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	<title>David Llada - Artículos de ajedrez &#187; necrológicas</title>
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		<title>Larry Evans: El profesor de ajedrez de Norteamérica</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Nov 2010 00:09:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Gran Maestro de ajedrez desde 1957, Larry Melvyn Evans era toda una institución de este deporte en los Estados Unidos. Nacido en el corazón de Manhattan en 1932, fue un brillante competidor que destacó ya a una edad muy temprana: cuando todavía era un niño, irrumpió entre los jugadores habituales que se solían congregar en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div><!-- p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Cambria} p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Cambria; min-height: 14.0px} -->Gran Maestro de ajedrez desde 1957, <strong>Larry Melvyn Evans</strong> era toda una institución de este deporte en los Estados Unidos. Nacido en el corazón de Manhattan en 1932, fue un brillante competidor que destacó ya a una edad muy temprana: cuando todavía era un niño, irrumpió entre los jugadores habituales que se solían congregar en la calle 42, a quienes vaciaba los bolsillos retándoles a partidas rápidas con diez centavos en juego. Llegó a la adolescencia siendo el mejor ajedrecista de <strong>Nueva York</strong>, que por entonces contaba con una floreciente cultura de clubes y locales donde se disputaban fuertes torneos.</p>
<p>Muy pronto <strong>Evans</strong> haría su entrada triunfal en los eventos nacionales: debutó con 16 en el Campeonato de los Estados Unidos, alcanzando un más que digno octavo puesto. Y a los 19 obtuvo el primero de sus cinco títulos en esta competición, a los que sumaría además otros cuatro triunfos en su modalidad <em>Open</em>. También formó parte en ocho ocasiones del equipo olímpico estadounidense (las olimpiadas de ajedrez se celebran cada dos años), con el que jugaría un papel decisivo en la medalla de oro que obtuvo en la Olimpiada de Haifa (Israel).</p>
<p>Evans fue un buen amigo de su coetáneo <strong>Bobby Fischer</strong>: supuestamente Larry, con 28 años, fue quien le presentó al futuro campeón mundial varias muchachas durante el torneo de Buenos Aires de 1960, aunque según otras versiones lo que hizo fue directamente arrastrarlo a un prostíbulo. De una manera o de otra, este primer contacto con el sexo opuesto parece que resultó demasiada distracción para Fischer, quien sufrió en Argentina, a los 17 años, el peor resultado de toda su carrera.</p>
<p>Quizá el hecho de haber sido extremadamente discreto en lo que se refiere a ese incidente fue lo que permitió a Evans ganarse la confianza de Fischer, quien contaría con él como entrenador para preparar su asalto al título mundial. Aunque no llegó a estar presente en la final contra <strong>Spassky</strong>, Evans jugó un papel decisivo en el camino del norteamericano, asistiéndole durante sus sonadas victorias ante <strong>Larsen</strong>, <strong>Taimanov</strong> y <strong>Petrosian</strong>.</p>
<p>También trabajarían juntos en el único libro que Bobby nos ha legado, <strong><em>&#8220;Mis 60 mejores partidas&#8221;</em></strong>, en el que Evans fue el encargado de redactar la presentación de cada una de estas joyas ajedrecísticas, así como de recopilar y transcribir los comentarios técnicos de Fischer. Su parte de mérito en esta obra maestra nunca ha sido lo suficientemente reconocida.</p>
<p>Y es que, si como jugador ocupó un lugar destacadísimo, es como divulgador como alcanzó su verdadera fama. Publicó un total de 20 títulos sobre ajedrez, la mayor parte de ellos de nivel magistral, y su columna semanal en la prensa se convirtió en todo un clásico, llegando a reproducirse en más de 50 periódicos distintos de todo el planeta. Sus colaboraciones especiales durante los eventos más importantes, como los campeonatos del mundo, ocuparon las páginas de publicaciones tan importantes como <em>Time </em>o <em>Sports Illustrated</em>. Por no hablar de las revistas especializadas como <em>Chess Life</em>, en la que mantuvo una sección durante más de 40 años sin interrupción, casi hasta el día de su muerte.</p>
<p><!-- p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Cambria} --><em>Larry Evans, Gran Maestro de ajedrez, nació el 22 de marzo de 1932 en Nueva York, y falleció el 16 de noviembre de 2010 en Reno, Estados Unidos</em></p>
<blockquote><p>[Pendiente de publicación en el diario "El Mundo" el 23 de noviembre de 2010]</p></blockquote>
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		<title>Lilienthal: el último de los primeros Grandes Maestros</title>
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		<pubDate>Tue, 11 May 2010 16:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Nadie podría haber contado tantas historias y anécdotas sobre el mundo del ajedrez como Andor Lilienthal, fallecido el pasado sábado a los pocos días de haber celebrado su 99 cumpleaños. Conoció en persona a todos los campeones del mundo con excepción de uno –Steinitz, el primero-, e incluso acogió bajo su techo durante una temporada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nadie podría haber contado tantas historias y anécdotas sobre el mundo del ajedrez como <strong>Andor Lilienthal</strong>, fallecido el pasado sábado a los pocos días de haber celebrado su 99 cumpleaños. Conoció en persona a todos los campeones del mundo con excepción de uno –Steinitz, el primero-, e incluso acogió bajo su techo durante una temporada al más esquivo de todos ellos, Bobby Fischer. Pero cometió el error de escribir su autobiografía demasiado pronto, a los 58 años, sin sospechar que aún le quedaba media vida por delante.</p>
<p>De origen judío, nació en Moscú, pero su familia se trasladó muy pronto a Budapest, donde el antisemitismo soviético era menos agresivo. Allí aprendió a jugar al ajedrez a una edad bastante tardía, los 16 años, pero recuperó el tiempo perdido a pasos agigantados. Y comenzó a soñar con vivir del ajedrez en la época en la que este juego se practicaba entre grandes personalidades en los legendarios cafés de Europa. En Viena, llegó a jugar por dinero con el célebre compositor <strong>Prokofiev</strong>, quien por entonces también se ganaba el sustento ante el tablero. Y en el más famoso de esos locales, el café de <strong>la Regence</strong> de París, derrotó por 3-1 en una serie de partidas rápidas al entonces campeón del mundo <strong>Alexander Alekhine</strong>; éste, furioso, arrojó las piezas al suelo y exigió una revancha. Sin embargo Lilienthal se la negó: “Discúlpeme, Doctor, pero quiero conservar este resultado por el resto de mi vida”. El orgulloso Alekhine se echó a reír, comprensivo con el talentoso joven.</p>
<p>Probablemente el ajedrez le salvó la vida en, al menos, una ocasión: gracias a una sonada victoria sobre <strong>Capablanca</strong>, fue invitado al torneo de Moscú de 1935, lo que le libró de estar en Budapest en las fechas en que se produjo la ocupación nazi. Y tras el turbulento periodo que supuso la segunda Guerra Mundial, cuando la <strong>Federación Internacional de Ajedrez</strong> creó el título oficial de <strong>Gran Maestro</strong>, Lilienthal fue uno de los primeros 27 elegidos en recibirlo.</p>
<p>En 1992, cuando <strong>Bobby Fischer</strong> hizo su sonada reaparición en Yugoslavia, Lilienthal, como un admirador más, no quiso perderse el acontecimiento, y viajó hasta Sveti Stefan, sede del duelo con Spassky. Cuando Fischer le vio sentado entre los asistentes a su primera rueda de prensa, le gritó: “e5xf6!”. El guiño hacía referencia a la jugada decisiva de una de las partidas más famosas de Lilienthal, la que le ganó a Capablanca, reproducida en innumerables publicaciones especializadas y que Bobby conocía de memoria. Fue el comienzo de una fiel amistad entre ambos, y cuando Fischer quiso desaparecer de nuevo, buscó refugio en la casa de Lilienthal.</p>
