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	<title>David Llada - Artículos de ajedrez &#187; fotos</title>
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		<title>Bobby Fischer en la revista Life (IV y última): Un feroz ganador</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jun 2007 19:01:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Verde y llana, la pampa primaveral parecía como una Irlanda planchada. A menos de una hora de Buenos Aires la avioneta aterrizó en una franja de tierra segada -¡ops! El rancho equivocado. Tres minutos después vimos &#8220;Santa Elena&#8221; pintado en un tejado metálico y descendimos en picado hacia una camioneta que esperaba para trasladarnos. Encerrado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://farm1.static.flickr.com/202/499707382_7473d40999_o_d.jpg" alt="Bobby Fischer revista LIFE" align="left" border="2" height="289" hspace="10" vspace="5" width="200" />Verde y llana, la pampa primaveral parecía como una Irlanda planchada. A menos de una hora de Buenos Aires la avioneta aterrizó en una franja de tierra segada -¡ops! El rancho equivocado. Tres minutos después vimos &#8220;Santa Elena&#8221; pintado en un tejado metálico y descendimos en picado hacia una camioneta que esperaba para trasladarnos. Encerrado en hoteles por casi un año, Fischer miraba la hierba como un prisionero mira al sol. <em>&#8220;¡Guau!&#8221;</em>, era todo lo que acertaba a decir, <em>&#8220;¡Guau!&#8221;</em></p>
<p>La casa solariega era un confortable chalé con un tejado inclinado, situado en un parque de pinos tropicales y sicomoros altos como torres. Una gorda y amistosa perra collie se acercó caminando como un pato sobre el césped. Se llamaba Ruby y Bobby se enamoró de ella a primera vista. Durante dos horas retozaron, se abrazaron y pasearon por toda la finca. Hubo un momento en que Ruby atacó un armadillo pero Fischer tiró de ella y durante unos buenos diez minutos pareció conmocionado. Esto me hizo preguntarme si habría visto algo de sí mismo en la pequeña criatura aterrorizada.</p>
<p>e vuelta a la casa, la vivaz ama de llaves nos sirvió un sabroso plato argentino consistente en asado con verduras. En un arranque de euforia Fischer se sacudió dos vasos de vino tinto, las primeras bebidas alcohólicas que nadie que yo sepa le ha visto nunca tomar.</p>
<p>Después de la cena, con Ruby trotando fielmente junto a él, Fischer salió a montar a caballo. Saltó sobre la silla, puso las riendas en torno a su propia nuca y dijo <em>&#8220;¡arre!&#8221;</em> Estaba asustado y se llevó un terrible meneo, pero el cansancio pudo con él. Se durmió poco después en una dura silla del porche con Ruby a sus pies. <em>&#8220;La gente es muy amable aquí&#8221;</em>, murmuró con asombro cuando nos fuimos. <em>&#8220;Puedes confiar en ellos, ¿sabes?&#8221;</em></p>
<p>En Santa Elena, Fischer estuvo más abierto que durante el resto de los días que pasé con él. De vuelta a casa en la avioneta, mientras la noche se cerraba en torno a nosotros como una gran rosa y él se sentaba arqueado jugando con furia en su ajedrez de bolsillo, yo tomaba notas de lo que me decía.</p>
<p><em>&#8220;Los americanos quieren un vencedor; aman a los vencedores. Si pierdes, no eres nada… Pero yo voy a ganar… Es bueno para el encuentro que Spassky tenga un tanteo favorable contra mí. Nos hemos enfrentado cinco veces. Él venció en tres ocasiones e hicimos dos tablas. Pero yo soy más fuerte y un match largo me favorece…&#8221;</em></p>
