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	<title>El Blog de David Llada &#187; idiomas</title>
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		<title>Los chinos y sus nombres &#8216;occidentales&#8217;</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Jun 2011 12:39:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[(San Sebastián, 8 de junio de 2011) El otro día, cuando escribí sobre las supersticiones chinas, olvidé incluir un par de anécdotas que me hicieron mucha gracia. El tema en esta ocasión va de nombres, no de números, aunque ambas cosas confluyen en la traca final. Como sabréis, los chinos, para facilitarnos la existencia a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>(San Sebastián, 8 de junio de 2011)</em></p>
<p>El otro día, cuando escribí sobre las supersticiones chinas, olvidé incluir un par de anécdotas que me hicieron mucha gracia. El tema en esta ocasión va de nombres, no de números, aunque ambas cosas confluyen en la traca final.</p>
<p>Como sabréis, los chinos, para facilitarnos la existencia a los <em>demonios extranjeros</em>, suelen ponerse un <em>nombre occidental</em>. Por ejemplo: un tal <em>Xu Fancheng</em>, va y se rebautiza como “James“ para sus colegas occidentales.  Se agradece el detalle.</p>
<p>Esta costumbre es especialmente común entre las muchachas, ya que son las que con más frecuencia  hablan otros  idiomas (en una proporción de 6 a 1, diría yo), las que tienen contacto con extranjeros, están más occidentalizadas… y también son más vanidosas y disfrutan con el jueguecito de cambiarse de nombre como  si se cambiaran de pendientes, todo hay que decirlo.</p>
<p>De hecho, alguna chica he conocido que tenía incluso dos nombres occidentales: uno, elegido por ser el más parecido fonéticamente a su nombre chino verdadero, y otro por ser el que más le gustaba. Y un rollete que tuve en mi primer viaje me dejó pasmado al proponerme que yo le eligiera uno: que se llamaba <em>Elisa</em>, pero que ya estaba cansada de ese nombre y aceptaría cualquiera que yo le sugiriese. Como soy un cabrón, a partir de entonces –o al menos, durante los 4 días que siguieron- pasó a llamarse <em>Segismunda</em>.</p>
<p>El tema da para muchas risas. Conocí una vez a dos chinos que salían por ahí juntos y se llamaban, ambos, <em>Borja</em>. Otro, que se había puesto de nombre <em>Snoopy</em>. Abundan las <em>Kelly</em>, <em>Jennifer</em>, <em>Samantha</em>… y últimamente parece que <em>Phoebe</em> es el nombre de moda.</p>
<p><strong>Joao</strong>, que vive como un infiltrado en la facultad de idiomas de Guangzhou, es quien atesora las anécdotas más descacharrantes, sobre todo entre quienes estudian la lengua de Cervantes. Vamos con la primera: resulta que conoció a una chica que tiene un nombre típico de nuestra tierra: <strong><em>Olaya</em></strong>. Asombrado, le preguntó a la chica que si había oído hablar de Asturias. Y la susodicha respondió que ni puta idea, que jamás había oído hablar de ese lugar. Pero que lo había elegido porque… ¡era el nombre de la hija de <strong>David Villa</strong>!</p>
<p>La segunda, es de récord mundial, sin duda. Un <em>WTF</em> como una casa de grande. De nuevo, una estudiante de español: una chica moderna e imaginativa que quiso elegir un nombre en español, pero sin traicionar las raíces de su cultura china, supongo. Esas son mis conjeturas. Ya <a href="http://davidllada.com/blog/2011/05/27/numerologia_supersticiones_china_ocho_cuatro_8_4/" target="_blank">os he contado que el ocho es el número de la suerte en su cultura</a>, ¿verdad? Pues bien: esta freak se ha rebautizado como <strong><em>Ocha</em></strong>. Así, tal cual, como suena. El número chino de la suerte, el 8, pero en castellano y en femenino. Ocha. No podría sonar peor, especialmente para un asturiano (&#8216;gocha&#8217; es &#8216;cerda&#8217; en bable).</p>
<p>Por cierto, los chinos son bastante prácticos: dado que los occidentales no abundamos por allí, y en cualquier caso tienen serios problemas para diferenciarnos a unos de otros, para simplificar tienden a llamarnos <em>demonio extranjero</em>, a secas. Creo que se transcribe como <strong><em>gweilo</em></strong> (aunque suena más bien como “<em>kuei-lou</em>”), expresión que, cuando la oigas y reconozcas, conviene responder con un <em>“kuei lou ni ma”</em> (<em>“demonio lo será tu madre”</em>). Es mano de santo: no se suelen mosquear, y muy al contrario, a partir de ese momento te ganarás un mínimo de respeto. Si estabas en una tienda, verás que milagrosamente el precio acaba de bajar un 20 o un 30%.</p>
