(La Habana, 15 de agosto de 2009)
Una de las cosas que más sorprenden a quien visita Cuba por primera vez, es que a causa del mestizaje no se ven dos caras iguales; ni siquiera parecidas. Es más: yo diría que ni siquiera existen dos cubanos del mismo color. Como muestra, un botón.
Otra de las cosas que sorprenden es, en los cafés o en los parques, escuchar apasionadas discusiones sobre atletismo (mi visita coincidió con los mundiales de Berlín) o incluso sobre ajedrez (!!!).


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