<p>Cuando le dije que yo había oído que <strong>Spassky</strong> abandona su vida privada por un mínimo de seis meses antes de un match por el campeonato del mundo, levanta pesas, corre y visita a un psicoanalista todos los días, Fischer sonrió misteriosamente y dijo: <em>&#8220;No bromees&#8221;</em>. Cuando le pregunté cómo pretendía entrenarse, él se encogió de hombros y dijo: <em>&#8220;No lo sé. Como siempre, supongo. Estudiando. Jugando algo al tenis, posiblemente. Caminando. Me gusta caminar, ya sabes.&#8221;</em></p>
<p>¿Y cuando gane el campeonato? <em>&#8220;Jugaré mucho, jugaré matches la pasta. No como los rusos. Ellos ganan el campeonato y se esconden durante tres años. Cada pocos meses, en todo caso dos veces al año, me gustaría reunir una bolsa de premios y ponerla en juego frente a un rival. Es bueno para el ajedrez, mantiene alto el interés por el juego, y es bueno para la cuenta bancaria. Quiero amontonar algo de dinero. Como lo hacen los profesionales del fútbol. Todos esos atletas ganando cientos de miles de dólares. Contratos, promociones. Si hay sitio para todos ellos, debería haberlo para mí. Quiero decir, después de todo, soy un embajador de buena voluntad de los Estados Unidos. Además, quiero dinero, así puedo decir a alguna gente dónde no me gusta ir… sí&#8221;</em>.</p>
<p>En mi última noche en Buenos Aires los paparazzi tienden una emboscada a Fischer. Regresando al hotel tras un paseo de tres horas, fue asaltado por un grupo de unos 15 fotógrafos y reporteros, la mayoría trabajando para un diario local de escándalos que había prometido &#8220;perseguir&#8221; a Fischer hasta que concediese una entrevista. Los reporteros le rodearon, clavando los hombros en sus costillas y siseando insultos en su cara mientras los fotógrafos retrataban su malestar. Pálido de rabia, Fischer empujó a la multitud hasta alcanzar el ascensor. Pero en su habitación empezó a sonreír abiertamente, y rió tan fuertemente que casi cae del sofá. <em>&#8220;¡Es como el ajedrez!&#8221;</em> explicó con gran regocijo. <em>&#8220;Yo liquidé una de sus piezas y ellos fueron a por el rey. ¡Pero yo me escapé, me escapé! ¡Guau, estoy hambriento! Tan pronto como se vayan, vamos a escabullirnos y conseguir algo de comer!&#8221;</em></p>
<p><strong>Revista LIFE, 12 de noviembre de 1971<br />
Texto: Brad Darrach<br />
Fotos: Harry Benson</strong></p>
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		<title>Bobby Fischer en la revista Life (III): Un feroz ganador</title>
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		<pubDate>Tue, 15 May 2007 18:52:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://farm1.static.flickr.com/206/499707326_d619cccb0a_o_d.jpg" alt="Bobby Fischer revista LIFE" align="left" border="2" height="212" hspace="10" vspace="5" width="300" />En la tarde del sábado Fischer sale impetuosamente del ascensor, en dirección al vestíbulo del hotel. Una multitud aún mayor le aguardaba allí. Mortalmente pálido por el hambre tras un día de ayuno, bajó la cabeza y se dirigió a la calle. Había prometido a una cadena de televisión americana una entrevista esa noche, pero apartó a un lado con impaciencia al cámara. <em>&#8220;¡Más tarde, más tarde!&#8221;</em>.</p>
<p>El sonido del disparador de las cámaras de fotos suenan por todas direcciones según Bobby sale a la luz del día. Un ronco paparazzo argentino le persiguió disparando su objetivo con insistencia. De pronto Fischer se volvió hacia él, intentó agarrar su cámara sin conseguirlo y entonces le dio dos patadas en la pierna derecha. Antes de que el fotógrafo pudiese recuperar el equilibrio, Fischer dobló la esquina y desapareció. Conmocionado, el fotógrafo se sentó en el parachoques de un taxi cercano. <em>&#8220;Bobby está loco&#8221;</em>, refunfuñó sacudiendo la cabeza.</p>