<p>Me presentaron en Guangzhou a una mexicana, Lisaura, que tenía una empleada de hogar china. En cierta ocasión, cuando la limpiadora acaba de irse, Lisaura se dio cuenta de que había olvidado decirle algo, así que la llamó al móvil. Y el móvil empezó a sonar sobre la mesa del salón: la chica se lo había dejado allí al salir. Cuando mi amiga lo fue a recoger de la mesa, vio que la pantalla decía: <em>“Tiene una llamada perdida de GWEILO”</em>. Resulta que la limpiadora, a pesar de llevar currando para ella más de un año, la tenía guardada en la agenda como “demonio extranjero”. El cachondeo a la hora de devolverle el móvil tuvo que ser mayúsculo.</p>
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		<title>Gilipollas</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2011/01/27/gilipollas-origen-etimologico-insulto/</link>
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		<pubDate>Thu, 27 Jan 2011 01:46:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[(Londres, 13 de diciembre de 2010) Desde siempre me ha resultado muy interesante la historia de las palabras: su etimología, la procedencia de tal o cual término. El devenir de algunas de ellas es realmente interesante. Y detrás de algunos préstamos lingüisticos entre diferentes idiomas hay historias fascinantes, de contacto entre culturas, en las que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>(Londres, 13 de diciembre de 2010)</em></p>
<p>Desde siempre me ha resultado muy interesante la <em>historia</em> de las palabras: su etimología, la procedencia de tal o cual término. El devenir de algunas de ellas es realmente interesante. Y detrás de algunos <em>préstamos lingüisticos</em> entre diferentes idiomas hay historias fascinantes, de contacto entre culturas, en las que <a href="http://davidllada.com/blog/2006/11/30/del-euskera-al-espanol-pasando-por-el-ingles/" target="_blank">a veces me gusta indagar</a>.</p>
<p>Hace muchos años, cuando era casi un adolescente, por casualidad se me &#8220;cruzaron&#8221; un par de lecturas sobre el teatro clásico que hicieron que se me encendiera la bombilla sobre uno de los insultos más comunes en nuestra lengua: <strong>gilipollas</strong>. Lamentablemente entonces no existía google, y quedaba fuera de mi alcance intentar contrastar algo que, en ese momento, asumí como un hecho: que ese insulto tenía su origen precisamente en la cultura griega.</p>
<p>Hace poco me acordé de esa idea, y me puse a rebuscar para intentar confirmar mi ocurrencia. Y me resultó sorprendente que, entre las muchas y muy imaginativas teorías que he encontrado al respecto de la etimología de la palabra <strong>gilipollas</strong>, en ningún lado se contemple la razonable posibilidad que se me ocurrió a mi: que ésta provenga <strong>del término griego &#8220;gelotopoios”</strong>. Inserto la grafía original como imagen, porque parece que el worpress no reconoce el alfabeto griego:<br />
<img src="http://farm6.static.flickr.com/5020/5391323095_78c9b0d93a_o.jpg" alt="gilipollas gelotopoios" vspace="10" /></p>
<p>El parecido fonético salta a la vista: basta repetir un par de veces &#8220;gelotopoyos&#8221; en voz alta para que lo que te salga de la boca sea &#8220;gilipollas&#8221;. Pero es que además hay un enorme parecido semántico. <em>Gelotopoios</em> quiere decir, literalmente, “el que provoca risa”. Y es el nombre que se daba en el <strong>teatro clásico griego</strong> al personaje que actúa de bufón: aquél al que con sus propios actos se pone en ridículo, y del que todos se mofan.</p>
<p>Cada insulto tiene sus matices, y al menos yo, &#8220;gilipollas&#8221; siempre lo he utilizado en ese sentido: algún pobre payaso que, pese a tomarse muy en serio a sí mismo, hace el ridículo sin ni siquiera saberlo. Y que por añadidura es bocazas, como el personaje del teatro griego.</p>
