La Fredi, una amiga de mi compañera de piso Lucía, se marcha a Milán a pasar las navidades, y nos ha preguntado si podríamos cuidar de su adorado Nini durante los diez días que va a estar fuera. Buena gente que somos todos, hemos aceptado y desde el domingo lo tenemos correteando por aquí.
El Nini resulta ser un gatazo enorme, el rey de los felinos. Es completamente negro salvo por unas motas blancas en el hocico y en las patas, como si llevara calcetines. Por tamaño y color podría pasar por una pantera: Tendríais que ver el ruido que hace el suelo del pasillo cuando Nini trota por él cual torete, y eso que la moqueta amortigua. Acojonante.
Como ya sabrán mis amigos, o los que leen esto con asiduidad, en esta casa ya tenemos un gato, el Chicho, que como su nombre indica (se podría traducir por “rechoncho” en italiano) no es que sea pequeño precisamente. Pero ante la presencia de un intruso que le supera en tonelaje, el pobre Chicho anda cagadito. Además, ya se conocen de las navidades pasadas (que la Federica hizo la misma maniobra), y aunque el gato residente era el que siempre provocaba las broncas, a la hora de repartir yoyas el visitante llevaba las de ganar.
Así que para evitar que estalle el conflicto y seamos testigos de un derramamiento de sangre, tenemos que andar vigilando para que los mininos no se encuentren y desenfunden las uñas. Cuando Chicho está en una de las habitaciones de arriba, dejamos suelto a Nini en el piso de abajo. Cuando Nini se mete en la habitación de Lucía a llenarle la cama de pelos, lo encerramos ahí y dejamos que Chicho campe a sus anchas por los que eran sus dominios. Y así todo el día, a vueltas con esta mal avenida pareja.
Aunque a mí me encantan los animalitos, empiezo a estar un poco hasta las pelotas de gatos. Porque además, al ritmo que tragan estas dos criaturas, mantenerlos alimentados puede dar a pique con nuestro presupuesto navideño.
Como estoy haciendo una lista de trastos que voy a poner a subasta en ebay (para soltar lastre de cara a la mudanza del 8-F), he pensado en hacer una animalada y, sin consulta previa con sus respectivas propietarias, poner a este par de felinos en venta. Sería todo colgar un par de fotos suyas en las que salgan con pose de adorable gatito y ver si algún infeliz pica. Eso sí, más me vale hacerlo pronto, antes de que se arranquen una oreja o un ojo el uno al otro, que si están muy estropeados quedaría bastante macarra y nadie aflojaría ni una libra.

1 respuesta hasta el momento ↓
1 Anonymous // 23.Dic.2005 a las 12:08 pm
No serás capaz de algo así… ¿Subastar dos pobres gatitos? ¿Y sin que lo sepan sus dueñas? Además, ¿se pueden vender animales en ebay? Que cosas más raras, no?
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