El Blog de David Llada header image 1

Senegal, toma de contacto con Africa

1 Comentario

Dakar, 15 de noviembre de 2010

El cómo y por qué acabé en Senegal es algo puramente circunstancial y no planificado. Sin embargo, si alguien se plantea conocer el Africa negra, o subsahariana, o como quiera que sea políticamente correcto llamarlo ahora, Senegal y/o Mali parecen la mejor elección para un primer viaje de toma de contacto con el continente.

En concreto Dakar ofrece muchísimas ventajas. Está a sólo 5 horas de vuelo desde Madrid, y tanto con Iberia (directo) como con TAP Portugal o Air Maroc hay conexiones frecuentes y bastante baratas. Con un poco de flexiblidad en fechas, podéis plantaros aquí por unos 450 euros. En concreto yo he venido con la aerolínea marroquí, a los que haré un pequeño tongo a la vuelta no realizando el último tramo del viaje, para quedarnos unos días de comedia en Casablanca. El único inconveniente con los viajes es que, por algún motivo que no alcanzo a comprender, las conexiones de vuelta a Europa tienen unos horarios infrahumanos, con vuelos que salen de Dakar pasada la medianoche.

Otra de las ventajas de Senegal es que parece un lugar relativamente seguro. Todo el mundo intenta tangarte para sacarte lo cuartos, por supuesto, pero los locales me aseguran que el peligro de ser asaltado por la calle es, al contrario que en otras capitales africanas, casi mínimo. Yo he ido por ahí cargando con un aparatoso equipo fotográfico de muchos quilates y mirando a mi alrededor con toda suspicacia, pero en ningún momento he tenido la sensación de alarma hasta ahora. Eso sí, los vendedores callejeros se ponen MUY pesados, son pegajosos como las moscas. No queda otra que armarse de paciencia.

Los pueblos de Saly y M’Bour, a una distancia de sólo hora y media de Dakar, ofrecen todo lo que busca el típico turista: playa, alquiler de motocicletas y quads, vuelos en ultraligero, moto acuática, y abundancia de garitos donde engullir cerveza. A tiro de piedra también hay una reserva de animales donde se pueden ver monos, jirafas, cebras y avestruces campando a sus anchas, aunque yo esa excursión me la perdí por ver la Fórmula 1. La isla de Gorée, de infausta historia, es otra visita obligada, pero hablaré de ella cuando haya tenido ocasión de conocerla (probablemente mañana).

El idioma nacional, por si hubiera necesidad de indicarlo, es el francés (lo que en mi caso es un problema; entiendo bastante pero soy incapaz de pronunciarlo), salpicado de wolof, que es la etnia más grande del país y el dialecto más extendido entre los senegaleses. “Yereyef”, que quiere decir “gracias”, es una palabra fácil de recordar y que siempre es acogida con una sonrisa. Poca gente, salvo en los hoteles y restaurantes, habla inglés; parece que incluso el español o el italiano están más extendidos.

La moneda local, el franco senegalés (“XOF” o “CFA”) se cambia ahora mismo a 650 por cada euro, lo que crea el inmediato complejo de millonario cuando dejas propinas de 1000, que es el billete más pequeño. Tan sólo hay que tener cuidado con dónde haces el cambio de moneda, porque la falsificación de billetes parece un problema bastante común, y ya me han contado algún caso de occidentales cumpliendo años de cárcel por algún entuerto en el que fueron meras víctima.

Y es que, por más que Senegal sea uno de los países más tranquilos y apacibles de su entorno, esto no deja de ser Africa, y esa realidad te arrea una bofetada en la cara nada más bajarte del avión. La pobreza, la corrupción y la lentidud burocrática se hacen evidentes desde el primer minuto. El concepto de “mal olor” alcanza una nueva dimensión en ciertos lugares; los rebaños de cabras lo invaden todo, alimentándose de la basura como auténticas alimañas. Y añade un puntito de intranquilidad el saber que, en caso de apuro, en quienes menos puedes confiar es en la policía: el otro día tuvimos un encontronazo con la autoridad en un control de carretera, que ya contaré para la próxima.

En plena ciudad de Dakar la gran mayoría de las calles no están siquiera asfaltadas, y las que lo están, se encuentran medio cubiertas de arena y repletas de socavones y badenes. Muchos coches circulan con una inusual prudencia y a baja velocidad, lo que me chocó bastante tras haber vuelto hace poco de China: el motivo es que a muchos de de esos vehículos, directamente, no les funcionan los frenos. Y en las carreteras que se alejan de la ciudad, el panorama es aún peor: con frecuencia se ven coches que sin circulan de noche, sin luces, por carreteras no iluminadas.

Ya con el culo pelado de tanto viajar, no esperaba que todo esto me produjese una impresión demasiado fuerte, pero la verdad es que sí lo ha hecho. Africa sorprende con mucha fuerza a quien la visita por primera vez, sin excepciones.

Categorías: africa · dakar · senegal · viajes

1 respuesta hasta el momento ↓

  • 1 Vanitas // 18.Nov.2010 a las 11:47 pm

    “El único inconveniente con los viajes es que, por algún motivo que no alcanzo a comprender, las conexiones de vuelta a Europa tienen unos horarios infrahumanos, con vuelos que salen de Dakar pasada la medianoche.”
    ¿Y no será, amigo Deiviz, que aprovechan los vuelos diarios de repatriación de ilegales desde Europa para luego devolver a los europeos a casa? “Me se” acaba de ocurrir… aunque quizá le estoy poniendo mucha imaginación… Pero, bueno, la imaginación siempre ha ido por detrás de la realidad….

Deja tu comentario