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Baja médica por exceso de trabajo

8 Comentarios

He estado trabajando desde que comenzó el 2008. Y no es que hasta antes de esa fecha hubiese estado en paro, ni mucho menos. Lo que quiero decir es que, literalmente, no he parado de trabajar en los últimos tres meses. Como mucho me he tomado alguna tarde, alguna mañana libre, o un par de horas para hacerme la cena y ver una película. Ocio dosificado con cuentagotas.

Un día libre, desconectado de todo (y no digamos ya dos seguidos), no lo he conocido desde que comenzó el año. Mi único paréntesis, la escapadita a Linares, fue más que un reposo una carga añadida. Y desde que regresé de allí, he estado trabajando sin descanso: 24 días seguidos a un ritmo infernal, incluso quedándome a dormir varias noches en la oficina porque no me compensaba ir hasta casa – a pesar de vivir a 15 minutos de allí.

En medio de la vorágine no da tiempo a pararse a pensar en muchas cosas, pero sí hay algunas reflexiones que me asaltaron por momentos. Me gusta trabajar (en general) y me gusta mi trabajo (en particular), pero, ¿por cuánto tiempo podré mantener este ritmo? El año que tengo por delante está tan lleno de nuevos proyectos que mete miedo, y me conviene calibrar mis fuerzas para no adquirir más compromisos y asumir más tareas de las que pueda cumplir con garantías (algo que reconozco que siempre me ha costado). Ha llegado la hora de rechazar algunas ofertas y posibilidades, por más que sean interesantes o tentadoras.

También hay que plantearse cuestiones más importantes, como los propios valores personales. ¿Están compensados los sacrificios? ¿Quiero realmente llegar a mi techo –en lo que respecta a cuestiones laborales- o sería mejor rebajar las expectativas y pretensiones para tener más tiempo libre, para exprimir más los últimos años de juventud que me quedan antes de que lleguen los hijos y las hipotecas?

Algunas respuestas no me han llegado mediante la reflexión, sino que fue mi propio cuerpo el que me ha dado instrucciones de forma muy explícita.

El estrés tiende a causar tensión muscular. Y la falta de horas de sueño suele hacer que la tensión se acumule especialmente en torno a esa parte del cuerpo que sostiene la cabeza, el pescuezo (dicho en asturiano), que al no recibir el suficiente reposo empieza a resentirse. Un enfriamiento o una corriente de aire hizo el resto: el lunes me desperté con una tortícolis de las antológicas, de ésas que te tienes que arrastrar hasta el borde de la cama para poder levantarte porque sientes como si te hubieran paralizado de hombros para arriba, y no puedes hacer suficiente fuerza para despegar la cabeza de la almohada. Quien lo haya padecido sabrá lo que duele, lo engorroso que resulta encontrarte con tu oreja casi rozando tu hombro y teniendo que mirar al mundo que te rodea prácticamente de reojo.

Las recomendaciones del fisioterapeuta para estos casos (no es la primera vez que me pasa) ya me las sabía de memoria: linimento, mantita eléctrica, estiramientos suaves del trapecio, y en casos críticos una inyección de droga dura, etiquetada bajo el eufemismo de “relajante muscular” (Midocalm y Orphenadrina creo que son dos de las “maravillas” que me han inyectado en ocasiones anteriores para intentar enderezarme).

He aprovechado esta baja de un par de días para mimarme y dejarme mimar. Mi ordenador y mi teléfono ya no recordaban lo que era estar apagados – y yo tampoco recordaba lo que era sumergirse durante hora y media en un baño de agua caliente. El linimento me lo aplicaron en forma de masaje unas manitas que con cada gesto me dicen que me quieren. Y aunque estaba medio tullido, me las arreglé para echar un polvo por la mañana y otro por la noche (de esos vagos y un poco egoístas en los que uno se deja hacer), que aunque eso no me lo había recomendado el fisio, relaja que no veas.

