Linares vuelve a casa
Se nos pasó en un suspiro, señal de que hemos estado disfrutando. Del ajedrez, del ambiente del torneo y de la hospitalidad mexicana. Espero que el destino me ofrezca pronto la oportunidad de regresar a esta ciudad de Morelia; así se lo deseo también ustedes, lectores. Porque este lugar merece mucho la pena.
En lo que respecta a lo puramente deportivo, lo que más llama la atención son tres cosas: la sorprendente mala forma de Topalov, la regularidad y solidez de Leko –que ha exhibido el mejor ajedrez visto en tierras mexicanas-, y la reválida definitiva de Aronian, que ha confirmado aquí que ha llegado a la élite para quedarse.
Sobre lo primero, se puede especular mucho pero no se puede afirmar nada. No existe una explicación racional acerca de porqué Topalov, cuyo dominio fue casi absoluto durante toda la temporada pasada (entendiendo por temporada ajedrecística el tiempo que transcurre entre un torneo de Linares y otro), está obteniendo por el momento unos resultados tan pobres.
En cuanto a Leko, con cuatro tablas y tres victorias como botín, se mantiene como firme líder, y su juego ha recibido enormes elogios por parte de Kasparov, atento espectador diario a pesar de la diferencia horaria. Único jugador invicto por el momento, tiene bastante encarrilada la que puede ser su segunda victoria en este torneo. Sólo el sorprendente Aronian, que se despidió de Morelia con una brillantísima victoria sobre el otro debutante, Bacrot, mantiene el ritmo que marca el húngaro, y a medio punto de éste conserva todas sus opciones de dar una sorpresa aún mayor.
Cabe también hacer aquí un pequeño balance de los aspectos organizativos, o más concretamente, de la idea de traer la mitad del torneo más prestigioso del mundo a este otro lado del atlántico. En mi humilde opinión, la iniciativa ha obtenido un rotundo éxito como premio a la valentía de ambos, linarenses y michoacanos.
Obviamente las dificultades organizativas se han duplicado, o incluso triplicado si tenemos en cuenta que nuestros amigos mexicanos se estrenaban en la tarea de echar a andar un evento de esta envergadura. Y otra consecuencia quizá negativa es que el torneo se prolonga aún más, debido a la inevitable semana de descanso entre una y otra vuelta.
Pero todo esto queda en un segundo plano ante la evidencia de que los medios con los que se cuenta han aumentado espectacularmente. Dos equipos organizativos y muchas más fuentes de financiación han hecho que Linares suba un peldaño más, y haya superado algunas carencias que antes tenía. Como el apartado de conferencias y actividades paralelas, que ha sido excelente aquí en Morelia, o el de unas mayores atenciones a la prensa, apartado que no me extiendo en halagar porque soy parte interesada, pero que este año ha sido más que excelente.
Otro aspecto positivo es el haber disfrutado una vez más del entusiasmo de México por el ajedrez, del que ya tuve un asomo en anteriores visitas a este país para los torneos Carlos Torre o las macrosimultáneas que se celebraron en el DF hace cinco años. Quizá sea pronto para hablar de un boom de nuestro deporte, pero resultaba una delicia ver cómo cada día la sala de juego se llenaba hasta arriba de espectadores, cómo una multitud se agolpaba a la salida para conseguir el autógrafo de los jugadores, o cómo éstos eran reconocidos en sus paseos por la calle y requeridos para más autógrafos o para posar en fotos.
Esta noche nos despedimos de Morelia. Mañana volveremos a copar el pasaje de un vuelo de Aeroméxico con destino a Madrid y esta vez la expedición es aún más nutrida que en el viaje de ida, porque vamos más agrupados. Recen porque no suframos ningún accidente, porque si ese avión se estrella Linares pasa a la historia: se quedan ustedes sin jugadores, sin organizadores, sin autoridades competentes y sin periodistas que les escriban weblogs, todo de un plumazo.
David Llada @ 27-Febrero-2006