San Sebastián, 12 de marzo de 2012
En las últimas semanas he estado un poco lost in translation, enfrentándome a alfabetos completamente desconocidos, que te hacen darte cuenta de que el mundo es aún, y por suerte, un lugar con cierto colorido.
En primer lugar: desde mi último viaje a China allá por octubre/noviembre, estoy apuntado a clases en el Instituto Chino de Guipuzcoa. Ya suman creo que nueve viajes a ese país, y parece probable, o por lo menos posible, que acabe yéndome a vivir allí en algún momento, así que era momento de empezar. Me temo que la vida es demasiado corta para aprender Chino, como diría Woody Allen, pero al menos moriremos intentándolo.
He aquí los “deberes” de mi libro de ejercicios en Chino mandarín (simplificado), un idioma que me permitirá (algún día) comunicarme con entre 900 y 1150 millones de personas:

Lo curioso del caso es que últimamente nos han estado dando clase con un libro koreano, en versión bilingüe: las explicaciones de los ejercicios y del vocabulario vienen en inglés y en koreano. Y con este idioma sí que me quedé ojiplático. Si lo había visto alguna vez antes no le había prestado atención. Parece un alfabeto traído por alienígenas. El Koreano es hablado por 75 millones de seres (¿humanos?) en el planeta; se desconoce cuántos más en el resto de la galaxia:

El reciente viaje que hice a Malasya y Australia me permitió conocer un lugar inesperado, Sri Lanka, donde también conviven dos curiosos alfabetos, el Cingalés y el Tamil. Creo que ambos tienen antepasados comunes. Es tristemente conocido que este país ha estado en guerra civil precisamente por desavenencias entre estas dos etnias hasta hace tan sólo cuatro o cinco años.
Esto es Cingalés (también llamado Singalés, o Sinhalá), y que hablan unos 16 millones de personas; escribir, la verdad es que lo escriben bastantes menos, porque en la isla abunda el analfabetismo:

Y éste es el alfabeto Tamil, una lengua que tiene la nadería de 66 millones de hablantes en el mundo:


1 respuesta hasta el momento ↓
1 oria // 14.mar.2012 a las 12:43 am
El coreano lo descubrí y acostumbré a él cuando trabajé en el Guggenheim. Teníamos muchos libros y materiales de este país y tocaba catalogarlos (aunque hay truco, claro) Como a tí, también me fascinó.
Deja tu comentario