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La noche que sólo salí "a por cambio"

7 Comentarios

San Sebastián, 30 de agosto de 2007

Esta es la típica anécdota que suele hacerles mucha gracia a los impresentables que tengo por amigos, y cada dos por tres me la recuerdan o me piden que la cuente. Como ayer quien se acordó fui yo, hoy toca dejarla recogida aquí, para la posteridad y todas esas cosas.

Para aquellos que no tengan ganas de escuchar batallitas, voy a darles primero la moraleja, y así se ahorran leer el resto: el peligro nos acecha tras cada esquina, y cuando uno menos se lo espera, va y se arma.

Y ahora, la historia:

Hace unos siete u ocho años, cuando nada hacía presagiar aún que acabaría instalándome aquí, tuve que visitar en varias ocasiones San Sebastián. Solía alojarme entonces en algún hostal, locales que en esta ciudad tienen mucha tradición, ofrecen una calidad muy similar a los hoteles de otros lugares, y resultan una de las pocas cosas baratas que se pueden encontrar en Donosti. En esa ocasión en concreto me alojaba en uno llamado “Hostal Mercedes” (si no recuerdo mal), situado en el Antiguo (no muy lejos de Ondarreta) y regentado por una señora bastante mayor y muy amable.

Mi segunda y última noche de estancia, me surgió el compromiso de salir a cenar para tratar algunos asuntos pendientes del trabajo. Previendo que la cosa podía prolongarse, y que a la mañana siguiente mi bus para Oviedo salía a las 8:30, me pareció prudente llamar a la viejecita del hostal para comentarle el asunto:

-Señora, pasa esto: voy a salir a cenar y posiblemente llegue cuando usted ya esté acostada. Y mañana me voy muy temprano, hacia las 8 de la mañana. ¿Estará usted levantada a esa hora para que pueda pagarle y devolverle las llaves?

La patrona, con toda confianza, me dijo que no había ningún problema, y que simplemente le dejara las llaves y el dinero sobre el escritorio de la habitación antes de irme: 3600 pesetas la noche, por dos noches de estancia, 7200 pelas (el euro aún no había entrado en vigor).

La cena, como yo esperaba, se prolongó un poquito, hasta bien pasada la medianoche. Había sido una jornada muy larga (el día anterior había llegado desde Atenas, y acumulaba casi dos meses de viaje), así que cuando mis compañeros de trabajo me dejaron en el hostal, yo tenía sueño, algo de frío, y me moría de ganas de meterme en la cama y dormir bien para soportar mejor el madrugón de la mañana siguiente. Ansiaba con todas mis fuerzas regresar a Asturias de una vez.

Recogí mis cosas, y dejé sobre el escritorio las llaves de la habitación. Me eché la mano al bolsillo para sacar el dinero y depositar el importe del hospedaje… y aquí vino el problema: sólo llevaba encima dos billetes de 5000 y dos de 2000, pero no tenía nada suelto.

No tener cambio sólo me dejaba dos combinaciones posibles: podía dejar un billete de 5000 y otro de 2000, quedándome corto de 200 pts., o podía dejar un billete de 5000 y dos de 2000, pasándome en 1800, y adiós muy buenas.

Lo de dejar a deber 200 pesetas (“pesetas de las de entonces”,como se suele decir, y que vendrían a equivaler adquisitivamente a 3 o 4 euros de ahora) me parecía totalmente inadmisible dado lo amable y confiada que había sido aquella señora conmigo. Pero dejar 1800 pelas por la cara (pongamos, 20 euros actuales, o viéndolo de otra forma, una propina del 25%), tampoco es que me hiciera mucha gracia: yo tenía 19 años, era más pobre y más tacaño que ahora, y por entonces aquello no era calderilla precisamente.

Uno no puede evitar sentirse torpe y estúpido en situaciones así. Y opté por lo único que se me ocurrió: dejé 7000 pesetas sobre la mesa, devolví las otras 7000 al bolsillo, y salí a tomarme un café en el bar más cercano, para conseguir cambio, regresarme pronto, y dejar liquidado el asunto.

Quienes conozcan esta ciudad sabrán que un jueves, a la una pico de la noche, en el Antiguo no hay forma de encontrar nada abierto. Menos aún si estamos ya en octubre y hace un temporal del carajo. Empecé a caminar sin rumbo, cada vez más puteado, y llegué al paseo de la Concha, que aunque parezca increíble aún no había tenido ocasión de conocer. Seguí caminando y caminando, sin encontrar nada ni nadie a mi paso. Y el viento y la humedad empezaban a calárseme hasta los huesos.

Acabé llegando al otro extremo del paseo, donde está el Ayuntamiento, y guiado por el instinto me adentré en las callejuelas de lo viejo. De repente, fue doblar una esquina y todo el panorama había cambiado. Aquello era territorio comanche: la calle (resultó ser la infame Fermín Calbetón) estaba tomada por los estudiantes y llena de garitos. Un tío que repartía publicidad me puso en la mano un papelito que decía: “fiesta Erasmus, 2×1 en copas”. Y se me ocurrió que podía entrar allí, tomarme algo, y sacudirme el frío de encima al tiempo que alegraba un poco la vista rodeado de rubias y erásmicas jovencitas.

