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A vueltas con el alemán

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Berlín, 22 de Abril de 2005
Hablé por aquí de mis escasos progresos con el alemán, y ante la avalancha de emails llamándome vago, me defiendo un poquito.

El alemán es en efecto -como alguno me señala- un idioma muy lógico, que “con método y disciplina” no es difícil de estudiar. Pero el problema es que yo ni soy metódico, ni disciplinado, ni he estudiado en mi vida. Sólo valgo para aprender –que es algo muy distinto-, basándome en la intuición, la necesidad y la práctica.

Y el alemán, por muy lógico y ordenadito que sea, también tiene sus irregularidades y sus caprichos. Estas son algunas de las cosas que me han sorprendido hasta ahora:

En el inglés el género importaba un carajo, pero en alemán uno se pone a estudiar los artículos y –por aquello de la concordancia- es lo primero con lo que se tropieza. Por ejemplo, éste debe de ser el único idioma del mundo en el que la palabra sol es femenina (Die Sonne), mientras que luna es masculino (Der Mond). Así que olvidaos de eso que dice que “el sol se llama Lorenzo”… a no ser que Lorenzo sea un travesti, que todo puede ser.

Gato, al contrario que en español es femenino (Die Katze), un género que me parece el más apropiado para todo lo que tenga que ver con lo felino. Pero si hablamos de una pantera, que no deja de ser un gato grande, la cosa cambia: Der Panther (esto lo aprendí gracias al poema de Rilke, Der Panther im Jardín des Plantes, que intenté descifrar ayer escuchándolo recitado al mismo tiempo en el CD del Rilke Projekt).

Los niños y niñas, como los ángeles, no tienen sexo: son neutros (Das Kind, en singular, o Die Kinder, en plural). Hasta aquí, pase, pero luego una niña crece, se convierte en una muchacha… y sigue teniendo género neutro (Das Mädchen). Y llegado este punto me rebelé: ¿puede existir algo más femenino que una muchacha? Están locos estos germanos.

Bueno, todo eso no deja de ser anecdótico: lo complicado viene con los plurales, que son cada uno de una leche. Con lo fácil que resulta añadir simplemente una –S al final, dios mío, y aquí no hay una regla fija, sino cinco. Vamos, que con cada palabra hay que aprenderse el plural que le corresponde. Por ejemplo:

Der Shohn/Die Söhne
El hijo/Los hijos

Die Schwester/Die Schwestern
La hermana/Las hermanas

Das Haus/Die Häuser
La casa/Las casas

Y luego, por esa vocación de autodidacta que tengo, me volví loco durante un tiempo con el ubicuo “da” de los alemanes. Cuando una amiga regresó a Berlín después de unos días fuera, nos envió un email diciendo: “Ich bin da”. Y yo deduje: “Si ‘Ich bin’ quiere decir ‘yo estoy’, el ‘da’ va a querer decir ‘aquí’”. Suposición correcta, me confirmaron.

Pero luego me fijé en que al llamar por teléfono, la peña preguntaba: “Ist Fulano da?” (está Fulano ahí?). Y me entraron las dudas. “Aclarémonos”, pensé, “¿el puñetero ‘da’ quiere decir ‘aquí’, o ‘ahí’?”

Fui a por el diccionario para salir de dudas, y me quedé planchado. La primera acepción que sale no es ni ‘aquí’ ni ‘ahí’, sino “allí o allá”. Tres en uno, y al final no queda claro el lugar donde está el sujeto o cosa por la que se pregunta. El “da” de los cojones no aporta en absoluto ninguna información útil para ubicarlo. ¿Quién no se iba a liar?

Also, wie Ihr seht, uebe ich immer noch deutsch zu lernen, was gar nicht so einfach ist! :-(

Categorías: alemania · berlín · idiomas · personal

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