<p>Enviudó dos veces, y a su tercera mujer, 30 años más joven, solía bromearle diciendo que “era demasiado mayor para él”. Alto y fuerte, fue un buen deportista que de joven llegó a jugar al fútbol en el Spartak. Y ya cumplidos los 95, Lilienthal seguía haciendo todo lo que le placía: fumaba, nadaba asiduamente, viajaba con frecuencia y, por supuesto, jugaba al ajedrez. Causó gran asombro su llegada a la Olimpiada de ajedrez celebrada en Turín en 2006, al volante de su propio coche, habiendo conducido todo el camino desde Budapest. A quienes se asombraban de su longevidad y su buena memoria, siempre les repetía lo mismo: “el ajedrez me ha ayudado a mantener la lucidez”. </p>
<p><em>Andor Lienthal, gran maestro de ajedrez, nació en Moscú el 5 de mayo de 1911, y falleció en Budapest el 8 de mayo de 2010</em></p>
<blockquote><p>[Pendiente de publicación en el diario "El Mundo" el 12 de mayo de 2010]</p></blockquote>
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		<title>Campomanes: Presidente de la época dorada del ajedrez</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 09:01:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La disputa del Campeonato del Mundo de ajedrez, que se celebra estos días en la capital de Bulgaria entre Anand y Topalov, se ha visto sacudida por la noticia del deceso de Florencio Campomanes, quien fuera presidente de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) durante trece años. Campomanes, nacido en Manila el 22 de Febrero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La disputa del Campeonato del Mundo de ajedrez, que se celebra estos días en la capital de Bulgaria entre Anand y Topalov, se ha visto sacudida por la noticia del deceso de <strong>Florencio Campomanes</strong>, quien fuera presidente de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) durante trece años. Campomanes, nacido en Manila el 22 de Febrero de 1927, falleció a causa de un cáncer este lunes en Baguio, Filipinas.</p>
<p>Bastaban diez minutos de conversación con él, en cualquiera de los siete idiomas que hablaba fluidamente, para sentirse fascinado por su cultura, sus exquisitos modales, y su aguda inteligencia: representó a su país como jugador en varias Olimpiadas de ajedrez, y se doctoró en Ciencias Políticas por la universidad de Georgetown. Políticamente no era sin embargo tan elegante, y quizás la palabra &#8220;taimado&#8221; sea la que mejor lo defina. Astuto negociador, su primera jugada magistral en el mundo del ajedrez fue convencer a su amigo personal, el dictador <strong>Ferdinand Marcos</strong>, para que ofreciese, en 1975, cinco millones de dólares como bolsa de premios para el duelo previsto entre el campeón <strong>Bobby Fischer</strong>, y el candidato soviético <strong>Anatoli Karpov</strong>. Un encuentro que pese a lo estratosférico de la oferta y a los esfuerzos de Campomanes, nunca llegó a producirse por las reiteradas negativas y exigencias del genio americano, actitud que le llevó a ser desposeido del título. </p>
<p>Pero si Campomanes ha alcanzado una fama poco común entre otros dirigentes deportivos, fue porque su mandato, entre 1982 y 1995, coincidió en el tiempo con la época dorada del ajedrez, en la que <strong>Kasparov</strong> y <strong>Karpov</strong> mantuvieron una de las mayores rivalidades deportivas de toda la historia. Y muy especialmente por lo sucedido durante el primero de sus cinco duelos, en 1984, suspendido antes de su conclusión. </p>
<p>Se había pactado que en este encuentro se proclamaría vencedor al primero en obtener 6 victorias, sin que las tablas fuesen contabilizadas. Karpov, favorito del régimen soviético, comenzó castigando a su impetuoso rival y se impuso en 5 partidas, que dejaban la victoria a su alcance. Pero vino entonces una serie interminable de tablas que alargó el campeonato por encima de los cinco meses, desbordando todas las previsiones y causando enormes problemas organizativos. Con ambos contendientes al borde del colapso físico y mental, Kasparov resucitó y se impuso en tres partidas en muy corto espacio de tiempo: era Karpov, que había adelgazado casi 10 kilos a lo largo del maratoniano duelo, quien se encontraba ahora al borde del KO. Llegado a este punto, supuestamente presionado por las autoridades soviéticas para proteger a su preferido, Campomanes decidió suspender el encuentro sin proclamar vencedor.</p>
<p>Ambos ajedrecistas se sintieron perjudicados y se juraron odio eterno: Kasparov, porque al fin había puesto a su rival contra las cuerdas y, dado su juventud y mejor estado físico, confiaba en sus posibilidades. Y Karpov, porque a pesar de su frágil salud, sólo una victoria más le separaba del éxito.</p>
<p>¿A quién quería proteger realmente el presidente de la FIDE con su decisión? &#8220;En la antigua URSS, los famosos eran esclavos del sistema. Tan sólo Campomanes sabe realmente qué pasó y por qué lo hizo&#8221;, explica Karpov al respecto. Un secreto que, posiblemente, Campomanes se ha llevado a la tumba.. </p>
<p><em>Florencio Campomanes, ex presidente de la Federación Internacional de Ajedrez, nació el 22 de febrero de 1927 en Manila y falleció el 3 de mayo de 2010 en Baguio (Filipinas)</em></p>
<blockquote><p>[Publicado en el diario "El Mundo" el 6 de mayo de 2010, en la sección de Opinión]</p></blockquote>
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		<title>Smyslov: El Maestro eternamente joven</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Mar 2010 14:57:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Vasily Smyslov, séptimo campeón del mundo de ajedrez, ha fallecido en su ciudad natal, Moscú, dos días después de cumplir 89 años. Aunque el suyo resultó uno de los reinados más breves –ostentó el título durante apenas un año-, fue el mejor jugador del mundo durante mediados de los 50, y se le considera uno [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Vasily Smyslov</strong>, séptimo campeón del mundo de ajedrez, ha fallecido en su ciudad natal, Moscú, dos días después de cumplir 89 años. Aunque el suyo resultó uno de los reinados más breves –ostentó el título durante apenas un año-, fue el mejor jugador del mundo durante mediados de los 50, y se le considera uno de los pilares de la escuela soviética que dominaría este deporte durante varias décadas.</p>
<p>Dotado de un virtuosismo técnico exquisito, <strong>Kasparov</strong> dijo de él que sus partidas exhibían <em>&#8220;una armonía casi poética&#8221;</em>. Por su gran intuición, <strong>Spassky</strong> le apodaba &#8220;La Mano&#8221;, ya que según él, <em>&#8220;Smyslov no necesita utilizar la cabeza para decidir la mayoría de sus jugadas; su mano encuentra por sí misma la situación ideal para cada pieza&#8221;</em>.<em> &#8220;Yo haré cuarenta jugadas buenas, y si usted es capaz de hacer lo mismo, la partida finalizará en tablas&#8221;</em>, resumía el propio Smyslov, en una afirmación que en boca de cualquier otro hubiera sonado pretenciosa, pero que aplicada a él era rigurosamente cierta.</p>
<p>Disputó tres campeonatos mundiales frente al mismo rival, <strong>Mijaíl Botvínik</strong>. El primero, en 1954, concluyó en empate, lo que permitió a Botvínik retener su título. El segundo, en 1957, lo ganó de forma convincente, coronándose campeón. El tercero, un año después, fue el match-revacha que se le otorgó al destronado Botvínik, y en el cual un Smyslov con problemas de salud se vio claramente superado. Durante esa época disputaron un total de 98 partidas oficiales entre sí, un registro que sólo sería superado en los años 80 por Kasparov y Karpov. <em>&#8220;Tengo la sensación de haber pasado media vida jugando con él, lo cual, aunque agotador, ha sido un privilegio, porque Botvínik era el mejor contendiente posible en mi época&#8221;</em>, declaró Vasily años después.</p>
<p>Aunque su empuje y ambición desaparecieron tras ese periodo, Smyslov siempre conservó su amor por el ajedrez y su depurada técnica, lo que le permitió competir a un excelente nivel hasta muy avanzada edad. Su canto del cisne particular se produjo en 1984 cuando, con 63 años, sorprendió a todos alcanzando la final de Candidatos que decidiría el aspirante al título de Anatoly Karpov. Su rival -y a la postre vencedor- sería un jovencísimo Kasparov, a quien Smyslov triplicaba en edad.</p>