<p>El término &#8220;gelotopoios&#8221; lo he encontrado también en algunos diccionarios de griego moderno (no en todos, porque es una palabra caída en desuso) con connotaciones más peyorativas, aunque manteniendo el matiz de personaje risible: “payaso”, “loco”, o “persona de comportamiento excéntrico” son algunas de las que he podido recoger tras una breve búsqueda en diccionarios griego/inglés y griego/francés.</p>
<p>Además, no tendría nada de extraño que este vocablo hubiese pasado al castellano, ya que (por poner sólo un ejemplo) está unánimemente aceptado que del griego proviene también otro de los insultos más habituales en nuestra lengua, nada menos que <strong>“idiota”</strong>. Esta palabra comparte raíz con <em>idiosincrasia</em>: le llamaban idiotas a quien no se integraban en la cultura griega, no iban al teatro, y eran considerados unos iletrados por parte de la sociedad ateniense. ¿No es fascinante que un insulto que ya se utilizaba tal cual en la Atenas del siglo V a.C. siga resonando en nuestro idioma hoy en día? Pues creo que ese es el caso también de la palabra &#8220;gilipollas&#8221;.</p>
<p>Ninguno de estos argumentos que expongo es contundente en absoluto. Pero si nos ponemos a examinar las teorías alternativas, como la etimología que recoge la RAE, me parecen mucho menos convincentes:</p>
<p>La más extendida popularmente dice que el insulto procede de un alcalde de Madrid, apellidado Gil, que no gozaba de muchas simpatías. Solía salir a pasear con sus dos hijas adolescentes (en madrileño castizo, &#8220;pollas&#8221;), lo que provocaba las chanzas de la gente: &#8220;ahí viene Gil con sus pollas&#8221;. Y de ahí, &#8220;el gilipollas&#8221;. Creo que no puede ser tomada en serio.</p>
<p>La alternativa que aparece registrada en el Diccionario Histórico de la RAE, es que proviene <em>&#8220;del caló jili, inocente, cándido, derivado de jil, fresco&#8221;</em>. Y también me he encontrado la teoría de que puede derivar del árabe <em>&#8220;yihil&#8221;</em>, que significa &#8220;bobo&#8221;.</p>
<p>Sin embargo, no entiendo cómo a &#8220;jili&#8221; (o a &#8220;yihil&#8221;) le ha podido surgir, de repente, el apéndice &#8220;pollas&#8221;. Lo natural, y lo que nos dice el sentido común, es que algunos términos que pasan a ser de uso habitual se contraigan, adopten formas abreviadas. Pero es mucho más inusual que les surjan aditamentos. A mi me resultaría más razonable pensar que &#8220;gili&#8221; derive de &#8220;gilipollas&#8221;, que no a la inversa. O, como sostengo, que &#8220;gelotopoios&#8221;, en su devenir temporal y geográfico, haya perdido una sílaba y terminado como &#8220;gilipollas&#8221;.</p>
<p>Nunca he podido consultar el <strong>&#8220;Diccionario secreto&#8221; de Camilo José Cela</strong> (¡lo que daría por ponerle las zarpas encima!), pero tengo entendido que él da por buena la idea de que se trata de una creativa fusión entre el caló &#8220;jili&#8221; y el término &#8220;pollas&#8221;, referido al falo. Con todo mi respeto a este gran autor, tampoco me convence.</p>
<p>En fin, es sólo una teoría, y en ningún caso determinante, pero creo que tan pausible o más como el resto que me he encontrado. He hecho llegar por mail estas reflexiones a ese catedrático de la RAE que con tanta asiduidad desempolva los diccionarios de insultas de la lengua castellana, <strong>Arturo Pérez Reverte</strong>. A ver si en una de éstas me llega feedback.</p>
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		<title>Del euskera al español (pasando por el inglés)</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2006/11/30/del-euskera-al-espanol-pasando-por-el-ingles/</link>
		<comments>http://davidllada.com/blog/2006/11/30/del-euskera-al-espanol-pasando-por-el-ingles/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 30 Nov 2006 15:03:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[idiomas]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>
		<category><![CDATA[sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[San Sebastián, 30 de noviembre de 2006 El otro día un amigo me regañaba amistosamente por haber empleado la palabra bizarro con la acepción de extraño, raro o extravagante (&#8220;friki&#8221;), que no es la que le corresponde en el idioma castellano. &#8220;Vigila esos anglicismos&#8221;, me decía.Tiene toda la razón en lo primero, ya que bizarro, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><em>San Sebastián, 30 de noviembre de 2006</em></p>
