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El dolor de las derrotas

Vasili Ivanchuk Linares MoreliaTras una tercera ronda de tintes algo más pacíficos y una jornada de descanso en la que los jugadores atendieron diversos compromisos, han vuelto a saltar chispas dentro y fuera de los tableros en Morelia. Hoy pudimos presenciar la cara más dura del ajedrez de competición.

El primer incidente fue el tremendo cabreo que agarró Luis Rentero tras el rápido desenlace de la partida entre Vallejo y Aronian, por triple repetición después de 20 jugadas. Decir que Don Luis se enfadó con Paco es quedarse corto: echaba pestes por la boca con tono bastante elevado. “Le dais el boleto y lo mandáis de vuelta a su casa, no merece jugar Linares. Éste es el torneo más importante del mundo, y es indignante, porque no viene luchar, viene a vegetar. Si no está preparado, no se le invitará más, es una vergüenza”, exclamó. Y aunque los aficionados esperaban más espectáculo en este encuentro, también es comprensible que Paco necesite coger confianza tras su estrepitoso arranque de torneo.

Calmadas las aguas, la atención se centró sobre todo en la partida de Topalov. Me había encontrado al búlgaro la tarde anterior en una céntrica terraza de Morelia, degustando un batido de coco. “Es el primer paseo que me doy, la primera vez que salgo del hotel a mi aire para relajarme”, me comentó. Esa mañana había tenido que cumplir un compromiso en el estadio de los Monarcas, el equipo de fútbol local. “Me hicieron lanzar unos penaltis (Chessbase les ofrece un bonito reportaje) y parece que ya tengo agujetas”, bromeó. Estuve tentado de preguntarle si tanto compromiso, tanto aceptar entrevistas y tanto traerle y llevarle de acá para allá no afectaría a su preparación y nivel de juego, pero me alegró tanto verle tan tranquilo y despreocupado que no quise importunarle recordándole la tabla de clasificación.

Radjabov –que se presentó ante el tablero con más de 10 minutos de demora- repitió ante él una de sus defensas favoritas, que como buena parte de su repertorio con negras, está en entredicho por la teoría. Quizá queriendo castigar la osadía, Topalov se embarcó en un plan demasiado ambicioso, lanzando adelante su peón g, y la iniciativa pronto cambió de bando para caer en manos del joven Teimour. La posición del campeón del mundo se derrumbó con rapidez pasmosa, y tras firmar la planilla, abandonó rápidamente la sala de juego.

Veselin es un tío alegre, muy equilibrado y me atrevo a decir que bastante feliz. Estoy seguro de que perder dos partidas no va a convertir su existencia en un infierno. Sin embargo, ser el principal favorito, vigente campeón del mundo, y caer al último puesto de la tabla con sólo un punto en cuatro partidas, es una posición más que incómoda para cualquier miembro de la élite.

Mucho más frágil es en cambio el sistema nervioso de Vasili Ivanchuk, cuya derrota de hoy ante un soberbio Leko produjo escenas casi dramáticas. El ucraniano perdió por tiempo en una posición ya desesperada, tras haber sido superada en toda regla por Peter en los entresijos de la española. “Llegó un momento en el que casi pierdo el control, porque había tantas jugadas buenas en apariencia que no era fácil acertar el rumbo”, explicó el líder del torneo.

Quince minutos después de que su bandera hubiese caído, el pobre Chuky seguía desplomado en su silla, frente al tablero pero ensimismado en vaya usted a saber qué variante de la partida. Cuando por fin se levantó, buscó refugio en la sala de prensa, por donde anduvo vagando durante otro buen rato como alma en pena. A veces se acercaba a alguno de nosotros con expresión compungida, como si viniera a darnos alguna explicación, y a ratos sentaba con la cara escondida entre las manos, como si estuviera a punto de echarse a llorar. Daban ganas de darle un abrazo para consolarle, al pobre hombre. Y sabiendo lo mucho que le afecta la presión a Ivhanchuk, el “genio despistado” por excelencia, me temo que sus resultados se seguirán resintiendo en los próximos días.

Dado que la crónica de hoy va sobre la crueldad de las derrotas, no queda espacio en ella para hablar de Svídler y Leko. Lo suyo es una marcha militar, habiendo cedido sólo unas tablas en su enfrentamiento particular, y tiempo habrá los próximos días para escribir acerca de los triunfadores.

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David Llada @ 23-Febrero-2006

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