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	<title>El Blog de David Llada &#187; idiomas</title>
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		<title>Del euskera al español (pasando por el inglés)</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Nov 2006 15:03:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[idiomas]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>
		<category><![CDATA[sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[San Sebastián, 30 de noviembre de 2006
El otro día un amigo me regañaba amistosamente por haber empleado la palabra bizarro con la acepción de extraño, raro o extravagante (&#8220;friki&#8221;), que no es la que le corresponde en el idioma castellano. &#8220;Vigila esos anglicismos&#8221;, me decía.Tiene toda la razón en lo primero, ya que bizarro, en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><em>San Sebastián, 30 de noviembre de 2006</em></p>
<p>El otro día un amigo me regañaba amistosamente por haber empleado la palabra <span style="font-style: italic">bizarro</span> con la acepción de extraño, raro o extravagante (&#8220;friki&#8221;), que no es la que le corresponde en el idioma castellano. &#8220;Vigila esos anglicismos&#8221;, me decía.Tiene toda la razón en lo primero, ya que bizarro, en español, quiere decir valiente, esforzado, o bien generoso, lúcido o espléndido. Pero sólo a medias en lo segundo, ya que hablando con propiedad la palabra no es un anglicismo, sino que proviene en origen del vascuence.</p>
<p><span style="font-style: italic">Bizardun</span> es una palabra euskera –caída un poco en desuso- que quiere decir barbado. Pasó al español tomando originalmente la acepción de &#8220;muchacho rudo, fuerte&#8221;, y al italiano la de &#8220;iracundo&#8221;, mientras que al francés (y de ahí al inglés) con el de &#8220;raro, extravagante&#8221;. Es de suponer que cada pueblo interpretaba las barbas según sus particulares consideraciones estéticas&#8230; y es muy curiosa la transformación semántica del término tras su paso por esas lenguas.</p>
<p>Casi podría decirse además que esta palabra <span style="font-style: italic">ha hecho un viaje de ida y vuelta</span>, si tenemos en cuenta que, tras su incorporación al idioma de Shakespare, ha vuelto a la península con el significado con el que yo la empleé (aunque esa acepción no sea recogida por la RAE).</p>
<p>Parece que en tiempos pasados, cuando el castellano era un idioma en formación, se recurría con frecuencia a la sonoridad del euskera para describir caracteres. Así pasó con <span style="font-style: italic">chaparro</span>, derivado con toda probabilidad del vasco <span style="font-style: italic">txapar</span> (zarza, rastrojo), y que pasó a designar a personas bajitas y cargadas de espaldas. Una palabra que no es tan frecuente de ver en el castellano que se utiliza hoy en día en la península, pero que de la mano de los numerosos vascos que tomaron parte en la conquista de las Américas, se ha convertido en México en el término más común para designar a las personas de poca estatura.</p>
<p>Ese gran misterio que supone el idioma vasco es un tema fascinante, y me está dando para muchos debates con Cindy, que era profesora de lingüística en la Universidad de Michoacán (cuyos habitantes indígenas, además, atesoran otra de las escasas lenguas aisladas que siguen vivas en la actualidad: el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Idioma_pur%C3%A9pecha" target="_blank">purepecha</a>). El castellano se formó a partir del latín, pero la influencia que tuvo el euskera en la manera en que nuestro idioma se desarrolló es enorme y no siempre debidamente valorado. Sobre todo en lo que respeta a la fonética, si uno compara el español con el resto de lenguas románicas que lo rodean (portugués, francés, etc.), la influencia de los contundentes sonidos del euskera son muy evidentes.</p>
<p>Es un terreno muy resbaladizo entrar a discernir hasta qué punto el euskera actual ha sido influenciado por las lenguas romances, o bien ha sido al revés; qué palabras en concreto fueron asimiladas del vasco por parte de éstas, o viceversa. Sin duda la permeabilidad ha sido en ambos sentidos. Pero, al menos para mí, el tema resulta curiosísimo, y merecerá la pena dedicar algo de tiempo libre a leer sobre ello. Como le comentaba esta mañana a un amigo, <span style="font-style: italic">en mi próxima vida quiero ser filólogo</span> para dedicarme exclusivamente a estudiar estas cosas (en ésta creo que ya no me dará tiempo).</p>
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		<title>A vueltas con el alemán</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2005/05/22/a-vueltas-con-el-aleman/</link>
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		<pubDate>Sun, 22 May 2005 10:54:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[alemania]]></category>
		<category><![CDATA[berlín]]></category>
		<category><![CDATA[idiomas]]></category>
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		<description><![CDATA[Berlín, 22 de Abril de 2005
Hablé por aquí de mis escasos progresos con el alemán, y ante la avalancha de emails llamándome vago, me defiendo un poquito.
