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Man plans and God laughs

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(San Sebastian, 3 de julio de 2013)

Pasamos la mitad de nuestra vida haciendo planes, y la otra mitad preocupados. Preocupados por cómo llevarlos a cabo, preocupados por nuestro futuro. Preparándonos para acontecimientos que nunca llegan a producirse. Haciéndonos la falsa ilusión de que tomamos decisiones, de que tenemos algún tipo de control.

De entre las muchas actividades en las que el ser humano pierde el tiempo, ésta es la más inútil de todas. Porque como dicen los ingleses, “man plans and God laughs”.

Si algo tengo cada día más claro, es que al final todo lo importante que le sucede a uno en la vida, ya sea bueno o malo, es fruto de un enloquecido azar.

Un día cualquiera te despides de un amigo con un ‘quedamos esta semana’, y luego sucede que nunca más vuelves a verle. Una mañana te roban una mochila en Madrid y a causa de eso, dos meses después te encuentras viviendo en Londres. Una noche una chica que baila en una discoteca te da un arañazo por accidente, y acabas teniendo una hija con ella. Un día sales de casa cinco minutos antes o cinco minutos después, por alguna tontería como que no encontrabas la cartera, y eso provoca o evita un encuentro casual que te pone la vida del revés. Y así con todo: Dmitri Grapelli es un ser caprichoso, hiperactivo y omnipresente.

Estamos tan expuestos al azar, que ni siquiera cuando creemos que hemos tomado una decisión, ésta resulta tener la consecuencia que esperábamos. Y muy a menudo un pequeño gesto insignificante desencadena una reacción en cadena, un efecto mariposa impredecible. Elegir una palabra en vez de otra en una conversación puede dañar un orgullo y acabar con una larga amistad. Dudar y tardar unos segundos más de lo debido en pedir perdón, puede destruir un noviazgo de años. Callarse por vergüenza o timidez en una determinada situación, puede echar por tierra para siempre una oportunidad que nunca más volverá a presentarse. Pequeñas tonterías que fueron así pero podían haber sido perfectamente de otra manera, y sin embargo provocan cambios irreversibles, puertas que se cierran, relaciones que se acaban, proyectos que se hunden. Y luego te quedas con la cara de tonto y preguntándote, como en los versos de Becquer, “¿por qué callé yo?” ¿Qué habría pasado si hubiese dicho esta palabra en vez de aquella otra?

Por ejemplo, no hace mucho, murió mi mejor amigo en los primeros años del colegio. Acabábamos de retomar contacto vía facebook tras habernos perdido la pista el uno al otro hacía más de una década, y habíamos hablado de vernos un día en Madrid. Tuvimos que posponerlo en el último momento para otra ocasión. Apenas tres semanas después, recibí la noticia de su suicidio. ¿Habrían cambiado las cosas de haberme encontrado con él?

Supongo que la única manera de lidiar con la angustia que puede provocar esto, es asumir que nuestra mera existencia es en sí misma una increíble casualidad. Que somos polvo de estrellas y todo eso, como decía Carl Sagan. Un conjunto de átomos que por un instante se agrupan, respiran, caminan y sienten, antes de desintegrarse de nuevo. O como contaba Carmen Martín Gaite en su fantástica novela, que lo raro es vivir.

Categorías: chorradas · personal

2 respuestas hasta el momento ↓

  • 1 Carlos Pérez // 25.Jul.2013 a las 8:04 pm

    Sigo diciendo que escribes que te cagas, y que no se porque no publicas un libro. Con las experiencias que has vivido y la forma que tienes de tratar los textos, sin duda alguna se convertiría en un best-seller.

    Un abrazo

  • 2 JB // 26.Mar.2014 a las 5:16 pm

    Fantástico post. Acabo de leer el libro “Luck” de Ed Smith, un exjugador de criket cuya carrera terminó prematuramente a causa de una lesión, y que reflexiona sobre la gran importancia que la suerte tiene en nuestras vidas, pese a que la sociedad actual se empeñe en desacreditarla.

    He llegado a tu blog de casualidad. Creo que eres/fuiste usuario de forobet. Un saludo de JB 😉

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