San Sebastián, 20 de noviembre de 2007
Una de las cosas que mejor me hizo congeniar con los alemanes y con la forma de vida alemana en general, es su mentalidad práctica, que se deja traslucir en multitud pequeñas cosas. Y esta mentalidad práctica va ligada en muchas ocasiones a cuestiones como el ahorro o la ecología.
Por ejemplo, una sorpresa agradable que me llevé cuando -de la forma más impulsiva-, me planté en Berlín, fue respecto a la búsqueda de un lugar donde vivir. Descubrí que en Alemania en general –y en Berlín muy particularmente-, mucha gente, cuando hace un viaje largo, en vez de dejar su casa/habitación vacía y criando polvo, la pone en alquiler por el tiempo que está fuera.
Eso en España sería impensable. Primero, por una cuestión de desconfianza generalizada: aquí todos somos unos chorizos, unos gorrones y unos descuidados, y pensamos que el prójimo también lo será. Y segundo, por aquello de las apariencias y el qué dirán al que somos tan dados en este país de mierda: “La gente pensará que soy un pobre o un cutre de la hostia si, por un mes que voy a estar fuera, le alquilo mi habitación, con mis cosas en ella, a un desconocido”. O algo así, qué sé yo.
Si se vencen estos prejuicios y se piensa el asunto de forma objetiva, las ventajas son evidentes. Pongamos que soy un persona normal con un sueldo medio, y tras mucho ahorrar durante todo el año, me puedo tomar vacaciones para hacer realidad un pequeño sueño: irme mes y medio a recorrer Sudamérica. Dejo mi habitación alquilada y, para empezar, puedo sacar –pongamos- unos 300 euros, que vendrán de perlas para redondear el presupuesto del viaje. Pero además, mi casa estará cuidada, me regarán las plantas, y me evitaré la habitual sorpresa de regresar a casa y descubrir que huele a podrido porque me dejé algo olvidado en la nevera. Cosillas éstas que pueden parecer tonterías, pero os aseguro que los que hemos viajado mucho sabemos la impresión tan desangelada que puede ofrecer una casa tras haber estado vacía durante un par de meses.
Para un inquilino, también existen muchas ventajas. Pongamos que llegas a una ciudad de la que no sabes nada: lo normal (lo que me pasó a mí en Donosti, por ejemplo) es llegar, meterse en un hotel, y empezar a buscar un alojamiento con carácter definitivo y, además, con urgencia, porque las facturas del hotel hacen mella (algo más de dos semanas de hotel tuve que pagar yo aquí -1100 eurazos-, y no fue más gracias a que negocié el precio y encontré casa pronto). Con las prisas, uno acaba metiéndose a veces en una casa que no le satisface del todo, o a la que empieza a ver las carencias a las pocas semanas de instalarse. Pero era lo que había y ya no hay marcha atrás.
Si en cambio tienes la ocasión de alquilar una casa/habitación por 2, 3 o hasta 5 semanas, puedes establecer ahí el campamento base y planificar tu siguiente jugada con mucha más tranquilidad. Te ubicas en la ciudad, descubres qué zona se ajusta mejor a tu plan de vida, y sin urgencias puedes ir buscando o ponerte al acecho de la oportunidad. Estos alquileres, por su corta duración, suelen salir especialmente baratos: si en Berlín el precio medio de una habitación en un piso compartido está (o estaba entonces!) entre los 150 y los 250 euros, y el una casa entera entre los 400 y los 700, en esta modalidad de alquiler siempre viene a salir por la cantidad más baja de las citadas. Y además, en una casa amueblada y perfectamente habitable desde el primer momento. Con café y azúcar en la estantería, papel higiénico en el baño, etc.
En mi situación, desde luego, fue perfecto. Llegué a Berlín con lo puesto y una mochila, así que lo de alquilar habitaciones amuebladas era imprescindibles (las vacías lo están al pie de la letra: no suelen tener ni casquillos para las bombillas!). Y encima era más barato. Llevando conmigo tan pocas pertenencias, moverme de un sitio a otro no era gran molestia, así que yo estaba dispuesto a ir pasando de un alquiler temporal a otro: tres semanas aquí, cuatro allá, otras dos en no sé dónde… conociendo distintos barrios y colándome en la casa y en la vida de muchas personas distintas, lo cual también es toda una experiencia.
Me he acordado de todo esto porque hoy, de casualidad, encontré un viejo mail que envié a mis amigos cuando alquilé mi primera habitación por este método, en la mítica esquina de Frankfurter Alle 29. Creo que ese mail se convirtió en el primer post del blog entonces, así que tiene valor histórico; igual mañana lo añado como complemento a esto.
Para terminar, dos enlaces para buscar casa en Berlín:
Y un post relacionado: Usos y costumbres (en Alemania)

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