El alemán es en efecto -como alguno me señala- un idioma muy lógico, que “con método y disciplina” no es difícil de estudiar. Pero el problema es que yo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="right"><em>Berlín, 22 de Abril de 2005</em></div>
<div align="justify">Hablé por aquí de mis escasos progresos con el alemán, y ante la avalancha de emails llamándome vago, me defiendo un poquito.</p>
<p>El alemán es en efecto -como alguno me señala- un idioma muy <em>lógico</em>, que “con método y disciplina” no es difícil de estudiar. Pero el problema es que yo ni soy metódico, ni disciplinado, ni he estudiado en mi vida. Sólo valgo para <em>aprender</em> –que es algo muy distinto-, basándome en la intuición, la necesidad y la práctica.</p>
<p>Y el alemán, por muy lógico y ordenadito que sea, también tiene sus irregularidades y sus caprichos. Estas son algunas de las cosas que me han sorprendido hasta ahora:</p>
<p>En el inglés el género importaba un carajo, pero en alemán uno se pone a estudiar los artículos y –por aquello de la concordancia- es lo primero con lo que se tropieza. Por ejemplo, éste debe de ser el único idioma del mundo en el que la palabra <strong>sol</strong> es femenina (Die Sonne), mientras que <strong>luna</strong> es masculino (Der Mond). Así que olvidaos de eso que dice que <em>“el sol se llama Lorenzo”</em>&#8230; a no ser que Lorenzo sea un travesti, que todo puede ser.</p>
<p><strong>Gato</strong>, al contrario que en español es femenino (Die Katze), un género que me parece el más apropiado para todo lo que tenga que ver con lo felino. Pero si hablamos de una <strong>pantera</strong>, que no deja de ser un gato grande, la cosa cambia: Der Panther (esto lo aprendí gracias al poema de <strong>Rilke</strong>, <em>Der Panther im Jardín des Plantes</em>, que intenté descifrar ayer escuchándolo recitado al mismo tiempo en el CD del Rilke Projekt).</p>
<p>Los <strong>niños y niñas</strong>, como los ángeles, no tienen sexo: son neutros (Das Kind, en singular, o Die Kinder, en plural). Hasta aquí, pase, pero luego una niña crece, se convierte en una <strong>muchacha</strong>&#8230; y sigue teniendo género neutro (Das Mädchen). Y llegado este punto me rebelé: ¿puede existir algo más femenino que una muchacha? Están locos estos germanos.</p>
<p>Bueno, todo eso no deja de ser anecdótico: lo complicado viene con los plurales, que son cada uno de una leche. Con lo fácil que resulta añadir simplemente una –S al final, dios mío, y aquí no hay una regla fija, sino cinco. Vamos, que con cada palabra hay que aprenderse el plural que le corresponde. Por ejemplo:</p>
<p>Der Shohn/Die Söhne<br />El hijo/Los hijos</p>
<p>Die Schwester/Die Schwestern<br />La hermana/Las hermanas</p>
<p>Das Haus/Die Häuser<br />La casa/Las casas</p>
<p>Y luego, por esa vocación de autodidacta que tengo, me volví loco durante un tiempo con el ubicuo “da” de los alemanes. Cuando una amiga regresó a Berlín después de unos días fuera, nos envió un email diciendo: <em>“Ich bin da”</em>. Y yo deduje: <em>“Si ‘Ich bin’ quiere decir ‘yo estoy’, el ‘da’ va a querer decir ‘aquí’”</em>. Suposición correcta, me confirmaron.</p>
<p>Pero luego me fijé en que al llamar por teléfono, la peña preguntaba: <em>“Ist Fulano da?”</em> (está Fulano ahí?). Y me entraron las dudas. “<em>Aclarémonos”, pensé, “¿el puñetero ‘da’ quiere decir ‘aquí’, o ‘ahí’?”</em></p>
<p>Fui a por el diccionario para salir de dudas, y me quedé planchado. La primera acepción que sale no es ni ‘aquí’ ni ‘ahí’, sino “allí o allá”. Tres en uno, y al final no queda claro el lugar donde está el sujeto o cosa por la que se pregunta. El “da” de los cojones no aporta en absoluto ninguna información útil para ubicarlo. ¿Quién no se iba a liar?</p>
<p><em>Also, wie Ihr seht, uebe ich immer noch deutsch zu lernen, was gar nicht so einfach ist! <img src='http://davidllada.com/blog/wp-includes/images/smilies/icon_sad.gif' alt=':-(' class='wp-smiley' />  </em></p>
</div>
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		<title>No language man</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Mar 2005 17:52:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[berlín]]></category>
		<category><![CDATA[idiomas]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>

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		<description><![CDATA[Berlín, 30 de marzo de 2005
Ahora que ya se han cumplido unos meses desde que me trasladé aquí, todo el mundo me hace la misma pregunta: ¿Cómo lo llevas con el alemán?
