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Alguien voló sobre el nido del cuco

6 Comentarios

Berlín, 24 de febrero de 2005

Alguien voló sobre el nido del cuco es una de las pocas obras que figurarían al mismo tiempo en mi lista de libros y de películas favoritas. De hecho, si tales listas existieran, probablemente estaría en el top-ten de ambas categorías, un honor sólo compartido con El club de la lucha.

El libro lo leí por primera vez cuando tenía como 10 años. Fue una etapa en la que yo absorbía todo como una esponja y, una vez había acabado con toda la literatura “juvenil” que había a mi alcance, el mono de lectura me empujó a echar mano de las libros para mayores que encontraba en las estanterías de mis padres (Papillón, Tuareg, Manaos, El cazador de barcos, y cuatro o cinco títulos más).

Por algún motivo, el libro me gustó mucho. Obviamente, el nivel cultural que yo tenía a esa edad no me permitió captar (identificar, más bien) todas las alegorías de tipo político y social que encierra esta novela. Pero intuí que detrás de aquella historia de locos encerrados en un manicomio, de la rebeldía de McMurphy y del progresivo despertar del silencioso gigante indio, había algo más.

Quizá lo intuí porque en aquella época el colegio ya se estaba convirtiendo en una tortura para mí, y de alguna forma me identifiqué con las sensaciones de opresión causadas por el sistema, con su falsa fachada que te intenta convencer de que es por tu bien, y con la necesidad imperiosa de volar por mí mismo en otra dirección. Años más tarde, en plena adolescencia, y con un montón de nuevas inquietudes adquiridas, sentí el impulso de volver a leerlo, y en esa ocasión ya pude apreciar y entender el libro en toda su amplitud. Fue casi como una revelación.

Por cierto, y para quien desconozca este detalle, Ken Kesey escribió esta novela poco después de su experiencia como voluntario en unos experimentos sobre drogas psicodélicas (LSD, mescalina, peyote, etc.) que los psiquiatras de un hospital californiano ensayaban para futuros usos terapéuticos. Corría el año 1960, Kesey era estudiante universitario, y la oportunidad de drogarse libremente y que encima le pagasen por ello imagino que era demasiado buena como para dejarla escapar.

En cuanto a la película, qué se puede decir. Milos Forman tuvo a su disposición a unos actores magníficos (el papel de McMurphy parecía estar hecho a la medida de Jack Nicholson), y no sólo consiguió trasladar a la pantalla las alegorías del libro y el ambiente opresivo que éste describe, sino que creó una obra maestra por sí misma. Es una película que por momentos resulta desternillante, enternecedora y, sobre todo, reveladora. Si el colegio fuese -como debería ser- un lugar donde te enseñen a pensar por ti mismo, esta película debería ser recomendación obligatoria por parte de los profesores a sus alumnos.

San Sebastián, 27 de mayo de 2007

El miércoles pasado la he visto por tercera vez. Y como sucede con las películas buenas (también con los libros), he podido encontrar cosas nuevas en ella. Pequeños detalles o matices que antes había pasado por alto y que ahora, bien por haber evolucionado como persona, o bien por estar rodeado de nuevas circunstancias, me han dicho algo nuevo.En este caso, mi atención se detuvo en la escena en la que la Srta. Ratched invita a los enfermos a decidir mediante votación una revolucionaria propuesta de McMurphy (que les permitan ver los campeonato de beisbol en televisión).

Esa escena es un inmejorable retrato de la parodia de democracia en la que vivimos. Una democracia que supone una cruel burla del sistema hacia las personas que lo integran. Una democracia coja hecha de migajas, con la trampa que supone hacernos creer que por poder meter una papeleta en una urna cada cuatro años ya hemos alcanzado las más altas cotas de libertad y autodecisión. Una democracia en la que cualquier listo instaurado en un poder superior –llámese Bush, Castro, Putin, o los autores de la “ley de partidos”- puede cambiar las reglas del juego a su favor en cualquier momento.

Supongo que, estando como estábamos en plena campaña electoral, viviendo en Euskadi, y leyendo a diario las noticias que ocurren por estas tierras con ANV y demás, era inevitable que mi atención se centrase en esa escena de la película. Y era inevitable también que, el haber visto Alguien voló sobre el nido del cuco justo en ese contexto, me haya empujado a reafirmarme una vez más en mi postura de no participar en esta farsa. Nunca hasta ahora he votado en unas elecciones, y quedó decidido que hoy no iba a ser la primera vez.

Categorías: libros · películas · personal

6 respuestas hasta el momento ↓

  • 1 Pilix Forever // 27.May.2007 a las 1:27 pm

    Pues yo ni he visto la peli ni leído el libro… será cuestión de apuntarlo a esa eterna lista de libros “para leer antes de morir”.
    Lo de votar: me lo estoy pensando… no sé si ir o no… ya veremos.

  • 2 lasalamandra // 29.May.2007 a las 2:34 pm

    Me gusta mucho haber llegado a esta lectura Madura.

    Besos para el novio.

  • 3 Remora // 30.May.2007 a las 4:41 pm

    Buenas soy el subnormal del Bertol
    hablando de libros y cine, ke me dice de Lunas de Hiel? La pelicula por descontado es una bomba pero el libro me gusto mucho es facil de leer.
    Bueno creo ke igual voy a ser las pesadilla de los blogs “asturianos” y es ke teniendo tanto blogs pa decir chorradas pa ke molestarse en hacer uno?
    Saludos y si un dia volvemos a jugar ya sabes como kedaremos no?
    El del Centro Reto

  • 4 David Llada // 30.May.2007 a las 4:58 pm

    Santiago Bertault?

    Madre de dios.

    Esto sí que es un “reencuentro en la tercera fase” ;-)

  • 5 David Llada // 30.May.2007 a las 5:01 pm

    Con la emoción de descubrir que sigues vivo (y, probablemente, cubateando), se me olvidó responderte:

    De Lunas de Hiel ni he visto la peli ni he leído el libro. Así que la pongo en la mula y cuando tenga ocasión ya te diré. Gracias por la recomendación.

  • 6 Patty // 1.Jun.2007 a las 10:33 am

    Pues estoy inmersa en la lectura de tan magno (con pacharán) libro, ya te contaré cuando lo termine.

    La peli la dejo para después de leer el libro, como siempre.

    El Bertroll también me ha dejado un saludo a mí. Tiemblo… xD

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