<p>Todavía en años recientes, ya octogenario y prácticamente ciego, Smyslov era espectador habitual de cualquier torneo que se disputase en Moscú, lo que daba lugar a una escena conmovedora: su esposa le iba anunciando al dictado los movimientos de las partidas, que Smyslov seguía &#8220;de memoria&#8221; y con gran deleite.</p>
<p>Smyslov había cursado estudios de música y era un notable barítono, compaginando durante su juventud esta actividad con el ajedrez: sólo en 1951, cuando fue rechazado en una audición para formar parte de la compañía <strong>Bolshoi</strong>, pasó a dar prioridad a los tableros. Su prodigiosa voz, como su talento ajedrecístico, se conservó intacta hasta muy avanzada edad, y en 1996 se editó un CD de canciones populares rusas interpretadas por él. Con frecuencia se le pedía que actuase en ceremonias ajedrecísticas, y así, en 2001, exactamente 50 años después de su audición fallida, la voz de Smyslov pudo hacer vibrar el teatro Bolshoi, en un acto de homenaje a Anatoly Karpov por su 50º cumpleaños.</p>
<p><strong>BLANCAS: Igor Bondarevsky<br />
NEGRAS: Vasily Smyslov<br />
(Moscú 1946)<br />
</strong>1.e4 e5 2.Cf3 Cc6 3.Ab5 a6 4.Aa4 Cf6 5.O-O Ae7 6.Axc6 dxc6 7.Te1 Cd7 8.d4 exd4 9.Dxd4 O-O 10.Af4 Cc5 11.Dxd8 Axd8 12.Cc3 f5 13.e5 Ce6 14.Ad2 g5?15.Ce2 c5 16.Ac3 b5 17.b3 Ab7 18.Cg3 g4 19.Cd2 Ae7 20.Ch5 Rf7 21.Cf1 Rg6?22.Cf6 Tad8 23.Tad1 Txd1 24.Txd1 Td8 25.Txd8 Axd8 26.Ce3 f4 27.Cd1 Axf6?28.exf6 Ae4 29.Ab2 b4 30.f3 Axc2 31.Cf2 gxf3 32.gxf3 Ab1 33.Ce4 Axa2 34.Cd2 a5 35.Rf2 Cd4 36.Axd4 cxd4 37.Re2 Rxf6 38.Rd3 Re5 39.Rc2 a4 40.bxa4?c5 41.a5 c4 42.a6 d3+ 0-1</p>
<p><em>Vasily Smyslov, ex campeón mundial de ajedrez, nació el 24 de marzo de 1921 en Moscú, ciudad en la que murió el 26 de marzo de 2010</em></p>
<blockquote><p>[Publicado en el diario "El Mundo" el 29 de marzo de 2010, en la sección de Opinión]</p></blockquote>
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		<title>#2: Bobby Fischer, ni tan loco ni tan infalible</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Mar 2008 09:54:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Existen dos pequeños defectos, muy extendidos entre los seres humanos, de los que a veces no somos plenamente conscientes, y que además yo diría que se dan con inusitada frecuencia entre los practicantes del ajedrez. Uno es la ligereza con la que a veces emitimos juicios sobre nuestros semejantes, y el otro es nuestra tendencia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Existen dos pequeños defectos, muy extendidos entre los seres humanos, de los que a veces no somos plenamente conscientes, y que además yo diría que se dan con inusitada frecuencia entre los practicantes del ajedrez. Uno es la ligereza con la que a veces emitimos juicios sobre nuestros semejantes, y el otro es nuestra tendencia a adoptar posturas inamovibles en nuestras ideas o nuestra forma de interpretar el mundo.</p>
<p>Un personaje tan carismático y conocido como lo fue <strong>Bobby Fischer</strong> no podía escapar a ello. Todo el mundo tiene su opinión acerca del ajedrecista americano, y éstas suelen ser bastante diferenciadas. Por un lado, la imagen más extendida a nivel popular suele ser la de que Fischer era “un genio loco”, tan admirable en su faceta ajedrecística como deleznable como persona; un mal ejemplo y una triste figura. Y mucho me temo que los periodistas, en nuestra búsqueda del sensacionalismo, tenemos gran parte de la responsabilidad en esto, habiendo alimentado su leyenda negra al extraer de su biografía aquellas declaraciones o anécdotas que ofreciesen un perfil más extravagante y pintoresco.</p>
<p>Por otro lado, están los que pecan de indulgentes con el que fue su gran ídolo. Aficionados al ajedrez que, por su amor al juego, son capaces de perdonarle todo y que, simplificando, vienen a defender la postura de que Fischer no estaba loco, sino que era un incomprendido y que los locos somos los demás. Recuerdo -por citar un caso enternecedor-, el del historiador <strong>Ricardo Calvo</strong>, cuya admiración por el incorruptible ajedrecista de Brooklyn era tan grande que incluso tenía un pequeño discurso preparado: cada vez que un neófito le planteaba la recurrente pregunta (<em>“Ese tal Bobby Fischer, ¿está como una cabra, verdad?”</em>), Ricardo, siguiendo un protocolo ya establecido, tomaba aire, se armaba de paciencia, contaba hasta diez, y soltaba entonces su educado y lúcido alegato en defensa del ex campeón mundial.</p>
<p>Probablemente lo más aproximado a la realidad, como en tantas ocasiones, se encuentre en un estado intermedio entre una y otra postura. Afirmar que Fischer “estaba loco” es fácil, pero me parece una simplificación excesiva y sin duda injusta. Y al mismo tiempo, negar que sufría ciertos trastornos de la personalidad sería cerrar los ojos a algo bastante evidente, según los testimonios coincidentes de todos aquellos que tuvieron ocasión de conocerle más de cerca.</p>
<p>Su prodigiosa inteligencia, su aislamiento social, y el hecho de no haber recibido una educación convencional, convirtieron a Bobby Fischer en el prototipo de persona hecha a sí misma incluso en lo más profundo; alguien que no tomó prestados de su entorno cultural sus valores y sus ideas sobre el mundo, sino que formó su propio camino. Esta independencia desemboca en un caudal de ideas originales, del que pueden surgir tanto los hallazgos o las creaciones más brillantes, como los errores de juicio más estrepitosos.</p>
<p>Entre las ocurrencias geniales de Fischer -dejando aparte su inmenso legado de innovaciones en la teoría del ajedrez- están, por ejemplo, la patente del reloj con tiempo añadido y su idea del <em>fischer random</em>, modalidad ideada como una tabla de salvación para rescatar el juego del agotamiento teórico en el que progresivamente está cayendo. La primera se ha convertido ya en un estándar del juego; la segunda, aún es pronto para calibrar su acierto, pero poco a poco gana adeptos e incluso <strong>Kasparov</strong> llegó a reconocerla recientemente como una posibilidad a considerar.</p>
<p>En cuanto a los trastornos de la personalidad que Fischer acusó durante buena parte de su vida, son fácilmente comprensibles si atendemos a algunos detalles de su biografía. Su madre, de orígenes suizos, había cursado la carrera de medicina en Moscú, pero cuando años después se instaló en los Estados Unidos el título no le fue homologado. Eso la condenó a una penosa precariedad laboral que, unida a su temprana separación -cuando Bobby tenía sólo dos años-, obligó a ambos hijos a pasar la mayor parte del tiempo solos y desatendidos.</p>
<p>El pasado de <strong>Regina Fischer</strong> en la Unión Soviética, unido a sus simpatías izquierdistas, hicieron que durante años fuese vigilada por el FBI, y quien fue su marido, el biofísico <strong>Gerhadt Fischer</strong>, también era considerado sospechoso de espiar para la RDA. Por no mencionar que la persona a la que algunos biógrafos apuntan como su progenitor biológico, el físico nuclear <strong>Paul Nemenyi</strong>, era una pieza clave en las investigaciones de la carrera armamentística estadounidense, y todo lo relacionado con él siempre estuvo rodeado de un fuerte secretismo. Así que, habiendo crecido solo y en semejante ambiente de intrigas, cuando se habla de la paranoia de Fischer y de sus exagerados temores a ser espiado, perseguido o asesinado, yo no puedo evitar acordarme de aquel viejo chiste del paciente que le contaba a su psicólogo que había visto un cocodrilo debajo de su cama.</p>
<p>Si a este cóctel explosivo añadimos el juego sucio de los soviéticos en <strong>Curaçao</strong> (1962), su detención ilegal en <strong>Pasadena</strong> (1981), o la más reciente traición que sufrió por parte del encargado de velar por sus pertenencias en Estados Unidos (y que terminó con sus bienes y recuerdos de toda una vida saldados en subasta pública), podemos concluir que sí, que Bobby a veces caía claramente en el delirio, pero que conviene ser cuando menos un poco indulgente. Incluso la persona más estable y equilibrada hubiera podido desarrollar cierta paranoia de haber pasado por todo por lo que Fischer atravesó.</p>
