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	<title>El Blog de David Llada &#187; chorradas</title>
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		<title>Los chinos y sus nombres &#8216;occidentales&#8217;</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Jun 2011 12:39:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[(San Sebastián, 8 de junio de 2011) El otro día, cuando escribí sobre las supersticiones chinas, olvidé incluir un par de anécdotas que me hicieron mucha gracia. El tema en esta ocasión va de nombres, no de números, aunque ambas cosas confluyen en la traca final. Como sabréis, los chinos, para facilitarnos la existencia a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>(San Sebastián, 8 de junio de 2011)</em></p>
<p>El otro día, cuando escribí sobre las supersticiones chinas, olvidé incluir un par de anécdotas que me hicieron mucha gracia. El tema en esta ocasión va de nombres, no de números, aunque ambas cosas confluyen en la traca final.</p>
<p>Como sabréis, los chinos, para facilitarnos la existencia a los <em>demonios extranjeros</em>, suelen ponerse un <em>nombre occidental</em>. Por ejemplo: un tal <em>Xu Fancheng</em>, va y se rebautiza como “James“ para sus colegas occidentales.  Se agradece el detalle.</p>
<p>Esta costumbre es especialmente común entre las muchachas, ya que son las que con más frecuencia  hablan otros  idiomas (en una proporción de 6 a 1, diría yo), las que tienen contacto con extranjeros, están más occidentalizadas… y también son más vanidosas y disfrutan con el jueguecito de cambiarse de nombre como  si se cambiaran de pendientes, todo hay que decirlo.</p>
<p>De hecho, alguna chica he conocido que tenía incluso dos nombres occidentales: uno, elegido por ser el más parecido fonéticamente a su nombre chino verdadero, y otro por ser el que más le gustaba. Y un rollete que tuve en mi primer viaje me dejó pasmado al proponerme que yo le eligiera uno: que se llamaba <em>Elisa</em>, pero que ya estaba cansada de ese nombre y aceptaría cualquiera que yo le sugiriese. Como soy un cabrón, a partir de entonces –o al menos, durante los 4 días que siguieron- pasó a llamarse <em>Segismunda</em>.</p>
<p>El tema da para muchas risas. Conocí una vez a dos chinos que salían por ahí juntos y se llamaban, ambos, <em>Borja</em>. Otro, que se había puesto de nombre <em>Snoopy</em>. Abundan las <em>Kelly</em>, <em>Jennifer</em>, <em>Samantha</em>… y últimamente parece que <em>Phoebe</em> es el nombre de moda.</p>
<p><strong>Joao</strong>, que vive como un infiltrado en la facultad de idiomas de Guangzhou, es quien atesora las anécdotas más descacharrantes, sobre todo entre quienes estudian la lengua de Cervantes. Vamos con la primera: resulta que conoció a una chica que tiene un nombre típico de nuestra tierra: <strong><em>Olaya</em></strong>. Asombrado, le preguntó a la chica que si había oído hablar de Asturias. Y la susodicha respondió que ni puta idea, que jamás había oído hablar de ese lugar. Pero que lo había elegido porque… ¡era el nombre de la hija de <strong>David Villa</strong>!</p>
<p>La segunda, es de récord mundial, sin duda. Un <em>WTF</em> como una casa de grande. De nuevo, una estudiante de español: una chica moderna e imaginativa que quiso elegir un nombre en español, pero sin traicionar las raíces de su cultura china, supongo. Esas son mis conjeturas. Ya <a href="http://davidllada.com/blog/2011/05/27/numerologia_supersticiones_china_ocho_cuatro_8_4/" target="_blank">os he contado que el ocho es el número de la suerte en su cultura</a>, ¿verdad? Pues bien: esta freak se ha rebautizado como <strong><em>Ocha</em></strong>. Así, tal cual, como suena. El número chino de la suerte, el 8, pero en castellano y en femenino. Ocha. No podría sonar peor, especialmente para un asturiano (&#8216;gocha&#8217; es &#8216;cerda&#8217; en bable).</p>
<p>Por cierto, los chinos son bastante prácticos: dado que los occidentales no abundamos por allí, y en cualquier caso tienen serios problemas para diferenciarnos a unos de otros, para simplificar tienden a llamarnos <em>demonio extranjero</em>, a secas. Creo que se transcribe como <strong><em>gweilo</em></strong> (aunque suena más bien como “<em>kuei-lou</em>”), expresión que, cuando la oigas y reconozcas, conviene responder con un <em>“kuei lou ni ma”</em> (<em>“demonio lo será tu madre”</em>). Es mano de santo: no se suelen mosquear, y muy al contrario, a partir de ese momento te ganarás un mínimo de respeto. Si estabas en una tienda, verás que milagrosamente el precio acaba de bajar un 20 o un 30%.</p>
<p>Me presentaron en Guangzhou a una mexicana, Lisaura, que tenía una empleada de hogar china. En cierta ocasión, cuando la limpiadora acaba de irse, Lisaura se dio cuenta de que había olvidado decirle algo, así que la llamó al móvil. Y el móvil empezó a sonar sobre la mesa del salón: la chica se lo había dejado allí al salir. Cuando mi amiga lo fue a recoger de la mesa, vio que la pantalla decía: <em>“Tiene una llamada perdida de GWEILO”</em>. Resulta que la limpiadora, a pesar de llevar currando para ella más de un año, la tenía guardada en la agenda como “demonio extranjero”. El cachondeo a la hora de devolverle el móvil tuvo que ser mayúsculo.</p>
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		<title>Guangzhou; un recuerdo.</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Jun 2011 02:48:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[(Guangzhou, 9 de abril de 2011) Me gusta esta foto que el amigo Javi me hizo en el último viaje a China. Bueno, el último para mí, y el primero para él, que se quedó tan fascinado con la experiencia que lo primero que hizo al volver a España fue&#8230; comprar un nuevo billete para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>(Guangzhou, 9 de abril de 2011)</em></p>
<p><a href="http://farm6.static.flickr.com/5227/5647263673_08b332dcf4_b.jpg" target="_blank"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2563/5806329955_d87398e9a6_o.jpg" alt="China, Canton, guangzhou, Llada, shamian, shameen, pearl, river" vspace="10" /></a></p>
<p>Me gusta esta foto que el amigo <strong><a href="http://www.efejotaphotography.com/" target="_blank">Javi</a></strong> me hizo en el último viaje a China. Bueno, el último para mí, y el primero para él, que se quedó tan fascinado con la experiencia que lo primero que hizo al volver a España fue&#8230; comprar un nuevo billete para un mes más tarde. Pero esta vez de sólo ida. Y con él, ya es la tercera persona que se va a ese país por mi culpa. Así que debería cortar el rollo, cambiar mi discurso, y en lugar de hablar de lo <em>guay</em> que es aquello, tendría que contaros que en China se caga en cuclillas, y que en ocasiones salen ratas del inodoro. A ver si así cortamos esta sangría de emigraciones y os lo pensáis dos veces.</p>
