El Blog de David Llada header image 1

Barajas nace estrellado

1 Comentario

Madrid, 5 de febrero de 2006

…o ‘Spain is different”, segunda parte.

En el momento de comprar el billete yo vivía ajeno a las circunstancias: ni puñetera idea de que el domingo se estrenaba la “nueva terminal” de Barajas. De haberlo sabido, hubiera recurrido al autobús, ahorrando tiempo, dinero e incertidumbres. Pero una vez hecha la reserva era demasiado tarde.

Los nubarrones empezaron a ceñirse sobre mí cuando, estando en Asturias, vi que el vuelo de Iberia que provenía de Madrid llegaba con retraso. Ese mismo avión era el que, en su trayecto de regreso, debía de llevarme a mí a la capital. Al final llegó sólo con una hora de retraso, aunque según leí luego, transportaba sólo viajeros; sus equipajes se habían quedado en tierra. Algo que fue la tónica del día -según leo ahora en la prensa por internet- ya que buena parte de las cintas transportadoras no funcionaban aún.

Así que llegué a Madrid algo más tarde de lo previsto, pero nada grave. Las complicaciones comenzaron a partir de ahí. Para empezar, ninguno de los servicios de la terminal de llegadas funcionaba; estaban aún precintados. ¿Cómo se puede inaugurar un edificio por el que pasarán miles y miles de personas al día sin tener a punto siquiera las instalaciones sanitarias más básicas? También por inaugurar estaban los teléfonos públicos, que para los que somos de este continente y tenemos cobertura por móvil no son tan importantes, pero para quienes vienen de allende los mares es muchas veces imprescindible. Tantos años de obra, una inauguración mil veces pospuesta y, ¿tan difícil era tenerla acabada cuando por fin llegó el momento?

Esperar durante otra hora –con la vejiga llena- ante una cinta de equipajes vacía e inmóvil fue desmoralizante y empezó a hacerme preocupar por la cita de trabajo que había acordado para esa tarde. Impaciente, me dediqué a rascarme el cogote, divagar, y observar a mi alrededor. La estampa más divertida era la de los abundantes grupos de viajeros cuyo equipaje se había perdido, y que seguían adelante y atrás a los azafatos de información, que tampoco sabían a dónde conducirles o a quién transmitir la reclamación. Y mientras la indignación de los pasajeros iba en aumento, de fondo sonaban los pasodobles interpretados por una orquesta inaugural. Era una escena puramente taurina.

Inmerso en estas observaciones, me dio por fijarme en que dos cintas más allá, donde ponía “llegada de Tenerife”, daba vueltas una maleta extremadamente parecida a la mía, aunque de color más clarito. Me levanto, camino hasta allí –encorvado por las ganas de mear- y, efectivamente, era mi maleta, aunque cubierta por medio dedo de polvo blanco amarillento muy finito. Como si hubiese estado abandonada debajo de una obra durante días.

Con todas mis pertenencias ya conmigo, y después de haber averiguado en qué parte del aeropuerto sí que funcionaban los servicios (qué largo suspiro), fui a preguntar a una persona de información “a dónde debía dirigirme para coger el metro”. La cara de asombro que puso la chica encontró reflejo inmediato en la mía. Cuando la vi sacar un papelito del bolsillo y empezar a buscar cosas toda nerviosa no daba crédito. ¿Cuándo habían contratado a esa pobre mujer? ¿Cómo podía ser que nadie le hubiera indicado lo que sin duda le iban a preguntar centeneras de personas a lo largo del día? Intenté darle una pista: El metro seguía donde estaba antes, en la Terminal 2 de toda la vida. Pero, ¿a dónde debía ir yo para tomar el famoso bus que enlazaba la vieja y nueva terminal?

Ni puta idea. Salí a la calle y vi que ni siquiera los taxistas sabían dónde debían recoger a sus clientes. Había muchos buses, pero todos atestados de gente, y no paraban en ningún puesto señalizado porque no lo había: cada uno recogía a la gente donde dios le daba a entender. Yo estaba a punto de perder la reunión que era el único motivo de mi visita relámpago a Madrid –como así fue: tendrá que limitarse a un breve desayuno de trabajo mañana a las 8:30-, pero había gente muy nerviosa porque el absoluto caos reinante les iba a hacer perder sus conexiones. La estampa a la salida era un desastre penoso, de los que dan vergüenza ajena.

Una vez desahogado mi cabreo, aclaro algunas cosas:

— Aunque lo denominen “nueva terminal”, esto es prácticamente un nuevo aeropuerto, situado a 4 kilómetros del anterior, y no muy bien interconectado que digamos.

— La terminal es muy bonita y, lo que es más, me atrevo a decir que el diseño es funcional. Supongo que lo que está fallando –como siempre- es la gestión. Pero tranquilos, que ya puede durar el caos una semana y aquí no dimitirá ni dios.

— ¿No habíamos quedado en que se acabaron los monopolios y se estaba fomentando la competencia? ¿Cómo se puede explicar entonces que el edifico esté pintada de arriba abajo con los colores de Iberia (las columnas van del amarillo en un extremo al rojo en otro), y que los partners de esta compañía hayan sido los que recibieron lugares preferenciales, mientras que otras compañías que operan en España, como Spanair y Air Europa han sido relegadas rastreramente a las viejas instalaciones?

Categorías: actualidad · españa · madrid · viajes

1 respuesta hasta el momento ↓

  • 1 Magenta // 17.Feb.2006 a las 9:06 am

    Ayer Escolar publicó esta “Guía para la T4”

    http://www.informativos.telecinco.es/imgsed/GuiaT4.pps

    Y si, es vergonzoso que pasen cosas así, yo creo que después de tantas obras no les costaba nada estarse un mes mas de pruebas y transladando todas las cosas para alli, según leí el translado de Iberia se hizo esa misma noche…

Deja tu comentario