<p>Con todo, la biografía de las personas es el fruto de sus circunstancias, y si las circunstancias de Fischer hubieran sido distintas, seguramente no estaríamos hablando ahora de uno de los mayores campeones en la historia de nuestro juego. El ajedrez fue para Bobby su refugio, el terreno donde con más éxito lograba comunicarse con sus semejantes, su mayor pasión y su monomanía.  Todos los que amamos este deporte le debemos interminables horas de emoción y disfrute, que ni la más disparatada y triste de sus ocurrencias fuera del tablero conseguirán empañar.</p>
<blockquote><p><strong>[Escrito en San Sebastián el 19 de enero de 2008; publicado en la revista Jaque nº 618 correspondiente a febrero de 2008]</strong></p></blockquote>
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		<title>Necrológica: Bobby Fischer, el más grande de todos los tiempos</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Jan 2008 09:00:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Para todos aquellos ajenos al mundo del ajedrez, Bobby Fischer quedará en el recuerdo como el arquetipo del genio loco, un ser humano dotado de un coeficiente intelectual superior al de Albert Einstein –alrededor de 180- volcado en exclusiva a su gran monomanía: el ajedrez. En su época de gloria, sus excentricidades y sus desplantes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para todos aquellos ajenos al mundo del ajedrez, <strong>Bobby Fischer</strong> quedará en el recuerdo como el arquetipo del genio loco, un ser humano dotado de un coeficiente intelectual superior al de Albert Einstein –alrededor de 180- volcado en exclusiva a su gran monomanía: el ajedrez. En su época de gloria, sus excentricidades y sus desplantes ocuparon los titulares de diarios de todo el mundo. Y en sus últimos años, su vida errante, su acentuada paranoia y el cruel acoso sufrido por las autoridades norteamericanas acabaron por convertirle en un personaje caído en desgracia: un espécimen único en el zoo de las rarezas humanas.</p>
<p>Sin embargo, limitarse a tan superficiales impresiones sería cometer una gran injusticia con el que fue, sin duda, uno de los mayores talentos en la historia del ajedrez. Bobby Fischer alcanzó en el tablero la categoría de leyenda, y por su fulgurante trayectoria, merecerá figurar en cualquier antología de grandes campeones del deporte del siglo XX como una de sus figuras más destacadas.Paradójicamente, Bobby Fischer nunca fue, si hablamos con propiedad, un <em>niño prodigio</em>. Aprendió a jugar al ajedrez relativamente tarde: a los seis años, una edad a la que su compatriota <strong>Reshevsky</strong> ya ofrecía exhibiciones enfrentándose simultáneamente a grupos de veinte adultos. Por el contrario Fischer no fue más que un jugador de club avezado, pero mediocre, hasta aproximadamente los 12 o los 13 años de edad, cuando el nivel de su juego dio un espectacular salto: algunos de los encuentros que disputó en esa época fueron calificados como “las mejores partidas del siglo” por diversas revistas especializadas. Casi de la noche a la mañana, Fischer se había convertido en un jugador fortísimo, capaz de ejecutar movimientos magistrales, y su espigada figura empezaba a atraer a la prensa de su país como nunca antes lo había hecho un ajedrecista. A los 14 años Bobby ya era Campeón absoluto de los Estados Unidos, a los 15 obtenía el título de Gran Maestro, y a los 16 se había convertido en el más joven aspirante al título mundial de toda la historia.</p>
<p>Es muy posible que su personalidad obsesiva sea la explicación para este explosivo progreso. Fischer, hijo de una pareja divorciada, tuvo una infancia difícil y muy solitaria, y el tablero probablemente se convirtió en su único refugio: a él consagraba horas y horas de infatigable estudio. “Fischer tenía una enorme voluntad de ganar, una ética de trabajo incansable y una maestría técnica incomparable”, resume <strong>Kasparov</strong>. Algo que añade mérito a su logros deportivos es el hecho de que, al contrario que sus rivales soviéticos, el genio de Brooklyn normalmente se preparaba en solitario, sin analistas ni entrenadores.Una de sus primeras y más sonadas polémicas vino precisamente a causa del “juego en equipo” del que hicieron gala los representantes soviéticos durante la fase de clasificación para el Campeonato del Mundo de 1963: Fischer les acusó de pactar los resultados, acordando el empate cuando jugaban entre sí, para concentrar sus energías en batir a los aspirantes occidentales. Y anunció su negativa a tomar parte en ese sistema viciado. Algo de razón tendría, ya que algún tiempo después la Federación Internacional modificó el reglamento, sustituyendo el formato liga por el de eliminatorias individuales. “Fischer siempre me impresionó de una manera especial por la integridad de su carácter. Tanto en el ajedrez como en la vida. No aceptaba pactos”, recuerda <strong>Boris Spassky</strong>, su gran rival y también su más fiel amigo.</p>
<p>A partir de ese incidente, Fischer pareció arrojar temporalmente la toalla en lo que respectaba a la lucha por el Campeonato Mundial, y alternó brillantes victorias en los torneos internacionales con esporádicas desapariciones. Por ejemplo, durante todo el año de 1964 no disputó nada más que un torneo: el campeonato de los Estados Unidos. Pero en éste obtuvo una apabullante victoria, ganando sus 11 partidas y no cediendo ni unas solas tablas, ni tan siquiera cuando el título ya estaba decidido.</p>
<p>A principios de los años setenta Fischer tuvo la oportunidad de reengancharse al ciclo de clasificación para el Campeonato del Mundo, y en esta ocasión, no la dejó pasar. Primero arrasó en la fase de clasificación, celebrada en Palma de Mallorca en diciembre 1970. Después, masacró a su primer rival en la lucha por el título, el soviético <strong>Mark Taimanov</strong>, por un apabullante 6-0 (6 victorias, 0 empates y cero derrotas), un marcador nunca antes visto en un choque de este nivel, donde las tablas son el resultado más común, pero que repetiría meses después frente al danés Bent Larsen. A estas alturas Fischer llevaba acumuladas 18 victorias consecutivas frente a rivales del máximo nivel, si conceder ni un sólo empate, y todo el mundo se preguntaba si alguien podría detener a la apisonadora norteamericana. Tras deshacerse en al final de candidatos del correoso <strong>Tigran Petrosian</strong>, Fischer tuvo por fin el camino despejado para enfrentarse a la gran final a Boris Spassky, a quien nunca hasta entonces había logrado derrotar.</p>
<p>Durante los meses previos al gran duelo, toda la comunidad ajedrecística soviética trabajo al unísono, como una máquina, para ayudar a Spassky en su preparación. Había que detener a Fischer al precio que fuera. Pero la determinación de Bobby y su inconmesurable talento acabaron por imponerse. Su victoria final, en plena guerra fría, supuso un duro golpe para la propaganda soviética, que tuvo que encajar el triunfo de un norteamericano individualista que, además, encarnaba con su personalidad todo aquello que las autoridades soviéticas encontraban reprobable.</p>
<p>Esta sonada victoria fue el fin de la carrera deportiva de Bobby Fischer, y el comienzo de la parte más oscura de su leyenda. Un periodo lleno de misterios que probablemente ahora, tras su fallecimiento, no vean nunca la luz.<br />
<blockquote><strong>[Originalmente publicado en el diario <a href="http://www.elmundo.es/papel/2008/01/19/deportes/2309124.html" title="necrológica fischer el mundo" target="_blank">El Mundo</a> el 19 de enero de 2008, acompañado de un artículo de Quique Setién, una columna de apoyo de Paco Vallejo, y una necrológica más general de Orfeo Suárez, el director de Deportes del diario]</strong></p></blockquote>
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		<title>Alexander Roshal (1936-2007)</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Jun 2007 19:08:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[De forma casi inadvertida, y sin que la noticia alcanzara la repercusión que cabría esperar en las webs especializadas, el ajedrez sufría el pasado 21 de mayo de 2007 una pérdida irreparable: El fallecimiento, a los 71 años, de Alexander Borisovich Roshal, victima de un cáncer de páncreas.
