Londres, 8 de Julio de 2007 /
Pravia (Asturias), 14 de Julio de 2007
Ha quedado abierto en este blog el viejo debate entre turistas y viajeros. Y no es exactamente mi intención denostar el término turismo ni que sus practicantes salgan mal parados recibiendo palos desde todos los frentes. Más bien trato de reflexionar en voz alta –y quizá, hacer reflexionar-, para intentar entender el auge de un fenómeno que, personalmente, no comprendo del todo.
Intentaré explicar primero mi propia experiencia:
Yo prácticamente siempre he viajado por trabajo. Cada vez que me he subido a un avión, un tren o un autobús, al otro lado del trayecto había una finalidad, un propósito, un encargo que cumplir. A eso me he acostumbrado desde que empecé a arrastrar mis maletas por ahí (que la verdad, tampoco hace tanto).
Obviamente, siempre hay espacio para buscar el disfrute, y más estando lejos de casa y en un país distinto, con lo estimulante que resulta eso. Arañar en el programa una mañana libre para visitar algo de interés, una salida a cenar en algún lugar pintoresco, o incluso reservar un par de días al final del trabajo para explorar el territorio antes de poner rumbo de vuelta a casa, es algo que siempre he luchado por obtener. No vamos a negar que eso es uno de los mayores alicientes de llevar una vida así (frente a los muchos inconvenientes que tiene, no tan evidentes visto desde fuera).
Aunque el tiempo de ocio en este tipo de viajes puede resultar a veces prácticamente inexistente, se hace mucho más intenso. No hay nada como estar trabajando en un lugar para sumergirse en él verdaderamente y, de alguna forma, “sentirlo”, “vivirlo”, o ser integrante de él por un breve tiempo. No lo estás viendo a través del cristal de una pecera, sino que estás temporalmente dentro de ese mundo distinto al que ves y vives todos los días.
También es cierto que, en mi caso, el trabajo era muchas veces algo secundario con respecto a la experiencia. Quiero decir: he aceptado muchos encargos que no me reportaban apenas ningún beneficio desde el punto lucrativo, pero me permitían realizar un viaje interesante. Pero para mí, el que exista una finalidad, un propósito, resulta un componente imprescindible a la hora de emprender cualquier viaje.
Por ejemplo, he visitado las Olimpiadas de ajedrez en Bled (Eslovenia 2002), Calviá (Mallorca 2004) y Turín (Italia 2006). Con excepción de las celebradas en Mallorca, en las que tuve que hacer una exigente cobertura diaria, en las demás no es que tuviese gran cosa que hacer, precisamente. Podría decirse que era un simple viaje de ocio para coincidir, en un ambiente bastante festivo, con un montón de amigos. Y sin embargo, me marcaba un propósito: cada año he tratado de fotografiar a todos los participantes para crear un gran archivo de imágenes, de las que ir echan mano durante el año vendiéndolas a revistas especializadas. Sin esta pequeña parte de “obligación”, el viaje perdería todo el sentido para mí.
Creo que las ocasiones en las que he hecho un viaje “puramente de placer” son muy pocas. Fui cinco días a Estambul estas navidades con Cindy, y en 2003 hice un interrail con mi novia de entonces por toda Europa. A Noruega fui en 2004 con el único propósito de visitar a alguien, pero nada más. Y quizá haya hecho alguna visitilla más que no recuerde. Pero básicamente eso es todo.
En vista de cómo han sido las cosas para mí, ahora no podría ir a una agencia de viajes y encargar un billete de avión a un sitio donde no se me haya perdido nada. Ni siquiera aunque sea el lugar más maravilloso de la tierra y me muera de ganas de conocerlo; preferiría esperar hasta que surja la oportunidad de ir a hacer algo allí.
Pero yendo sin motivo me sentiría tremendamente estúpido, llegando a un país nuevo sin nada que hacer allí, vagando falto de rumbo. No le encontraria sentido a mi presencia en ese lugar, y probablemente sentiría la sensación de marcharme, porque al tercer día como máximo estaría aburrido.
Supongo que será cosa mía, que no sé estarme quieto, y siempre quiero “aprovechar para…”

4 respuestas hasta el momento ↓
1 Anonymous // 19.Jul.2007 a las 7:38 pm
el turismo a cambiado (a peor) el mundo ¿alguna idea para acabar con el? pessoa
2 Anonymous // 20.Jul.2007 a las 11:08 am
Los conocimientos de ortografía en el mundo an cambiado (a peor), ¿alguna idea para mejorarlos?
3 Anonymous // 20.Jul.2007 a las 5:07 pm
sobre las reglas de ortografia: el problema d los arbitros es q conocen las reglas, pero desconocn el juego. las reglas te las dejo todas pa ti, preocupate por las haches, nada mejor hay qu hacer
4 Rosario // 25.Jul.2007 a las 6:44 pm
Hola David!
Pase por aca y encontre esto. Estoy de acuerdo con vos en muchos puntos. A mi tambien me parece que nada como trabajar en un lugar y quedarse un tiempo como para conocerlo de verdad. Nunca me meteria en un tour del tipo conozca 20 paises en 10 dias ni nada por el estilo. Casi que no voy a museos, prefiero conocer mas cafecitos y cosas cotidianas.
Ademas no creo que me fuera tan facil (en su momento, ahora con dos hijas chiquitas imposible) viajar por ahi consiguiendo trabajos (menos aun legales). Pero si me interesa viajar y conocer distintos paises. No creo que tenga nada que hacer en Japon, por ejemplo. Ni leer los carteles podria! Sin embargo me gustaria muchisimo ir para aprender lo mas posible de esa cultura. Que se yo.
Si lo que te pasa es que necesitas tener algo que hacer, escribi un blog tipo diario de viajes y listo! jajaja, te solucione el problema o tambien se te habia ocurrido esta tonteria?
Un beso, Rosario
(si tenes ganas fijate que empece otro blog, sin mucho tema mas que fotos que saco por la calle a lo paparazzi! www.segunpatala.blogspot.com)
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