Kramnik, rápido y polémico ganador
El día de hoy será uno de los más recordados en la historia del ajedrez: por primera vez en trece años este deporte vuelve a tener un rey único e indiscutible en la persona de Vladimir Kramnik, de 30 años de edad. El ruso se impuso a su rival, el búlgaro Veselin Topalov, en ‘el duelo de la reunificación’, que enfrentaba a los dos campeones del mundo existentes tras la escisión en varias organizaciones que sufrió el ajedrez en 1993, cuando Kasparov se rebeló contra la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE).
La victoria de Kramnik se produjo en la final más intensa de las últimas décadas: al haber concluido con un marcador de 6 a 6 las doce partidas estipuladas, ambos Grandes Maestros tuvieron que jugarse el título en un desempate a cuatro partidas rápidas –25 minutos por jugador-, que podrían compararse al ‘gol de oro’ en el fútbol.
En esta modalidad, al estar muy limitado el tiempo del que disponen los contendientes para meditar sus jugadas, más que los conocimientos ajedrecísticos lo que impera es la rapidez de cálculo, el dominio de los nervios y la sangre fría. Cualquier error cometido al ejecutar un movimiento de sus piezas, decidido en muchos casos tras apenas unos segundos de reflexión, puede resultar fatal. Y así fue para Topalov, número uno de la clasificación mundial, que se derrumbó en el momento decisivo.
El desempate comenzó con unas tablas, adelantándose Kramnik en la segunda gracias a un error de Topalov. El búlgaro se rehizo y fue capaz de igualar el marcador en la tercera, en una soberbia partida de ataque. Pero en la cuarta y decisiva la mano de Kramnik fue más rápida: su posición inicial era muy insegura, pero el ruso, un virtuoso de la defensa, fue haciendo progresos hasta obtener ventaja. Y de nuevo, bajo la presión, Topalov se vio condenado por un gravísimo error que convirtió a Kramnik en el flamante y único Campeón Mundial.
Este duelo no sólo ha sido uno de los más emocionantes de la historia, sino también uno de los más polémicos. Al igual que los disputados en Reykjavic en 1972 entre el ruso Spassky y el americano Fischer, o en Baguio (Filipinas) en 1978 entre Karpov y el disidente soviético Viktor Korchnoi, las batallas no se disputaron sólo dentro del tablero, sino que alcanzaron también gran intensidad fuera de él.
Los incidentes comenzaron cuando el representante de Topalov se quejó ante los organizadores por las frecuentes visitas de Kramnik al servicio. Su sospecha era que el ruso estuviera aprovechando la privacidad de los aseos para recibir por algún medio de transmisión la ayuda de computadoras, y amenazó con que Topalov abandonaría el duelo si no se aplicaba una vigilancia especial. El Comité de Competición le hizo la concesión de clausurar los servicios particulares de que disponen los jugadores y habilitar uno común en otro área del escenario, pero entonces fue Vladimir quien ofendido se negó a jugar, perdiendo por incomparecencia la quinta partida.
El match quedó suspendido y, tras dos días de negociaciones, Kramnik aceptó continuarlo ‘bajo protesta’, anunciando que demandaría a la FIDE independientemente del resultado. Según algunas fuentes, Kramnik sólo accedió a ello tras haber recibido presiones del mismísimo Presidente Vladimir Putin. Como en los tiempos de la URSS, que el título de Campeón Mundial de ajedrez volviera a estar en manos rusas se había convertido en una cuestión de Estado.
[Originalmente publicado en el diario El Mundo, el 14 de octubre de 2006]
David Llada @ 14-Octubre-2006