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Phoenix Nights

2 Comentarios

Londres, 25 de diciembre de 2005
Escribo esto desde la raquítica habitación 101 del Phoenix Hotel, en Kensington Gardens (Bayswater). Un apartado rincón de este edificio y del mundo al que, lamentablemente, no alcanza la cobertura del wireless.

Joao tenía que trabajar en la recepción la noche de nochebuena, la de Navidad y también la siguiente, y en vista de que en esos días (25 y 26) no había ni un solo medio de transporte funcionando que le permitiera ir y volver del trabajo, no le ha quedado más remedio que hacer la mochila y acampar aquí por tres días. Unas 56 horas en el lugar de trabajo, del tirón y sin vaselina.

Compadecido de él y sin nada mejor que hacer -la alternativa hubiera sido quedarse en casa y lidiar con los puñeteros gatos-, le pregunté si había más habitaciones libres y, en vista de que sí, hice mi reserva y vine a hacerle compañía. Tres días lejos de los felinos se me antojan casi como unas vacaciones.

Así que estas entrañables fechas –como diría el teleñeco ése que salía en los billetes de peseta- las estoy pasando aquí, en el que antaño fue también mi lugar de trabajo por unos meses. Pero en plan clandestino, porque para no ser localizado y reconocido por Mr D –propietario de este chamizo y explotador del negocio- tendré que pasar recluido toda la mañana en mi habitación. Alberto, mientras tanto, duerme dos plantas más abajo, en su caso con conocimiento y permiso del patrón.

Cuando salga ya habrá caído la noche, porque el tal Mr D no se suele ir hasta las pasadas las cuatro. Calculo que me queden todavía unas tres horas de encierro y de momento lo llevo bien, con resignación, un buen libro y un par de pelis. Si hubo un cliente que vivió así en este hotel durante dos años y medio (sospecho que era un terrorista, y lo digo en serio), bien podré yo aguantar un par de mañanas. Pero ya tengo ganas de recibir la señal de “no hay moros en la costa” y lanzarme a la barra del bar, o al take-away de la esquina. Caso de prolongarse el aislamiento tendré que hacer una llamada de auxilio a mis compinches de recepción para que me suministren alimento y medicinas. Que hablando de cuestiones culinarias, ayer para la cena de nochebuena tuve que elegir entre traerme un Big Mac, kebab, o noodles, lo único disponible en los alrededores. Si se entera mi madre de estas penurias se lleva un disgusto, la pobre

La verdad es que este hotel es para nosotros como una segunda casa en Londres y campamos por él a nuestras anchas, sobre todo durante la noche, cuando el terreno está despejado y los instintos canallas se agudizan. Después de haber cometido todo tipo de atrocidades mientras trabajábamos aquí, ahora aún mantenemos una especie de derecho de pernada: Nos dejamos caer de vez en cuando, utilizamos el bar como abrevadero, convocamos aquí a nuestros amigos y visitas en ocasiones especiales, aprovechamos para telefonear de gorra a nuestros seres queridos… Porque todo esto es sin aflojar una libra, claro. Esta madrugada aprovechando la diferencia horaria pienso agarrar el teléfono y darle una buena charla a mis amigos en La Habana y en Shanghai. Y los planes con respecto a la barra libre que tengo a mi disposición ya os los podéis imaginar.

De vez en cuando aparece en el Phoenix un empleado nuevo, y en esas ocasiones hay que adoctrinarle para dejar sentadas las cosas: cuanto primero sepa lo que se cuece, tanto mejor. Procede presentarse con un “hola, me llamo fulano y antes trabajaba aquí. ¿Pido algo para ti también en el bar?”. Que dicho así, con naturalidad y soltura, hará a nuestro interlocutor comprender lo que en realidad quieres decir. “Hola, me llamo Atila, y no te asustes si me ves haciendo el bárbaro por aquí o saqueando las reservas de cerveza con mis amigos los hunos, porque es costumbre de la casa. Ya te darás cuenta. Y ahora enróllate y toma algo con nosotros”. Si es hembra y lituana, entonces se pueden acompañar las presentaciones de alguna otra propuesta.

El Phoenix, dios mío. Casi un universo paralelo. Si esta noche entre pinta y pinta a Joao y a mí nos da por rememorar algunos los episodios épicos vividos en este hotel, quizá le añada una segunda parte a este post, o le proponga escribirla a él. Entre brasileñas drogadas, abandonos del puesto de trabajo, clientes detenidos por la policía, borracheras míticas por parte del staff, mafiosos mexicanos de paso por Londres, huéspedes ejerciendo la prostitución o el tráfico de drogas, suicidas, jovencitas republicanas liberándose en su primer viaje fuera de los States, terroristas residentes, japoneses en pelota que se quedan encerrados fuera de la habitación… Nos daría no para un weblog, sino para una novela entera. Y de las largas.

Categorías: amigos · chorradas · londres · personal · recuerdos

2 respuestas hasta el momento ↓

  • 1 oria // 28.Dic.2005 a las 1:50 am

    jeje! muchos querrían formar parte de esos hunos.

  • 2 PUCK73 // 29.Dic.2005 a las 12:23 am

    je, je, como suena de divertido eso que cuentas, incluso mire el hotel ese por internet, espero que el proximo año sea para ti un año lleno de nuevas ilusiones y esperanzas, y hay que ver lo que te mueves, shangai, mexico, londres………que no paras chico, un besito

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