Ya estoy en la perla de Oriente. O la puta Oriente, como también se llama a esta ciudad por motivos que os podéis imaginar fácilmente.
El viaje, sin incidencias. Las diez horas de vuelo -desde Ámsterdam- se hicieron algo pesadas porque la comida de la KLM me sentó como una patada en el estómago. Pero para no variar conseguí dormir como un tronco por lo menos la mitad del viaje. Lo más bonito, despertarme cuando estaba amaneciendo sobre Siberia, y los paisajes marcianos que pudimos ver de Mongolia (siempre pido ventana de ventanilla, con la esperanza de pillar cielo despejado y porque así puedo dormir sin que nadie me tenga que despertar para alcanzar el pasillo).
Paso el control de aduanas sin problema: desde que mi pasaporte ya no tiene el sello de Iraq estampado junto a mi foto, la vida en los aeropuertos es mucho más fácil. En la zona de llegadas había un mostrador de recepción de la Masters Cup, y como en la oficina de prensa tenían los datos de mi vuelo, me encontré con un inesperado comité de bienvenida: Tres simpáticas chinitas que hablaban un poquito de inglés y que trabajan de voluntarias para la organización, me abruman con muestras de hospitalidad. Aunque son tímidas en extremo, acabo forcejeando con ellas, muerto de la risa, porque se empeñan en arrancarme de las manos el equipaje para llevarlo ellas: You very tired!
Las cosas empiezan a torcerse cuando me dirijo al primer cajero para sacar dinero local. Operación no autorizada. Saldo no disponible. Glups. Con paciencia oriental, las chicas me llevan de un cajero a otro, hasta cinco, y en todos me encuentro con el mismo problema. Según las guías que había consultado la mayoría de tarjetas occidentales funcionan en Shanghai, pero parece que ésa es una afirmación un poco cuestionable. Grandísima putada. ¿Y ahora que hago?
Revolviendo en los bolsillos de la mochila encuentro unas 15 libras (menos de 20 euros). Cambiándolo por moneda local en una ventanilla, calculamos que me alcanzaría sin problema para ir en taxi a cualquier hotel del centro. El tren magnético tendrá que esperar al viaje de regreso, pero estoy tan cansado y muerto de sueño que me da absolutamente igual.
Y aquí estoy desde ayer, encerrado en el hotel salvo por algún pequeño paseo a pie por los alrededores. Tengo que desayunar aquí, comer aquí y cenar aquí, todo con cargo a la tarjeta de crédito, porque sigo sin haber conseguido dinero en efectivo (Lo que sobró del taxi no llega ni pa tabaco, que ya es triste).
La buena noticia es que ya localicé a mi contacto español en la ciudad, un “amigo de un amigo de un amigo”, que resulta ser un tío muy majo. Me explica que lo del dinero podré arreglarlo yendo a un banco, que él me acompaña, y que en el peor de los casos él me prestaría algo hasta que lo solucione. Quedamos en que me rescatará del hotel mañana por la mañana.

2 respuestas hasta el momento ↓
1 danieluna // 14.nov.2005 a las 2:16 pm
Es verdaderamente interesante leer tu blog, además de tu trabajo que ha de ser muy interesante tambien, la oportunidad de conocer tantos lugares es una experiencia única…
2 PUCK73 // 15.nov.2005 a las 11:06 am
Acabo de descubrir tu blog y me ha parecido fascinante, lo he leido enterito de un tirón y bueno hay algo que compartimos mas que nada, Berlin, tambien es mi ciudad favorita de entre todas las que conozco, por suerte en quince días vuelvo para allá,no sabria explicarte porque pero me encanta.
Ciertamente llevas una vida cosmopolita y fascinante, ya se que a ti no te lo parecerá porque estaras tope jodido de estar de un lado para otro y currando como un perro como comentabas, pero para los que no tenemos la posibilidad de viajar tanto como quisieramos comprenderas que sintamos admiración. Cuentanos todo lo de shangai con pelos y señales, que los orientales tienen trastos, costumbres y comidas muy raritas.
Por cierto no me queda claro ¿tienes o no tienes curre? porque parece que buscas pero luego viajas por trabajo ¿eres corresponsal deportivo de algún diario? bueno si te incomoda no me contestes, soy un poco cotilla. Un saludo y bueno que te sea leve.
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