The show must go on
Exactamente 9.292 kilómetros separan Linares de Morelia, según San Google Earth. Y sin embargo, ni la distancia ni las diferencias culturales han alterado en lo más mínimo el espíritu de Linares, que parece haber sido implantado en México con éxito rotundo. Don Luis Rentero paseaba henchido de satisfacción por la sala de prensa mientras en el escenario los ocho ajedrecistas daban lo mejor de sí mismos. Casi ni nos hemos acordado de Kasparov a lo largo de la tarde.
Tres partidas decididas, lucha sin cuartel en las cuatro, sorpresas –como la derrota del gran favorito, Topalov, y liderato provisional para el dúo de Peters, Svídler y Leko. Ése podría ser el resumen, a grosso modo, de la ronda inaugural del supertorneo de Linares-Morelia.
La primera partida en alcanzar la conclusión fue la del representante español, Paco Vallejo, que sufrió el un serio tropiezo con las piezas blancas al ser cazado en la apertura por la jugada 14…f5 de Leko. Con el rey en el centro y serios apuros de tiempo, el menorquín no pudo ofrecer resistencia seria ante lo que se le venía encima.
El siguiente en caer fue Radjabov, cuya India de Rey no resistió el envite de un inspirado Aronian. Aunque el azerbayano exprimió todo el contrajuego que ofrecía la posición, terminó defendiendo un final inferior, con peón de menos. Las tablas parecían a su alcance gracias a la presencia de las damas, pero el blanco fue haciendo progresos y avanzó sus peones del flanco de rey hasta forzar el abandono de Teimour. Buen debut para Aronian, un jugador muy peligroso.
También mordió el polvo el campeonisimo Topalov ante un Svídler magistral. El búlgaro sorprendió planteando el cerrojo berlinés, que no parece lo más adecuado a su estilo, pero tras la presión inicial del blanco, el plan de las negras parecía funcionar. La mayoría en el flanco de dama y la pareja de alfiles parecían darle algunas posibilidades de victoria. Pero el juego preciso de Svídler, impresionante, demostró que todo se trataba de una ilusión y que a Topalov aún le quedaban algunos problemas por resolver. Veselin peleó hasta el último peón, sacando recursos defensivos hasta de debajo de las piedras, pero acabó rindiéndose a la evidencia tras casi seis horas de juego.
El único empate de la ronda se dio en el encuentro entre el otro de los debutantes, el joven prodigio francés Bacrot, y el siempre genial Ivanchuk, cuyo eterno despiste le hizo sentarse por dos veces en la mesa equivocada hasta encontrar finalmente su sitio. Una densa partida de largas maniobras que desembocó en un final de torre y peones a y b por bando: aunque el rey y torre de Ivanchuk estaban más activos y consiguió quedarse con peón de más, eran tablas teóricas.
David Llada @ 19-Febrero-2006