<p>Estábamos en la <strong>isla de Shamian</strong>, a orillas del río Perla, donde en el siglo XIX estaban la concesión francesa e inglesa. Y sigue siendo un rincón especial dentro de Guangzhou, donde se respira una tranquilidad que no se puede disfrutar en ningún otro lugar de la ciudad; supongo que se debe a la ausencia casi total de tráfico. Lo que es seguro es que si yo viviese en ese jaula de grillos, iría allí con frecuencia, cada vez que necesitara relajarme y desconectar un poco del bullicio.</p>
<p>Pero no os llaméis a engaño. Puede parecer por la foto que estoy meditando acerca de algo profundo y trascendente, pero en realidad estaba pensando en algo muy habitual y mundano: <em>&#8220;esta noche la voy a liar&#8221;</em>. Nos habían convocado a la inauguración de un local muy <em>cul</em> donde nos iban a invitar a cocteles <em>by the face</em>. Y nos divertimos un buen rato. Cuando se acabó el bebercio gratuito (bueno, en realidad un par de rondas más tarde), salimos a la calle en busca de más. Joan andaba preguntando a los chinos que por dónde quedaba la Diagonal, pero como no nos sabían indicar, acabamos subiéndonos a dos taxis, en busca de un lugar donde seguir con el cachondeo que llevábamos encima.</p>
<p>Cuando un grupo de impresentables borrachos van en dos taxis por China, y además en uno de ellos va un tío con una cámara de fotos, el discurrir natural de las cosas conduce a que quienes van en el otro vehículo tengan la ocurrencia de hacer un calvo, para pasmo de su conductor. Y así fue. Registrado para la posteridad. Un día, por cierto, que el Chef os explique lo que es para él el obturador, y la abertura del diafragma.</p>
<p>Acabamos en el <a href="http://www.google.es/url?sa=t&amp;source=web&amp;cd=3&amp;ved=0CCwQFjAC&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Fgroup.php%3Fgid%3D13586575476&amp;ei=V4jtTf_TB5Sr8APKsJWlBw&amp;usg=AFQjCNEfZBg19EM3_WRJ7wJm6Hl6tIruZQ&amp;sig2=KkbHN2vCxIxuIiC5ZDeSbg" target="_blank">Loft 345</a>, uno de mis antros preferidos en Guangzhou. Es como un rinconcito del Friedrichshain berlinés <em>underground</em>, pero trasladado a China, y con cierto toque de clandestinidad como el que tenía el Pepe&#8217;s londinense. Uno de esos lugares con personajes curiosos, que parecen una dimensión paralela y donde siempre ocurren cosas inesperadas. Y como dijo el sabio Mario Olea: <em>&#8220;mira a tu alrededor, y si no identificas quien es el freak del garito&#8230; es que el freak eres tú&#8221;</em>.</p>
<p>En resumen, un día divertido con los amigos. Uno de ésos que se recuerda cuando se les echa de menos.</p>
<p><a href="http://farm6.static.flickr.com/5147/5806994440_1e0f36159c_b.jpg" target="_blank"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3328/5806994622_36053c62b9_o.jpg" alt="China loft 345" vspace="10" /></a></p>
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		<title>Numerología y supersticiones chinas</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2011/05/27/numerologia_supersticiones_china_ocho_cuatro_8_4/</link>
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		<pubDate>Fri, 27 May 2011 04:13:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[(Guangzhou, 9 de abril de 2011) Una de las supersticiones chinas más arraigadas la descubrí por casualidad, cuando por primera vez quise hacerme con un teléfono local. Opté por el terminal más barato –sólo iba a usarlo un par de semanas-, y luego, cuando conseguimos hacer entender que también necesitaba una tarjeta SIM, se me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>(Guangzhou, 9 de abril de 2011)</em></p>
<p><a href="http://farm3.static.flickr.com/2569/5763452807_63bf0cf57d_b.jpg" target="_blank"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2552/5763460015_ecdf7ee815_o.jpg" alt="China 888 supersticion numero" vspace="10" /></a></p>
<p>Una de las supersticiones chinas más arraigadas la descubrí por casualidad, cuando por primera vez quise hacerme con un teléfono local. Opté por el terminal más barato –sólo iba a usarlo un par de semanas-, y luego, cuando conseguimos hacer entender que también necesitaba una tarjeta SIM, se me puso delante un largo listado de posibles números.</p>
<p>Me pareció estupendo que me dieran a elegir mi propio número, y me puse a echarles un vistazo. Cabría esperar que siendo todos de la misma compañía (China Mobile) tuvieran el mismo precio, al menos aproximadamente, pero me sorprendió ver que el valor de las tarjetas SIM cambiaba muchísimo de un número a otro. En concreto, me llamó la atención uno que terminaba en 4444, que me parecía fácil de recordar y era de largo el más barato.</p>
<p>La dependienta parecía consternada cuando le indiqué que quería ése. Intentó convencerme de que comprase cualquier otro. Y entonces fue cuando mi acompañante me explicó que el 4 es el <em>número de la mala suerte</em> para los chinos. Al parecer, su pronunciación, algo así como <em>“suh”</em> es casi idéntica a la de la palabra &#8220;<em>muerte&#8221;</em>.</p>
<p>Posteriormente fui descubriendo hasta qué punto los orientales (también los japoneses, por ejemplo) dan importancia a esta superstición. En el código de los vuelos, se evita utilizar el 4, y también en las filas de los asientos. En los hoteles, la numeración de las habitaciones se salta el cuatro. Y en una ciudad china incluso <a href="http://www.hoymujer.com/famosos/el-cotilleo/numero,cuatro,abolido,matriculas,38014,08,2007.html" target="_blank">han suprimido este número de las matrículas</a> de los coches. También se considera un mal augurio dar un regalo compuesto de cuatro piezas o partes.</p>
<p>Un efecto curioso de todo esto es que en los edificios, el cuarto piso, o el número 44 de una urbanización, es muy habitual que esté ocupado por occidentales. Es el resultado natural de la interacción entre extranjeros inmunes a esta superstición, que simplemente lo eligen porque es más barato que el apartamento inmediatamente adyacente, y chinos que se sienten más aliviados si alquilan un <em>piso maldito</em> a un <em>demonio extranjero</em> en lugar de a uno de los suyos.</p>
