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Experiencias infantiles (I)

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San Sebastián, 18 de febrero de 2008

Hace poco, en una cena con amigos en la que había varios educadores presentes, la conversación derivó hacia las habilidades de los niños. Concretamente, hacia los cerebritos que nos asombran con alardes de memoria, almacenando en su cabeza cantidades impresionantes de información.

Yo opino que eso no es un don excepcional. Creo que incluso el menos espabilado de los niños tiene latente esa capacidad de absorción, y tan sólo hay que despertarla con el tema que le apasione. Los hay que se aprenden de memoria las plantillas de los clubes de fútbol de todo el mundo, otros que mantienen un archivo en su cabeza de su colección de cromos, los que se saben todas las especies y subespecies de dinosaurios que han existido, o los que podrían situar en el mapa ciudades que algunos tendríamos problemas para decir tan siquiera a qué país pertenecen.

Sentarse a charlar con un niño y averiguar qué es lo que atrae su interés es una de las experiencias más fascinantes que existen. Y en ocasiones se puede aprender tanto como abriendo una enciclopedia.

La conversación me hizo reflexionar sobre mis propios recuerdos de infancia. Me resultó difícil precisarlo, porque además mis intereses y curiosidades han ido variando mucho con el tiempo, atravesando varias etapas. Pero creo que en mi infancia (hasta los 11 o 12 años) lo que más me interesaba era todo lo relacionado con la biología y la medicina. Era capaz de ver los documentales sobre cirugía más escabrosos y sanguinolentos mientras me comía tranquilamente un bocadillo de mortadela.

De hecho aún hoy, cuando alguien a mi alrededor me comenta cualquier problema de salud, suele identificarlo, sé con qué medicinas se trata la dolencia e incluso cuáles son los efectos adversos de éstas. Me marco unos diagnósticos que ni el Dr House. Y me cuesta decir de dónde saqué toda esa información, no recuerdo cómo llegó a mí ni dónde la he leído, pero de alguna forma durante esa época fue quedando enterrada en un recóndito rincón de mi memoria, y pequeños bites de ella salen a flote desde la profundidad cuando lo necesito.

Categorías: personal · recuerdos

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