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La lista de la compra

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Pravia (Asturias), 7 de octubre de 2005
¿Habéis visto La Playa, una película que estaría francamente bien si no fuera por la patética interpretación de Leonardo Di Caprio? Si es así, quizá recordaréis una escena en la que Richard –el protagonista- resulta elegido para hacer un viaje desde la paradisíaca isla a la civilización, con objeto de aprovisionar con todo lo necesario a la panda de hippies que viven con él. Los encargos que le hacen, desde cremas faciales a preservativos, son de los más bizarro.

Pues algo así nos pasa a los emigrantes de vez en cuando, pero en este caso a la inversa: vamos de la isla incivilizada al lugar paradisíaco. Por suerte nuestras incursiones a la tierra patria son cada vez más frecuentes gracias a las compañías baratas como Ryanair o Easyjet (que ahora vuela directamente a Asturias, qué lujazo), y dado que aquí en Londres somos una comunidad de asturianos bastante grande, raro es el mes que uno u otro no pasa por la tierra.

Entre las cosas que traigo apuntadas para luego repartir en mi paso por Berlín y la vuelta a Londres figuran las siguientes curiosidades:

- Los últimos ejemplares de la revista El Jueves. Ya que estamos distanciados de la realidad social y política de nuestro país, esta revista de humor (y las viñetas de los periódicos) nos permite saber de qué habla y se cachondea la gente en España. Reíos lo que queráis, pero yo no sabía quién era el famoso “neng” hasta ayer mismo.

- Un puñao de bolsas de pipas. Saladas. Porque en las tiendas turcas de Londres se puede encontrar todo tipo de frutos secos, pero no pipas recubiertas de esa saludable capa de sal que te agrieta los labios. Caprichito para Sofía.

- Arcalión 200. Unas pastillas naranjas cuyo principio activo es la sulbutiamina, un derivado de la vitamina B que es totalmente inocuo y despeja durante horas como si llevaras encima la dosis justa de café. Lo descubrí cuando escribí un artículo sobre dopaje intelectual, luego averigüé que era utilizado por muchos conductores de camión y transportistas, y por último le encontré aplicación práctica para mis habituales cambios en el ritmo de sueño. También puede ayudar para sacudirse la resaca y el jet-lag, al menos para prolongar el ciclo cuando se viaja de oeste a este (para viajes en sentido inverso es mejor la melatonina). A Marcos le hizo gracia que este medicamento esté indicado en casos de “desinserción ambiental”, y ha empezado a tomarla antes de ir al curro, a ver si se le pasa. Yo solía encargárselo antes a mi madre, pero se mosqueó un poco cuando leyó en el prospecto que una de sus posibles aplicaciones es “la ayuda en el tratamiento de desintoxicación de drogadictos”. Así que para evitar equívocos, lo dejé correr y ahora me compraré surtido para unos meses.

- Tabaco. De todo tipo: de liar, cartones de Malboro Light… Para consumo propio y reventa, que en Londres cuesta más de 8 euros la cajetilla, y con todo se mercadea.

- Huesitos. Cada cual añora el tipo de chocolate que comía de pequeño: Los suizos tienen los suyos, los alemanes ídem, los búlgaros suspiran por el Moreni, los rusos también… y para esto no hay sustitutivo que valga, aunque yo cuando descubrí la Nutela traicioné a mi Nocilla de toda la vida. (Petición de Lucía, a la que ya tengo avisada de que se me van a derretir por el camino)

- Un bote de Cola Cao. En la misma línea de lo anterior. Y esto es antojo mío, porque el Nesquik no me vale. Ni ninguna otra cosa que he probado por ahí.

- Un diccionario básico de español/chino. O algo que se le parezca. También para mí, de cara al próximo viaje a Shanghai (y antes de que alguien me salga con el “¡que suerte!” aclaro: no voy de vacaciones, sino a trabajar como un perro).

- La píldora. Anticonceptiva, se entiende.

- Conservas. De las que no se pueden encontrar abroad. Ejemplo: un par de latas de callos, otra de chipirones… Ya sé que suena muy cutre, muy Paco Martínez Soria, pero esto es como los antojos de embarazada.

- Embutido. Algo de compango para nuestras fabadas dominicales, morcilla, chorizo de pueblo… Todo bien envasado al vacío para no causar una catástrofe por el camino. Igual de cutre que lo anterior, sí, pero… ¿y lo satisfechos que se quedan tus padres además metiéndote cosas de éstas en el equipaje? ¿Y el gustazo que te das unas semanas más tarde cuando echas mano de ello en la cocina?

- Una botella de Ron. Del decente. Porque el mejor ron que se puede encontrar en las islas es el Capitan Morgan o el Bacardi, y con eso ya queda todo dicho.

- Un par de libros. Muy raros y de autor desconocido, que tenía apuntados en una nota y que he perdido. Dani please, reenvíame los datos, que ya sé que lees esto con más frecuencia que tu correo, huevón.

La lista suena un poco exagerada, sobre todo teniendo en cuenta que no vivimos en Australia sino a sólo dos horas de casa, y que como ya dije casi todos los meses uno u otro se deja caer por aquí. Pero en mi caso ya hacía diez meses, y me toca devolver bastantes favores de este tipo.

Categorías: amigos · chorradas · españa · londres

3 respuestas hasta el momento ↓

  • 1 maRia // 13.Oct.2005 a las 9:31 am

    Pues yo, cada vez que alguien va a Lunnun, le pido que me traiga un walnut whip y un cadbury’s cream egg!

  • 2 oria // 14.Oct.2005 a las 2:52 am

    A mi me mandaron tabaco para vender y como la gente esta con mono sólo me ha servido para tener enemistades.

    Siempre que va a venir alguna visita de alguien le pido que me traiga lentejas, pero no me toman en serio unos y otros no se atreven a pedírselo a sus amigos, asi que toca racionar las que me enviaron…

  • 3 luiggi // 20.Oct.2005 a las 10:47 am

    yo pido aceite de oliva, lentejas, garbanzos, jamón, chorizo, pipas saladas, (kikos de los gordos) Fabadas litoral y callos… en fin, lo justo.

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