<p>Dos de mis amigos en Guangzhou vivían en el cuarto piso de, si no me equivoco, el portal número 44. Y tuvieron la <em>mala suerte</em> de que se les quemó la casa por completo (gracias que vivieron para contarlo). Estaban acojonaditos pensando en cómo se iba a tomar su casera la noticia. Fui testigo de ello, y lo que más me llamó la atención fue la impasibilidad con la que la mujer aceptó el destrozo: “No se podía esperar otra cosa, era un piso maldito”, parecía decir su cara.</p>
<p>Por supuesto, el cuatro también tiene su opuesto: en este caso el ocho, que es el número de la buena suerte. Y los motivos son parecidos: su pronunciación, algo así como <em>“pai”</em>, suena muy similar a la de <em>“avenimiento”</em>, que se utiliza para formar expresiones como &#8220;<em>enriquecerse&#8221;</em> o &#8220;<em>prosperidad&#8221;</em>.</p>
<p>Los números con abundancia de ochos llegan a subastarse por altísimas sumas, y en muchos de los flamantes rascacielos que brotan en China como las setas (<a href="http://farm3.static.flickr.com/2569/5763452807_63bf0cf57d_b.jpg" target="_blank">en la foto</a>, uno de los muchos de <a href="http://davidllada.com/blog/category/guangzhou/" target="_blank">Guangzhou</a>), se exhiben en enormes caracteres. Una aerolínea compró hace varios años el 8888 8888 por más de 250.000 euros. Y las Olimpiadas de Beijing dieron comienzo el 08/08/08 exactamente a las 08/08/08 pm.</p>
<p>Personalmente, lo que me sorprende –y hasta cierto punto, decepciona- es que una cultura tan rica como la China tenga unas supersticiones tan cutres, que ni siquiera están basadas en una simbología interesante, sino en algo tan aburrido y alejado de toda mística como es la simple fonética.</p>
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		<title>Gilipollas</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Jan 2011 01:46:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[(Londres, 13 de diciembre de 2010) Desde siempre me ha resultado muy interesante la historia de las palabras: su etimología, la procedencia de tal o cual término. El devenir de algunas de ellas es realmente interesante. Y detrás de algunos préstamos lingüisticos entre diferentes idiomas hay historias fascinantes, de contacto entre culturas, en las que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>(Londres, 13 de diciembre de 2010)</em></p>
<p>Desde siempre me ha resultado muy interesante la <em>historia</em> de las palabras: su etimología, la procedencia de tal o cual término. El devenir de algunas de ellas es realmente interesante. Y detrás de algunos <em>préstamos lingüisticos</em> entre diferentes idiomas hay historias fascinantes, de contacto entre culturas, en las que <a href="http://davidllada.com/blog/2006/11/30/del-euskera-al-espanol-pasando-por-el-ingles/" target="_blank">a veces me gusta indagar</a>.</p>
<p>Hace muchos años, cuando era casi un adolescente, por casualidad se me &#8220;cruzaron&#8221; un par de lecturas sobre el teatro clásico que hicieron que se me encendiera la bombilla sobre uno de los insultos más comunes en nuestra lengua: <strong>gilipollas</strong>. Lamentablemente entonces no existía google, y quedaba fuera de mi alcance intentar contrastar algo que, en ese momento, asumí como un hecho: que ese insulto tenía su origen precisamente en la cultura griega.</p>
<p>Hace poco me acordé de esa idea, y me puse a rebuscar para intentar confirmar mi ocurrencia. Y me resultó sorprendente que, entre las muchas y muy imaginativas teorías que he encontrado al respecto de la etimología de la palabra <strong>gilipollas</strong>, en ningún lado se contemple la razonable posibilidad que se me ocurrió a mi: que ésta provenga <strong>del término griego &#8220;gelotopoios”</strong>. Inserto la grafía original como imagen, porque parece que el worpress no reconoce el alfabeto griego:<br />
<img src="http://farm6.static.flickr.com/5020/5391323095_78c9b0d93a_o.jpg" alt="gilipollas gelotopoios" vspace="10" /></p>
<p>El parecido fonético salta a la vista: basta repetir un par de veces &#8220;gelotopoyos&#8221; en voz alta para que lo que te salga de la boca sea &#8220;gilipollas&#8221;. Pero es que además hay un enorme parecido semántico. <em>Gelotopoios</em> quiere decir, literalmente, “el que provoca risa”. Y es el nombre que se daba en el <strong>teatro clásico griego</strong> al personaje que actúa de bufón: aquél al que con sus propios actos se pone en ridículo, y del que todos se mofan.</p>
<p>Cada insulto tiene sus matices, y al menos yo, &#8220;gilipollas&#8221; siempre lo he utilizado en ese sentido: algún pobre payaso que, pese a tomarse muy en serio a sí mismo, hace el ridículo sin ni siquiera saberlo. Y que por añadidura es bocazas, como el personaje del teatro griego.</p>
<p>El término &#8220;gelotopoios&#8221; lo he encontrado también en algunos diccionarios de griego moderno (no en todos, porque es una palabra caída en desuso) con connotaciones más peyorativas, aunque manteniendo el matiz de personaje risible: “payaso”, “loco”, o “persona de comportamiento excéntrico” son algunas de las que he podido recoger tras una breve búsqueda en diccionarios griego/inglés y griego/francés.</p>
<p>Además, no tendría nada de extraño que este vocablo hubiese pasado al castellano, ya que (por poner sólo un ejemplo) está unánimemente aceptado que del griego proviene también otro de los insultos más habituales en nuestra lengua, nada menos que <strong>“idiota”</strong>. Esta palabra comparte raíz con <em>idiosincrasia</em>: le llamaban idiotas a quien no se integraban en la cultura griega, no iban al teatro, y eran considerados unos iletrados por parte de la sociedad ateniense. ¿No es fascinante que un insulto que ya se utilizaba tal cual en la Atenas del siglo V a.C. siga resonando en nuestro idioma hoy en día? Pues creo que ese es el caso también de la palabra &#8220;gilipollas&#8221;.</p>
<p>Ninguno de estos argumentos que expongo es contundente en absoluto. Pero si nos ponemos a examinar las teorías alternativas, como la etimología que recoge la RAE, me parecen mucho menos convincentes:</p>
<p>La más extendida popularmente dice que el insulto procede de un alcalde de Madrid, apellidado Gil, que no gozaba de muchas simpatías. Solía salir a pasear con sus dos hijas adolescentes (en madrileño castizo, &#8220;pollas&#8221;), lo que provocaba las chanzas de la gente: &#8220;ahí viene Gil con sus pollas&#8221;. Y de ahí, &#8220;el gilipollas&#8221;. Creo que no puede ser tomada en serio.</p>
<p>La alternativa que aparece registrada en el Diccionario Histórico de la RAE, es que proviene <em>&#8220;del caló jili, inocente, cándido, derivado de jil, fresco&#8221;</em>. Y también me he encontrado la teoría de que puede derivar del árabe <em>&#8220;yihil&#8221;</em>, que significa &#8220;bobo&#8221;.</p>
