San Sebastián, 4 de octubre de 2006
Llevo un tiempo sin escribir por aquí, y no se debe a que no esté sucediendo nada interesante a mi alrededor sino, esta vez, más bien a todo lo contrario. Ya que hoy he discutido con la novia y me encuentro desterrado en el sofá, aprovecho (a todo hay que buscarle el lado positivo) para hacer una puesta al día:
Para empezar, el 100% de mi tiempo libre en septiembre se ha ido en poner punto y final a un libro: una biografía de 125 páginas sobre Anatoli Karpov, que será publicada este mes en México. La experiencia ha sido interesante y muy enriquecedora, y me imagino que volveré a escribir por aquí sobre el tema cualquier día de estos: como una pequeña concesión a mi ego y también, dado que este blog es seguido por bastantes personas aficionadas al ajedrez, como promoción para vender algunos ejemplares en España [más información muy pronto en www.davidllada.com].
La parte más agradable de la publicación de este libro es que el propio Anatoli Karpov estará firmando ejemplares en México el día 22 de octubre, durante la celebración del macrofestival que tendrá lugar en el DF, y gracias a la benevolencia de mi jefe podré escaparme cuatro días hasta allí, para estar presente en los actos. Me hace una ilusión enorme, y será mi sexta visita al país del tequila, que se dice pronto.
La visita a México será aprovechada, si la burocracia no lo impide, para casarme allí con Cindy. No estoy seguro de que en cuatro escasos días pueda solventar todos los trámites, pero ella se irá una semana antes y tratará de tenerlo todo a punto para que yo sólo tenga que llegar y capitular firmar. Tras mucho estudiar el tema hemos llegado a la conclusión de que casarse en México es mucho menos engorroso que en España, y además un amigo me asegura que las bodas se celebran con anestesia epidural (o en su defecto, con mucho tequila). Aunque sigue pareciéndome irreal que ésta sea la única solución para tramitar un pinche permiso de residencia.
En cuanto a mi trabajo, estoy en un momento de bastante optimismo, porque por fin hay proyectos que se empiezan a materializar. Dentro de pocas semanas estará en el aire un interesante portal de internet (del que por ahora no puedo avanzar mucho) en el que ocuparé el puesto de coordinador y ‘relaciones públicas’ (o algo asín), y también hay algunas cosillas relacionadas con el mundo de la tele muy prometedoras y que empiezan a tomar forma (aunque de esto es menos aún lo que puedo contar). Lo importante es que los frustrantes meses de estudiar alternativas van llegando a su fin, y ahora estoy ocupado en tareas más concretas y productivas.
Otra novedad es que me he convertido en donostiarra de hecho y de derecho, a todos los efectos de la ley. Tras haber vivido como un “sinpapeles” en Londres y en Berlín, por fin he decidido empadronarme en la ciudad donde vivo. Sólo espero que no me pase como al mulato de la parodia de Vaya Semanita, y que dentro de unas semanas me vea diciendo eso de que “desde que soy vasco, es que se me han ido las ganas” (nota a navegantes: este es un chiste local, que tiene que ver con el tópico de que “en Euskadi no se folla”. Hay que haber visto la serie, o haber tratado de ligar con una neska, para poder entenderlo).
Y hablando de la ley, la semana pasada no acabé en el cuartelillo de puro milagro. Fue una de esas coincidencias asombrosas que a veces te estallan entre las manos, y que dan lugar a situaciones surrealistas. Por contarlo de forma resumida, resulta que el otro día me encontré en el buzón un paquete a dirigido a un destinatario cuyo nombre coincidía con el de mi casero, y cuyo apellido sólo difería en una letra. Sumando dos y dos, deduje que era para él, le llamé por teléfono para avisarle, y esa misma tarde pasó a recogerlo. A la mañana siguiente el buen hombre me llamó para decirme que al abrirlo se había encontrado con que el paquete contenía droga, así que, completamente acojonado, lo había ido a entregar a comisaría.
Yo ya estaba flipando, pero como era de esperar, la historia no acabó ahí: tuvo una segunda parte cuando el destinatario legítimo, que vive en el portal de enfrente, se presentó en mi casa a reclamar su paquete. Le expliqué lo de la coincidencia de los nombres y tal, pero debió de verme cara de yonki y no se lo acabó de creer del todo. Concretamente, me dijo que me dejara de cuentos, y que o le devolvía el paquete o me cascaba dos hostias: amenaza que, por el diámetro de sus brazos, podría haber llevado a cabo perfectamente. Yo ya estaba mirando de reojo a la mesa, para ver a qué objeto podía echar mano para atizarle con él en la cabeza y tratar de salvar mi vida, cuando Cindy, que es más lista que una ardilla, tuvo la idea de lanzarse a coger el contrato de alquiler y plantárselo en la cara.
Al ver corroborado en ese papel que, como yo le había dicho, los nombres coincidían de manera asombrosa, se serenó un poquito, y pudimos solventar la papeleta de manera bastante más civilizada. Le sugerí que se fuera a su casa, que no se buscara más líos de los que ya tiene, y probablemente no tendrá problemas con la policía, ya que a fin de cuentas uno no es responsable de lo que llega a su buzón (creo). Otra cosa es lo que pueda pasarle si tenía que responder de la mercancía ante alguien, pero eso ya es problema suyo y uno de los gages del oficio que se ha buscado.
Así que la cosa no pasó a mayores, pero el alucine –y el acojone- me duró un par de días. Casi me daban ganas de pedirle al tipo una dosis de opio como compensación, para poder tranquilizarme. Porque si el contrato de alquiler, en vez de estar oportunamente a mano en la estantería (habíamos ido a empadronarnos esa mañana) llega a estar guardado en un cajón, Cindy no hubiera llegado a tiempo de evitar con su ocurrencia que la sangre llegase al río.
En fin, que como podéis ver, no nos aburrimos en esta casa. Parece que me he ganado el indulto y mi mexicana me ronda con ojitos conciliadores, así que aquí lo dejo por hoy.

1 respuesta hasta el momento ↓
1 danieluna // 6.Oct.2006 a las 3:56 am
jejeje muy buena la solución Mexicana… Disfruta México, ya tu segunda patria por lo visto, buen tiempo… sin bloqueos al fin y felicidades por la boda! y a tomar mucho Tequila y comer mucho Mole.
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