<p>Algo misterioso sucedió esa noche en la habitación de Fischer. Se encogió como una tortuga y puso en orden su mundo. Primero encendió una pequeña radio Sony de onda corta y la estuvo manipulando hasta sintonizar un canal por el que emitían rock ligero londinense. Entonces sacó las revistas rusas de ajedrez (Fischer rara vez se aventura más allá del &#8220;ajedrez ruso&#8221;, pero lee y habla español con soltura). Con los ojos nublados por la introspección, reprodujo 10, 15, 20 partidas a una velocidad enfebrecida, lanzando las piezas por el tablero como si fueran dardos y murmurando crueles, burlones o fascinados comentarios. Era el genio exhibiendo toda su rabia, y duró por una hora, hasta que alzó la vista y recordó que yo estaba allí.</p>
<p><em>&#8220;No debí patearle&#8221;</em>, dijo. <em>&#8220;No se puede ir por el mundo dando patadas a la gente&#8221;</em>.</p>
<p>Entonces sus ojos se nublaron de nuevo y reprodujo doce partidas más. Esto es todo, pensé. Ésta es la vida de Bobby. Duerme todo el día. Devora algo de comida. Se esconde con una radio pequeña, un radio-cassette o una televisión, y juega al ajedrez consigo mismo durante toda la noche. No hay gente en su vida, si él puede evitarlo. Sólo un pequeño entorno de aparatos electrónicos conocidos y que no le exigen nada. Es un hombre solo con una única obsesión, una <strong>monomanía</strong>.</p>
<p><em>&#8220;No es un mal tipo, supongo&#8221;</em>, siguió Fischer, aparentemente sin darse cuenta de que habían transcurrido 20 minutos entre ambas frases. <em>&#8220;Lo malo es su trabajo&#8221;</em>.</p>
<p>Subió el volumen de la radio. <em>&#8220;¡Es Víctor Sylvester!&#8221;</em>, exclamó con excitación . <em>&#8220;¡Escucha esa música! Sonora, ¿eh?&#8221;</em> Tragué saliva y asentí con la cabeza. Víctor Sylvester es el Lawrence Welk británico.</p>
<p><em>&#8220;Desprecio a los medios de comunicación&#8221;</em>, continuó, mirándome a los ojos y frunciendo el ceño. <em>&#8220;’Adiós, reportero. Esparciendo tu paranoia por el mundo. Creando situaciones que no comprendes’. Están destrozando la realidad, convirtiéndolo todo en noticia&#8221;</em>, dijo subiendo el volumen aún más.</p>
<p>Sonó el teléfono. Era el gran maestro yugoslavo <strong>Svetozar Gligoric</strong>, llamando desde Venecia. Fischer resplandeció. Gligoric es uno de sus más calurosos admiradores. <em>&#8220;¡Gligo! Gracias. ¿Qué? Estaba un poco preocupado tras la segunda partida, sí… Bueno, en la quinta él tenía una buena posición pero no intentó ganar… Es cierto, estos matches son de algún modo fáciles para mí… pero siento que he estado en mi mejor momento desde hace muchos años… ¿Spassky? Es muy sólido pero bueno, ya sabes… ¿Felicitaciones de Spassky? No, nada… Adiós, Gligo.&#8221;</em></p>
<p>Colgó el teléfono sonriendo. <em>&#8220;No he recibido felicitaciones de Spassky todavía. Creo que le mandaré un telegrama: ‘FELICIDADES POR GANAR EL DERECHO A ENFRENTARTE A MI POR EL CAMPEONATO DEL MUNDO’&#8221;</em>.</p>
<p>Alrededor de la una de la madrugada salimos a cenar. No había fotógrafos en el vestíbulo, pero Fischer no quiso correr ningún riesgo. Descendimos por las escaleras traseras, salimos por una puerta lateral y bordeamos un muro hasta que estuvimos a dos manzanas del hotel. <em>&#8220;Creo que nos hemos sacado de encima a esos imbéciles&#8221;</em>, dijo Fischer. Entonces caminó unas 20 manzanas a un paso que me hizo sentir como Dopey the Dwarf (el enano estúpido en la versión americana del cuento), luchando por mantener el ritmo de la gente grande. Las calles estaban abarrotadas de parejas jóvenes paseando enlazadas y besándose. Fischer miraba por encima de sus cabezas y apretaba el paso. Me preguntaba si reparaba en ellos hasta que lanzó una mirada a un coche aparcado en el que un hombre de unos 40 ó 50 años estaba besuqueándose con una chica joven. <em>&#8220;¿Has visto eso?&#8221;</em>, explotó. <em>&#8220;¡Es repugnante!&#8221;</em></p>