<p>El otro día un amigo me regañaba amistosamente por haber empleado la palabra <span style="font-style: italic">bizarro</span> con la acepción de extraño, raro o extravagante (&#8220;friki&#8221;), que no es la que le corresponde en el idioma castellano. &#8220;Vigila esos anglicismos&#8221;, me decía.Tiene toda la razón en lo primero, ya que bizarro, en español, quiere decir valiente, esforzado, o bien generoso, lúcido o espléndido. Pero sólo a medias en lo segundo, ya que hablando con propiedad la palabra no es un anglicismo, sino que proviene en origen del vascuence.</p>
<p><span style="font-style: italic">Bizardun</span> es una palabra euskera –caída un poco en desuso- que quiere decir barbado. Pasó al español tomando originalmente la acepción de &#8220;muchacho rudo, fuerte&#8221;, y al italiano la de &#8220;iracundo&#8221;, mientras que al francés (y de ahí al inglés) con el de &#8220;raro, extravagante&#8221;. Es de suponer que cada pueblo interpretaba las barbas según sus particulares consideraciones estéticas&#8230; y es muy curiosa la transformación semántica del término tras su paso por esas lenguas.</p>
<p>Casi podría decirse además que esta palabra <span style="font-style: italic">ha hecho un viaje de ida y vuelta</span>, si tenemos en cuenta que, tras su incorporación al idioma de Shakespare, ha vuelto a la península con el significado con el que yo la empleé (aunque esa acepción no sea recogida por la RAE).</p>
<p>Parece que en tiempos pasados, cuando el castellano era un idioma en formación, se recurría con frecuencia a la sonoridad del euskera para describir caracteres. Así pasó con <span style="font-style: italic">chaparro</span>, derivado con toda probabilidad del vasco <span style="font-style: italic">txapar</span> (zarza, rastrojo), y que pasó a designar a personas bajitas y cargadas de espaldas. Una palabra que no es tan frecuente de ver en el castellano que se utiliza hoy en día en la península, pero que de la mano de los numerosos vascos que tomaron parte en la conquista de las Américas, se ha convertido en México en el término más común para designar a las personas de poca estatura.</p>
<p>Ese gran misterio que supone el idioma vasco es un tema fascinante, y me está dando para muchos debates con Cindy, que era profesora de lingüística en la Universidad de Michoacán (cuyos habitantes indígenas, además, atesoran otra de las escasas lenguas aisladas que siguen vivas en la actualidad: el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Idioma_pur%C3%A9pecha" target="_blank">purepecha</a>). El castellano se formó a partir del latín, pero la influencia que tuvo el euskera en la manera en que nuestro idioma se desarrolló es enorme y no siempre debidamente valorado. Sobre todo en lo que respeta a la fonética, si uno compara el español con el resto de lenguas románicas que lo rodean (portugués, francés, etc.), la influencia de los contundentes sonidos del euskera son muy evidentes.</p>
<p>Es un terreno muy resbaladizo entrar a discernir hasta qué punto el euskera actual ha sido influenciado por las lenguas romances, o bien ha sido al revés; qué palabras en concreto fueron asimiladas del vasco por parte de éstas, o viceversa. Sin duda la permeabilidad ha sido en ambos sentidos. Pero, al menos para mí, el tema resulta curiosísimo, y merecerá la pena dedicar algo de tiempo libre a leer sobre ello. Como le comentaba esta mañana a un amigo, <span style="font-style: italic">en mi próxima vida quiero ser filólogo</span> para dedicarme exclusivamente a estudiar estas cosas (en ésta creo que ya no me dará tiempo).</p>
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		<title>A vueltas con el alemán</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2005/05/22/a-vueltas-con-el-aleman/</link>
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		<pubDate>Sun, 22 May 2005 10:54:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<category><![CDATA[berlín]]></category>
		<category><![CDATA[idiomas]]></category>