Entrenador de ajedrez de la Unión Soviética, cofundador [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://farm2.static.flickr.com/1018/632681961_a22ebc7110_o.jpg" alt="Alexander roshal chess ajedrez 64" align="left" border="2" height="210" hspace="10" vspace="5" width="300" />De forma casi inadvertida, y sin que la noticia alcanzara la repercusión que cabría esperar en las webs especializadas, el ajedrez sufría el pasado 21 de mayo de 2007 una pérdida irreparable: El fallecimiento, a los 71 años, de <strong>Alexander Borisovich Roshal</strong>, victima de un cáncer de páncreas.</p>
<p>Entrenador de ajedrez de la Unión Soviética, cofundador y posteriormente propietario de la revista &#8220;64&#8243;, padre adoptivo de los &#8220;Oscar&#8221; del ajedrez (tomando el testigo a <strong>Jorge Puig</strong>, siete años después del fallecimiento de éste), y biógrafo e inseparable compañero de <strong>Anatoli Karpov</strong> durante los momentos más brillantes de su carrera, Roshal era toda una leyenda dentro del ajedrez ruso -que es lo mismo que decir el ajedrez mundial-, y uno de los cronistas más destacados en la época de esplendor de éste.</p>
<p>Pero para mí, por encima de todo, era un amigo con el que, a pesar de la diferencia de edad, simpaticé desde la primera vez que coincidimos en un torneo, que si no recuerdo mal fue en Linares en 1999. Allí Alexander, a quien yo no conocía entonces ni siquiera de oídas, atrajo mi atención de inmediato.</p>
<p>Roshal –siempre se lo dije, y a él particularmente esta descripción le hacía muchísima gracia- parecía un personaje sacado de una película. Tenía cara de malvado, con una mirada torva y desafiante, y no dudaba en jactarse de ser un &#8220;muy importante hombre en Rusia&#8221;, un &#8220;businessman&#8221;, y de que con su influencia podía abrir cualquier puerta en su país. Expresándose en un rústico inglés con su marcado acento ruso, talmente parecía el malo de una película de espías ambientada en la unión soviética. Y quizá no sea una impresión muy desencaminada, ya que muchos le atribuyen un pasado como agente de la KGB; una afirmación que él, quizá para darse aires de interesante, nunca llegó a confirmarme ni a desmentirme personalmente.</p>
<p>Pintándolo con cara de malo y un poco soberbio, habrá quien piense que no hago un retrato demasiado amable de quien fue mi amigo. Nada más lejos de mi intención: su fachada podía ser ésa, pero a mi me demostró, con palabras y actos, una notable calidez humana, con un fondo mucho más humilde de lo que aparentaba externamente: su jactancia era sólo un máscara. De hecho, pese a ser él el más veterano e ilustre de mis compañeros, mientras que yo era el más joven y novato, siempre me trató con más respeto que cualquier otro. Cuando me propuso colaborar con su amada revista, &#8220;64&#8243;, fue para mí un honor excepcional.</p>
<p>Mención aparte merece el sentido del humor del que Roshal hacía gala. Un humor ácido, lleno de sarcasmo y muy crítico con el cinismo de la sociedad que le rodeaba. <em>&#8220;Es el sentido del humor típico de los rusos de mi generación, que teníamos que buscar la parte cómica a todo tipo de situaciones incongruentes y desgraciadas&#8221;</em>, me explicó una vez. Me resulta imposible reproducir aquí ninguna de sus bromas, porque todas contenían una pizca de malicia que no sería adecuado sacar de contexto. Pero en internet circula un vídeo de Roshal contando un chiste: buscad en google &#8220;great russian chess joke&#8221; y os conducirá a <a href="http://www.chessbase.com/newsdetail.asp?newsid=570" target="_blank">una página de Chessbase</a>, con la que os será imposible aguantar la risa: es Roshal en estado puro. Además, sus limitaciones con el inglés hacían que sus palabras sonaran aún más rotundas y vehementes, multiplicando el efecto cómico de sus bromas.</p>
<p>El comienzo de su carrera en el ajedrez fue como entrenador, llegando a ser el más joven en obtener el máximo título de la URSS en esta especialidad, y el primero dentro de este campo en ser recompensado con la Medalla al Mérito del Trabajador por la Cultura. <em>&#8220;No soy un jugador de ajedrez muy fuerte. Y fui probablemente un buen -pero no un excepcional- entrenador para muchos jugadores&#8221;</em>, contaba en una ocasión al periódico Nezavisimaya Gazeta. <em>&#8220;Ni siquiera puedo recordar ya a todos mis estudiantes. Así que a día de hoy, lo que hago es lo siguiente: aquél que me considera su maestro, es a quien yo denomino mi pupilo. No sé si Mikhail Shvydkoi, o el Diputado Andrei Makarov, o Mikhail Barschevsky me recuerdan como uno de sus maestros. Sí sé que Sasha Nekipelov, el residente de la Academia, me recuerda. Si trato de enumerarlos, temo olvidar a alguien o que alguien se sienta insultado. Pero me preocupa más aún atribuirme haber sido profesor de quien haya sido alumno de alguien más. El poeta Igor Irteniev me preguntó una vez: &#8216;¿No me recuerdas? Yo usaba un nombre distinto entonces: Rabinovich&#8217;. Fui profesor de muchos, pero muchos otros acabaron en otros sitios&#8221;</em>.</p>
<p>En 1968 decidió dar un giro radical a su carrera, atraído por el periodismo. No era ésta una profesión fácil en la Unión Soviética, pero resultaba la mejor manera de compaginar el ajedrez tanto con sus inquietudes culturales como con sus ambiciones personales. Así que, junto con <strong>Tigran Petrosian</strong>, fundó ese año la revista semanal de ajedrez &#8220;64&#8243;, que pronto tuvo un éxito enorme. <em>&#8220;Es imposible saber cuántos lectores tenemos, o hemos tenido&#8221;</em>, me contó en una ocasión que coincidimos en México. <em>&#8220;Imprimíamos muchísimos miles de ejemplares, pero eran muchos más los lectores. Rusia es enorme y la afición por el ajedrez muy grande, así que cada copia de la revista va pasando por muchas manos. Eso por no hablar de la cantidad de emigrantes rusos que hay en el extranjero: tenemos suscriptores en casi todos los países del mundo. Probablemente nuestras páginas fueran leídas regularmente por más de un millón de personas&#8221;</em>.</p>
<p>Tras la fundación de la revista llegó el periodo más agitado de su vida profesional, cuando la estrella ascendente de Karpov devolvió a la URSS lo que se había perdido con la derrota de Spassky. Roshal se convirtió en el cronista de referencia, el narrador que transmitía a su país los éxitos internacionales de la nueva superestrella. Una oportunidad sin duda envidiable en los tiempos que corrían en la Unión Soviética.</p>
<p><em>&#8220;Durante la época de Brezhnev, viajé un montón por todo el mundo. Al principio, raramente me dejaban salir [de la URSS], e incluso más tarde sólo lo lograba con grandes dificultades. Todos los puestos en cualquier delegación eran otorgados con mucho tiempo por adelantado. En 1975, Karpov jugó un suerte de torneo/examen en Milán, algo así como un &#8216;muéstranos lo que sabes tú, el nuevo campeón que no ha derrotado a Fischer&#8217;. Y una vez más, me dejaron fuera en el último momento. Tolya golpeó con su delicado puño sobre la mesa y exclamó: &#8216;Si Roshal no puede venir al torneo, llamaré al Comité Central&#8217;.</em></p>
