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Tempus fugit

1 Comentario

San Sebastián, 16 de junio de 2006

El tiempo corre que da gusto. Acabo de caer en la cuenta de que estamos a sólo una semana de la “noche de San Juan”, o por emplear términos más paganos, del solsticio de junio*. Eso quiere decir que tras ese punto de inflexión la duración de los días empezará de nuevo a disminuir, y en menos de nada estaremos otra vez metidos en el oscuro otoño. Aunque por estas latitudes espero que el cambio sea más gradual y no resulte tan deprimente como en Londres o Berlín, donde resultaba perfectamente apreciable a ojos vista cómo los días se iban encogiendo poco a poco semana tras semana.

No tengo grandes novedades que contar. A la vuelta de Italia paré un par de días en Madrid para hacer unas gestiones de trabajo, y constaté de nuevo que, aunque pasé allí algunos buenos momentos, la capital del reino sigue pareciéndome un infierno de lugar. Nunca se debe decir de este agua no beberé y este cura no es mi padre, pero muy jodidas tendrían que estar las cosas para que me plantease volver a vivir allí.

Desde entonces lo más que me he alejado del dulce hogar ha sido para pasear por la playa, que me pilla a 800 metros. El resto del tiempo lo he pasado en casita, dedicando todo el tiempo libre a leer –me he pegado auténticos atracones de pasar páginas- y a ver películas.

En cuanto al trabajo, he pasado por un mal momento. Por explicarlo de alguna forma y sin entrar en detalles, podría decirse que muchas de las tareas que se me asignan son encargos bastante difíciles donde las posibilidades de éxito resultan, por decir algo, de una entre diez. O sea, que los pequeños fracasos son el pan mío de cada día, y la acumulación de éstos llegó a producirme bastante frustración durante el último mes y medio. Era consciente de haber hecho lo posible, y de que si en vez de ser yo fuese otra persona la que se ocupase de esos mismos encargos sus posibilidades de éxito serían aún mucho menores, pero esto no me servía de mucho consuelo cuando, por más que estoy poniendo de mi parte, no consigo anotarme un tanto.

Para acabar de joderme el ánimo, uno de los proyectos en los que llevaba trabajando desde el mes de enero –estudiar cierta inversión- y con el que me había ilusionado particularmente, ha sido suspendido. Y no ha sido una decisión fácil. Quizá se pueda retomar en el futuro bajo otras circunstancias, pero ahora mismo los rendimientos parecían demasiado precarios y los plazos de amortización demasiado largos, aparte de otras muchas complicaciones. Pero bueno, varias otras cosas se están reenfocando, y están surgiendo nuevos motivos para el optimismo. Ahora me tocará romperme la cabeza con desafíos distintos, y eso es bastante estímulo para salir del bache.

Cambiando de tema, con quienes ando a la greña es con los vecinos. El bajo donde vivo había estado desocupado por bastante tiempo, así que el jardín está hecho un puto desastre, como ya os había comentado por aquí. Y parece que alguno de los vecinos de arriba –son tres pisos- lo ha tomado por un vertedero. Me llueven todo tipo de desechos y las colillas caen a un ritmo de una por minuto: a este paso un buen cáncer de pulmón me librará pronto del problema, pero de momento es bastante desagradable.

El colmo llegó ayer, cuando estaba sentado en los escalones que dan al jardín, con el portátil sobre las piernas, y alguien tuvo la genial ocurrencia de tirar el agua de fregar por la ventana. Que no es la primera vez, pero al menos en la edad media gritaban aquello de “agua va!” para avisar. Supongo que no les basta con sembrarme la parcelita de colillas, sino que también quieren regarlas a ver si crecen. El regalito me cayó de lleno sobre los pies y me salpicó también el ordenador, así que os podéis imaginar lo contento que me puse y los muchos y afectuosos recuerdos que le di para su madre.

Como no me dio tiempo a ver quién había sido, escribí una pequeña nota de la que dejé copia en cada buzón de mis queridos vecinos. A ver si apelando a la vergüenza y escarnio público el marrano -o la marrana- de turno cambia de actitud y trata de comportarse como si fuera una persona civilizada y con educación. Aunque también puede ser que me haya pasado de sarcástico y en una de éstas además de caerme un chapuzón me caigan también dos hostias.

[*Creo que decir “solticio de junio” es más correcto que decir “solsticio de verano”, porque la estación depende del hemisferio en que uno se encuentre]

Categorías: chorradas · donosti · personal

1 respuesta hasta el momento ↓

  • 1 danicant // 17.Jun.2006 a las 11:23 pm

    A que esperas para publicar la notita esa de marras. O acaso un marrano tiene más derecho a leerla que nosotros. Un saludo desde las Asturias.
    PD: Mañana durante el concierto de Shakira me acordaré de ti, pero un segundo no más no vaya a perderme algún movimiento de cadera.

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