectud. Segundo, porque “pica” ver que eran más frecuentes las noticias que daba a su familia el Che, en la época del correo postal y andando a salto de mata, de las que doy yo teniendo internet al alcance de la mano. Y eso no tiene perdón.</p>
<p>Por cierto, respecto a lo de dejar de fumar que mencionaba por ahí arriba, he perdido la cuenta, pero creo que ronda las tres semanas el tiempo que llevo sin fumarme un cigarro. Tan sólo me permití unas caladas una noche al volver a casa después que me atracaron (con pistola de por medio), aunque debo reconocer que fue más bien “porque me dieron la excusa para indulgir”, que por verdaderos nervios o disgusto (sólo se llevaron las pelusas que criaban los fondos de mi bolsillos).</p>
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		<title>Aprendiendo a ser padres (I): Jalil Gibran</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Jun 2009 20:39:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[paternidad]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>
		<category><![CDATA[alexander sutherland neill]]></category>

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		<description><![CDATA[(San Sebastián, 1 de junio de 2009) Vuestros niños no son vuestros niños. Son los hijos e hijas del propio anhelo de vida. Vienen a través de vosotros pero no provienen de vosotros y aunque están con vosotros no os pertenecen. Podéis darles vuestro amor pero no vuestros pensamientos, puesto que tienen sus propios pensamientos. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>(San Sebastián, 1 de junio de 2009)</em></p>
<p><img src="http://farm3.static.flickr.com/2442/3586894442_62a5ef9796_o.jpg" alt="nahui" vspace="10" /></p>
<blockquote><p>Vuestros niños no son vuestros niños.<br />
Son los hijos e hijas del propio anhelo de vida.<br />
Vienen a través de vosotros pero no provienen de vosotros<br />
y aunque están con vosotros no os pertenecen.</p></blockquote>
<blockquote><p>Podéis darles vuestro amor pero no vuestros pensamientos,<br />
puesto que tienen sus propios pensamientos.<br />
podéis alojar sus cuerpos mas no sus almas,<br />
puesto que sus almas moran en la casa del mañana, que vosotros no<br />
podéis visitar, ni en vuestros sueños.</p></blockquote>
<blockquote><p>Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no intentéis hacerlos como<br />
vosotros,<br />
puesto que la vida no mira ni espera al ayer.</p>
<p>Sois los arcos de los que vuestros niños parten como flechas vivientes.</p>
<p>Abandonaos en manos del arquero: será para bien.</p></blockquote>
<p>De <a title="Yalil Gibran wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gibran_Khalil_Gibran" target="_blank"><strong>Jalil Gibran</strong></a>, un poeta libanés nacido a finales del XIX. Extraído del prólogo de “<em><strong>Summerhill</strong></em>”, por <a title="alexander sutherland neill" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alexander_Sutherland_Neill" target="_blank"><strong>Alexander Suterland Neill</strong></a>, que recoge las experiencias de este pedagogo en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Escuela_de_Summerhill">la escuela que lleva ese mismo nombre</a>. Un libro que me regaló mi suegra cuando estuvo de visita y que recién estamos empezando a leer, pero que ya me atrevo a recomendar a aquellos que, como yo, no quieran que sus hijos se integren en el &#8220;sistema educatico&#8221; convencional.</p>
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