<p>Comimos en un restaurante chino. Fischer pidió dos platos principales, uno con pato y el otro con cerdo, creo recordar, y los remezcló con el tenedor hasta obtener una especie de sopa medio derretida. <em>&#8220;¡Aquí tienen una comida fenomenal!&#8221;</em>, masculló con los ojos relampagueantes.</p>
<p>Después de cenar salimos a dar un paseo hasta que nos dieron las 5 de la madrugada; a buen paso, recorreríamos no menos de 13 kilómetros. Fischer hablaba con ruidosa impaciencia juvenil acerca de sus temas favoritos: ajedrez, dinero, los rusos, aparatos electrónicos, ajedrez, ropa, comida, los rusos, ajedrez, ciencia, ecología, problemas urbanos, ruido. Para ser un hombre de quien popularmente se asume que tiene una inteligencia estrecha de miras –limitada al tablero-, muestra un notable abanico de intereses. Pero cuanto más hablaba, más quedaba en evidencia que toda esa información era factual, no emocional. Procedía de libros, revistas, periódicos, televisión –los medios de comunicación que despreciaba. Poco antes del alba estaba diciéndome qué horribles son las ciudades para la gente, cuánto ama la naturaleza y el campo abierto. Le hablé de una gran rancho que yo conocía y sugerí que podíamos volar en una avioneta hasta allí a pasar el día siguiente. Al principio se mostró encantado con la idea, pero entonces me miró, el color desapareció de sus mejillas, y su mandíbula se desencajó, como si hubiese sido golpeado en la barriga. <em>&#8220;No sé nada de esa avioneta&#8221;</em>, dijo con lentitud. <em>&#8220;Supón que los rusos –por ejemplo, hicieran algo al motor, cualquier cosa. Quiero decir, la gente no se da cuenta de lo importante que es el ajedrez para su imagen. Les gustaría muchísimo poder quitarme de en medio ahora mismo.&#8221;</em></p>
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		<title>Bobby Fischer en la revista Life (II): Un feroz ganador</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Apr 2007 18:47:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Voces de enfado atraviesan la puerta de la habitación de hotel de Bobby Fischer en el mismo momento que levanto mi mano para llamar a ella. &#8220;¡Maldita sea, estoy harto de todo esto!&#8221;, le oigo gritar a Bobby. &#8220;Estoy harto de ver a gente, necesito trabajar, necesito descansar! ¿Por qué no me preguntaste antes de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://farm1.static.flickr.com/195/477452528_a4251a9a3c_o_d.jpg" alt="Bobby Fischer revista LIFE" align="left" border="2" height="277" hspace="10" vspace="5" width="200" />Voces de enfado atraviesan la puerta de la habitación de hotel de <strong>Bobby Fischer</strong> en el mismo momento que levanto mi mano para llamar a ella. <em>&#8220;¡Maldita sea, estoy harto de todo esto!&#8221;</em>, le oigo gritar a Bobby. <em>&#8220;Estoy harto de ver a gente, necesito trabajar, necesito descansar! ¿Por qué no me preguntaste antes de concertar todas estas citas?&#8221;</em>. Entonces escucho la voz, suave y llena de dignidad, del director ejecutivo de la USCF, dirigiéndose al hombre que podría ser el mejor ajedrecista de la historia en un tono sólo ligeramente superior a un lamento: <em>&#8220;Bobby, desde que llegamos a Buenos Aires no he hecho nada más que cuidar de ti, día y noche. ¡Eres un desagradecido!&#8221;</em>.</p>
