San Sebastián, 2 de diciembre de 2007
De tanto en cuando, surge el tema en una conversación y ante la curiosidad de la gente, me veo obligado a dar explicaciones acerca de mi viaje a Iraq. ¿Por qué fuiste? ¿Qué demonios se te había perdido allí? Antes de pasar a hablar de los motivos, abro un paréntesis para explicar cómo surgió todo.
En marzo de 2001, visité un torneo de ajedrez que se disputaba en un centro social en Pola de Siero (Asturias). El local donde se disputaban las partidas servía habitualmente de sede social a varias organizaciones políticas y culturales, y en el tablón de anuncios de la entrada había varios panfletos que hablaban de Iraq, del embargo y de un viaje que una delegación haría hasta allí para entregar material médico y escolar.
Recuerdo que, mientras ojeaba esa información, tuve una conversación con un amigo acerca de lo absurdo e inhumano de los embargos: una medida que nunca jamás ha servido para derrocar a ningún gobierno, y que por el contrario causa innumerables miserias a la población del país que lo sufre.
Me había entrado el gusanillo de saber más, y esa noche, de regreso en casa, estuve googleando sobre el tema y descubrí algún hecho curioso. Por ejemplo, respecto a los llamados materiales “de doble uso”, aquellos cuya adquisición estaba vetada a Iraq por ser susceptibles de ser utilizados en la elaboración de las famosas armas de destrucción masiva: Una de las materias primas necesarias en la elaboración de un arma nuclear resulta ser el grafito, así que en Iraq estaba prohibido producir, almacenar o importar (dentro del programa “Petroleo por alimentos”, se entiende) cualquier producto con este material. Y eso incluía los lápices comunes y corrientes.
Hasta el más pintado sabe que Mesopotamia fue la cuna de uno de los primeros sistemas de escritura conocidos por la humanidad. El hecho, la tremenda paradoja, de que en esa misma tierra el instrumento básico de escritura se hubiese convertido en algo vetado para los escolares iraquíes, me dio el impulso definitivo para querer saber más, y por primera vez la idea de acoplarme de alguna forma o “infiltrarme” en esa delegación empezó a rondarme la cabeza.
Una vez hechas las llamadas y los contactos pertinentes, y tomada la decisión, la cosa quedó en que viajaríamos allí a finales de septiembre de 2001. Pero cuando se acercaba la fecha se produjeron los atentados de Nueva York, y debido al estado de tremenda incertidumbre que se desató -se hablaba de represalias con armas no convencionales, cuando aún no sabía ni contra quién irían dirigidas-, el viaje quedó un poco en suspenso. Los intereses iniciales que me habían empujado a este viaje habían cambiado, pero surgían nuevos factores que lo hacían aún más tentador - sobre todo desde el punto de vista periodístico.
Finalmente, en vista de que fue Afghanistán el primer país en pagar el pato y que Iraq aún tendría al menos algunos meses de relativa seguridad por delante, el viaje se concretó para enero de 2002. El día de año nuevo, mientras España estrenaba el euro, yo volaba hacia Amman en un charter con otras 40 personas.


1 respuesta hasta el momento ↓
1 http://lascenizasdeangela.blogia.com/ // 12.Dic.2007 a las 12:45 pm
Toda una gran historia, increíble y por lo que veo muy arriesgada
Deja tu comentario