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Ante la duda, disparen a la cabeza

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Londres, 24 de julio de 2005

La primera versión de la noticia que llegó a mis oídos esa mañana decía que un presunto terrorista de origen pakistaní había sido abatido de cinco disparos en la estación de metro de Stockwell.

Ya de por sí sonaba bastante fuerte.

Pero luego fueron llegando los detalles: Que los disparos fueron a quemarropa, en la cabeza, cuando ya le habían derribado e inmovilizado. Que se había saltado el torno de entrada al metro, y que el tiroteo se desencadenó porque no obedeció al alto que le dieron unos policías vestidos de paisano. Que además resultaba muy sospechoso que llevara abrigo en pleno julio, y que los agentes temieron que ocultase una bomba.

Joder. Empecé a sospechar que el ejecutado no debía de ser más que un pobre infeliz que cometió una estupidez tremenda al colarse en el metro. “Un terrorista que esté dispuesto a atentar en ese momento lo último que haría es llamar la atención saltándose los tornos”, pensé. ¿Y qué tontería era lo del abrigo? Estaba lloviznando esa mañana, lo extraño sería haber salido de casa sin él.

Ahora han pasado dos días, y ya se conocen los pormenores de la trágica historia: El pobre muchacho (brasileño y con la tez más blanca que yo, por cierto. Nada de pakistaní) tuvo la desgracia de ser vecino de un “supuesto terrorista”, lo que provocó que, cuando salía de casa, la policía le siguiera a él por error.

Cuando vieron que se dirigía al metro, y sospechando que pudiera ocultar una bomba bajo el abrigo, decidieron detenerle. Quizá trató de escapar de ellos porque su visado estaba caducado (la mitad de los jóvenes brasileños de esta ciudad están en situación irregular), o quizá ni siquiera los identificó como policías, sino como vulgares asaltadores. Vete a saber.

Lo escalofriante del caso es que la policía tuviese instrucciones de, ante la duda, disparar a matar, y que los ciudadanos de esta ciudad fuésemos totalmente ajenos a tales circunstancias. Lo primero ya es grave, lo segundo es escandaloso.

Y si aquí, en una estación de metro llena de londinenses, se ha visto una demostración semejante de gatillo fácil, ¿qué no ocurrirá en esas lejanas tierras donde se abrió la caja de los truenos?

Categorías: actualidad · londres · sociedad

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