San Sebastián, 24 de marzo de 2007
Hace unos días me encontré en el buzón una postal enviada desde París. No era una declaración romántica, ni evocaba un acento sexy o un perfume de mujer; pero me hizo ilusión recibirla porque destilaba originalidad y simpatía. Y también porque su remitente era Fernando Arrabal, el dramaturgo, quien quería agradecerme así el que le hubiera hecho llegar (qué inmodestia por mi parte) una copia del librito que escribí sobre Karpov.
Me cae bien Arrabal, este hombre bajito con cara de geniecillo simpático y travieso. Coincidí con él en un par de torneos de ajedrez –aunque él no lo recordará- donde me lo presentaron y tuvimos ocasión de charlar, y me gustó su timidez y su exquisita cortesía. Desde entonces, intercambio con él muy de tanto en cuanto algún email, ya que aparte de compartir afición, también colaboramos con el mismo periódico y en su columna son frecuentes las alusiones al ajedrez.
Aquí en España Fernando es conocido –más que nada- por el tremendo pedo que se agarró una vez en directo en el programa de Sanchez Dragó (véase el famoso vídeo), y que dio con sus huesos en el hospital. “Por aquella época yo no bebía, pero en ese plató no había agua, sólo vino”, se excusa. El alcohol suele sacar muchas veces lo que hay de verdad dentro de nosotros, eliminando las fachadas: quien es un violento, se mostrará agresivo; el que es alegre, reirá; quien no es feliz, tendrá una borrachera depresiva; el que es bruto quedará en evidencia como un animal. A mi la borrachera de Arrabal, aparte de un desternillante escándalo, me parece tan inocente y enternecedora como la que se pilla el niño pequeño de la familia cuando bebe a escondidas en la cena de nochevieja o las fiestas del pueblo.
Sus verdaderos logros sólo han sido reconocidos fuera de este cainita país. Por eso nunca está de más recordar algunos de los méritos del dramático/dramaturgo Fernando Arrabal, quien, a los diez años –en pleno franquismo-, ganó un premio nacional de superdotados. “La inteligencia es lo más terrible que dios puede darnos”, cuenta él cuando se le pregunta por ese momento. “La vida es una frustración constante. Yo tengo un certificado de frustración, que es el hecho dé escribir. Cuando estuve en la cárcel de Carabanchel, Beckett escribió: Suelten a Arrabal, porque es mucho lo que tiene que sufrir un poeta para escribir; no añadan nada más a su propio dolor’. No se escriben poemas de amor porque se es correspondido, sino porque se está frustrado”.
Fernando es fundador del llamado ‘movimiento pánico’, además de poseedor de un premio Nabokov de novela, de un Nadal, del Gran Premio de Teatro de la Academia Francesa, del premio Espasa de ensayo, del World’s Theater americano, recibió la Legión de Honor Francesa y fue finalista al premio Nobel en 2005. Todo eso –que se dice pronto- además de ser el autor vivo más representado del mundo.
Son reconocimientos a los que Arrabal no presta mucha atención. “Nunca leo periódicos. Cuando lo hice, me mancharon los dedos y el alma”, afirma. Supongo que especialmente tiñosos deben de resultarle los diarios de su propio país.
De izquierda a derecha: Jacques Prévert, Jean Dubuffet, Andrés Onna, Marcel Duchamp, Gustavo Charif, Michel Leiris, Max Ernst, Raymond Queneau, Joan Miró, Alfred Jarry, René Clair, Boris Vian, Eugéne Ionesco, Man Ray, Jean Baudrillard, Fernando Arrabal, Dario Fo, Thierry Foulc, “Crocodilo”, Luce Moreau y Umberto Eco.



3 respuestas hasta el momento ↓
1 mrmllo // 26.Mar.2007 a las 1:32 pm
“hecho dé escribir” (ese hecho es sin hache).
No es cierto que Arrabal no esté bien considerado en España. En el texto de referencia de los cursos universitarios sobre el teatro contemporáneo (César OLIVA y Francisco TORRES MONREAL (1990): Historia básica del arte escénico (Madrid: Editorial Cátedra).), Arrabal ocupa su mención entre los grandes (y no “entre los grandes españoles”).
¿Cómo se obtiene el reconocimiento en España? ¿Saliendo en televisión? ¿Cuando le ponen tu nombre a calles? ¿Obteniendo subvenciones? Me imagino que no hay mayor reconocimiento para un artista que se sigan representando sus obras.
2 David Llada // 26.Mar.2007 a las 2:05 pm
Gracias por la corrección, aunque me parece que te equivocas: Los hechos, derivados del verbo hacer -en este caso, el hecho equivalente al acto-, siempre llevan hache. Los que no la llevan son los del verbo echar: http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=echar. Lo que sobra ahí es la tilde del “dé”.
Para mí el “reconocimiento” es una adecuada combinación entre el reconocimiento académico (crítica, premios, honores…) y el popular (ser leído, visto o representado, tener una corriente de seguidores). Ambos, por separado, están cojos cuando les fata el otro (insisto: en mi opinón).
En el caso de Arrabal, del primero creo que en España aún le falta un poco, y de segundo aún más. Cierto que sus obras se reprensentan aquí, pero todo va a tirón de lo que hace en Francia.
Me parece un ejemplo más de una actitud que encuentro a menudo: “si en el extranjero dicen que es tan importante, vamos a mencionarle, no vayamos a estar haciendo el rídiculo”. Aunque luego ni se comprenda ni se aprecie realmente su obra.
No creo que sea prejuicio mío: me encuentro casos así a diario.
Tenía unos amigos asturianos viviendo en Londres que habían montado un grupo de música, y editaron un album con título y canciones en inglés. Se interesaron por organizar algún concierto en España, y en un par de ocasiones les contactó algún promotor que, al descubrir que eran españoles, no pudo ocultar su decepción.
3 George // 26.Mar.2007 a las 3:36 pm
Hasta yo en el Insti protagonizé “Picnic” una obra teatral muy conocida de el..
saludotes
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