Opté esta vez por no ponerme la inyección de “relajante muscular”, porque me jode lo indecible pasar dos días atontado y con el cuerpo adormecido. En su lugar opté por un chute de algo más suave pero igualmente terapéutico (aunque incomprensiblemente ilegal): Me fumé el martes por la noche un porrazo de marihuana que ha obrado milagros. Creo que hacía por lo menos año y medio que no respiraba ese humo dulce, y fue lo mejor que se me pudo haber ocurrido en estas circunstancias. Prometo dedicarle un post a María en cuanto tenga otro ratito, porque se lo debo: me reí hasta llorar conversando con Cindy y viendo la tele, y me ha dejado casi como nuevo.

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Categorías: chorradas · personal

8 respuestas hasta el momento ↓

  • 1 Jigace // 3.abr.2008 a las 3:17 pm

    andamos igual… a mi me recomendaron vitamina b-12 (en Mexico, doloneurobion) y obra maravillas, de verdad es un un muy buen desinflamatorio y relajante natural, ademas benefico para las neuronas (nunca sobra).
    Saludos y hay que cuidarse un poco, que no todo en la vida es el trabajo…

  • 2 David Llada // 3.abr.2008 a las 4:12 pm

    La B12 estimula el sistema nervioso, y siendo yo ya de por sí medio hiperactivo, tomarme eso puede hacer que me suba por las paredes. Supongo que el “efecto relajante” vendrá por algún otro componente del doloneurobión.

    Como estimulante lo que sí tomo en ocasiones es “Arcalión 200″, que contiene sulbutiamina (un derivado de la vitamina B). Te da un pequeño plus de energía, como si te durasen las baterías un par de horas más…

  • 3 Jigace // 3.abr.2008 a las 4:34 pm

    El otro componente del doloneurobión es diclofenaco, que es un desinflamatorio, pero lo trae en una dosis muy pequeña. Yo padezco lumbalgia y es una de las pocas cosas (sencillas) que me calma el dolor y entumecimiento tipicos, y no he notado efectos estimulantes.

  • 4 marmolillo // 3.abr.2008 a las 8:32 pm

    Con algo de perspectiva veo que en muchos trabajos se absorbe vampirescamente la energía de los jóvenes. Cuando pasa el tiempo ves que no has conseguido nada a cambio de ese esfuerzo y ellos están dispuesto a reemplazar al mulo de carga que solías ser por otro recién salido del establo, que tiene la energía de que tú ya no dispones.

    Por eso creo que hay que encontrar un equilibrio en el trabajo: no puede ser que gran parte de tus energías – a veces las más importantes – no se empleen en lo realmente importante, que es uno mismo. Hay que relajarse más veces, sin baños y sin medicinas. Pero también hay que sacar tiempo para leer y ver esas películas que tienen que verse con la edad adecuada.

    De todas formas, no quiero criticarte porque hoy en día se estila más aquello de “necesito tiempo para mis absurdos hobbys” y trabajar a media jornada o incluso pedir una excedencia para poder rascarse el ombligo a gusto. España necesita gente trabajadora.

  • 5 David Llada // 4.abr.2008 a las 7:45 am

    Tranquilo, no me lo tomo como crítica, y además estoy bastante de acuerdo en todo.

    Hace relativamente poco que me tomé un “año y medio sabático” (de septiembre 2004 a enero 2006), y creo que fue de las mejores decisiones que tomé en mi vida. Así que tampoco pasará nada si ahora me exprimo un poco; tengo intención de retirarme aún joven ;-)

  • 6 Cabo // 26.abr.2008 a las 9:37 pm

    jeje pa drogas el Miolastan ( tetracepam ) que lo suelen recetar para deshacer contracturas musculares, como relajante muscular es una bomba, eso si tumba a cualquiera!!

  • 7 marcos maldonado // 13.ago.2008 a las 3:56 pm

    favor de mandar informacion de este farmaco (DOLONEUROBION)

  • 8 maria angeles // 17.mar.2009 a las 5:40 pm

    lo del Miolastan lo conozco, me dan contracturas fuertes cada dos meses o asi (pero con fiebre de 40), la ultima vez, mi hija se subio a una silla y me cogio el Miolastan, estuvimos 4 horas en urgencias haciendole pruebas y al final no se habia tomado ninguna. eso es un relajante como para un caballo. cuando me dan tirones flojitos prefiero lo del porro, pero hay veces que ni eso ni nada, el miolastan te duerme durante unas 12 horas, ahora eso si, te deja nuevo en un dia (cada 8 horas)

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