<p><em>En esa época, yo trabajaba para todas las revistas, [la agencia] TASS, y el semanario 64. En mi cuaderno tengo anotado qué pensamiento o qué frase estaba destinada para cada quién, para no confundirles a unos con otros o repetir cosas. (&#8230;) Durante esos 23 días, dormí de media menos de 4 horas al día. Después de eso, sí, pudimos pasar una semana libre por Italia. Pero yo, la verdad sea dicha, había momento en los que me quedaba dormido de pie, como un caballo de carga. Así eran los días en los que yo, &#8216;El Bendecido por la Fortuna&#8217;, era tan envidiado por mis colegas&#8221;</em>.</p>
<p>De esta época es un anécdota sucedida en una de las primeras visitas de Karpov a los Estados Unidos, a principios de los años setenta, cuando el campeón ruso fue invitado a visitar la Casa Blanca, un privilegio del que por entonces muy pocos soviéticos habían podido disfrutar. Como de costumbre, Karpov se encontraba acompañado de Roshal, y el bueno de Alexander quería a toda costa escoltarle en esa pequeña aventura. Pero obviamente, encontrándose aún en plena guerra fría, la Casa Blanca seguía siendo un territorio vedado para los periodistas rusos. Así que conchabado con Tolia, Roshal se hizo pasar por su &#8220;traductor personal&#8221;. Dado que Alexander no hablaba por entonces ni una sola palabra de inglés, era Karpov quien tenía que traducirle constantemente al periodista -y no a la inversa- las explicaciones ofrecidas por la guía oficial que les acompañaba en el recorrido. Con lo cual ésta, confusa, llegó a temer que hubiese confundido a uno con otro y estuviese agasajando por error a quien en realidad no era el campeón mundial, sino un simple traductor.</p>
<p>Más agitado aún fue el periodo de los matches entre Karpov y Korchnoi (Baguio 1978 y Merano 1981), de los que Roshal fue agregado de prensa en la delegación rusa. Un puesto lleno de responsabilidades, tensiones y, desde luego, nada envidiable dadas las agrias circunstancias que rodearon a ambos encuentros. En ambas ocasiones, cuenta Roshal que los simpatizantes de <strong>Korchnoi</strong> intentaron convencerle para que pidiese refugio en occidente. <em>&#8220;Pero yo nunca hubiera podido hacerlo. Soy demasiado ruso. Crecí en un gueto judío y mi padre fue ejecutado sin miramientos por haber tomado colaborado en la redacción de un borrador para la constitución de un hipotético futuro Estado de Israel [estamos hablando de 1937], justo el día en que yo cumplía un año; no llegué a conocerle, y de hecho no supe de esta historia hasta mucho más tarde. En cuanto a mi madre, pasó 18 años de su vida encerrada en un campo de trabajo. ¿Me ha hecho todo esto renegar de mi país? Al contrario. Cuando oigo el nombre de Stalin, siento como si mi mano tratase de alcanzar una pistola por su propia voluntad. Pero precisamente por su historia trágica, me sentiría un traidor si abandonase Rusia. Ni siquiera me marché a Israel años más tarde, cuando tuve la ocasión de hacerlo.&#8221;</em></p>
<p>En 1980, y fruto de las experiencias vividas con Karpov a lo largo de los 70, Roshal publicó un libro biográfico, en coautoría con el propio campeón, titulado <em>&#8220;Karpov: Chess is my life&#8221;</em>. Una obra que, aunque hagiográfica por definición, resulta una lectura obligatoria para todos los que hemos tenido que ahondar en la vida del decimosegundo campeón mundial. Y un libro que precisamente yo tenía frente a mí cuando, yendo a contrastar en internet uno de los datos que contiene, recibí la noticia del fallecimiento de su autor. Coincidencia igual de triste que la que le ocurrió a Anatoli Karpov quien, justo el día de su 56 cumpleaños –que celebro aquí en España-, recibía la noticia de la muerte de su amigo e inseparable compañero en su juventud.</p>
<p>Pero hablando de libros, hay que destacar también la afición por la literatura de Roshal, que llegó a costarle una severa represalia en cierto momento de su carrera, cuando decidió publicar en &#8220;64&#8243; varios relatos –y extractos de la autobiografía- de <strong>Vladimir Nabokov</strong>, un notable exiliado y escritor proscrito en la URSS. Ningún otro editor se había atrevido antes a publicar ninguna de sus obras, pero el osado Alexander, haciendo gala de su picardía, y con el pretexto de que &#8220;eran textos de temática ajedrecística&#8221;, convirtió a su revista en la primera cuyas páginas veían impresas las palabras del genial Nabokov. Fue una travesura y un gesto de rebeldía que estuvo a punto de costarle muy caro, pero también un mérito por el que será siempre recordado.</p>
<p>En 1992, poco antes del colapso definitivo de la Unión Soviética, la revista &#8220;64&#8243; sucumbió a las dificultades financieras. Un trago amargo del que se repuso tres años más tarde, en 1995, cuando se le presentó una nueva oportunidad: resucitarla convirtiéndola en la primera publicación privada de la nueva Rusia – aunque esta vez, con formato mensual, y ocupando el papel de propietario y editor en vez del de cronista. Una decisión de la que se sentía especialmente orgulloso de haber tomado.</p>
<p>Roshal también aprovechó la ocasión para retomar la tradición emprendida por <strong>Jorge Puig</strong>, de organizar cada año la entrega del premio &#8220;<strong>Oscar</strong>&#8221; al mejor ajedrecista del año. Esta bonita tradición se había perdido en 1988 con la muerte de su creador, pero Roshal la retomó y le dio un nuevo impulso: puedo atestiguar el empeño con el que Alexander nos perseguía a todos en Linares (y las semanas siguientes) para recabar los votos para la elección del ganador.</p>
<p>La última vez que vi en persona a Roshal fue el año pasado, en Turín, durante la clausura de la Olimpiada. Rodeado de gente, cuando se cruzó conmigo entre la multitud me dijo: <em>&#8220;David, amigo&#8230; luego tengo que verte, quiero hablar contigo&#8221;</em>. Pero desgraciadamente era nuestro último día en Italia y no tuvimos oportunidad de volver a encontrarnos después del acto; ahora me asalta la duda de qué querría contarme. Probablemente, insistirme de nuevo en su invitación para visitarle en Moscú, o acudir al torneo Aeroflot. Una invitación muy generosa y en la que me prometía enseñarme personalmente todos los lugares sagrados del ajedrez en la capital rusa. Una oportunidad única que he perdido, porque no hubiera podido contar con mejor guía; Roshal era, probablemente, la persona que más secretos, historias y anécdotas guardaba respecto a una época irrepetible en la historia del ajedrez: la transcurrida en su país durante el periodo de los grandes campeones soviéticos.</p>
<blockquote><p><strong>[Publicado originalmente en la revista Jaque-Practica el Ajedrez nº 60, correspondiente a julio de 2007]</strong></p></blockquote>
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		<title>David Bronstein: el campeón que tuvo miedo de ganar</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Dec 2006 23:42:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ha fallecido David Ionovich Bronstein, una de las figuras más carismáticas del ajedrez en la segunda mitad del siglo XX. El jaque mate final le alcanzó el martes, 5 de diciembre de 2006, en Minsk (Bielorrusia), donde este errante maestro de los tableros se encontraba en compañía de su esposa Tatjana. El 19 de febrero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://farm3.static.flickr.com/2327/2181122583_1d084c7c64.jpg" alt="david bronstein" align="left" border="2" height="281" hspace="10" vspace="5" width="203" />Ha fallecido <strong>David Ionovich Bronstein</strong>, una de las figuras más carismáticas del ajedrez en la segunda mitad del siglo XX. El jaque mate final le alcanzó el martes, 5 de diciembre de 2006, en Minsk (Bielorrusia), donde este errante maestro de los tableros se encontraba en compañía de su esposa Tatjana. El 19 de febrero habría cumplido 83 años.</p>