<p>Sin embargo, no entiendo cómo a &#8220;jili&#8221; (o a &#8220;yihil&#8221;) le ha podido surgir, de repente, el apéndice &#8220;pollas&#8221;. Lo natural, y lo que nos dice el sentido común, es que algunos términos que pasan a ser de uso habitual se contraigan, adopten formas abreviadas. Pero es mucho más inusual que les surjan aditamentos. A mi me resultaría más razonable pensar que &#8220;gili&#8221; derive de &#8220;gilipollas&#8221;, que no a la inversa. O, como sostengo, que &#8220;gelotopoios&#8221;, en su devenir temporal y geográfico, haya perdido una sílaba y terminado como &#8220;gilipollas&#8221;.</p>
<p>Nunca he podido consultar el <strong>&#8220;Diccionario secreto&#8221; de Camilo José Cela</strong> (¡lo que daría por ponerle las zarpas encima!), pero tengo entendido que él da por buena la idea de que se trata de una creativa fusión entre el caló &#8220;jili&#8221; y el término &#8220;pollas&#8221;, referido al falo. Con todo mi respeto a este gran autor, tampoco me convence.</p>
<p>En fin, es sólo una teoría, y en ningún caso determinante, pero creo que tan pausible o más como el resto que me he encontrado. He hecho llegar por mail estas reflexiones a ese catedrático de la RAE que con tanta asiduidad desempolva los diccionarios de insultas de la lengua castellana, <strong>Arturo Pérez Reverte</strong>. A ver si en una de éstas me llega feedback.</p>
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		<title>Baja médica por exceso de trabajo</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2008/04/03/baja-medica-por-exceso-de-trabajo/</link>
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		<pubDate>Thu, 03 Apr 2008 03:36:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[chorradas]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>
		<category><![CDATA[marihuana]]></category>
		<category><![CDATA[tortícolis]]></category>

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		<description><![CDATA[He estado trabajando desde que comenzó el 2008. Y no es que hasta antes de esa fecha hubiese estado en paro, ni mucho menos. Lo que quiero decir es que, literalmente, no he parado de trabajar en los últimos tres meses. Como mucho me he tomado alguna tarde, alguna mañana libre, o un par de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>He estado trabajando desde que comenzó el 2008. Y no es que hasta antes de esa fecha hubiese estado en paro, ni mucho menos. Lo que quiero decir es que, literalmente, <strong>no he parado de trabajar en los últimos tres meses</strong>. Como mucho me he tomado alguna tarde, alguna mañana libre, o un par de horas para hacerme la cena y ver una película. Ocio dosificado con cuentagotas.</p>
<p>Un día libre, desconectado de todo (y no digamos ya dos seguidos), no lo he conocido desde que comenzó el año. Mi único paréntesis, la escapadita a <a href="http://davidllada.com/blog/2008/03/15/escapadas/" target="_blank"><strong>Linares</strong></a>, fue más que un reposo una carga añadida. Y desde que regresé de allí, he estado trabajando sin descanso: <strong>24 días seguidos</strong> a un ritmo infernal, incluso quedándome a dormir varias noches en la oficina porque no me compensaba ir hasta casa – a pesar de vivir a 15 minutos de allí.</p>
<p>En medio de la vorágine no da tiempo a pararse a pensar en muchas cosas, pero sí hay algunas reflexiones que me asaltaron por momentos. Me gusta trabajar (en general) y me gusta mi trabajo (en particular), pero, ¿por cuánto tiempo podré mantener este ritmo? El año que tengo por delante está tan lleno de nuevos proyectos que mete miedo, y me conviene calibrar mis fuerzas para no adquirir más compromisos y asumir más tareas de las que pueda cumplir con garantías (algo que reconozco que siempre me ha costado). Ha llegado la hora de rechazar algunas ofertas y posibilidades, por más que sean interesantes o tentadoras.</p>
<p>También hay que plantearse cuestiones más importantes, como los propios valores personales. ¿Están compensados los sacrificios? ¿Quiero realmente llegar a mi techo –en lo que respecta a <em>cuestiones laborales</em>- o sería mejor rebajar las expectativas y pretensiones para tener más tiempo libre, para exprimir más los últimos años de juventud que me quedan antes de que lleguen los hijos y las hipotecas?</p>
<p>Algunas respuestas no me han llegado mediante la reflexión, sino que fue mi propio cuerpo el que me ha dado instrucciones de forma muy explícita.</p>
<p>El estrés tiende a causar tensión muscular. Y la falta de horas de sueño suele hacer que la tensión se acumule especialmente en torno a esa parte del cuerpo que sostiene la cabeza, el <em>pescuezo</em> (dicho en asturiano), que al no recibir el suficiente reposo empieza a resentirse. Un enfriamiento o una corriente de aire hizo el resto: el lunes me desperté con una <strong>tortícolis</strong> de las antológicas, de ésas que te tienes que arrastrar hasta el borde de la cama para poder levantarte porque sientes como si te hubieran paralizado de hombros para arriba, y no puedes hacer suficiente fuerza para despegar la cabeza de la almohada. Quien lo haya padecido sabrá lo que duele, lo engorroso que resulta encontrarte con tu oreja casi rozando tu hombro y teniendo que mirar al mundo que te rodea prácticamente de reojo.</p>
<p>Las recomendaciones del fisioterapeuta para estos casos (no es la primera vez que me pasa) ya me las sabía de memoria: linimento, mantita eléctrica, estiramientos suaves del trapecio, y en casos críticos una inyección de droga dura, etiquetada bajo el eufemismo de “relajante muscular” (<strong>Midocalm</strong> y <strong>Orphenadrina</strong> creo que son dos de las &#8220;maravillas&#8221; que me han inyectado en ocasiones anteriores para intentar enderezarme).</p>
<p>He aprovechado esta baja de un par de días para mimarme y dejarme mimar. Mi ordenador y mi teléfono ya no recordaban lo que era estar apagados – y yo tampoco recordaba lo que era sumergirse durante hora y media en un baño de agua caliente. El linimento me lo aplicaron en forma de masaje unas manitas que con cada gesto me dicen que me quieren. Y aunque estaba medio tullido, me las arreglé para echar un polvo por la mañana y otro por la noche (de esos vagos y un poco egoístas en los que uno <em>se deja hacer</em>), que aunque eso no me lo había recomendado el fisio, relaja que no veas.</p>
