San Sebastián, 23 de junio de 2006
Al meterme el otro día en blogger me fijé en que esto llegaba a la entrada número 100, que para los amantes de los números redondos -el frikismo más generalizado y aceptado socialmente- es algo así como un aniversario.
La cifra es inexacta, porque primero me limité a dar la chapa a los amiguetes vía email, y luego pasé por varias direcciones de interné antes de llegar a este blog. Pero ya tocaba desarrollar el recurrente post acerca de por qué escribo esto, así que aquí va. Esto lo escribí la noche en que me mudé de Londres a Berlín:
Madrugada del 3 al 4 de enero. Estoy en el Broadway de Crouch End, esperando el bus nocturno que me llevará a Liverpool Station, para ir de ahí a Stansted.Parece que he elegido la noche más tenebrosa del año para marcharme de Londres. No hay un alma por la calle (son las 3:30), el viento no para de aullar, los carteles que cuelgan sobre las tiendas chirrían, y los papeles y la basura revolotean a mi alrededor. Si no fuera por las lucecitas de navidad, esto parecería el escenario de una película del Oeste.
He pasado las últimas horas en casa charlando con Andrés, quien ceremonialmente me inició en el ritual argentino por excelencia: beber mate. Tiene un sabor más fuerte que el té, bastante amargo, pero me gusta.
Andrés me habla de su libro sobre el mundo de la indigencia, y me comprometo con él a leerlo, revisarlo, y enviarle mis opiniones. También me cuenta cómo van sus planes de okupar una antigua estación de policía, un edificio inmenso que estuvo abandonado varios años, y cuyas celdas y oficinas llevan camino de convertirse en refugio para varias docenas de personas. Un pequeño grupo de polacos ya están instalados allí.
Por la descripción que me hace, el sitio es muy bizarro, y atrincherarse en él va a ser toda una aventura. Intento convencerle de que escriba algo sobre ello, una especie de diario, o un weblog, o lo que sea. Incluso le sugiero un título literario que le hace gracia: “Cartas desde mi celda”.
Pongo tanto empeño en convencer a Andrés que al final me entusiasmo yo mismo y mientras espero el autobús me planteo empezar mi propio weblog. Me doy cuenta de que sería una buena forma de entretenerme, de mantener contacto con los amigos que tengo lejos, de obligarme a escribir a diario para no perder la costumbre, y de conservar un recuerdo de esta etapa en Berlín. Así que cuando llego al aeropuerto de Stansted arranco a escribir estas líneas, sentado sobre mi maleta. Si mañana estoy con ánimo de continuar, y la idea sobrevive a los primeros días, probablemente seguiré con ello.
Con esos propósitos empecé, al comienzo de mi año sabático en Berlín. Iba a tener tiempo libre de sobra, y la mayoría de mis amigos se quedaban atrás, en otras ciudades y otros países: no quería perder el contacto ni convertirme con el paso de los meses en un extraño para ellos. Tampoco quería que, cuando me los encontrase, tuviera que contarles uno por uno las mismas anécdotas y narraciones de mis andanzas: repetir la misma historia varias veces se me hace muy cansado, así que mejor escribirla y que cada cual lo lea cuando quiera o pueda.
Primero, como ya dije, empecé con emails. Luego me pareció más práctico ir posteándolo todo en una dirección de internet (que no era ésta). Después, cuando el nivel de intimidad y sordidez de mis fechorías me pareció demasiado elevado, lo puse en un espacio privado y protegido con contraseña, pero me parecía demasiado engorroso. Empecé a simultanear las emisiones en abierto con la programación codificada (en las que se pasaba el porno y demás contenido para adultos). Por último, a partir de julio de 2005 más o menos, empecé a escribir únicamente aquí, y que fuera lo que dios quisiera.
Ya no tengo tanto tiempo libre -más bien poco- ni vivo en un lugar tan excitante como Berlín: Ñoñosti es por el contrario una ciudad bastante aburrida. Pero ahora me daría pena dejarlo, y además los motivos por los que empecé siguen estando ahí. Como no tengo oportunidad de tomarme una cerveza con mis amigos tan a menudo como me gustaría, esto se ha convertido en un sucedáneo de las conversaciones de café con ellos. Alguno incluso me ha dicho que me conoce mejor desde que me lee por aquí (lo cual no sé si es bueno o malo, pero es bonito). Y también es justo decir que el blog me ha permitido conocer a un puñado de personas muy interesantes, que han pasado a engrosar las filas de los que yo considero “los míos”.
Haciendo balance de todo ello, creo que fue una buena idea.

8 respuestas hasta el momento ↓
1 Anonymous // 23.Jun.2006 a las 8:36 am
Dices que has conocido gente. Una pregunta clave es: ¿Has conseguido también echar algún polvo gracias al blog? Es que estoy planteandome empezar uno yo mismo
2 David Llada // 23.Jun.2006 a las 1:54 pm
Joer qué preguntitas. ¿Pero no sabes que soy acérrimo defensor del celibato?
3 Carmen // 23.Jun.2006 a las 2:39 pm
Nada nada, ni caso al anónimo ése..vaya tela con el personal como anda..Seguidor de Amo a Laura…jajajjaja perdona la broma, Te he linkado o cómo se llame..ayvalaostiapuesss,
suerte con tu blog
Carmen
4 Telmo // 28.Jun.2006 a las 3:22 pm
Creo que las hay cientos de motivos para empezar un blog, pero me parece a mí que tú y yo coincidimos bastante en ello. Solo que a mí me parece que no muchos de mis amigos me leen… coñazo que es uno escribiendo.
Por cierto, felicidades por tu aniversario.
Saludos escandinavos
5 danieluna // 29.Jun.2006 a las 8:52 pm
hey pues super bien! que bueno que te acuerdas como empezaste esto (yo no, jeje) tu blog es bien interesante…saludos
6 Carmen // 1.Jul.2006 a las 10:01 pm
No me seas más flojo y escribe algoooooooooooooooo!!!!
7 Cdaae // 5.Jul.2006 a las 8:12 am
“En aquel momento parecia una buena idea”
El caso no es empezar algo es seguirlo, la mayoria de los blogs se mueren por el camino y no llegan a la entrada 100 ni de coña.
Felicidades David
Un saludo
8 Eulalia // 7.Jul.2006 a las 9:15 am
Yo no le doy el nombre de mi blog a mis amigos ni de coña, al menos de momento.
¿Por qué? Ni idea.
Deja tu comentario