<p><em>&#8220;No diga que soy un genio, ni cosas por el estilo. Diga simplemente que yo entendía &#8216;la lógica del ajedrez&#8217;, y con eso me habrá definido perfectamente&#8221;</em>. Así se despedía David Bronstein del periodista Antonio Gude, tras una serie de largas entrevistas que ambos mantuvieron años atrás, y que fueron publicadas en la revista Jaque (Los suscriptores más fieles pueden consultar el archivo: nº 443, febrero de 1997).</p>
<p>Supongo que debería hacer extensible a este artículo la petición que David le transmitió a mi compañero. Sin embargo, me resisto a comenzar a escribir acerca de Bronstein sin resaltar en primer lugar su desbordante imaginación ante el tablero y la originalidad de sus ideas, características que le han llevado a crear algunas de las partidas más espectaculares de su tiempo, y que le valen el calificativo -lo quiera él o no- de genio del ajedrez.</p>
<p>La historia de Bronstein es está especialmente marcada por los duros trances de su juventud, y es necesario detenerse en ellos para comprender algunos de los momentos cruciales de su carrera ajedrecística. Nacer judío en Kiev en 1924 no resulta desde luego afortunado. En primer lugar, porque esa generación resultó prácticamente sacrificada: solamente un 3% de los nacidos en la Unión Soviética ese año lograron sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial. Y en segundo lugar, porque ser judío, según sus propias palabras, <em>&#8220;significa no ser ucraniano, ni tampoco ruso&#8230; sino algo distinto&#8221;</em>, que en muchas ocasiones, se revela como una fuente de problemas y de marginación. Para empezar, porque porque ser judío y ucraniano eran dos factores que despertaban los recelos inmediatos del Partido, y no ayudaban a recibir favores dentro politizado mundo soviético.</p>
<p>Fue su abuelo quien enseñó al pequeño Devik (diminutivo de David) a jugar al ajedrez cuando éste tenía 6 años. Sin embargo, la afición tardaría aún bastante tiempo en arraigar en él, y no participaría en ninguna prueba infantil ni escolar hasta cumplidos ya los 12 años. Paradójicamente, el impulso definitivo llegaría en 1937 (con 13 años de edad) a raíz de un hecho realmente penoso: el encarcelamiento de su padre, Iohonon Boruch Bronstein, bajo la acusación de &#8220;disidente&#8221;, por haber participado en unas protestas en la fábrica en la que trabajaba. El propio David presenció la detención de su padre, la medianoche del día de fin de año.</p>
<p>Bronstein concede en sus referidas conversaciones con Gude una importancia fundamental a este hecho: <em>&#8220;Hay una razón principal</em> [por la que me dediqué al ajedrez]<em>, aunque haya otras secundarias, como el hecho evidente de que me gustase. La razón que voy a darle le parecerá ingenua e inverosímil, pero es la verdad. Cuando era adolescente había leído en el periódico que un joven músico famoso había intercedido ante Stalin por su padre, un preso político. Y que la cosa había funcionado. Bueno, yo no creía que pudiese llegar a ser lo que se dice famoso en ajedrez, pero quizá si llegaba a conseguir cierto nombre, podría interceder por mi padre ante el Gobierno&#8230;&#8221;</em>.</p>
<p>Una de las primeras consecuencias de la detención de su padre es que David vio truncadas sus intenciones de acceder a la Universidad para estudiar matemáticas, tal como era su vocación. Pero no quedaría ahí la cosa, ya que, aunque su padre fue liberado en 1944 (con la condición de mantenerse alejado de Moscú y Kiev), sus &#8220;antecedentes familiares&#8221; se convertirían en un estigma que Bronstein arrastró durante toda su vida. &#8220;El ser hijo de un &#8216;enemigo del pueblo&#8217; se consideraba una mancha imborrable en su archivo personal. Un historial así decidía el destino de todos los hombres en la Unión Soviética&#8221;, explica Tatiana Boleslavskaya, hija de Isaac Boleslavski, y esposa de Bronstein desde 1984.</p>
<p>A pesar de todas las contrariedades, Bronstein empieza a lograr sus primeros triunfos en el ámbito de los torneos juveniles ucranianos, y en 1938 consigue el ascenso a la primera categoría. Un año después, alcanzaría ya el séptimo puesto en el Campeonato Absoluto de Ucrania que ganó Issac Bolelavski, jugador que se convertiría a partir de ese momento en uno de sus mejores amigos. En 1940 Boleslavski repetiría triunfo, pero en esta ocasión ya con Devik en segunda posición, pisándole los talones.</p>
<p>En 1941, durante las primeras semanas de la guerra, David tuvo que abandonar Kiev a pie. <em>&#8220;A menudo ha comentado con amargura que, desde aquel momento, fue su destino vivir como un vagabundo. Pero reconoce que la suerte se convirtió en su gran aliada, ya que lo normal hubiera sido haber muerto durante la contienda, al igual que la inmensa mayoría de los jóvenes de su generación&#8221;</em>, cuenta Tatiana.</p>
<p>Bronstein se libró de ser reclutado gracias a su miopía, pero durante mucho tiempo se lamentó de su &#8220;buena suerte&#8221; por el sentimiento de culpabilidad que eso le causó: &#8220;Pensar que tantos jóvenes de mi edad morían en el frente o volvían lisiados me impedía disfrutar de mi propia vida&#8221;. Y añade:<em> &#8220;Siempre me he sentido culpable. Primero por mi padre, luego por haberme divorciado de mi primera esposa (la ajedrecista Olga Majailova Ignatieva, con quien Bronstein se casó a los 24 años), luego por haberme separado de mi hijo&#8230;&#8221;</em>.</p>
<p>En 1944, y tras cuatro años prácticamente apartado del tablero (la actividad ajedrecística durante la guerra era casi inexistente), sucedieron dos grandes acontecimientos en la vida Bronstein. En primer lugar, su padre fue puesto en libertad. Y en segundo lugar, se le invitó a participar en la Semifinal del Campeonato de la URSS, una prueba decisiva en la que logró su clasificación para la final.</p>
<p>En su primera participación en este fortísimo Campeonato, que fue ganado por Botvinnik, David tuvo que conformarse con el 15º puesto, lo que no está nada mal si tenemos en cuenta que era sólo un joven de 20 que debutaba a ese nivel. Pero lo más destacable de su actuación fueron sus impresionantes victorias ante jugadores de la talla de Lilienthal, Tolush, Ragozin, y el mismísimo Botvínnik, además de tablas frente a Smyslov y Boleslavski, exhibiendo ya el estilo innovador que le haría famoso.</p>
<p>En los dos años siguientes, 1945 y 46, Bronstein asaltaría ya los puestos de honor del Campeonato de la URSS, consagrándose como una gran figura al más alto nivel. A pesar de ello, y en un primer signo de marginación, la Federación Soviética no lo seleccionó para participar en el primer Torneo Interzonal de la FIDE, y si Bronstein consiguió tomar parte en él, fue gracias al voto de las federaciones extranjeras. El primer puesto alcanzado en esta prueba le valió la clasificación para el torneo de Candidatos, además del título de Gran Maestro Internacional (el más joven del momento) que la FIDE entregaba por primera vez en su congreso de París, poco tiempo después.</p>
