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Lo que nos dicen las canciones

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San Sebastián, 17 de mayo de 2012

Es un hecho bien conocido que ciertas experiencias resultan como mirarse en el espejo: nos devuelven una imagen que refleja, en gran parte, lo que hay dentro de nosotros mismos. Ese libro leído en la adolescencia, si volvemos a pasar sus páginas una década después, nos parece completamente diferente. Obviamente el libro no ha cambiado; lo hemos hecho nosotros, y con ello, el reflejo que obtenemos.

Este fenómeno se va haciendo más y más evidente con el paso de los años, según acumulamos experiencias. Canciones que antes no nos decían nada, de repente obtienen significado. Te identificas con ellas de una forma que nunca hubieras imaginado. Y al ritmo al que yo voy recorriendo kilómetros, conociendo gentes, y coleccionando experiencias, estoy llegando a una situación en la que todas las canciones, todos los libros, todas las películas y obras de arte, tienen algo que decirme.

En realidad, y aunque comencé hablando de ellos, con los libros es más fácil que nos identifiquemos, que sintamos empatía, aunque jamás hayamos vivido nada parecido. Juegan con ventaja: el autor no tiene límites para desarrollar su juego, para presentarnos los personajes. Hay cientos de páginas, decenas de horas de lectura por delante para empaparnos de su historia. Creo que todos hemos podido llegar a entender cómo se sentía Madame Bovary, aunque jamás hayamos sido una jovencita de provincias casada con un aburrido médico. Por eso los libros te enseñan más que ninguna otra cosa.

En cambio con las canciones y las películas es más fácil que pasemos completamente por alto su significado. Su brevedad las obliga a limitarse a sugerir. Y si no atesoras la experiencia adecuada que se refleje en ellas, no te dirán nada. Es como tener o no tener la llave que abre esa cerradura y te permite pasar, ver lo que hay detrás de ella.

Ya puse alguna vez por aquí el ejemplo de la canción de George Harrison, Here Comes the Sun. Una canción bonita, pero que no llegas a entender en absoluto hasta que no vives el primer día de primavera tras un largo y oscuro invierno londinense.

Y un ejemplo más claro aún: la película Lost in Translation. Simplemente no entiendo cómo alguien que no haya vivido una situación parecida puede apreciarla; lo normal es que al 90% de la gente le parezca un tostón. Yo en cambio tuve la afortunada coincidencia de verla pocos meses después de mi primer viaje a Shanghai. Reconocía en ella sensaciones muy sutiles: la de tener el hotel como un refugio de relativa normalidad frente a un ambiente completamente extraño. La de estar totalmente desubicado a causa de un jetlag que persiste día tras día. O la sensación de irrealidad cuando te aventuras a ir de juerga en un entorno tan ajeno, casi marciano. Todo ello queda retratado tan bien que para mi esta película es una obra maestra; pero estoy seguro de que a la mayoría de la gente le aburrió soberanamente.

Otra de mis películas favoritas, Das Leben ist eine Baustelle, es probablemente la película más berlinesa que se haya realizado nunca. La que mejor retrata la jaula de grillos que es esa ciudad, llena de almas perdidas que, pese a sus problemas y su pobreza, sobreviven y son felices en esa ciudad-comuna. Si no hubiese vivido todo eso, no la habría disfrutado ni la mitad.

Room in Rome queda estropeada por la tremenda ida de olla de su director y las excesivas concesiones a sus particulares fantasías sexuales, pero se traía entre manos un tema fantástico que conocí -y reconocí- muy bien: el de esas aventuras que surgen en los viajes, que duran una o muy pocas noches, y en las que la brevedad multiplica la intensidad por mil. Aventuras en las que los implicados fantasean inventándose una vida que contarle al otro, o imaginándose la que podrían tener juntos. Jugando al gato y al ratón con la idea de dejarlo todo y quedarse en Roma para siempre. Si sale cara nos quedamos y si sale cruz nos decimos adiós. Nos vemos en la estación central de Viena, dentro de seis meses, a esta misma hora.

Y volviendo a las canciones, una que me asaltó ayer en un episodio de Mad Men y me trajo una sonrisa: ¿Habéis escuchado alguna vez la psicodélica Tomorrow never knows, de los Beatles? ¿La habéis escuchado bajo el efecto de alguna droga, aunque sea un simple porrillo de marihuana? Si la respuesta a la segunda pregunta es “no”, la respuesta a la primera pregunta también es “no”. Volved a intentarlo y ya me contaréis.

Qué bonito tiene que ser alcanzar un día en el que puedas decir, “he vivido lo suficiente para poder entenderlo todo”.

