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Imágenes de Cuba (I)

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(La Habana, 18 de agosto de 2009 /
San Sebastián, 15 de mayo de 2011)

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Hace un par de veranos, estando de visita por México, decidimos darnos un saltito hasta La Habana, que pillaba a tan sólo una hora de donde nos encontrábamos (Yucatán). Fueron solamente 4 días, tiempo más que suficiente para descubrir la mayoría de los defectos de esta ciudad: precios abusivos para los turistas, comida de mala calidad… Tan sólo el tener conocidos allí (en mi caso, la familia de mi amigo Luis) te puede sacar de esa dinámica y librarte del ‘impuesto revolucionario’ que las autoridades de la isla parecen querer extraer del visitante extranjero.

A pesar de todo, disfruté muchísimo del viaje y, de haberme pillado en otro momento de mi vida, estoy seguro de que hubiera terminado pasando unos meses en La Habana. Es una ciudad espectacular y con personalidad propia, un ambiente único. Sucede como con todos los países que cierran las fronteras a sus propios habitantes: el aislamiento hace que esos lugares queden suspendidos en el tiempo, que viajar a ellos sea como viajar a varias décadas atrás. Las costumbres, los artilugios de uso cotidiano, e incluso cierta candidez de la gente, todo es de otra época. Tuve la misma sensación las primeras veces que fui a China, e incluso, no hace tantos años, en la Alemania del Este. Y es uno de los motivos por los que ardo en deseos de visitar Korea del Norte.

La Habana Vieja, decrépita y por momentos incluso insalubre, es el típico lugar por el que no me cansaría de pasear. Y caminando entre tanta ruina, el contraste es enorme cuando de repente aparece algo hermoso a la vuelta de la esquina: ya sea una chica bonita de las muchas que hay por Cuba o, como en este caso, un reluciente coche. Le falta un retrovisor y la corrosión ha empezado a hacerle mella, pero conserva su majestuosidad, y salta a la vista el cuidado con el que lo trata su dueño. Se trata de un Plymouth, pero soy un completo ignorante en lo que respecta a coches clásicos (e incluso actuales); si algún lector sabe dar más detalles acerca del año/modelo, se lo agradecería. Así a ojo, lo que estimo es que esta joya lleva rodando desde la segunda Guerra Mundial, por lo menos.

La foto es una de éstas que te salen perfectas sin ningún mérito por tu parte: no pensé ni medio segundo cómo tomarla, y quedó bien al primer intento. Hice varias más, por asegurarme, pero ahora, pensándolo a posteriori, me doy cuenta de que las condiciones eran ideales: una calle desierta, yo iba sin ninguna prisa, el entorno donde estaba aparcado era interesante, y la luz a esa hora del día era la ideal -ni mucha ni poca- para realzar los brillos de los guardabarros.

Cuando la vi, de vuelta en casa, me pareció que había quedado tan bien que no quise publicarla en mi Flickr ni en ningún otro sitio. Quise reservarla para cuando hubiera aprendido un poco de retoque digital, y así sacarle todo el partido. Así que esta imagen quedó en barbecho, en mi disco duro, hasta que hace poco enredé al fotógrafo Javi Miqueleiz para que me diera unas clases particulares de Photoshop.

Visto el resultado, creo que mereció la pena esperar. Estoy encantado con ella y algún día la le dedicaré un lugar destacado, en mi casa o en algún libro.

Categorías: cuba · fotos · la habana · viajes

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