<p>El torneo de Candidatos, celebrado en Budapest en 1950, no comenzó con buen pie para David, que perdió dos partidas a su comienzo. Sin embargo, se recuperó y empezó a luchar con mucha energía, y gracias a una agónica victoria en el último momento sobre Paul Keres logró empatar en el primer puesto con su viejo rival y amigo Isaac Boleslavsky. En el match de desempate entre ambos, disputado en Moscú, Bronstein se impuso por muy estrecho margen (+3 -2 =9). Superado este último obstáculo, nada separaba ya a Bronstein de su rival por el Campeonato Mundial: Mikhail Botvinnik.</p>
<p><strong>El match con Botvinnik</strong></p>
<p>El encuentro entre Bronstein y Botvinnik es uno de los matches sobre los que más páginas se han escrito -y más controversia ha desatado- en la historia del ajedrez. Finalizado con un empate (+5 -5 =14) que permitía a Botvínnik mantener su título de Campeón del Mundo, se ha especulado mucho con que si a Bronstein se le obligó a perder la partida decisiva, para no hacer sombra a la imagen de &#8220;héroe soviético&#8221; que se había cointruido alrededor de Botvinnik. Son numerosos los artículos que ahondan en las teorías &#8220;conspirativas&#8221;, pero yo prefiero limitarme a reproducir las palabras al respecto del propio Bronstein y de su esposa:</p>
<p><em>&#8220;Me han preguntado muchas, muchísimas veces, si fui obligado a dejarme perder en la 23ª partida de mi match con Botvínnik y que si había una conspiración en mi contra para impedir que le arrebatase el título a Botvínnik. Se han escrito un montón de tonterías acerca de esto. La única cosa que estoy dispuesto a decir acerca de esto es que yo estaba sometido a una presión psicológica -desde varias frentes- tan grande que dependía totalmente de mí dejarme vencer o no por esa presión. Dejémoslo así&#8221;</em>, cuenta David en el libro &#8220;Aprendiz de Brujo&#8221; (Ed. Paidotribo).</p>
<p><em>&#8220;Si &#8216;el hijo de un enemigo del pueblo&#8217;, judío para más señas, que había escalado subrepticiamente hasta el pináculo de la pirámide del ajedrez, se corona campeón, tal acontecimiento habría sido considerado un fallo del &#8216;Sistema&#8217;, especialmente si el historial familiar del nuevo campeón hubiera llegado a ser de dominio público&#8230;&#8221;</em>, explica su mujer.</p>
<p>Por otro lado, David comenta que <em>&#8220;tenía mis razones para no convertirme en Campeón Mundial, puesto que, en aquellos tiempos, semejante título implicaba encerrarse en un mundo oficial de burocracia ajedrecística, con muchas obligaciones formales, y tal estado de cosas no es comparable con mi carácter. Desde mi infancia siempre traté de ser un hombre libre, y a pesar del país en que crecí, he intentado vivir toda la vida con este espíritu. Por eso, me considero muy afortunado al pensar igual hoy, ahora que puedo disfrutar de mi libertad&#8221;</em>.</p>
<p><em>&#8220;Sería muy difícil imaginar a Devik firmando un telegrama lisonjero al líder del partido Comunista o, aún peor, ¡abrazándolo y besándolo!&#8221;</em>, añade Tatiana.</p>
<p>Para hacerse una idea de la gran tensión que rodeó a David en este encuentro, basta con mencionar el hecho de que sus padres, pese a tener prohibido acercarse a Moscú, contemplaron el desarrollo del match desde la primera fila de butacas del teatro Tchaikovski, mientras que a escasos metros de ellos se sentaban importantes autoridades del Partido y miembros destacados del KGB. Lo cual no era, desde luego, un ambiente propio para que Bronstein templara sus nervios.</p>
<p>Sin embargo, Bronstein también extrae conclusiones positivas: <em>&#8220;Por lo que a mí concierne, el match constituyó una completa victoria de mis ideas ajedrecísticas, puesto que, a partir de entonces Botvínnik, obviamente enriquecido por la experiencia, comenzó a cambiar su estilo y mejoró así sus resultados&#8221;. También le resultó reconfortante el reconocimiento que le dispensó el presidente de la FIDE, Max Euwe, en la carta de consolación que le envió y que comenzaba con estas palabras: &#8220;querido Gran Maestro y co-campeón del mundo&#8230;&#8221;</em>.</p>
<p>En cualquier caso, es triste decir que esa final por el Campeonato del Mundo ante Botvinnik fue el momento culminante en la carrera de David, quien no volvió a gozar de una segunda oportunidad. Sus pésimas relaciones con el campeón mundial, y su invariable negativa a integrarse como miembro del Partido Comunista Soviético (algo a lo que generalmente todo el mundo accedía, aunque sólo fuese por ahorrarse problemas) provocó que las autoridades empezaran a concederle cada vez menos invitaciones para viajar al extranjero. Aunque en el otoño de 1954 Bronstein visita Yugoslavia, y su viaje supone una preparación a la visita oficial que realizó Kruschev dos meses más tarde (lo mismo que los jugadores de tenis de mesa estadounidenses prepararon la visita de Nixon a China en 1972), David ya estaba condenado.</p>
<p>La definitiva caída en desgracia se produciría a causa de su amistad con Korchnoi. Tras haberle asistido como analista para preparar su primer duelo con Karpov, Brostein fue además el único GM soviético que se negó a firmar la carta de condena por la &#8220;deserción&#8221; de Korchnoi, producida tras el torneo de Ámsterdam de 1976. A partir de ahí su presencia en los grandes torneos se hace cada vez más escasa, y su brillante carrera languidece poco a poco. Vive durante estos años gracias a sus colaboraciones con diarios y revistas (siendo columnista en el Izvestia), y de esporádicas conferencias y sesiones de simultáneas.</p>
<p>Su situación no mejoraría apenas hasta llegados los noventa, cuando la nueva política aperturista le permitió comenzar a viajar de nuevo. Y Bronstein no dejó escapar la oportunidad: a pesar de los achaques de la edad (había atravesado una operación de cáncer hace unos años), parecía haberse propuesto recuperar el tiempo perdido, y no paró de trasladarse de un lugar a otro, tomando parte en actividades ajedrecísticas en Holanda, Bélgica, Estados Unidos, Islandia&#8230; Incluso residió por un tiempo en Asturias, ligado a la Universidad de Oviedo, ciudad donde dejó varios amigos y muy buenos recuerdos. Una anécdota común que narran todos aquellos que le vieron, en cualquier lugar del mundo, era que cuando Bronstein visitaba un club de ajedrez o un torneo, nunca lo abandonaba sin haber jugado unas partidas rápidas con los aficionados presentes. Era, por encima de todo, una persona de carácter bondadoso y con un amor inmenso por el ajedrez.</p>
<blockquote><p><strong>[Escrito en Londres el 13 de febrero de 2004, para conmemorar el 80 cumpleaños de David Bronstein, y originalmente publicado en la revista <em>Jaque-Practica el Ajedrez</em> nº 24, correspondiente a marzo de 2004. Lo repesqué como necrológica el 6 de diciembre de 2006, cuando trascendió su fallecimiento]</strong></p></blockquote>
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