Y la respuesta es que no lo llevo. Ni con el alemán, ni con el inglés, ni con el castellano que mamé desde la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="right"><em>Berlín, 30 de marzo de 2005</em></div>
<div align="justify">Ahora que ya se han cumplido unos meses desde que me trasladé aquí, todo el mundo me hace la misma pregunta: ¿Cómo lo llevas con el alemán?</p>
<p>Y la respuesta es que no lo llevo. Ni con el alemán, ni con el inglés, ni con el castellano que mamé desde la cuna, si me apuráis. El idioma de Shakespeare lo estoy olvidando más rápido de lo que aprendo el de Goethe, mientras que con la lengua de Cervantes me siento cada vez más torpe.</p>
<p>Comienzo explicando esto último: A lo tonto, llevo casi año y medio sin apenas pasar por España, salvo de visita. Y por más que me encuentre con españoles allá donde voy (aquí estoy rodeado de ellos, y en Londres convivía con asturianos), el idioma se resiente. Porque aunque no me faltan ocasiones para hablar castellano, hacerlo siempre con la misma gente, o siempre en el mismo contexto, termina causando que el vocabulario se reduzca, que tu propia lengua materna se oxide.</p>
<p>Cada vez con más frecuencia me sucede que voy a decir algo, y la expresión o la palabra que viene a mi cabeza es inglesa. <em>“¿Cuál es el equivalente a esto en español?”</em>, me quedo pensando. Y a veces acaba saliendo, pero otras la palabra precisa se resiste a venir a mi boca. Por no decir que para algunas no existe un equivalente exacto, sin más.</p>
<p>Luego está lo típico: me salen frases en español pero construidas con una estructura ajena a este idioma, o empleo palabras que son puro <em>spanglish</em>. Por ejemplo, se me escapa decir que algo “no hace sentido” (por el <em>to make sense</em> en inglés), o uso el verbo “aplicar” como equivalente a “rellenar una solicitud”.</p>
<p>Del inglés, qué decir. No mejoró apenas en todo el tiempo que viví en Londres, salvo un poquito durante el mes escaso que salí con <strong>Lydia</strong> (china de nacionalidad, pero con inglés como idioma materno). Y desde que llegué a Berlín he hablado en ese idioma el 90% del tiempo, pero casi siempre con gente que tiene el mismo nivel (o aún peor) que yo, lo cual ayuda muy poco.</p>
<p>En cuanto al alemán, me sorprende a mí mismo lo mucho que he aprendido con sólo “pegar la oreja”. Y cada vez que un amigo me enseña una palabra nueva, o el significado de una frase, juego a<em> buscarla</em> cuando escucho la radio, la televisión, o cualquier conversación que tenga lugar a mi alrededor. He descubierto que tengo más oído de lo que yo pensaba.</p>
<p>Pero de ahí no paso: Teniendo en cuenta que llevo tres meses viviendo en Berlín, y que anteriormente ya había visitado Alemania en algo así como una docena de ocasiones, debería hablar al menos un poquito. Y no es el caso, por culpa de mi puñetera pereza: Tengo un buen curso en DVD que consta de cuatro niveles, cada uno de ellos con 26 lecciones&#8230; y aún voy por la décima lección. Del primer nivel, <em>of course</em>.</p>
<p>Mis primeros intentos por emplear alguna frasecita en este idioma también han sido bastante desalentadores a causa de un detalle cultural en el que yo no había reparado hasta que <strong>la india</strong> (mi actual novia) me lo comentó: Los alemanes son unos interlocutores que colaboran muy poco. Si la frase tiene algún error gramatical, o no la has pronunciado perfectamente, parecen incapaces de reconstruirla debidamente. <em>“Les falta ‘imaginación’ ligüistica”</em>, dice ella, que de germanos sabe un rato. Por el contrario los ingleses me comprendían perfectamente incluso cuando le metía una buena patada al diccionario o hacía gala de mi peor pronunciación.</p>
<p>En resumen: que tardaréis bastantes años en ver aquí algo escrito en alemán. Y dad gracias porque sea capaz de escribiros en un español aún comprensible, sin que tengáis que echar mano de vuestra <em>creatividad lingüística</em> para interpretarlo.</p>
</div>
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