<p>Eran las tres en punto de la tarde, un poco temprano para que Fischer estuviese ya levantado. Diez minutos más tarde, en vista de que el hall estaba silencioso, finalmente me atreví a llamar a la puerta, y Fischer abrió la puerta con brusquedad. <em>&#8220;Ah, sí, el tipo de la revista Life. Pasa&#8221;</em>. Su sonrisa era amplia y juvenil, pero sus ojos eran cautelosos. Alto, ancho y flaco, con una cabeza demasiado pequeña para su gran cuerpo, me recordaba a una pálida versión humana de una escultura de Henry Moore. Le había visto con anterioridad en dos ocasiones, pero nunca antes tan cansado.</p>
<p>Me detuve nada más atravesar el umbral. La habitación era un desastre, peor que un piso de estudiante. La ropa de cama se apilaba en grandes montones sobre el suelo. Calcetines, ropa interior, bolsas, periódicos y revistas formaban un revoltijo en la cama desocupada. Las cajas se apilaban sobre el sofá, y en el suelo, entre los muebles, había una graciosa cáscara de plátano. El único rincón limpio del cuarto era una pequeña mesa junto a la ventana, donde un hermoso tablero de ajedrez de madera había sido colocado. Sereno y hermoso, como un altar entre los escombros de la batalla.</p>
<p>Un campo de batalla es lo que ha sido la vida de Fischer en los últimos 11 meses. En Mayo, tras una racha de siete victorias en partidas de torneo, el prodigio de Brooklyn, de 28 años, comenzó su andadura en el desafío por el campeonato del mundo de ajedrez. En el primero de los tres matches eliminatorios destrozó al ruso <strong>Mark Taimanov</strong> por 6-0, siendo la primera vez que se daba tal resultado en un encuentro a nivel magistral. En el segundo match Fischer liquidó al danés <strong>Bent Larsen</strong> con el mismo resultado. En su duelo con el ruso <strong>Tigran Petrosian</strong>, finalizado dos días antes de mi llegada a Buenos Aires, Fischer elevó su racha de victorias consecutivas a 20, pero entonces se resfrió y perdió una partida. Con el match empatado 2½ &#8211; 2½, Bobby cambió de hotel, tomó un buen sueño reparador, y condujo las cuatro últimas partidas contra el ex campeón del mundo como si se tratasen de una brutal exhibición de fuerza. Un día de la próxima primavera, en un lugar aún por determinar, Fischer se enfrentará al ruso <strong>Boris Spassky</strong> en una batalla al mejor de 24 partidas, estando el juego el título mundial que ostenta el ruso. Spassky es un Gran Maestro formidable, pero incluso algunos de los mejores expertos soviéticos creen ahora que Fischer acabará con los 35 años de dominación rusa en el ajedrez para convertirse en el primer americano de la historia que conquista el Campeonato del Mundo.</p>
<p>- <em>&#8220;Felicidades por su victoria&#8221;</em>, trato de decir.</p>
<p>- <em>&#8220;Sí, sí&#8230;&#8221;</em>, farfulla Fischer tímidamente y se aparta para coger un abrigo y una corbata. <em>&#8220;Tengo que comer. Me muero de hambre. Hablamos después&#8221;</em>. Y se va apresuradamente a desayunar con unas 20 revistas de ajedrez rusas plegadas bajo el brazo.</p>
<p>En el vestíbulo la gente se precipita sobre Fischer desde todas las direcciones. Él parece asustado e irritado. En Argentina existe un gran fervor ajedrecístico (hay 60 clubs sólo en Buenos Aires) y durante más de un mes Fischer ha sido acosado día y noche con la típica efusividad latina. Un hombre canoso le agarra y le habla seriamente. Una chica se cuelga de su brazo y le dice algo intenso que le hace recular y después alejarse a zancadas. Un equipo de televisión deportiva estadounidense le toma por el codo para intentar retenerle, pero él no acepta ser interrumpido. <em>&#8220;¡Después!&#8221;</em>, les espeta Fischer, inclinándose hace adelante, y tambaleándose con sus fuertes y desgarbadas zancadas que le hacen parecer el Capitán Ahab avanzando con fuerte viento.</p>
