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Mal rollo: un caco en el jardín

1 Comentario

Brighton, 5 de septiembre de 2005
Era la una de la noche y estábamos en la cocina: Javi, Ana, Sofía y yo. Leyendo en voz alta (y comentando) Diálogos con Krishnamurti, un libro que os recomiendo desde aquí porque aporta una visión del mundo y de la vida muy original e interesante.

Entre las cervezas y las discrepancias sobre lo que leíamos, podría decirse que estábamos haciendo ruido. No lo bastante para que algún vecino se quejase, desde luego, pero sí lo suficiente como para que cualquiera que pasara por allí se diese cuenta de que había gente en la casa.

En ésas estábamos cuando me pareció oír un ruido afuera, junto a la puerta, y me puse alerta. Los demás seguían hablando hasta que Ana al mirarme se dio cuenta. “Sí, yo también he oído algo”, me dijo. Nos levantamos rápido, abrimos la puerta… y quedamos los cuatro boquiabiertos al ver a un fulano atravesado en la valla del jardín.

En un primer instante pensamos que estaba tratando de saltar hacia dentro (porque estaba de cara al jardín, no de espaldas como si saliera) y que al abrir la puerta lo habríamos hecho cambiar de intenciones, ahuyentándolo. Además la bici de Marcos seguía en su sitio. Pero luego nos dimos cuenta de que había desaparecido otra que Andrés había dejado allí unos días atrás.

Al caer en ello salí pitando al callejón al que da nuestro jardín y, como allí ya no había nadie, elegí por instinto ir hacia la izquierda (calle principal) en lugar de a la derecha (callejón). Premio: el caco, a dos ruedas, estaba doblando la esquina, así que eché a correr como un loco.

No sé si es que el mangui era cojo, no sabía utilizar el cambio, o si el ejercicio que me ha dado por hacer los últimos meses me ha convertido en una especie de Ben Johnson, pero al sprint conseguí reducir distancias poco a poco hasta que, cuando ya lo tenía a tiro de piedra (lástima no haber ninguna a mano), me faltó la respiración dos manzanas más allá y tuve que rendirme. No era una carrera justa y el esfuerzo anaeróbico no es lo mío.

Volví a casa, aparte de agotado, con bastante preocupación. Resulta inquietante que, a sabiendas de que había gente en la casa, alguien tenga los santos cojones de ponerse a husmear pegado a la puerta, probablemente buscando un botín mayor que añadir a la bicicleta (el infeliz iba jodido si pretendía encontrar pasta en este humilde hogar). Y da muy mal rollo que alguien entre alegremente, con nocturnidad y alevosía, en tu propia casa, tu castillo.

No es la primera vez que me roban, ni mucho menos. Hubo ocasiones mucho peores, e incluso una de ellas la podríamos catalogar de calamidad absoluta (ya lo contaré por aquí un día que esté de buenas). Pero lo peor no es perder una bici, una cámara de fotos, un coche o 2500 euros (que en todo eso me he visto metido). Lo peor es la sensación de vulnerabilidad y desconfianza que se te mete en la cabeza. El dinero va y viene, pero el mal cuerpo a veces se queda.

PS: Al día siguiente Andrés nos comentó que la bici estaba bien candada, así que es de suponer que el caco vino provisto de una cizalla para cortar la cadena, y se llevó los restos para no dejar pruebas. O sea, un profesional del asunto. Me alegro entonces de no haberle dado alcance, porque me podía haber atizado con ella y dejarme tieso en el sitio… Inconsciente que soy.

Categorías: chorradas · londres · personal

1 respuesta hasta el momento ↓

  • 1 Patricia // 10.Sep.2005 a las 10:33 pm

    la verdad contado asi resulta hasta gracioso XD anda k salir corriendo detras del caco…jajaja a ver si cuentas mas historias de estas k me gustan jeje
    Saludos! :)

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