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“El novio del mundo” (Felipe Benítez Reyes)

5 Comentarios

(San Sebastian, 22 de septiembre de 2011)

Señoras y señores, les presento a Walter Arias. Es el personaje central de la novela ‘El novio del mundo’; un asturiano errante al que le suceden todo tipo de aventuras bizarras. Todavía estoy intentando localizar al autor, Felipe Benítez Reyes, para exigirle royalties. El muy cabrón, ha escrito mi novela.

Si algún día me he reído más con algún otro libro, ahora mismo no lo recuerdo. Por favor, compráoslo. Me ha hecho recuperar la fé en la narrativa contemporánea española.

El extracto que pongo aquí no es precisamente el más representativo de este desternillante libro, que he llenado de subrayados. Pero  como habla de Gijón, y de contar anécdotas en el Dindurra, pues era obligado reproducirlo.

 

Yo nací en Santiago de Chile igual que pudiera haber nacido, no sé, en Yakarta o en Monrovia, porque mi padre parecía el gijonés errante.

Ni que decir tiene que mi padre se tuvo que aficionar a la bebida para que el alma no se le empozoñase de nostalgias naturales, aunque no se librara de esas nostalgias artificiales y etílicas a las que los holandeses denominan -ellos sabrán por qué- «el mal del marinero solitario». Pero o mi padre se dedicaba a la cata de licores o se dedicaba, qué sé yo, a cantar boleros a la caída de la tarde, que es lo que suele hacer la gente atribulada por un destino equivocado, si me permiten la redundancia. Como mi padre no tenía una garganta fina para los cantares, se dedicó a afinársela con el ron de caña y con otros licores no menos bravíos, con lo cual no resultaba raro verle dar trompicones con hechuras de náufrago, bulto bamboleante y bucanero, por los pasillos de las embajadas españolas, con el corazón hecho papilla y con la cabeza hecha puré, pensando en Gijón con el ahínco bíblico de quienes pensaban en la Tierra Prometida y amasando nostalgias en su conciencia lastimada de expulsado del Paraíso Terrenal, con sede asimismo en Gijón.

Mi padre había hecho la carrera diplomática por culpa de mi abuelo, que tenía una sastrería y que llevaba en el cuerpo el veneno mítico de los indianos. Siguiendo una discutible tradición familiar, pensaba mi abuelo que lo mejor que le puede ocurrir a una persona es viajar sin tregua por el mundo, a la manera de un marcopolo fascinado por las ciudades coronadas por minaretes, por las selvas cuajadas de bestias sanguinarias y por los desiertos infinitos. Y luego poder contarlo en las tertulias del café Dindurra, cargando un poco la mano en el margen de veracidad de las anécdotas para de ese modo añadir exotismo a la crónica, pues era mi abuelo de la opinión de que lo que no puede contarse no existe, según sus peculiares logomaquias.

 

Categorías: asturias · escritores · libros

5 respuestas hasta el momento ↓

  • 1 David Llada // 22.sep.2011 a las 5:18 pm

    ?”La Facultad de Derecho estaba llena mayormente de niñatos de pelo engominado -lo que les daba un cierto aire ortopédico de muñecos de ventrílocuo- y de niñas vestidas de secretarias finas y con pinta de ser alérgicas al polen primaveral y al semen prematrimonial, a diferencia, por ejemplo, de lo que ocurría en la Facultad de Filosofía y Letras [...]“

  • 2 David Llada // 22.sep.2011 a las 5:21 pm

    “Cada día se aprende algo nuevo, qué duda cabe, y durante aquel señalado día comprobé una cosa preocupante: que si te conviertes en un hombre casado, aborreces de inmediato las fiestas. Como suena. Aborreces las fiestas porque es muy raro que no deambulen, como pecados portátiles, veinte o treinta muchachas en la flor de la edad y la ardentía, y tú tienes un anillo de oro en un dedo a modo de estigma. Así que para ver cómo otros se llevan a las muchachas a sus camas circulares o a los asientos traseros de sus coches, prefieres quedarte en casa y no asistir al espectáculo de la degradación sexual del prójimo”

  • 3 David Llada // 22.sep.2011 a las 5:30 pm

    “Cada vez que una mujer se pone unos pantis en vez de unas medias con ligueros, se hunden un poco los cimientos de la cultura occidental -aquella por la que lucharon denodadamente Aristóteles, Platón, Kant, Uri Geller, Sigmund freud y todos esos simpáticos chiflados.

    Tocas un pubis blindado por unos pantis, y es como si tocaras una pandereta”

  • 4 David Llada // 22.sep.2011 a las 5:35 pm

    “La entrada en la adolescencia te exige aprender a convivir con eso que los libros de anatomía llaman pene, y convivir con tu propio pene es algo muy parecido a tener a un psicópata escondido en el sótano de tu casa”

  • 5 oria // 23.sep.2011 a las 1:22 am

    Lo pongo en mi wishlist de Amazon (UK -> £12.00) (SP-> 20€) :_(

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