<p>En el London Grill, una réplica del típico pub inglés de agradable y decadente encanto, Fischer se dirigió a una mesa del fondo y pidió dos vasos grandes de zumo de naranja natural, el bistec más grande de la casa, una ensalada mixta y una botella de agua mineral con gas. Cinco minutos después pidió otro vaso de zumo y, para cuando ya se preparaba para un enorme postre de bananas y sabrosísima crema de Chantilly, ya había terminado su cuarta botella de agua mineral. Comía con el vigor oral de una barracuda y hablaba incesantemente de lo buena que era la comida.<em> &#8220;¡Mira este zumo: fresco, no helado! ¿Y dónde puedes encontrar un vaso tan grande por menos de 10 centavos? ¡Mira este bistec! Tiene un grosor de 5 centímetros como mínimo. ¡Y puedes saborearlo de verdad! No como esa pésima carne americana, llena de químicos. ¡Esta carne es natural! Lo que yo te diga, la comida argentina es la mejor del mundo, ¡la mejor del mundo! Aquí van a por la calidad. Como la ropa. Aquí puedes conseguir una chaqueta de sastre por menos de 100 $, ¡y duradera! Y zapatos. Aquí tienen los mejores zapatos del mundo. Mira este par que llevo puesto. Éstos que llevo puestos: ¡míralos!&#8221;</em> Desata rápidamente un enorme zapato marrón, se descalza y lo pone ante mí sobre la mesa. <em>&#8220;¡Mira esa suela! Yo gasto un par normal de zapatos en unos días, ¡en unos días! Pero llevo usando estos durante un año y continúan en buen estado. Quiero decir que amo América y nunca he sido otra cosa que un americano, pero las cosas se están viniendo abajo allí. Que cada uno se ocupe de lo suyo simplemente no funciona. ¡Necesitamos organización! ¡Necesitamos volver a los viejos valores!&#8221;</em> Negó tristemente con la cabeza y pidió otro plato de bananas y Chantilly.</p>
<p>A la tarde, como hace todas las tardes de los viernes de su vida, Fischer desapareció en su habitación durante 24 horas para meditar en soledad. Pertenece a la Iglesia de Dios, una iglesia fundamentalista californiana, y se toma la religión en serio. No hablará del tema, de todas formas. No hablará nunca con la prensa de ningún aspecto de su vida privada. Pero es mucho lo que ya se sabe.</p>
<p>Hijo de un matrimonio roto, Bobby creció en <strong>Brooklyn</strong> con una madre dominante y un padre ausente. Tenía una apariencia solitaria y un poco retraída, sin destacar en absoluto por nada, hasta que un día, cuando tenía 6 años, su hermana mayor trajo a casa un juego de ajedrez. Desde ese día, el destino se apoderó de Bobby. Padre, madre, amigos: toda la gente que necesitaba, la encontró en las figuras del ajedrez, todo el mundo que él quería cabía en el espacio de 30 centímetros cuadrados.</p>
<p>A los 13 años, Bobby ganó el campeonato juvenil de EEUU. Y a los 14, se abrió camino a lo largo de 11 partidas -tres de ellas frente a Grandes Maestros- para convertirse en el campeón de EEUU más joven de todos los tiempos. Sin embargo su madre creía firmemente que no se le valoraba como se debía. Fue a Washington a protestar por Bobby, llegando un día a encadenarse literalmente a la verja de la entrada de la Casa Blanca. Sumamente avergonzado, Bobby la fue empujando fuera de su vida de forma gradual. A los 17, dejó la escuela (<em>&#8220;los profesores&#8221;</em>, decía, <em>&#8220;son gilipollas&#8221;</em>) y vivió solo en un laberinto de literatura ajedrecística.</p>