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Alfabetos del mundo

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San Sebastián, 12 de marzo de 2012

En las últimas semanas he estado un poco lost in translation, enfrentándome a alfabetos completamente desconocidos, que te hacen darte cuenta de que el mundo es aún, y por suerte, un lugar con cierto colorido.

En primer lugar: desde mi último viaje a China allá por octubre/noviembre, estoy apuntado a clases en el Instituto Chino de Guipuzcoa. Ya suman creo que nueve viajes a ese país, y parece probable, o por lo menos posible, que acabe yéndome a vivir allí en algún momento, así que era momento de empezar. Me temo que la vida es demasiado corta para aprender Chino, como diría Woody Allen, pero al menos moriremos intentándolo.

He aquí los “deberes” de mi libro de ejercicios en Chino mandarín (simplificado), un idioma que me permitirá (algún día) comunicarme con entre 900 y 1150 millones de personas:

alfabeto chino

 
Lo curioso del caso es que últimamente nos han estado dando clase con un libro koreano, en versión bilingüe: las explicaciones de los ejercicios y del vocabulario vienen en inglés y en koreano. Y con este idioma sí que me quedé ojiplático. Si lo había visto alguna vez antes no le había prestado atención. Parece un alfabeto traído por alienígenas. El Koreano es hablado por 75 millones de seres (¿humanos?) en el planeta; se desconoce cuántos más en el resto de la galaxia:

alfabeto koreano

 

El reciente viaje que hice a Malasya y Australia me permitió conocer un lugar inesperado, Sri Lanka, donde también conviven dos curiosos alfabetos, el Cingalés y el Tamil. Creo que ambos tienen antepasados comunes. Es tristemente conocido que este país ha estado en guerra civil precisamente por desavenencias entre estas dos etnias hasta hace tan sólo cuatro o cinco años.

Esto es Cingalés (también llamado Singalés, o Sinhalá), y que hablan unos 16 millones de personas; escribir, la verdad es que lo escriben bastantes menos, porque en la isla abunda el analfabetismo:

alfabeto ceilanes

 
Y éste es el alfabeto Tamil, una lengua que tiene la nadería de 66 millones de hablantes en el mundo:

alfabeto tamil

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Turistas VS viajeros

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(Melbourne, 18 de febrero de 2012)

Ahora que he puesto pie en el último continente que me quedaba por pisar, y voy crecido, haré otra aportación al recurrente debate “turistas VS viajeros”; un tema que ya ha salido a relucir alguna vez en los comentarios de este blog.

Creo que ya dejé dicho que yo sí hago distinción entre ambos, lo mismo que, aunque ambos sean un libro que la gente ha leído mucho, yo no soy de los que meten en el mismo saco El Quijote y El Código Da Vinci.

Una actitud que muchas veces los diferencia, sin que ellos mismos se den cuenta, es la tendencia del viajero a hacer cosas cotidianas en lugares insólitos, mientras que turista siente que mientras esté en un lugar diferente, debe hacer, en consonancia, cosas fuera de lo habitual.

Ir al cine en Londres, quedarse en la habitación de tu hotel en Sri Lanka leyendo un libro, salir a comprar calzoncillos en Kuala Lumpur, ir al mercado a comprar verduras en Guangzhou, cortarse el pelo en Melbourne, hacer la colada en Taipei… Todas estas cosas le parecerían casi un sacrilegio a cualquier turista. “Eso ya lo puedo hacer en casa. No voy a perder mi tiempo aquí en eso”, sería su reacción.

En cambio, algunos, hemos descubierto que disfrutamos de esa cotidianeidad en un escenario diferente. Es una forma más profunda de integrarte en la vida tal como esta transcurre en otro lugar, que para nosotros es el propósito de cualquier viaje. No me importa marcharme de Kuala Lumpur sin haberme subido a las torres Petronas, o sin haber pisado ninguna de las famosas playas de Malasia. Tampoco me importaría irme de Australia sin haber visto canguros y koalas, como no me importó en su momento, la primera vez que fui a París, irme de allí sin haber visto la Torre Eiffel. “Ya volveré. Y si no vuelvo, no pasa nada”.

Por supuesto, también he hecho “cosas de turista” en mis viajes, y de algunas de ellas guardo un recuerdo imborrable. Por ejemplo, nunca olvidaré la sensación cuando por primera vez subí a la pirámide del sol en Teotihuacán, o cuando visité la que es posiblemente la playa más impresionante del mundo, Koh Phi Phi Leh. Pero en general, mis recuerdos más entrañables son los relacionados con pequeñas cosas que completamente normales que hice en lugares fuera de lo común.