Una de las mentiras más clásicas de la humanidad ya se sabe que es la de: “Tomamos una y nos vamos”. Lo que sigue es por tanto muy previsible: El desmadre que había en aquel antro era tremendo, y poco a poco me fui dejando llevar. El primer 2×1 me lo bebí yo solito, primero una copa y después la otra. El segundo 2×1 –y todos los sucesivos- ya los compartí con la gente que fui conociendo sobre la marcha. Porque ya se sabe que cuando uno sale solo, lo que suele pasar es que te aborden los personajes más frikis del local (así conocí a Aurelie en Berlín, por ejemplo).

Como me sucede con los sueños, no recuerdo mucho de esa noche, más que algunas imágenes sueltas e inconexas que no me permiten reconstruir ninguna historia completa, y mucho menos una historia con sentido. Mis últimos recuerdos antes de las brumas son de una cuadrilla de australianos (australianas, mayormente), y de un hostión en bicicleta. Y mis primeros recuerdos cuando la vista empezó a aclarárseme de nuevo van ligados a un friki autóctono, un vasco brutote y raro, que decía ser doble de actores y especialista en artes marciales, y que yo no sé si estaba loco, drogado, o ambas cosas a la vez.

Bien pasadas las siete de la mañana, y guiado por esa especie de piloto automático que me permite orientarme en ciudades extrañas incluso con las mayores melopeas, desandé mi camino a lo largo del paseo de la Concha y conseguí encontrar el hostal.

Entonces me acordé, como si fuera un chiste, de por qué había salido esa noche. Y me invadió una sensación de pánico. Empecé a palparme los bolsillos con el presentimiento de haber canjeado por alcohol todo el dinero con el que había salido.

Por suerte en el fondo de los bolsillos, junto a las pelusillas que habitan esos lugares, tintineaban algunas monedas. Conseguí reunir en calderilla las 200 pesetas que me faltaban para, junto con las 7000 que había dejado en la habitación, pagar el alojamiento, e incluso me sobraban unas moneditas para tomar el autobús hasta la estación.

Fue una de las salidas más surrealistas y estúpidas de mi vida. “A quién vas a engañar: no cuela la excusa de que ‘saliste a por cambio'”, decían los amigos que fueron a recibir lo que quedaba de mi cuando llegué a Oviedo.

Pero como decíamos al principio, cuando uno menos se lo espera, va y se arma. Por no hablar de que algunas personas parecen tener un imán para atraer a los frikis y verse envueltas en situaciones rocambolescas. Yo en concreto, parezco un Triángulo de las Bermudas andante.

Categorías: chorradas · donosti · personal · recuerdos

7 respuestas hasta el momento ↓

  • 1 luis // 30.Ago.2007 a las 8:08 pm

    Ye David,

    sólo decir que da gusto leerte. Na’ más. Porque da como cierto sentimiento de culpa asomarse por aquí para leer tus historias sin dejar algo a cambio. Aunque sólo sea una felicitación, ahí queda…

    Saludos

  • 2 Rosario // 30.Ago.2007 a las 8:57 pm

    Játtedejoder!!!! Como diría mi papá… jajajaa, que historia! Le hubieras dejado la propina a la señora y dormido bien!!!! Pero claro, no da decir esto ahora!

  • 3 David Llada // 30.Ago.2007 a las 10:44 pm

    Luis, te envié mis saludos por email. Es bonito recibir muestras de simpatía así.

    Ro, no se me olvida que te debo una respuesta, en la pregunta que me hacías sobre lo del ajedrez. Estaba esperando a tener un ratito, porque ya de paso, igual escribo algo sobre el tema.

  • 4 José Daniel Gonzalez Luna // 31.Ago.2007 a las 5:45 am

    bueno pues, como decimos en México: Lo bailado nadie te lo quita, son buenas experiencias para los nietos!

    BTW es una lástima que los paises de la UE perdieran sus billetes, aunque comprobè que el Euro les ha venido (y a nosotros los turistas tambien) a facilitar mucho las cosas por Europa… me llamó mucho la atención ver ese billete de 2000 pesetas, eran muy bonitos.

  • 5 Anonymous // 31.Ago.2007 a las 12:22 pm

    Ja ja. Buena prosa gran LLadini.Me has amenizado esta mañana brumosa :-).

    Por cierto, en una horita parto a tirar Logroño, donde para variar, la liamos en la famosa Copa de la Rioja hace, también para más paralelismos con tu anécdota, 7 o 8 años.

    En fin, dejate de hostias, tu la liabas siempre hace 7 o 8 años 🙂

    Y el que tuvo retuvo…………..

    Flonchi.

  • 6 David Llada // 31.Ago.2007 a las 12:33 pm

    Flonchi, el que retuvo seguramente se pase por Logroño esta noche. Que no os pille desprevenidos.

  • 7 Patty // 31.Ago.2007 a las 7:08 pm

    Por alusiones…

    ¿Conozco a alguien que cumpla eso que dices en el último párrafo?

    Cabrones!!! Pobre Logroño!!!! Aunque ahí yo creo que ya me pararon todos los frikis de la ciudad xDDDD

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