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		<description><![CDATA[Berlín, 22 de Abril de 2005 Hablé por aquí de mis escasos progresos con el alemán, y ante la avalancha de emails llamándome vago, me defiendo un poquito. El alemán es en efecto -como alguno me señala- un idioma muy lógico, que “con método y disciplina” no es difícil de estudiar. Pero el problema es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="right"><em>Berlín, 22 de Abril de 2005</em></div>
<div align="justify">Hablé por aquí de mis escasos progresos con el alemán, y ante la avalancha de emails llamándome vago, me defiendo un poquito.</p>
<p>El alemán es en efecto -como alguno me señala- un idioma muy <em>lógico</em>, que “con método y disciplina” no es difícil de estudiar. Pero el problema es que yo ni soy metódico, ni disciplinado, ni he estudiado en mi vida. Sólo valgo para <em>aprender</em> –que es algo muy distinto-, basándome en la intuición, la necesidad y la práctica.</p>
<p>Y el alemán, por muy lógico y ordenadito que sea, también tiene sus irregularidades y sus caprichos. Estas son algunas de las cosas que me han sorprendido hasta ahora:</p>
<p>En el inglés el género importaba un carajo, pero en alemán uno se pone a estudiar los artículos y –por aquello de la concordancia- es lo primero con lo que se tropieza. Por ejemplo, éste debe de ser el único idioma del mundo en el que la palabra <strong>sol</strong> es femenina (Die Sonne), mientras que <strong>luna</strong> es masculino (Der Mond). Así que olvidaos de eso que dice que <em>“el sol se llama Lorenzo”</em>&#8230; a no ser que Lorenzo sea un travesti, que todo puede ser.</p>
<p><strong>Gato</strong>, al contrario que en español es femenino (Die Katze), un género que me parece el más apropiado para todo lo que tenga que ver con lo felino. Pero si hablamos de una <strong>pantera</strong>, que no deja de ser un gato grande, la cosa cambia: Der Panther (esto lo aprendí gracias al poema de <strong>Rilke</strong>, <em>Der Panther im Jardín des Plantes</em>, que intenté descifrar ayer escuchándolo recitado al mismo tiempo en el CD del Rilke Projekt).</p>
<p>Los <strong>niños y niñas</strong>, como los ángeles, no tienen sexo: son neutros (Das Kind, en singular, o Die Kinder, en plural). Hasta aquí, pase, pero luego una niña crece, se convierte en una <strong>muchacha</strong>&#8230; y sigue teniendo género neutro (Das Mädchen). Y llegado este punto me rebelé: ¿puede existir algo más femenino que una muchacha? Están locos estos germanos.</p>
<p>Bueno, todo eso no deja de ser anecdótico: lo complicado viene con los plurales, que son cada uno de una leche. Con lo fácil que resulta añadir simplemente una –S al final, dios mío, y aquí no hay una regla fija, sino cinco. Vamos, que con cada palabra hay que aprenderse el plural que le corresponde. Por ejemplo:</p>
<p>Der Shohn/Die Söhne<br />El hijo/Los hijos</p>
<p>Die Schwester/Die Schwestern<br />La hermana/Las hermanas</p>
<p>Das Haus/Die Häuser<br />La casa/Las casas</p>
<p>Y luego, por esa vocación de autodidacta que tengo, me volví loco durante un tiempo con el ubicuo “da” de los alemanes. Cuando una amiga regresó a Berlín después de unos días fuera, nos envió un email diciendo: <em>“Ich bin da”</em>. Y yo deduje: <em>“Si ‘Ich bin’ quiere decir ‘yo estoy’, el ‘da’ va a querer decir ‘aquí’”</em>. Suposición correcta, me confirmaron.</p>
<p>Pero luego me fijé en que al llamar por teléfono, la peña preguntaba: <em>“Ist Fulano da?”</em> (está Fulano ahí?). Y me entraron las dudas. “<em>Aclarémonos”, pensé, “¿el puñetero ‘da’ quiere decir ‘aquí’, o ‘ahí’?”</em></p>
<p>Fui a por el diccionario para salir de dudas, y me quedé planchado. La primera acepción que sale no es ni ‘aquí’ ni ‘ahí’, sino “allí o allá”. Tres en uno, y al final no queda claro el lugar donde está el sujeto o cosa por la que se pregunta. El “da” de los cojones no aporta en absoluto ninguna información útil para ubicarlo. ¿Quién no se iba a liar?</p>
<p><em>Also, wie Ihr seht, uebe ich immer noch deutsch zu lernen, was gar nicht so einfach ist! <img src='http://davidllada.com/blog/wp-includes/images/smilies/icon_sad.gif' alt=':-(' class='wp-smiley' />  </em></p>
</div>
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		<title>No language man</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2005/03/30/no-language-man/</link>