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Negombo

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(Negombo, 9 de febrero de 2012)

Negombo, Sri Lanka, boat

Escribo estas líneas desde una tumbona a 20 metros del mar, en un lugar llamado Negombo. Exactamente el punto desde donde he hecho la foto que ilustra esta entrada.

Apuesto mi testículo izquierdo a que ninguno de mis queridos lectores -a pesar de ser gente culta y viajada en su mayoría- sabrían situarlo en el mapa. Probablemente errarían incluso de continente, ya que el nombre suena a africano. Y más aún, estoy seguro de que si yo apuntase que está en Sri Lanka, ligeramente al norte de Colombo, más de uno todavía tendría dificultades para ubicarlo en un mapamundi: es esa isla con forma de lágrima que cuelga del subcontinente indio.

Lo divertido del caso no es qué hago en tan pintoresco lugar, sino el hecho de que hace tan sólo cuatro días ni siquiera se me hubiera pasado por la imaginación que algún día visitaría Sri Lanka. Ni por lo más remoto.

Resulta que tenía que tenía que hacer tres viajes, a Londres, Kuala Lumpur, y a Melbourne. Y en estos casos, lo más práctico y eficiente, lo que me permite ahorrar pasta y tiempo, es encadenar uno con otro y hacerlo del tirón.

Cuando me puse a mirar (en el último minuto) vuelos desde Londres a Kuala Lumpur, me encontré con que la opción más barata, de largo, era con Srilankan Airlines. Y luego, mirando los detalles, me di cuenta de por qué: implicaba una escala mortal de 30 horas en Colombo.

Ahí se me encendió la bombilla y, persona de recursos que soy, conseguí convertir esa escala de 30 en una de 65 horas, pero manteniendo el mismo precio. Tiempo suficiente como para pernoctar un par de noches y darse unos paseos “a ver qué hay”.

La experiencia ha sido totalmente positiva. Me quedé en Negombo, un pueblo de pescadores (90.000 en todo el área urbana) que pilla a sólo 6 km del aeropuerto internacional. Colombo está a 31km de su aeropuerto, pero por culpa del tráfico el trayecto puede tomar más de una hora.

Negombo es un lugar a donde la Coca-Cola aún no he llegado, y no existen McDonalds ni Starbucks. Eso sí, debido a la herencia portuguesa, la iglesia católica no para de abrir nuevas franquicias, algo que vengo observando en toda Asia. Grosso modo, el 80% de la gente que habita este poblacho es católica, y el resto se divide entre tamiles (hinduistas) y musulmanes. Observando la iconografía loca, tal parece que a Cristo no lo mataron en una cruz, sino que murió arrollado por un tuk-tuk.

El turismo es algo casi inexistente, salvo por algún nórdico o alemán despistado. Y algún pedófilo: La isla tiene una triste reputación como lugar donde abunda la prostitución infantil y el tráfico de personas, algo que no me asombra mucho una vez visto por encima el panorama. Yo, por si acaso, miraba con cierta ojeriza a todo varón de más de 30 años que anduviese por allí solo; claro que, bien pensado, ellos podrían estar pensando exactamente lo mismo de mi…

Por si algún alma errante llegase a este blog vía Google, le diré que el lugar tiene sus atractivos. Es un buen paraje para relajarse un par de días antes de tomar un vuelo de vuelta si has estado viajando por el resto de la isla, que sí parece una mina turística por explotar, con joyas arqueológicas, vida salvaje, y gastronomía espectacular. Yo me alojé en el Golden Star Beach Hotel, que es bastante recomendable. El mercado de pescado ofrece una estampa bastante pintoresca, aunque he conocido pocos lugares en el mundo que huelan peor. Conviene quizá visitarlo hacia el final de la estancia, para que las imágenes (y olores) que te asalten allí no te retraigan luego de disfrutar la cocina local, basada en pescado y marisco en su mayor parte: es indescriptiblemente sabrosa y espectacularmente barata. Y para estómagos atrevidos, probad suerte con los curries locales, que son posiblemente de los más fuertes que he catado (y me considero una autoridad internacional en el tema).

¿Lo mejor? La comida, el contacto con gente poco acostumbrada a los extranjeros, y un baño que me pegué en el mar mientras se ponía el sol, viendo al fondo cómo los barcos de vela como el de la foto regresaban al puerto, en una larga fila. Impresionante, como viajar en el tiempo a otra época.

