San Sebastián, 12 de abril de 2008 /
Roma, 15 de julio de 2006
Me voy dentro de unos días a Roma, en misión comercial. Una buena amiga, de ésas que siempre se desviven por ayudar al prójimo, me ha conseguido un contacto allí que puede ser muy valioso de cara a uno de los negocios en los que estoy involucrado. Así que en cuanto se concrete la fecha me voy para allá, y me llevo a la Pili conmigo, para que me abra puertas y me haga de traduttrice, pero –sobre todo- para colmarla de atenciones durante unos días en su ciudad favorita y compensarla por el favorazo que me ha hecho.
Me hacía buena falta un viajecito, para sacudirme las preocupaciones que se me vienen encima y no perder las viejas costumbres nómadas, y esta ocasión me ha venido que ni pintada. Y por otro lado, si me vuelvo con un acuerdo cerrado, puedo adjudicarme una comisión bastante maja, así que estoy impaciente por ir cuanto antes.
Ya estoy bastante acostumbrado a andar de acá para allá asistiendo a reuniones, proponiendo ideas y negociando historias de todo tipo, pero la verdad es que éste es mi primer viaje enfundado en un traje de comercial, mi estreno real como ‘vendedor’ con un producto definido y que busca captar un cliente.
Siempre he pensado que eso se me daría bien y ahora tengo ocasión de demostrarlo, así que me apunto al bombardeo sin ningún miedo. En el peor de los casos, añadiré una profesión más a mi bizarro historial de trabajos desempeñados. El día que me toque volver a escribir un currículo voy a flipar – aunque no tanto como quien se lo lea.
[La foto es de mi anterior -y primera- visita a Roma, hace dos veranos]


1 respuesta hasta el momento ↓
1 Antonio Arias // 13.Abr.2008 a las 12:28 am
Cuídate David, que tanto curro nubla en seso y confunde nuestras prioridades vitales.
Un abrazo desde tu querida Asturias.
Deja tu comentario