París, 6 de junio de 2007
Los ascensores
Para mí, sus ascensores son uno de los signos distintivos de París. Una peculiaridad incómoda pero entrañable, al igual que lo es en Inglaterra la omnipresente moqueta o la absurda existencia de dos grifos en los lavabos (uno de agua caliente y otro de agua fría; para obtener una mezcla templada hay que buscarse la vida).
Obviamente, no me refiero a los ascensores que se pueden utilizar en los hoteles modernos o los edificios públicos, similares a los de cualquier otra parte del mundo. Yo hablo de otros: los que sólo se encuentran en los domicilios particulares o, si acaso, en algunas viejas pensiones (Es posible que quien haya ido a París puramente como turista nunca haya visto ninguno, porque además ni siquiera salen en las películas).
Estos viejos cacharros que tanta gracia me hacen son algo más parecido a un montacargas que a un ascensor para personas. Fueron habilitados ¿a mediados del siglo XX? en edificios de mayor o menor antigüedad, pero que ni mucho menos fueron construidos teniendo en mente la posibilidad de una instalación de este tipo. Y ya se sabe además que las reformas en los edificios históricos están limitadas por normas muy estrictas que impiden modificar demasiado su estructura. Así que hubo de recurrirse al único y angosto espacio disponible: el hueco de las escaleras.
El resultado son unos ascensores prácticamente unipersonales, en cuyo inquietante interior la sensación es la de estar dentro de un ataúd. Alguno he visto en el que incluso había que entrar de lado. La mayoría de las maletas estándar no caben a no ser que se coloquen en vertical, y dos personas a la vez normalmente tampoco, salvo que estén muy delgadas o no tengan mucho reparo en apretarse*.
Todavía recuerdo cuando me planté con mis maletas en París, en plan okupa en casa de una chica, y vi por primera vez uno de éstos. Aluciné. En el primer turno subió ella, en el segundo las maletas, y por último pude subir yo, con los brazos pegados al cuerpo y conteniendo la respiración. La tía vivía en la buhardilla de un edificio de 5 pisos; pero yo evité en lo posible volver a usar el ascensor durante el resto de mis días allí.
*(sí: son un lugar excelente donde romper la barrera del contacto físico y lanzar el abordaje final contra la chica a la que queramos llevarnos al huerto. La de primeros besos que se habrán dado en ellos…)
Los paseos
Pasear por París es un deleite para la vista. La capital francesa es una de las ciudades que mejor conozco –a pesar de que no pasé mucho tiempo en ella-, precisamente porque me la recorrí de arriba a abajo de la mejor forma posible: a pie. Recuerdo haber pasado horas y horas caminando bajo el sol y eso, a lo largo de los varios veranos que la visité, suman muchos kilómetros de sus calles en total. Además, es una de las pocas cosas que se salen gratis en París. Y yo, como turista, siempre he sido un turista a lo pobre.
Sin embargo, imagino que aún mejor ha de ser recorrerla en moto o en bicicleta. Porque las distancias que se ven en los mapas son muy engañosas. Sus calles y sus manzanas de edificios son tan monumentales que, lo que parece estar a la vuelta de la esquina, está en realidad a un par de kilómetros.
Por tanto, un consejo que doy a todo el que visita la ciudad luz en verano es: lleva calzado viejo y cómodo.
La Torre
La primera vez que fui a Paris no llegué a ver ni la sombra de la torre Eiffel: el mío debe de ser un caso único en la historia. Pero fue el típico viaje relámpago de trabajo, con reunión en una empresa de las afueras, y vuelo de regreso a la mañana siguiente. “París siempre estará ahí, ya tendré ocasión”, pensaba. Luego vino lo del 11 de septiembre y me alarmé: “Mejor no dejarlo correr mucho, por si acaso”.
Para mi gusto, la torre Eiffel luce muchísimo más en los días de lluvia y niebla, cuando el cielo está gris. Creo que es entonces cuando su esbelto perfil parece aún más alto, y la torre da la impresión de ser un monstruo inmenso, irreal y muy distante, que hunde su cabeza en las nubes. En cambio, bajo la luz del sol en un día despejado, pierde gran parte de su encanto. La diferencia es como cuando idealizamos a una mujer a la que conocemos de noche y llevando cuatro copas encima (con ese halo de misterio que consiguen darse las cabronas), con respecto a verla a la mañana siguiente, cuando la inoportuna luz directa te hace ver que no estaba tan buena como pensabas, y te devuelve a la realidad de que te has follado a una simple mortal y no a una diosa.