En el capítulo de advertencias: No olvidéis, sobre todo, traer todo tipo de repelentes para mosquitos (incluyendo uno de enchufar para poner en la habitación), ya que salen de sus guaridas en cuanto se pone el sol y están dando pol saco hasta que amanece. Y mucho cuidado con el mar, que es bastante traicionero y arrastra mucho, llegué a pasar un mal rato.

En fin, una curiosa experiencia. Mereció mucho la pena la escala, y no descarto regresar algún día con el resto de la familia.

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Torneo de Ajedrez Centenario San Sebastian 2011-2012

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(San Sebastián, 26 de diciembre de 2011)

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Estimados amigos,

Como ya sabréis, los primeros “super torneos”, tal y como los conocemos hoy en día, tuvieron lugar en el antiguo casino de San Sebastian en 1911 y 1912, resultando su primer vencedor cierto novato llamado Capablanca. Hemos querido celebrar este centenario organizando un acontecimiento muy especial, desde el miércoles 28 hasta el 5 de enero, justo a caballo entre 2011 y 2012.

Será un torneo por sistema eliminatorias con algunas modificaciones, ya que los jugadores eliminados podrán seguir jugando en un grupo paralelo. Y la principal novedad es que, siguiendo una idea de David Bronstein, los enfrentamientos consistirán en dos partidas disputadas de forma simultánea. De esta forma nadie tiene la ventaja de jugar la primera partida con blancas.

Esta idea vino a nuestra cabeza cuando el profesor Ignacio Palacios Huerta, de la London School of Economics (especializado en los campos de la Teoría de Juegos, la psicología aplicada a la economía, y la toma de decisiones) ofreció una conferencia durante la Final del Grand Slam, en Bilbao 2010. Ignacio compartió con nosotros las conclusiones de un estudio muy interesante, en el cuál demostraba la importancia de llevar las blancas en la primera partida de un match de ajedrez. De acuerdo con su estudio, “cuando dos jugadores disputan una serie de partidas uno frente al otro, alternando quién juega con blancas y con negras, el jugador que lleva blancas en la primera de ellas -y por tanto, en las subsecuentes partidas impares- gana más matches que el jugador que comienza con negras”. Y, cuanto más igualado es el nivel de ambos jugadores, más relevancia adquiere este fenómeno.
(Más información: http://www.chessbase.com/espanola/newsdetail2.asp?id=8857)

A esta combinación entre la vieja idea de Bronstein y los modernos análisis de Ignacio Palacios-Huerta, la hemos bautizado como “sistema vasco”.

Esta es la lista inicial de jugadores, entre los que hay 10 ajedrecistas con un ranking superior a 2700 elo:

01- 2757 – Vugar Gashimov (AZE),
02- 2733 – Shakhriyar Mamedyarov (AZE),
03- 2723 – Ruslan Ponomariov (UKR),
04- 2715 – Alexander Moiseenko (UKR),
05- 2714 – Etienne Bacrot (FRA),
06- 2712 – Arkadij Naiditsch (GER),
07- 2712 – Leinier Dominguez (CUB),
08- 2710 – Maxime Vachier-Lagrave (FRA),
09- 2703 – Viktor Laznicka (CZE),
10- 2700 – Laurent Fressinet (FRA),
11- 2695 – Andrei Volokitin (UKR),
12- 2686 – Loek Van Wely (NED),
13- 2676 – Tigran Gharamian (FRA),
14- 2660 – Anton Korobov (UKR),
15- 2658 – Sebastien Feller (FRA),
16- 2650 – Ivan Cheparinov (BUL),
17- 2641 – Christian Bauer (FRA),
18- 2636 – Julio Granda (PER),
19- 2622 – Kamil Miton (POL),
20- 2585 – Kevin Spraggett (CAN),
21- 2577 – Sebastian Maze (FRA),
22- 2559 – Vitaly Kunin (GER),
23- 2539 – Aimen Rizouk (ARG),
24- 2535 – Daniel Alsina (ESP),
25- 2531 – Antonaeta Stefanova (BUL),
26- 2518 – Ibagim Khamrakulov (ESP)

(… hasta 87 jugadores)

El principal patrocinador del evento es BSGelectrics, un proyecto promovido por viejos conocidos del ajedrez español, el (retirado) GM Félix Izeta y el (también retirado) periodista David Llada. BSGelectrics es una marca de vehículos eléctricos y ecológicos. La suma total de premios asciende a 100.000, y además, el Campeón del torneo así como el primer jugador local recibirán como premio una moto-e de gama alta, modelo Generation.

Para fotos y notas de prensa podéis contactarme en este mismo email, o en el teléfono 680312726

WEB OFICIAL: www.donostiachess.com

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