Biarritz (Francia), 28 de mayo de 2006
Fin de semana apacible. Para resumir, podría decirse que el sábado nos rascamos los huevos hasta gastarnos las uñas. El plan de por la tarde se limitó a quedarnos tirados al sol en la playa de Ondarreta, aprovechando que hacía un día de escándalo. Yo además había estado por la mañana desbrozando la maleza del jardín, como quien dice a golpe de machete, y pasarán varios días antes de que se me quite el dolor de espalda. Nadar un poco al menos me ayudó a enderezarme.
Por la noche ni siquiera salimos. Preparamos una cena bastante aceptable, y nos tiramos en el sofá a ver el partido de la selección y beber cerveza. No cabe esperar estampa más típica en una reunión de tres amigos solteros rozando la treintena. Nos hacemos viejos sin darnos cuenta.
Lo guapo vino el domingo. A mí me llamaba la idea de conocer un poco el país vasco francés, y haciendo caso a los consejos de los que conocen la zona, decidimos ir de Hendaya a Biarritz por la carretera nacional que va siguiendo los recovecos de la costa, a la que llaman la carretera de Corniche. Las playas, las vistas, y los acantilados que te encuentras son impresionantes. Cada cinco minutos, cuando veíamos algún sendero que indicase que quizá por ahí se podía bajar a una cala, aparcábamos el coche y nos poníamos a explorar, igual que críos empericotándonos a las rocas. No nos descornamos de milagro, pero yo por lo menos me quité diez años de encima.
En una pequeña playa de piedras a la que bajamos nos encontramos con un montón de chatarra oxidada. No la típica que algún malnacido pudiera haber tirado allí desde arriba, sino restos de un barco arrastrados por el mar, o un naufragio en toda regla. De hecho, se podía ver allí media sala de máquinas: la caldera, los engranajes de la transmisión… El color rojo del óxido destacaba muchísimo entre las piedras que lo cubrían, y aquello daba la impresión de llevar allí mil años. ¿Recordáis la mítica escena de El Planeta de los Simios en la que descubren los restos de la estatua de la libertad? Pues a algo así me recordaba ese sitio. Me hinché a hacer fotos [la de arriba es de las que se amplían haciendo clic].
Por si alguien se anima algún día a hacer esta ruta, hay que tomar la N-1 hasta llegar a la frontera Irún -Hendaya. Aquí se enlaza con la D-912 hasta un sitio que se llama Ciboure, y desde Ciboure la N-10 hasta Biarritz. Por medio conviene pararse también en un pueblo que se llama San Juan de Luz, antiguo refugio de corsarios.
Nosotros íbamos lanzados y después de Biarritz continuamos ruta hasta Bayona, para ver la catedral y quizá cenar, pero no nos gustó mucho y el ambiente -desértico- era bastante deprimente, así que dimos la vuelta por donde habíamos ido.


2 respuestas hasta el momento ↓
1 Nurice // 29.may.2006 a las 11:20 am
Qué foto más bonita…;-)
Y el texto está genial.
Me ha gustado mucho como has narrado el finde; mezclando con sensibilidad la descripción de los hechos con notas y texturas de color bien escogidas.
Me he sentido como si hubiera estado ahí con vosotros!
Saludines,
2 ivich // 30.may.2006 a las 10:00 pm
Aix… que recuerdos que deje yo por esas costas… aix aix, quien hubiera podido ir a verlas de nuevo…
I.
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