<p>Opté esta vez por no ponerme la inyección de “relajante muscular”, porque me jode lo indecible pasar dos días atontado y con el cuerpo adormecido. En su lugar opté por un chute de algo más suave pero igualmente terapéutico (aunque incomprensiblemente ilegal): Me fumé el martes por la noche un porrazo de <strong>marihuana</strong> que ha obrado milagros. Creo que hacía por lo menos año y medio que no respiraba ese humo dulce, y fue lo mejor que se me pudo haber ocurrido en estas circunstancias. Prometo dedicarle un post a <em>María</em> en cuanto tenga otro ratito, porque se lo debo: me reí hasta llorar conversando con Cindy y viendo la tele, y me ha dejado casi como nuevo.</p>
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		<title>Trasnochar</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2008/03/26/trasnochar/</link>
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		<pubDate>Wed, 26 Mar 2008 03:25:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[chorradas]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>
		<category><![CDATA[dormir]]></category>
		<category><![CDATA[sueño]]></category>
		<category><![CDATA[trasnochar]]></category>

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		<description><![CDATA[Sé que va a sonar muy infantil, pero tengo que admitir que una de las cosas cotidianas que menos me gustan es tener que irme a la cama: la fatídica hora de acostarse que nos anunciaban nuestros padres cuando éramos pequeños. Irse a dormir supone dejar de hacer cosas, lo que para mí equivale a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sé que va a sonar muy  infantil, pero tengo que admitir que una de las cosas cotidianas que menos me gustan es tener que irme a la cama: la fatídica <em>hora de acostarse</em> que nos anunciaban nuestros padres cuando éramos pequeños.</p>
<p>Irse a dormir supone dejar de hacer cosas, lo que para mí equivale a resignarse a una pequeña muerte, un paréntesis desagradable durante el que dejamos de vivir. Así, me resisto a ello con todas mis fuerzas, y a lo largo de mi vida siempre he sido un trasnochador impenitente. Tampoco ayuda el hecho de que varias de mis aficiones –leer, ver películas, el ajedrez…- se disfruten mucho mejor en el silencio y la soledad de la noche.</p>
<p>Supongo que es por esto que las últimas horas del día son para mí los momentos de más actividad. Cuando la jornada llega a su fin para la mayoría de la gente –después de la cena-, a mí me entra una especie de arrebato frenético por querer hacer todo lo que no he encontrado momento de hacer durante el día, como si me sintiera culpable por no haberle sacado el debido provecho a éste. Ver esa película que tengo por ahí, ponerme a repasar los apuntes para un artículo, empezar por fin ese libro al que tenía tantas ganas de meterle mano… Cualquier cosa me vale con tal de sacarle un poco más de jugo a la vida antes de –finalmente- aceptar lo inevitable, cerrar los ojos y darle descanso al cuerpo. Escribir en este blog es por ejemplo una de las cosas que suelo hacer en esos últimos momentos de la noche, cuando ya no estoy lo suficientemente lúcido como para hacer ninguna otra cosa de provecho (dicho lo cual sabréis disculparme por cualquier insensatez que pueda soltar por aquí de tanto en cuando).<br />
Quizás sea hiperactivo, quizás sufra de ansiedad. No lo sé. Pero sólo puedo irme a dormir tranquilo cuando estoy verdaderamente agotado, cuando las baterías están bajo mínimos y mi cerebro apenas funciona a la mitad de su rendimiento.</p>
<p>Por culpa de todo esto, mi ritmo de sueño siempre ha sido de chiste. Tengo tendencia a “estirar” los días y normalmente, cuando se me deja a mi libre albedrío y no hay una razón específica que me imponga otros horarios, a 19 horas de vigilia le siguen 7 horas de sueño. Ese ciclo suma 26 horas, pero el día sólo tiene 24. ¿Qué quiere decir esto? Pues que tengo tendencia a acostarme cada día un par de horas más tarde que el anterior –y lo mismo al levantarme al día siguiente. Mi ritmo biológico no se ajusta al ciclo que nos imponen el día y la noche.</p>
<p>La situación llega a su límite cuando me encuentro yendo a la cama a las 7 de la mañana y levantándome pasado el mediodía. Llegado a ese punto de desbarajuse, trato de enmendar las cosas: tomo un desayuno fuerte, un par de cafés, y me decido a no acostarme ese día hasta, al menos, las 8 o las 9 de la tarde (y una vez logrado esto, vuelta a empezar). Ése es mi “día de tránsito”, o de reajuste: al igual que las mujeres tienen la regla una vez al mes, yo tengo –o solía tener, antes más a menudo- mi <em>día de tránsito</em>, en el que estoy irritable y cuelgo el cartel de &#8220;no molesten”.</p>
<p>Son las 4:25 de la madrugada, así que ya lo veo venir: en un par de días me toca.</p>
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		<title>Recuperando las fuerzas (y la voz)</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2007/11/20/recuperando-las-fuerzas-y-la-voz/</link>
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		<pubDate>Tue, 20 Nov 2007 22:04:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[chorradas]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>
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		<description><![CDATA[San Sebastián, 20 de noviembre de 2007 He vuelto de Vitoria-Gasteiz (o Siberia-Gasteiz, para los lugareños) más muerto que vivo, con la garganta hecha jirones por el frío, el abuso del tabaco y las horas y más horas pasadas al teléfono (si me sale un tumor cerebral, sabré que la culpa ha sido de este [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><em>San Sebastián, 20 de noviembre de 2007</em></p>
<p>He vuelto de <strong>Vitoria-Gasteiz</strong> (o <em>Siberia-Gasteiz</em>, para los lugareños) más muerto que vivo, con la garganta hecha jirones por el frío, el abuso del tabaco y las horas y más horas pasadas al teléfono (si me sale un tumor cerebral, sabré que la culpa ha sido de este torneo). Parte de ese parloteo fue además para hablar por la radio, con ese tono fuerte, enérgico y seguro que los micrófonos requieren y que yo tengo que impostar como puedo, porque mi forma de hablar habitual es precisamente todo lo opuesto.</p>
<p>Tal parece que mi pobre cuerpo llevaba varios días en reserva, intentando echar el resto para llegar a la clausura del torneo: igualito que los maratonianos que corren 42 kilómetros y que, nada más cruzar la meta, se desploman, incapaces de dar un sólo paso más.</p>
