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San Sebastián, 17 de febrero de 2007

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La última vez que escribí por aquí hablaba de mi libro, como Umbral. Pues bien, hoy vuelvo a la carga: si nada se tuerce –y pondré mi empeño en que así sea- una versión ampliada se publicará también dentro de unos meses en inglés. Será algo así como una segunda oportunidad muy gratificante, porque ese libro se escribió con una gran premura de tiempo, sin ocasión de revisar nada, y pese a la ilusión que me hizo publicarlo me quedé con la incómoda sensación de que bajo otras circunstancias podría haber hecho algo mucho más bonito y trabajado. Ahora, mientras alguien va traduciendo los capítulos que están más completos, yo dedicaré mis ratos libres a revisar y ampliar los que se quedaron más flojos. También espero que el diseño sea algo mejor.

Continuando con el autobombo (a este paso incluso a mi abuela le dará vergüenza ajena): Esta semana hemos lanzado el proyecto en el que he venido trabajando los últimos meses, Soloapuestas.com. Se trata de una web de información deportiva enfocada a los pronósticos: diferentes expertos harán un análisis de los eventos deportivos más interesantes, de sus cotizaciones en las diversas casas de apuestas, y ofrecerán una recomendación para los aficionados a esta nueva alternativa de ocio. Ocio o, según como se vea, mercado de inversión de alto riesgo y elevados beneficios: tras seis días de pronósticos nuestros expertos, entre los que se encuentran Julio Maldonado (“Maldini”) y Antoni Daimiel (fútbol y NBA), ya acumulan un 20% de beneficio sobre su bank inicial. A ver qué otro fondo de inversión da eso ;-)

Más novedades: la penúltima vez que escribí por aquí hablaba de la convivencia. Y se me olvidó comentar que desde hace dos semanas tengo un nuevo compañero de piso: el pibe. Es un chico chileno muy jovencito (24 años), tímido y tranquilo, que trabaja de cocinero en un restaurante cerca de casa y que por ahora me tiene encantado. Por lo que me han contado sus compañeros, el pibe viene de una familia acomodada, pero en vez de quedarse en el nido viviendo como un rey, está aquí, a 10.000 kilómetros de su casa, buscándose la vida y abriendo su propio camino. Ya sólo por eso ya me causa respeto y simpatía. Pero además el chaval se hace querer: a partir de su cuarto o quinto día en casa, y sin preguntar nada, cada vez que se va al súper me trae mis postres y golosinas preferidas; el tipo de pequeños detalles que me gustan en una persona.

La verdad es que en su momento tuve dudas acerca de si buscar o no un compañero de piso. Con la sangría que pago aquí cada mes de alquiler, me parecía un crimen tener una habitación vacía. Pero mi última experiencia con una compañera de piso –una chica alemana que pasó aquí varios meses durante el verano- había sido algo así como comerse la almendra amarga: parecía que aún me quedaba el mal sabor de boca. Por suerte, el contraste con el pibe es tan grande que ya se me ha pasado.

Me preguntaban hace unos días que si me había adaptado bien al gran cambio que supone “mudarse de la cosmopolita Londres a la tranquila Donosti”. Y la verdad es que para cosmopolitismo, el que tenemos en esta casa: más que un apartamento parece la sede de la ONU. Comparto techo con un chileno y una mexicana, y en el año que voy a cumplir en el aquí han pasado por esta casa individuos de más de una docena de países. Así no hay quien eche de menos ni Londres, ni el viajar, ni nada.

Categorías: personal · trabajo

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