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Los personajes planos y la pertenencia al grupo

7 Comentarios

(San Sebastián, 28 de abril de 2011)

Siempre he sido muy sociable, pero de un tiempo a esta parte, y por más que Facebook o Twitter inviten a ello, me motiva cada vez menos conocer gente nueva o interactuar con desconocidos. Al menos, en este país donde circunstancialmente he nacido, y donde circunstancialmente he recalado de nuevo.

El motivo es que, con creciente frecuencia, encuentro a todo el mundo muy predecible. Cambio un puñado de frases con alguien y, enseguida, puedo adivinar cuál va a ser su opinión en una infinidad de temas. Si está a favor o en contra del aborto. Si es partidario de ilegalizar Sortu o no. Si está a favor o en contra de la ley antitabaco. Si vota al PP o el PSOE. Si es seguidor del Madrid o del Barça (porque en este país, hasta los de Murcia, o Sevilla, tienen que ser de Madrid o el Barça, parece que no hay más).

Y es que basta con que transluzca su opinión en uno solo de esos temas, para poder adivinar con un altísimo grado de acierto cuál es su postura acerca de todos los demás. Seré un prejuicioso, pero no puedo evitarlo: Hay dos grandes grupos en los que encasillo (o se encasillan ellas solas), al 90% de las personas a las que conozco.

Me recuerdan a lo que en teoría literaria se llaman “personajes planos”. Simples, sin matices, predecibles, cómodos. No dudan, no experimentan, y difícilmente protagonizarán un giro argumental. Vivir entre ellos me produce una sensación similar a la que me producidía habitar entre seres abducidos por extraterrestres, o en el ala de lobotomizados de un gigantesco hospital psiquiátrico.

Soy consciente de que no es un fenómeno nuevo en absoluto, pero en tiempos recientes percibo que se está acentuando hasta unos extremos grotescos. Y hace poco me he parado a reflexionar acerca del porqué. Apunto algunas de las primeras impresiones que saco, por más que algunas sean meras obviedades:

Esta gente en realidad adopta unas opiniones que no ha generado por sí misma, sino que se amolda a unas ya establecidas. Con lo cual lo fácil sería acusarles de tener un inquietud intelectual casi inexistente. Pero creo que no es exactamente así: la forma en que las personas se inclinan por una postura u otra parece una decisión más emocional que racional. Se posicionan por lo que sienten sus tripas [es una expresión mía], y luego ponen su intelecto a funcionar para justificarlo.

El altísimo grado de hostilidad y desprecio por las opiniones opuestas me hace pensar también que estos grupos se forman, digamos, “por oposición”. Supongo que en psicología existe algún término o concepto para explicar lo que quiero decir, pero como no lo conozco, lo haré con un ejemplo: un tipo no odia al Barça porque es del Madrid… sino que es del Madrid porque odia al Barça.

Detrás de todo esto está, sin duda, la bien conocida necesidad humana de perseguir el sentimiento de pertenencia a un grupo. Lo que aún no tengo muy claro es por qué esa necesidad se ve acentuada aquí y ahora, en este contexto. ¿Por la precariedad laboral, la incertidumbre sobre el futuro? ¿Por la pura ignorancia que arrastramos en nuestra sociedad desde tiempos históricos? ¿Presión demográfica?

Supongo que aún tendré que darle un par de vueltas para perfilar más conclusiones. De momento un amigo, Javi Miqueleiz, me pone sobre la pista de una lectura interesante, la de “El experimento de la cueva de los ladrones”.

PS1: El 10% por ciento de la gente a la que no se puede encasillar tan fácilmente, suele ser la cuota de gente con la que tengo posibilidades de hacer buenas migas. Al menos, es un mínimo común denominador que he encontrado entre mis amigos: presentan aristas, son impredecibles, variopintos, incluso agradablemente contradictorios.

PS2: Escribir sobre este tema llevaba tiempo rondando mi cabeza, pero el desencadenante ha sido hoy, tras el partido de fútbol entre Madrid y Barcelona. Hice un comentario de lo más neutral al respecto de que la expulsión de un jugador del Madrid me había parecido correcta. Alguien me respondió muy airado asumiendo por completo que yo era un seguidor del Barça y dirigiéndose a mi como tal. Me pareció una reacción simplemente fascinante.

Categorías: españa · personajes · personal · sociedad

7 respuestas hasta el momento ↓

  • 1 oria // 28.Abr.2011 a las 2:08 am

    Cachis, si lo llego a saber hablamos de alguno de esos temas para que me hubiera quedado claro donde me encasillabas 😛

  • 2 Wiktorek // 28.Abr.2011 a las 6:33 am

    No digo que sea una característica de todos los polacos, que los hay creativos, sin duda, pero si me limito a las 30 personas con las que trabajo a diario… se me cae el mundo. Son sota, caballo, rey, nada de riesgos, muy tradicionales, tremendamente previsibles y con una losa permanente sobre sus actos, la del “qué dirán”.

  • 3 Burbujea // 28.Abr.2011 a las 7:37 am

    Polacos…en fin, a mi también se me cae el mundo cuando se utiliza este término.

  • 4 Magenta // 28.Abr.2011 a las 7:45 am

    Lo mejor de todo es que el 90% de tus amigos/conocidos pensarán que ellos son ese 10% al que aludes :))

  • 5 Ekaitz // 28.Abr.2011 a las 8:50 am

    Supongo que no será el factor más determinante, pero el pasar una media de cuatro horas diaria delante del televisor puede influir. Somos la primera generación criada delante de la caja mata neuronas.

  • 6 marmolillo // 28.Abr.2011 a las 6:22 pm

    Es una pena que hoy todo el mundo hablara del partido con los mismos argumentos que publican los periódicos. No había debate posible porque era soltar una opinión o la otra, lo más aburrido del mundo.
    Pero en general hay que ser políticamente correcto, por eso se habla del tiempo, se habla a propósito intentando no decir nada.

    No conozco a artistas, ni quiero, pero lo cierto es que el mundillo del ajedrez está lleno de “personajes”, gente que no encaja en ninguna categoría.

  • 7 J // 30.Abr.2011 a las 7:39 pm

    A ver si puedo responder sin alargar demasiado el por qué se ha acrecentado la necesidad de pertenecer a un grupo justo ahora.

    La pertenencia a un grupo es una parte fundamental de nuestra identidad social y esta, una parte vital de quienes son (somos muy sociables aunque algunos se empeñen en demostrar lo contrario :P). En tiempos de crisis/guerra/de mierda donde se está machacando al individuo una y otra vez (identidad personal) la gente suele buscar “refugio” en los grupos.

    Mediante mecanismos de comparación social la gente se crea ilusiones de bienestar. España puede ir de pena, pero si gana el Barça yo que soy el aficionado número 1 estaré menos mal. Ahora bien, las personas somos muy inteligentes y nos abrazamos al grupo cuando más nos interesa. De ahí que sea perfectamente normal oir “hemos ganado la liga” pero más difícil escuchar “hemos perdido” (la gente dirá que el equipo ha perdido, que han jugado mal o cualquier cosa que no les incluya dentro del grupo).

    Luego ya para otro día hablamos de la conformidad grupal que es tema aparte

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