Taipei, 5 de agosto de 2008
La monada de la foto se llama Marina, y es la hija de Mónica, una amiga taiwanesa que, los que vinisteis a la fiesta de boda, recordaréis sin duda por un gracioso incidente ocurrido alrededor de un dvd, en plan Annie Hall.
Por azares del destino la buena de Mónica fue, junto con Joao (rebautizado como “Yu Hao” ahora que también anda por oriente) nuestra testigo de boda. Más concretamente: resulta que nos hacían falta dos testigos, y nosotros sólo llevábamos al Joao (cuyo testimonio a efectos legales debe de contar como tres cuartos, y gracias).
A poco más y nos mandan de vuelta a casa convocándonos para un cuarto intento, pero de chiripa la Mónica andaba por allí y pudimos echar mano de ella para que estampara la segunda firma. Completamente acojonada la pobre, porque ya le había expirado el permiso de residencia y le daba bastante yuyu poner su pasaporte en manos del juez.
Y es que mi vida es friki hasta en los detalles: Si alguien más tiene una firma en chino en su libro de familia, que levante la mano, por favor.
Aunque gestada en Galicia, Marina fue a nacer en Taiwán allá por febrero, y aún no habíamos tenido ocasión de conocerla. Así que aprovechando el viaje a Tailandia, Cindy y yo decidimos dar un último estirón y pasarnos por allí unos días. Total, estaba al ladito: ¿qué son 4 horas más de avión cuando ya habíamos empleado 25 en llegar a Tailandia?
La niña es simplemente adorable, no la vi llorar en tres días ni por hambre, ni por sueño ni por calor, y es tan cariñosa que había tortas entre nosotros por tenerla en brazos un ratito, arrebatándosela a sus genuinos padres. La muy jodida es, seguramente, culpable en buena parte de lo que me viene encima, por ser tan guapa.
Ya tengo ganas de que a Cindy le hagan la primera ecografía y nos puedan precisar, aunque sea de forma aproximada, de cuántas semanas está. Tengo curiosidad por sacar en conclusión (o intentarlo al menos) en qué lugar de los que atravesamos en vacaciones se produjo el suceso. Pero tendría coña marinera que la criatura fuese “made in Taiwán”. Íbamos a tener cachondeo para rato; yo creo que hasta le pongo la etiqueta. Y a ver quien se atreve a meterla a lavar en agua fría, que lo mismo te encoge.
En fin, que haya sido hecho allí o no, esos días en Taipei nos sirvieron sin saberlo para hacernos a la idea y practicar un poquito. En una de éstas os cuento el proyecto “Paternidad para Dummies” y os descojonaréis un rato.


0 respuestas hasta el momento ↓
Aún no hay comentarios, pero puedes ser el primero en dejar uno.
Deja tu comentario