Siempre he preferido las fotos en blanco y negro que a color, y tratándose de París, mucho más aún.


7 respuestas hasta el momento ↓
1 Anonymous // 10.Jun.2007 a las 8:31 pm
y pensar que esas cosas las podía haber vivido de primera mano y con un buen guía hace una semana escasa…ayssss
2 Pilix Forever // 10.Jun.2007 a las 9:09 pm
Yo pasé tres meses de mi adolescencia en París. Cumplí allí los 15 años y lo cierto es que me impactó tanto que casi puedo decir que cambió mi vida. Gente de todos los “colores”, mucha gente, independencia, no sé… yo iba de un barrio obrero y me vi allí, en el centro de la moda y la modernidad… Cambió mi vida. Primero, porque me aburrí mucho (estaba con mi tía, ella trabajaba y mi prima estudiaba, así que pasaba casi todo el día sola: así me aficioné a la lectura). También me aficioné a la música española… escuchando una y otra vez las cintas que mi tía conservaba de España… Mocedades, Perales, … y lloraba de añoranza, la verdad. No es que sea una patriota pero escuchar español me emocionaba.
Y, sobre los ascensores, mi tía vivía en uno de esos edificios de los que hablas,un piso con chimenea, parquet y grandiosos ventanales. ¡Y ascensor!: aquel ascensor cuya puerta era puro hierro, aquellos ruidos… pavoroso. No lo cogía nunca. Subía las escaleras de caracol del edificio… En fin, paro que me emociono.
Qué tiempos aquéllos!
3 jesgar // 10.Jun.2007 a las 10:53 pm
Menos mal que alguien coincide conmigo en cual es la mejor vista de la torre Eiffel y no la de día despejado (aunque la de noche iluminada no está mal). Me preocupa eso de coincidir en algo contigo …
Quizá por el influjo de la torre a mi París me parece más la ciudad del hierro y de los cementerios. El hierro bien visible lo hay por todas partes, en los edificios, en las paradas de metro (¿Bir-Hakeim tiene algo de ladrillo?), en el mobiliario … por todas partes. Y de los cementerios pues que decir de ellos que en París debe dar hasta gusto morirse con esos cementerios que se gastan y tanto ilustre criamalvas. París, al única ciudad donde los turistas se acercan a visitar la tumba de algún ilustre desconocido y no se ponen de acuerdo en a quién visitar.
4 David Llada // 11.Jun.2007 a las 3:12 am
Bir-Hakeim es para dedicarle un reportaje fotográfico entero; se parece a muchas de las paradas del s-bahn de Berlín, pero con un toque mucho más gótico. Yo siempre le recomiendo a la gente que viaja en tren (vía Montparnasse), que lo primero que haga sea tomar la línea 6 de metro (la verde) en dirección a Trocadero, y disfrutará de una ‘primera vista’ de la torre muy bonita, viéndola aparecer entre los edificios desde esta línea de metro elevada.
Y sobre los comenterios, también estoy de acuerdo (y van dos!). Los de Londres me gustaban aún más, la verdad. Pero el de Montparnasse también merece mucho la pena. Precisamente esta vez, que viajé en tren (desde San Sebastián sale mucho más a cuenta), maté la espera antes de tomar el tren de vuelta yendo a pasear por allí, y concretamente, visitando la tumba de la persona que sale en prmer lugar en su lista de celebridades: un tal A. Alekhine
5 jesgar // 11.Jun.2007 a las 11:34 pm
Visitando la tumba de Alekhine te llevas el orgullo ajedrecero de que es la primera celebridad citada hasta que descubres que es por el orden alfabético
Pero tres coincidencias ya, cualquier día estaré hasta de acuerdo con Artus en algo
De todas maneras como cementerio me gusta más Pere-Lachaise, vale que no está en Montparnasse pero …
Lo de Bir-Hakeim es muy curioso, la primera vez que la vi me pareció una estación muy decrépita. Pero poco a poco va apareciendo el encanto y acaba pareciendo un escenario franco-victoriano de una novela de Verne.
6 Celebes // 27.Jun.2007 a las 10:29 pm
Voy a viajar a París próximamente y me han encantado tanto el texto como la foto que lo acompaña.
7 David Llada // 27.Jun.2007 a las 11:01 pm
¿Cuándo te vas a París?
Tenía pensado sacar una segunda parte de apuntes sobre la ciudad…. (y ahora como no lo haga me voy a sentir culpable!)
Ah, y fotos tengo un taco más en Flickr:
http://www.flickr.com/photos/davidllada/sets
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