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Enfados de mujer

7 Comentarios

(San Sebastián, 8 de abril de 2009)

Cuando uno es muy joven, lo desconoce todo acerca del mundo. Y –perdonadme el topicazo- aún mucho mayor es nuestra ignorancia acerca de uno de los grandes misterios del universo: las mujeres.

Cuando tienes tu primera novia, empiezas a darte cuenta de que las diferencias de comportamiento son aún mucho mayores de lo que ya intuías en el colegio. Y a poco que la relación se prolongue, sacarás pronto una conclusión: la lista de los motivos por los que una mujer es capaz de enfadarse parece infinita.

Ésta es sin duda una de las grandes sorpresas que nos esperan al doblar la primera esquina de ese espinoso camino llamado “vida en pareja”. El despreocupado e individualista estilo de vida masculino choca con lo que parece ser un campo de minas: tú ibas alegremente paseando por el campo, y no sabes siquiera cuál ha sido tu imprudencia ni dónde has pisado, pero una explosión te destroza las piernas.

Puede ser por haber pasado media hora más de la debida jugando a la Xbox, por haber distraído tu mirada 2 décimas de segundo más de lo apropiado en la figura de una dependienta, por no haberla llamado en todo el día hasta las 8 de tarde, o porque te has tomado más cubatas de los que a ella le parece aceptable.

No es de extrañar que, casi siempre, estos enfados nos pillen por sorpresa. Lo cual hace que reaccionemos tarde y torpemente. Yo todavía recuerdo –fatal error por mi parte- cuando pensé que a mi novia realmente no le pasaba nada la primera vez que le pregunté “qué te pasa?” y me respondió “nada”. ¡Como para olvidarlo! [Mi amigo Thomas (un curtido veterano) me lo recordaba hace poco: “David, con las mujeres, existe una norma: ¡tienes que preguntarles siempre 7 veces!”]

Como digo, en esa etapa juvenil de la vida, la lista de los motivos por los que tu novia puede enfadarse nos da la impresión de ser casi interminable, y nunca deja de sorprendernos. Podríamos estar aquí citando ejemplos hasta el ocaso de los tiempos.

Sin embargo, esa conclusión es errónea. Es demasiado simplista y supone un error de enfoque.

Si uno alcanza la treintena con vida a pesar de haber tenido por el camino diferentes parejas, la experiencia acumulada te permite desarrollar ya un punto de vista diferente. No es que “las mujeres sean capaces de enfadarse por cualquier tontería”. Lo que en realidad sucede es que las mujeres, de tanto en cuando, “tienen la necesidad de enfadarse” para expresar algo, y cuando están así predispuestas echan mano de la excusa que les pille más cerca. Cualquier motivo es bueno. Por eso nos da la impresión de que pueden enfadarse por cualquier cosa absurda.

Para entender esto que sostengo hay que tener bien presente una cosa: el enfado es uno de los dos métodos fundamentales que utiliza una mujer para reclamar atención. Y la atención es una de las necesidades primarias del género femenino. Al igual que las plantas necesitan agua, abono y luz para la fotosíntesis, las mujeres necesitan comida y atención. Enormes dosis de atención.

Como decía, para reclamar atención las mujeres tienen dos métodos principales. El primero es, indudablemente, el sexo. Pero lamentablemente, cuando la pareja ya está asentada y entramos en el terreno de la convivencia, su astuta naturaleza les hace intuir que el que el más efectivo es el segundo: los berrinches. Los hombres somos seres simples, despreocupados y muy introvertidos, que necesitamos de la tranquilidad, el reposo y la holganza. Tener al lado a una compañera en pie de guerra nos desquicia; para mi en concreto supone una tortura. Somos capaces de hacer cualquier cosa, de ceder en lo que sea, con tal de que esa situación se acabe y las aguas vuelvan mansas a su cauce. Que las puertas dejen de cerrarse como si hubiera un huracán transitando por la casa, para poder regresar a nuestro habitual ensimismamiento, leyendo un libro, viendo la tele, o lo que quiera que sea que nos guste hacer. Pero hacerlo en paz.

