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Definición (parcial) de un servidor

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San Sebastián, 15 de febrero de 2008

llada

Mi amigo Andrés tiene dos grandes virtudes. Una es su incalculable valía y lealtad como amigo, y la otra su talento para escribir.

Su amistad, incorrosible, me la brindó hace ya tiempo. Pero ahora también ha tenido el detalle de dedicarme una pequeña semblanza en su blog, a traición, lo mismo que a traición me tomó la foto que la acompaña:

El amigo David Llada pasó por esta casa justo antes de navidad con su carga de maletas, maletines, mochilas, mochilones, ropa, libros y aparatos tecnológicos cuyos secretos conoce sin conocerlos del todo.

David es un soñador pragmático, uno de esos individuos que, conscientes de no encajar en sitio alguno, viven sacándose partido, en lugar de refugiarse en los oscuros rincones de la autodestrucción.

Pese a lo mucho que ha viajado y la mucha gente que conoce, pese a su amor a las juergas y a sus juergas por amor, a mí me da la impresión de ser un tipo reflexivo y un poco tímido, con esa rara timidez de quienes deslizan una flor o un puñal por debajo de la mesa: la timidez arrojada de quien está dispuesto a poner flor y puñal encima de la mesa, si hiciera falta.

Desde que le conozco, jamás le he visto dormir a las horas de dormir, ni comer a las horas de comer, ni hacer nada a las horas de hacer nada, sino que lo hace todo a todas horas, estructurando el día al ritmo de sus intereses, ocupaciones, preocupaciones, curiosidades.

Los artículos que publica en prensa adolecen de las inevitables concesiones al vulgo; si no incurriera en determinados lugares comunes los artículos serían mejores, pero le costaría venderlos. A mi amigo Salvador Rosa le pasa lo mismo, o parecido. A mí me pasa lo contrario: que no los vendo…

La prosa de David no es creativa pero es hábil y clara, lo que resulta excepcional en un periodista que va por libre, en un hombre libre que escribe artículos. Ya fue dicho que el estilo es el hombre.

Ya me constaba que a Andrés se le da bien escribir con rabia y aspereza; ni más ni menos de la que este asqueroso mundo merece. Pero ahora compruebo que también sabe hacerlo con cariño y afecto, pintando un retrato muy amable de mí y omitiendo los defectos que él, como amigo que me conoce bien, sabe de sobra que tengo. Según mi modo de ver la vida, definirme como “un hombre libre” es el mejor halago que me podría haber hecho, y máxime viniendo de quien viene.

Gracias de nuevo Andrés 😉

Categorías: amigos · personajes · personal

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