<p>Por lo pronto he estado 2 o 3 días sin poder hablar y con unos dolores de garganta atroces, situación que la pilla de la <strong>Cindy</strong> ha aprovechado vilmente para sacarme los trapos sucios, echarme broncas y buscarme las cosquillas, sabedora de que yo no le podía ni replicar. Hoy por fin he podido dejar de comunicarme por gestos e incluso he respondido a alguna llamada de teléfono, aunque se me ha quedado una voz entre la de <strong>Chavela Vargas </strong>y <strong>Joaquín Sabina</strong>. La parte buena es que llevo 4 días sin fumar un cigarro –y malditas las ganas de volver a encender uno-, así que intentaré aprovechar para dejarlo ya definitivamente. Ya os contaré en qué queda la cosa.</p>
<p>Así que a eso he dedicado el fin de semana, que esta vez ha incluido viernes y lunes de propina: a cuidarme y recuperar fuerzas. Sesiones intensivas de sofá y películas, <em>the original scroll </em>de la obra maestra de <strong>Jack Kerouak (On the road)</strong>, baños de hora y media escuchando la radio&#8230; y hoy para culminar el proceso, el sagrado ritual de preparar y posteriormente engullir una fabada; una de las mías, que varios de los lectores de este blog ya han tenido el privilegio de probar, y sabrán del manjar del que estoy hablando. Si eso no te carga las pilas, nada lo hará.</p>
<p>Por cierto –y por asociación de ideas con la palabra “sofá”-, que finalmente me he comprado una <strong><a href="http://www.xbox.com/es-ES/">XBox</a></strong>. Los inviernos aquí en el norte son largos, fríos y duros, y en esta ciudad salir de casa para conciertos y demás <em>saraos</em> resulta -aparte de insípido-, muy caro, así que hay que buscar actividades indoors con las que entretenerse. Internet y los libros dan para mucho, pero a veces también hace falta un poco de adrenalina y velocidad. El <strong><a href="http://www.xbox.com/es-ES/games/p/projectgothamracing4/">PGR4</a></strong> y el <strong><a href="http://www.xbox.com/es-ES/games/g/gearsofwar/">Gears of War</a></strong> de momento cumplen con su tarea de sublimar estos instintos primarios, aunque la Cindy le ha cogido tal gusto al cacharro que apenas me deja tocarlo; casi mejor por una parte, aunque quién me lo diría cuando mantuvimos toda una cruzada al respecto de comprar o no un juguete de éstos.</p>
<p>También por asociación de ideas con la <strong>Xbox</strong>, quería recordar a mis queridos lectores y amigos que este viernes es mi 29º cumpleaños y tenéis la ocasión perfecta de recordarme lo mucho que me queréis. El regalo que espero es una pantallita de plasma de 40”, para desfogarme a gusto con la susodicha consola, porque la tele que venía incluida con la casa es más vieja que maricastaña y no está preparada para moderneces como conectarle un HDMI, un ordenador o un reproductor DivX. Comprendo que es mucho regalo pa uno solo de vosotros, así que os propongo que os organicéis para hacer bote. He mirado las estadísticas de esta página hace poco y parece que tengo muchos amigos, así que a 5 euros por barba calculo que ya alcanzaría. Ánimo que entre todos podéis alegrarme la semana!</p>
<p>PS: Cuando recupere fuerzas y ánimos ya escribiré sobre la experiencia de Vitoria. Dura y exigente, pero gratificante por el fin que se perseguía y por la enorme calidad humana de la gente con la que he compartido mi vida durante estos últimos 17 días.</p>
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		<title>Asturias, patria querida</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2007/10/30/asturias-patria-querida/</link>
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		<pubDate>Tue, 30 Oct 2007 22:48:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[asturias]]></category>
		<category><![CDATA[chorradas]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>
		<category><![CDATA[recuerdos]]></category>

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		<description><![CDATA[San Sebastián, 30 de octubre de 2007 La semana pasada, a causa de la entrega de los Premios Príncipe, se me coló Asturias en casa: era encender la tele, y ver los verdes praos de la tierrina y las embaldosadas calles de Vetusta; encender la radio, y escuchar ese himno que han hecho suyo todos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><em>San Sebastián, 30 de octubre de 2007</em></p>
<p>La semana pasada, a causa de la entrega de los <span style="font-weight: bold">Premios Príncipe</span>, se me coló <span style="font-weight: bold">Asturias</span> en casa: era encender la tele, y ver los verdes <span style="font-style: italic">praos</span> de la tierrina y las embaldosadas calles de Vetusta; encender la radio, y escuchar ese himno que han hecho suyo todos los borrachos del mundo.</p>
<p>Obviamente, imágenes así te traen muchos recuerdos; pero una de las cosas que me vino a la cabeza es una historia que yo no descubrí sino hasta el verano pasado, y que tenía pendiente de comentar aquí:</p>
<p>Cuenta la anécdota que cuando el Papa <span style="font-weight: bold">Juan Pablo</span> visitó Asturias allá por 1989 y escuchó por primera vez el himno asturiano, dijo aquello de “ésta me la sé!”</p>
<p>¿Cómo era posible? ¿Acaso en sus años de seminarista a <span style="font-style: italic">Juan Pablito</span> se le había ido la mano <span style="font-style: italic">escanciando</span> vodka y había terminado entonando este himno universal?</p>
<p>Más precisamente, lo que parece que dijo el Papa es que la tonada le resultaba familiar por haberla escuchado en su infancia, y agradeció a sus anfitriones el bonito detalle de haberle dedicado un canción original de su tierra; podemos imaginarnos el pasmo de todos los presentes.</p>
<p>Pero no andaba desencaminado el John Paul. Porque <span style="font-weight: bold">el <span style="font-weight: bold">Asturias patria querida</span> es, en su origen, una canción polaca</span>. O al menos, lo es su melodía, que era popular en ese país a mediados del siglo XIX, y que llegó a Asturias a principios del siglo XX de la mano de los emigrantes de Silesia que se reclutaron para trabajar en las minas de <span style="font-weight: bold">la Cuenca</span> asturiana (qué tiempos aquellos en los que Asturias demandaba mano de obra!). O sea, que desde el primer momento fue una canción entonada con añoranza del terruño, como lo continuó siendo después cuando fueron los asturianos los que se desperdigaron por el mundo.</p>
<p>También hay quien dice que fueron los brigadistas polacos que acudieron a defender la <span style="font-weight: bold">República</span> quienes trajeron consigo este himno, pero esta versión politizada de la historia suena mucho menos verosímil; primero precisamente por eso, por politizada, y segundo porque no cuadran las fechas.</p>
