Newcastle, 25 de septiembre de 2005

Frente a la masiva irrupción en el mercado de productos fabricados a bajo coste en China los industriales europeos cuentan con dos opciones: lamentarse y clamar por el establecimiento de nuevos aranceles, o prepararse cuanto antes para competir bajo las nuevas reglas del juego que marca el gigante asiático.
Esta lucha es especialmente cruenta en el sector del calzado, una industria en la que tradicionalmente España y los Estados Unidos eran los productores punteros hasta ser desbancados por China, que desde hace dos años se ha erigido como primer fabricante mundial. Basta mencionar como ejemplo ilustrativo la ciudad de Quanzhou, en la costa este del país, cuyas más de cuatro mil factorías –en su mayoría de capital extranjero- emplean aproximadamente a medio millón de trabajadores de este sector. De sus fábricas sale nada menos que 42% del calzado que se produce en todo el mundo, y el 36% del que se exporta globalmente.
¿Se puede competir contra este Goliat industrial? Según algunos empresarios, sí. Es el caso de Carlos Gil, representante de la marca calzados que lleva su nombre, y que lleva la mayor parte de su vida dedicado a la producción y exportación de este producto: a los 17 montó su primer negocio, y a los 20 ya era dueño de una fábrica en Estonia.
Con un excelente conocimiento del sector, Carlos indica que el primer paso para salir de la crisis es la autocrítica. “No se puede ser competitivo empleando maquinaria obsoleta y personal poco cualificado, en pequeñas empresas de carácter familiar y sin medios de producción para atender grandes pedidos. Y lamentablemente, así es como se encuentra el sector de fabricación de calzado en España e Italia”, indica. También achaca la crisis actual a la falta de redes de distribución adecuadas: “En los años 60 y 70 esta función se delegaba innecesariamente en manos de empresas distribuidoras, norteamericanas en su mayoría, que al conseguir mejores precios en las factorías chinas se fueron allí. En España nos quedamos con fábricas pero sin red de ventas”, explica.
Localizados los males, apunta varias soluciones. “Hay que mejorar la gestión. Formar a profesionales de la distribución de los que ahora carecemos, especialistas que abran mercados al producto adecuado en el lugar correcto, ingenieros que planifiquen fábricas y sistemas de producción más eficientes, diseñadores que sepan crear teniendo en cuenta el proceso de elaboración”, enumera. Y pone un ejemplo práctico: “No se puede fabricar a la vez sandalias, botas y zapatos en la misma cadena de producción, es un disparate. Si se planifica debidamente, se puede dedicar una semana a producir cada tipo de calzado distinto, por rotaciones, aumentando de manera enorme la eficiencia y abaratando el proceso”. A fuerza de aplicar todos estos sistemas, su empresa ha reducido costes en un 35% a lo largo del último año.
También es importante asumir las limitaciones frente a China, que sí son innegables en ciertos productos. Por ejemplo los sintéticos o los que implican un gran porcentaje de mano de obra. Pero en un zapato medio, de piel, los costes de producción se reparten aproximadamente al 50% entre materia prima y mano de obra, “y ellos sólo pueden arañar ventaja en el 50% correspondiente a la mano de obra. De manera que, como mucho, pueden lograr un producto un 30% más barato que el fabricado en España, y nosotros tenemos otras ventajas y recursos para contrarrestar ese porcentaje”, explica Carlos.
Estas ventajas no se limitan sólo a los costes de transporte, sino también a los plazos, algo fundamental cuando se está hablando de un producto de moda: Mientras un envío marítimo tarda dos meses en cubrir el trayecto de Asia a Europa, el transporte por carretera permite mover el mismo volumen en apenas tres días. Pero además hay que tener en cuenta la flexibilidad que se le puede ofrecer al cliente para fabricar series más pequeñas, aceptar pedidos más pequeños, o encargos más específicos en cuanto a talla y color. “El fabricante europeo se adapta al cliente de una forma que no lo puede hacer China, reacciona antes a las modas, y además es el que marca las tendencias: los mejores diseñadores se siguen encontrando en España e Italia”, afirma Carlos. El punto fuerte de los fabricantes asiáticos se encuentra en la producción en serie, lo cual, aplicado a un producto de moda, no da buen resultado: “La oferta en el mercado se ve reducida, y el consumidor no acepta que se vean reducida la variedad de calzados entre los que elegir”.
Los clientes a los que Carlos Gil provee se muestran de acuerdo. Algunos, como Peter, el propietario de Davina Fashion Shoes -una cadena con más de 15 establecimientos en Londres- incluso señalan ventajas adicionales. “En ocasiones he importado de China zapatos de tipo medio, a un coste inferior al europeo. Y en el mejor de los casos he vendido el mismo número de unidades, pero a ofreciéndolas a menor precio debido a la diferencia de calidad. Y eso no es rentable, porque los márgenes con este método resultan ser menores”.
(Le perdí la pista a este artículo, y no sé dónde salió publicado finalmente. Pero a los pocos meses de escribirlo tuve que viajar a China por otros asuntos, y me alojé en casa de unos amigos que se dedican precisamente a la industria del calzado. Fue muy interesante contrastar lo desarrollado en el artículo con la realidad que se vive allí)

3 respuestas hasta el momento ↓
1 Rob. // 16.Abr.2007 a las 5:45 am
Se habla mucho de los costes de mano de obra como una variable a la hora de competir en precios en este sector o en el de la ropa en general, pero lo que mas incide en el precio son los margenes de beneficios con los que juegan las distribuidoras.
Hace no muchos meses compré cierto artículo y la dependienta tiró la etiqueta antes de hacer el tiquet. Buscó en el ordenador el artículo y allí aparecian entre otras cosas el precio de coste (para la tienda) y el precio de venta, y pude comprobar que superaba el 300%. Esto sucedía con un juguete, en el caso de las prendas de vestir (según una amiga que trabaja en ese sector) los márgenes son mucho mayores aún.
2 marmolillo // 16.Abr.2007 a las 10:19 am
Lo de luchar con los porcentajes está demostrado que no sirve de nada. Es como pensar que los chinos no pueden apurar aún más su cadena de montaje o mejorar su eficiencia. Al final hay que rendirse a la evidencia, es un periodo de lucha en que el esfuerzo no acaba compensando.
Desde luego, lo importante no es tener productos baratos, sino saber venderlos, por ahí si hay margen de esperanza.
En el futuro hay dos puntos que pueden hacer que China pierda cuota de mercado: el político, si los países empiezan a tener enemistades con China; no te puedes fiar de que te haga los zapatos un país enemigo. China por ahora no está dando ni un ruido, pero tiempo el tiempo.
El otro es el petróleo, porque los gastos que se ahorra China en mano de obra se van en gasolina de aviones y barcos, y no son pocos litros. Sólo les compensa porque manejan volúmenes gigantescos y porque el petróleo está barato, pero en caso de crisis los volúmenes bajarán y el petróleo subirá, y ahí pueden verse seriamente perjudicados los márgenes.
En el escenario apocalíptico del peak oil, China pierde su poder como “la fábrica del mundo” pasando a fabricarse en forma regional o local.
3 guillembaches // 16.Abr.2007 a las 11:02 pm
Ya sabes que para mí tu blog no tiene precio. Pero..
¿Cuanto dirias que vale?
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