<p>A los 18, Fischer jugaba con una brillantez tan endiablada que los maestros de este deporte estaban seguros de que se convertiría en campeón del mundo al año siguiente. Pero después del torneo de <strong>Curaçao</strong>, acusó a los rusos de jugar en equipo, dejando ganar a sus mejores jugadores, y luchando como tigres para derrotarle a él. En un ataque de furia producido por la humillación, rehusó enfrentarse a los rusos de nuevo hasta que las normas fuesen modificadas. La prensa se burló de él calificándole de mal perdedor, pero a pesar del altísimo precio que su carrera tuvo que pagar por ello, Fischer no modificó su postura ni un ápice. Ahora, la organización mundial del ajedrez ha desestimado el sistema de torneo para el campeonato del mundo y lo ha sustituido por una serie de enfrentamientos individuales, tal como Fischer reclamaba. <em>Mano a mano</em>, razonaba, <em>el talento decidirá</em>.</p>
<p>El talento y la erudición. Fischer es el más profundo estudiante del ajedrez que jamás ha existido. Lee incesantemente, no olvida nada, convierte el conocimiento en acción con monstruosa precisión y ferocidad. <em>&#8220;Ningún otro maestro&#8221;</em>, me dijo un experto alemán, <em>&#8220;tiene tan tremenda voluntad de ganar. Ante el tablero irradia peligro, e incluso los más fuertes oponentes tienden a quedarse inmóviles, como conejos cuando huelen una pantera. Incluso sus debilidades son peligrosas. Con las blancas su apertura es previsible –puedes hacer planes contra ella- pero tan fuerte que tus planes casi nunca funcionarán. En el medio juego su precisión e invención son fabulosas, y en el final simplemente no puedes vencerle&#8221;</em>.</p>
<p><a href="http://davidllada.com/ajedrez/2007/05/15/bobby-fischer-en-la-revista-life-iii-un-feroz-ganador/"><strong>[CONTINUACIÓN]</strong></a></p>
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		<title>Bobby Fischer en la revista LIFE (I)</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Mar 2007 18:20:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[colaboraciones]]></category>
		<category><![CDATA[entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[fotos]]></category>
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		<description><![CDATA[La revista LIFE es, desde su fundación en 1936 por Henry Luce, todo una institución dentro del fotoperiodismo. Un reconocimiento que, a pesar de su marcado papel como instrumento de propaganda yankee a lo largo de los años, nadie le niega.
En su portada han aparecido algunas de las imágenes más trascendentes del siglo XX, como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://farm1.static.flickr.com/199/462197776_2e476c7d3f_o_d.jpg" target="_blank"><img src="http://farm1.static.flickr.com/239/462224760_4fc47d9bba_o_d.jpg" alt="Bobby Fischer revista LIFE" align="left" border="2" height="267" hspace="10" vspace="5" width="200" /></a>La revista <strong>LIFE</strong> es, desde su fundación en 1936 por <strong>Henry Luce</strong>, todo una institución dentro del fotoperiodismo. Un reconocimiento que, a pesar de su marcado papel como instrumento de propaganda yankee a lo largo de los años, nadie le niega.</p>
<p>En su portada han aparecido algunas de las imágenes más trascendentes del siglo XX, como por ejemplo, las incomparables fotografías bélicas de <strong>Robert Capa</strong> durante <a href="http://farm1.static.flickr.com/243/462197708_ac275df279_o_d.jpg" target="_blank">el día D</a>, <a href="http://farm1.static.flickr.com/197/462197958_e06d5db4f3_o_d.jpg" target="_blank">la caída de Berlín</a>, o la de <a href="http://farm1.static.flickr.com/244/462198056_bd8d1c406c_o_d.jpg" target="_blank">ese soldado del ejército rojo chino</a> cuyo rostro impasible causa tanta impresión. Esta revista también ha inmortalizado la frescura de <a href="http://farm1.static.flickr.com/168/462217697_bd22c9a834_o_d.jpg" target="_blank">la mejor <strong>Marilyn Monroe</strong></a> en las fotografías de <strong>Philip Halsman</strong>, o el empecinamiento -ya cercana la derrota- de <a href="http://farm1.static.flickr.com/253/462198134_54c3b2058e_o_d.jpg" target="_blank">los americanos en Vietnam</a>, retratado inmejorablemente por <strong>Henri Huet</strong>.</p>