Yo estoy convencido de que cuando una mujer se mosquea por un motivo que a ti se te antoja absurdo, generalmente no es en realidad por eso que acaba de suceder hace cinco minutos, sino porque ella percibe que no le has prestado la debida atención durante el día o los dos días anteriores. O simplemente es una comprobación de que todo está en orden, un “ponte firme” para ver qué tal respondes, con el que periódicamente intentan domarnos para que no descuidemos nuestra obligación de atenderlas. Una especie de ataque preventivo, para entendernos. Si intentas buscarle alguna lógica a la causa de su enfado, estarás pecando de ingenuo: ella ya estaba en el punto en el que iba a enfadarse, y pudo ser tanto por haber hecho “eso” (lo que sea) como por haber hecho exactamente lo contrario. Así, no tiene sentido discutir por ese hecho en concreto. No seas tozudo ni intentes razonar, porque ya es demasiado tarde. El estallido es inevitable. Simplemente, “ese día tocaba”.

¿Os parece demasiado atrevida mi teoría? Voy a aportar una prueba; algo a lo que seguro todos nos hemos enfrentado alguna vez: la pregunta trampa. Aquella que no tiene escapatoria; contestes lo que contestes estás jodido. Como cuando tu novia te presenta a una amiga suya que está como un queso de buena, y luego, de vuelta a casa, te pregunta: “Fulanita, ¿te parece guapa?”

Zugzwang.

No me digáis que eso no es querer buscar pelea a propósito.

Si dices que no, te acusará de mentiroso, y te reprochará que si mientes es porque en realidad su amiga te pone becerro y quieres ocultarlo. Te sorprenderá poniendo sobre la mesa una precisa medición de durante cuántos segundos vuestras miradas se cruzaron y en cuantas ocasiones le sonreiste. Y si dices que sí… tan sólo acortarás tu camino hacia el patíbulo. Prepárate a agachar las orejas y apretar la mandíbula durante las próximas dos o tres horas. “Ese día tocaba”. La amiga sólo fue la excusa propicia. Y probablemente, ha sido una emboscada perfectamente planificada.

A veces ves venir los nubarrones desde lejos; yo en concreto creo que ya he desarrollado el instinto necesario para oler el peligro. Pero tratar de esquivarlo es inútil.

Cuando me veo en esa situación, me recuerda a ese tipo de películas (casi un género propio) como Ocean’s Eleven, Misión imposible, La Trampa, The Thomas Crown Affair, (o el espectacular robo de Notarbartolo sobre el que leí el otro día) etc., en las que el protagonista se enfrente a una cámara acorazada llena de trampas: sensores de movimiento, de temperatura, alarmas, detectores sísmicos… Da igual estar alerta. No ayudan ni la adrenalina ni la templanza. Una a una se van desactivando las trampas, pero al final, suena la alarma. Y el prota tiene que echar mano de los recursos más desesperados para salvar el pellejo.

Es un tipo de películas cuyo guión resulta predecible. Pero generalmente, acaban bien.

Categorías: mujeres

7 respuestas hasta el momento ↓

  • 1 Wiktorek // 8.abr.2009 a las 10:32 am

    Lo has clavado, qué grande

  • 2 jesgar // 8.abr.2009 a las 12:22 pm

    Cindy no lee el blog, verdad? :P

  • 3 Saskia // 18.abr.2009 a las 4:06 pm

    Soy mujer y también considero que lo has clavado. Pero también opino que a los hombres os va la marcha. Necesitais tranquilidad pero sin una bronca de vez en cuando os aburris. Por mi experiencia, las relaciones que menos me han durado han sido las que paradojicamente todo iba como la seda y sin apenas discusiones, entonces la relación muere de aburrimiento, o no?

  • 4 Fran // 3.jul.2009 a las 9:08 am

    Nada que añadir, perfecto artículo. Me ha servido para no sentirme tan extraño.

  • 5 Mike // 15.feb.2010 a las 9:14 pm

    muy bueno… diste en el clavo….

  • 6 elis // 5.ene.2011 a las 6:29 am

    Que atinado! …y a los hombres les encanta ;D

  • 7 Dani // 26.jun.2011 a las 1:35 pm

    Muy bueno lo has clavado Ahora mismo te propondria al Premio Nobel ¡¡COJONUDO!!

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