<p>En cuanto a la letra del himno, la autoría ya es más difusa porque ésta ha ido cambiando a lo largo del tiempo, pero parece que existe consenso en atribuirle también unos orígenes exógenos &#8211; y exóticos:</p>
<p>Al parecer un cubano de nombre <span style="font-weight: bold">Ignacio Piñeiro</span>, cuyo progenitor era un emigrante <span style="font-style: italic">moscón</span> (gentilicio un tanto <span style="font-style: italic">cojonero</span> de aquéllos que son oriundos de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Grado_%28Asturias%29">villa de Grado</a>), empezó allá por 1926 a cantar un son cubano llamado &#8220;Asturias Patria Querida&#8221;, y que contenía varias estrofas que ahora forman parte del himno. Y cuando el mulato Ignacio Piñeiro conoció finalmente la tierra de su padre -en 1929-, dejó como legado de su visita la letra que acabaría por ser adaptada a la melodía polaca. Aunque no tras pocos vericuetos, ya que como todas las canciones populares, su contenido y sus connotaciones fueron cambiando para adaptarse al contexto social. Así, cuando la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Revolución_de_Asturias">revolución de octubre de 1934</a>, el himno asturiano comenzaba con las siguientes palabras: <span style="font-style: italic">&#8220;Asturias tierra bravía, Asturias de luchadores, no hay otra como Asturias para las revoluciones&#8221;</span>.</p>
<p>No es de extrañar que con la llegada del <span style="font-style: italic">frasquismo</span> lo prohibieran, por considerarlo subversivo. Y si no que se lo pregunten a <span style="font-weight: bold">Manuel Vázquez Montalbán</span>, al que en 1962 <a href="http://unicornio.freens.org/profpcm-aux/sonoro/ManuelVazquezMontalbanDetenido1964.mp3">metieron en la trena por cantarlo</a>.</p>
<blockquote><p>PD1: Buen momento para mandar saludos desde aquí a Victor, asturiano establecido en <span style="font-style: italic">Polandia</span>. Espero que con un vodka en la mano cantes: &#8220;Asturio, ziemio mych mlodych lat, Asturio, ziemio jedyna, do mojej ziemi che wrónic wnet i wróce, jesli nie zgine&#8230;&#8221;</p>
<p>PD2: Acabo de acordarme de un delirante momento en el que otro Llaneza andaba metido de por medio: cuando en Berlín se nos acopló una uruguaya en el taxi y, al decirle de dónde éramos, empezó a cantarnos el <span style="font-style: italic">Asturias patria querida</span> más desafinado que escuché en toda mi vida&#8230;</p></blockquote>
<div style="clear:both;margin-bottom:5px;">
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		<title>Aprendiz de ajedrez</title>
		<link>http://davidllada.com/blog/2007/10/08/aprendiz-de-ajedrez/</link>
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		<pubDate>Mon, 08 Oct 2007 18:47:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[ajedrez]]></category>
		<category><![CDATA[bestias]]></category>
		<category><![CDATA[chorradas]]></category>
		<category><![CDATA[fotos]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>

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		<description><![CDATA[San Sebastian, 19 de julio de 2007 &#8220;Y aquí&#8230; qué dices que fue lo que jugó Karpov?&#8221;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><em>San Sebastian, 19 de julio de 2007</em></p>
<p align="justify"><a href="http://farm2.static.flickr.com/1205/866110101_562d68e71f_b.jpg" target="_blank"><img src="http://farm2.static.flickr.com/1031/1485925813_80b8898f6f.jpg" vspace="10" /></a></p>
<blockquote><p><span style="font-size: 130%">&#8220;Y aquí&#8230; qué dices que fue lo que jugó Karpov?&#8221;</span></p></blockquote>
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		<title>La noche que sólo salí &quot;a por cambio&quot;</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Aug 2007 02:25:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[chorradas]]></category>
		<category><![CDATA[donosti]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>
		<category><![CDATA[recuerdos]]></category>

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		<description><![CDATA[San Sebastián, 30 de agosto de 2007 Esta es la típica anécdota que suele hacerles mucha gracia a los impresentables que tengo por amigos, y cada dos por tres me la recuerdan o me piden que la cuente. Como ayer quien se acordó fui yo, hoy toca dejarla recogida aquí, para la posteridad y todas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><em>San Sebastián, 30 de agosto de 2007</em></p>
<p align="justify"><img src="http://farm2.static.flickr.com/1437/1271328293_b2caed2ec9_o_d.jpg" vspace="10" /></p>
<p align="justify">Esta es la típica anécdota que suele hacerles mucha gracia a los impresentables que tengo por amigos, y cada dos por tres me la recuerdan o me piden que la cuente. Como ayer quien se acordó fui yo, hoy toca dejarla recogida aquí, para la posteridad y todas esas cosas.</p>
<p>Para aquellos que no tengan ganas de escuchar batallitas, voy a darles primero la moraleja, y así se ahorran leer el resto: <span style="font-style: italic">el peligro nos acecha tras cada esquina, y cuando uno menos se lo espera, va y se arma.</span></p>
<p>Y ahora, la historia:</p>
<p>Hace unos siete u ocho años, cuando nada hacía presagiar aún que acabaría instalándome aquí, tuve que visitar en varias ocasiones <span style="font-weight: bold">San Sebastián</span>. Solía alojarme entonces en algún hostal, locales que en esta ciudad tienen mucha tradición, ofrecen una calidad muy similar a los hoteles de otros lugares, y resultan una de las pocas cosas baratas que se pueden encontrar en Donosti. En esa ocasión en concreto me alojaba en uno llamado &#8220;Hostal Mercedes&#8221; (si no recuerdo mal), situado en el Antiguo (no muy lejos de Ondarreta) y regentado por una señora bastante mayor y muy amable.</p>
<p>Mi segunda y última noche de estancia, me surgió el compromiso de salir a cenar para tratar algunos asuntos pendientes del trabajo. Previendo que la cosa podía prolongarse, y que a la mañana siguiente mi bus para <span style="font-weight: bold">Oviedo</span> salía a las 8:30, me pareció prudente llamar a la viejecita del hostal para comentarle el asunto:</p>
<p>-Señora, pasa esto: voy a salir a cenar y posiblemente llegue cuando usted ya esté acostada. Y mañana me voy muy temprano, hacia las 8 de la mañana. ¿Estará usted levantada a esa hora para que pueda pagarle y devolverle las llaves?</p>