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		<pubDate>Wed, 30 Mar 2005 17:52:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Berlín, 30 de marzo de 2005 Ahora que ya se han cumplido unos meses desde que me trasladé aquí, todo el mundo me hace la misma pregunta: ¿Cómo lo llevas con el alemán? Y la respuesta es que no lo llevo. Ni con el alemán, ni con el inglés, ni con el castellano que mamé [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="right"><em>Berlín, 30 de marzo de 2005</em></div>
<div align="justify">Ahora que ya se han cumplido unos meses desde que me trasladé aquí, todo el mundo me hace la misma pregunta: ¿Cómo lo llevas con el alemán?</p>
<p>Y la respuesta es que no lo llevo. Ni con el alemán, ni con el inglés, ni con el castellano que mamé desde la cuna, si me apuráis. El idioma de Shakespeare lo estoy olvidando más rápido de lo que aprendo el de Goethe, mientras que con la lengua de Cervantes me siento cada vez más torpe.</p>
<p>Comienzo explicando esto último: A lo tonto, llevo casi año y medio sin apenas pasar por España, salvo de visita. Y por más que me encuentre con españoles allá donde voy (aquí estoy rodeado de ellos, y en Londres convivía con asturianos), el idioma se resiente. Porque aunque no me faltan ocasiones para hablar castellano, hacerlo siempre con la misma gente, o siempre en el mismo contexto, termina causando que el vocabulario se reduzca, que tu propia lengua materna se oxide.</p>
<p>Cada vez con más frecuencia me sucede que voy a decir algo, y la expresión o la palabra que viene a mi cabeza es inglesa. <em>“¿Cuál es el equivalente a esto en español?”</em>, me quedo pensando. Y a veces acaba saliendo, pero otras la palabra precisa se resiste a venir a mi boca. Por no decir que para algunas no existe un equivalente exacto, sin más.</p>
<p>Luego está lo típico: me salen frases en español pero construidas con una estructura ajena a este idioma, o empleo palabras que son puro <em>spanglish</em>. Por ejemplo, se me escapa decir que algo “no hace sentido” (por el <em>to make sense</em> en inglés), o uso el verbo “aplicar” como equivalente a “rellenar una solicitud”.</p>
<p>Del inglés, qué decir. No mejoró apenas en todo el tiempo que viví en Londres, salvo un poquito durante el mes escaso que salí con <strong>Lydia</strong> (china de nacionalidad, pero con inglés como idioma materno). Y desde que llegué a Berlín he hablado en ese idioma el 90% del tiempo, pero casi siempre con gente que tiene el mismo nivel (o aún peor) que yo, lo cual ayuda muy poco.</p>
<p>En cuanto al alemán, me sorprende a mí mismo lo mucho que he aprendido con sólo “pegar la oreja”. Y cada vez que un amigo me enseña una palabra nueva, o el significado de una frase, juego a<em> buscarla</em> cuando escucho la radio, la televisión, o cualquier conversación que tenga lugar a mi alrededor. He descubierto que tengo más oído de lo que yo pensaba.</p>
<p>Pero de ahí no paso: Teniendo en cuenta que llevo tres meses viviendo en Berlín, y que anteriormente ya había visitado Alemania en algo así como una docena de ocasiones, debería hablar al menos un poquito. Y no es el caso, por culpa de mi puñetera pereza: Tengo un buen curso en DVD que consta de cuatro niveles, cada uno de ellos con 26 lecciones&#8230; y aún voy por la décima lección. Del primer nivel, <em>of course</em>.</p>
<p>Mis primeros intentos por emplear alguna frasecita en este idioma también han sido bastante desalentadores a causa de un detalle cultural en el que yo no había reparado hasta que <strong>la india</strong> (mi actual novia) me lo comentó: Los alemanes son unos interlocutores que colaboran muy poco. Si la frase tiene algún error gramatical, o no la has pronunciado perfectamente, parecen incapaces de reconstruirla debidamente. <em>“Les falta ‘imaginación’ ligüistica”</em>, dice ella, que de germanos sabe un rato. Por el contrario los ingleses me comprendían perfectamente incluso cuando le metía una buena patada al diccionario o hacía gala de mi peor pronunciación.</p>
<p>En resumen: que tardaréis bastantes años en ver aquí algo escrito en alemán. Y dad gracias porque sea capaz de escribiros en un español aún comprensible, sin que tengáis que echar mano de vuestra <em>creatividad lingüística</em> para interpretarlo.</p>
</div>
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