<p>A partir de este viernes, 20 de abril, esas legendarias portadas dejarán de pasar por la imprenta. <strong>LIFE</strong>, este icono del fotoperiodismo, <a href="http://archivologo.blogcindario.com/2007/04/00927-life-no-muere-queda-su-archivo-fotografico-con-mas-de-10-000-000-de-imagenes.html" target="_blank">se volcará en exclusiva en su versión en internet</a>, abandonando para siempre los kioskos.</p>
<p>La parte buena del asunto es que LIFE anuncia que su inmenso archivo fotográfico, compuesto por más de 10 millones de imágenes –en su mayor parte inéditas- estará disponible online de forma gratuita. Pero qué duda cabe de que la mayor parte del encanto se habrá perdido.</p>
<p>Aquellos que conservan números antiguos de la revista están haciendo su agosto ahora, a costa de los mitómanos que se han lanzado a comprar en las subastas por internet los ejemplares cuya portada estaba consagrada a la estrella de turno.</p>
<p>Yo, aunque lejos de ser un mitómano, no pude resistirme a comprar una de ellas: La del 12 de noviembre de 1971, que muestra en su portada la imagen de <strong>Bobby Fischer</strong>, el legendario ajedrecista norteamericano. La compré por unos modestos 18 dólares en ebay, y la tengo desde hace un mes entre algodones en mi casa. Los retratos de Harry Benson, tomados en un rancho de argentina poco después de su victoria sobre Petrosian, ilustran una extensa entrevista/perfil que no tiene desperdicio, y que en los próximos días traduciré -y publicaré por entregas- en este blog.</p>
<p>Al igual que para muchos aficionados a la música la imagen por excelencia de los Beatles es la de los cuatro de Liverpool cruzando la calle por Abbey Road, para mí la imagen por excelencia de Fischer es ésta. Bobby era, entonces, un hombre de ojos huidizos y nerviosos, por lo que no era fácil –imagino- retratarle su mirada. Mucho menos así, frontalmente, invitándonos a leer lo que se escondía en esa prodigiosa mente llena de enigmas.<br />
<a href="http://davidllada.com/ajedrez/2007/04/30/bobby-fischer-en-la-revista-life-ii-un-feroz-ganador/"><strong><br />
[CONTINUACIÓN]</strong></a></p>
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		<title>Una Olimpiada en fotos</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Jun 2006 21:26:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Llada</dc:creator>
				<category><![CDATA[fotos]]></category>
		<category><![CDATA[olimpiada]]></category>

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		<description><![CDATA[
Es difícil transmitir todo lo que se vive en una Olimpiada sólo con palabras. La verdad es que con imágenes resulta mucho más fácil. Así que a eso me he dedicado básicamente en Turín: a las fotos. En la siguiente dirección pueden consultar un álbum con una selección de 160 instantáneas de la Olimpiada.
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			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"><img src="http://static.flickr.com/46/161924266_45e292df2f_o.jpg" /></p>
<p>Es difícil transmitir todo lo que se vive en una Olimpiada sólo con palabras. La verdad es que con imágenes resulta mucho más fácil. Así que a eso me he dedicado básicamente en Turín: a las fotos. En la siguiente dirección pueden consultar un álbum con una selección de <a href="http://www.flickr.com/photos/davidllada/sets/72157594151054860/" target="_blank">160 instantáneas de la Olimpiada</a>.</p>
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