<p>La patrona, con toda confianza, me dijo que no había ningún problema, y que simplemente le dejara las llaves y el dinero sobre el escritorio de la habitación antes de irme: <span style="font-weight: bold">3600 pesetas la noche, por dos noches de estancia, 7200 pelas</span> (el euro aún no había entrado en vigor).</p>
<p>La cena, como yo esperaba, se prolongó un poquito, hasta bien pasada la medianoche. Había sido una jornada muy larga (el día anterior había llegado desde <span style="font-weight: bold">Atenas</span>, y acumulaba casi dos meses de viaje), así que cuando mis compañeros de trabajo me dejaron en el hostal, yo tenía sueño, algo de frío, y me moría de ganas de meterme en la cama y dormir bien para soportar mejor el madrugón de la mañana siguiente. Ansiaba con todas mis fuerzas regresar a <span style="font-weight: bold">Asturias</span> de una vez.</p>
<p>Recogí mis cosas, y dejé sobre el escritorio las llaves de la habitación. Me eché la mano al bolsillo para sacar el dinero y depositar el importe del hospedaje&#8230; y aquí vino el problema: sólo llevaba encima dos billetes de 5000 y dos de 2000, pero no tenía nada suelto.</p>
<p>No tener cambio sólo me dejaba dos combinaciones posibles: <span style="font-weight: bold">podía dejar un billete de 5000 y otro de 2000, quedándome corto de 200 pts., o podía dejar un billete de 5000 y dos de 2000, pasándome en 1800</span>, y <span style="font-style: italic">adiós muy buenas</span>.</p>
<p>Lo de dejar a deber 200 pesetas (<span style="font-style: italic">&#8220;pesetas de las de entonces&#8221;</span>,como se suele decir, y que vendrían a equivaler adquisitivamente a 3 o 4 euros de ahora) me parecía totalmente inadmisible dado lo amable y confiada que había sido aquella señora conmigo. Pero dejar 1800 pelas por la cara (pongamos, 20 euros actuales, o viéndolo de otra forma, una propina del 25%), tampoco es que me hiciera mucha gracia: yo tenía 19 años, era más pobre y más tacaño que ahora, y por entonces aquello no era calderilla precisamente.</p>
<p>Uno no puede evitar sentirse torpe y estúpido <a href="http://davidllada.blogspot.com/2006/11/pequeas-casualidades.html">en situaciones así</a>. Y opté por lo único que se me ocurrió: dejé 7000 pesetas sobre la mesa, devolví las otras 7000 al bolsillo, y salí a tomarme un café en el bar más cercano, para conseguir cambio, regresarme pronto, y dejar liquidado el asunto.</p>
<p>Quienes conozcan esta ciudad sabrán que un jueves, a la una pico de la noche, en <span style="font-weight: bold">el Antiguo</span> no hay forma de encontrar nada abierto. Menos aún si estamos ya en octubre y hace un temporal del carajo. Empecé a caminar sin rumbo, cada vez más puteado, y llegué al paseo de <span style="font-weight: bold">la Concha<span style="font-weight: bold"></span></span>, que aunque parezca increíble aún no había tenido ocasión de conocer. Seguí caminando y caminando, sin encontrar nada ni nadie a mi paso. Y el viento y la humedad empezaban a calárseme hasta los huesos.</p>
<p>Acabé llegando al otro extremo del paseo, donde está el Ayuntamiento, y guiado por el instinto me adentré en las callejuelas de lo viejo. De repente, fue doblar una esquina y todo el panorama había cambiado. Aquello era territorio comanche: la calle (resultó ser la infame <span style="font-weight: bold">Fermín Calbetón</span>) estaba tomada por los estudiantes y llena de garitos. Un tío que repartía publicidad me puso en la mano un papelito que decía: <span style="font-style: italic">&#8220;fiesta Erasmus, 2&#215;1 en copas&#8221;</span>. Y se me ocurrió que podía entrar allí, tomarme algo, y sacudirme el frío de encima al tiempo que alegraba un poco la vista rodeado de rubias y erásmicas jovencitas.</p>
<p>Una de las mentiras más clásicas de la humanidad ya se sabe que es la de: <span style="font-style: italic">&#8220;Tomamos una y nos vamos&#8221;</span>. Lo que sigue es por tanto muy previsible: El desmadre que había en aquel antro era tremendo, y poco a poco me fui dejando llevar. El primer 2&#215;1 me lo bebí yo solito, primero una copa y después la otra. El segundo 2&#215;1 –y todos los sucesivos- ya los compartí con la gente que fui conociendo sobre la marcha. Porque ya se sabe que cuando uno sale solo, lo que suele pasar es que te aborden los personajes más frikis del local (así conocí a <span style="font-weight: bold">Aurelie</span> en Berlín, por ejemplo).</p>
<p>Como me sucede con los sueños, no recuerdo mucho de esa noche, más que algunas imágenes sueltas e inconexas que no me permiten reconstruir ninguna historia completa, y mucho menos una historia con sentido. Mis últimos recuerdos antes de las brumas son de una cuadrilla de australianos (australianas, mayormente), y de un hostión en bicicleta. Y mis primeros recuerdos cuando la vista empezó a aclarárseme de nuevo van ligados a un friki autóctono, un vasco brutote y raro, que decía ser doble de actores y especialista en artes marciales, y que yo no sé si estaba loco, drogado, o ambas cosas a la vez.</p>
<p>Bien pasadas las siete de la mañana, y guiado por esa especie de piloto automático que me permite orientarme en ciudades extrañas incluso con las mayores melopeas, desandé mi camino a lo largo del paseo de la Concha y conseguí encontrar el hostal.</p>
<p>Entonces me acordé, como si fuera un chiste, de por qué había salido esa noche. Y me invadió una sensación de pánico. Empecé a palparme los bolsillos con el presentimiento de haber canjeado por alcohol todo el dinero con el que había salido.</p>
<p>Por suerte en el fondo de los bolsillos, junto a las pelusillas que habitan esos lugares, tintineaban algunas monedas. Conseguí reunir en calderilla las 200 pesetas que me faltaban para, junto con las 7000 que había dejado en la habitación, pagar el alojamiento, e incluso me sobraban unas moneditas para tomar el autobús hasta la estación.</p>
<p>Fue una de las salidas más surrealistas y estúpidas de mi vida. <span style="font-style: italic">&#8220;A quién vas a engañar: no cuela la excusa de que &#8216;saliste a por cambio&#8217;&#8221;</span>, decían los amigos que fueron a recibir lo que quedaba de mi cuando llegué a Oviedo.</p>
<p>Pero como decíamos al principio, cuando uno menos se lo espera, va y se arma. Por no hablar de que algunas personas parecen tener un imán para atraer a los frikis y verse envueltas en situaciones rocambolescas. Yo en concreto, parezco un <span style="font-style: italic">Triángulo de las Bermudas</span> andante.</p>
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