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El retorno de GK

gata kamskyEl año que acaba de terminar fue testigo de muchas noticias importantes para nuestro deporte. Las más destacadas, qué duda cabe, resultaron la retirada de Kasparov y la explosión definitiva de Veselin Topalov. Sin embargo, un hecho que no ha sido lo suficientemente valorado es que 2005 ha traído también la confirmación de que Gata Kamsky ha vuelto a los tableros. Y no se trata de un regreso fugaz, como cuando por sorpresa disputó la primera eliminatoria en el Mundial de Las Vegas. Ahora ha vuelto para quedarse y recuperar su sitio en el top ten.En realidad podríamos decir que esto encierra una noticia muy buena, y otra mejor aún. La muy buena es que el ajedrez recupera a un grandísimo talento. La mejor aún es que su padre no ha regresado con él. Y es que en la mente de cualquier aficionado la imagen de Kamsky estará ligada a la de su polémico padre Rustam, un violento exboxeador que sembraba el terror allá adonde iba, torneos de ajedrez incluidos. Short y Shabalov pueden dar fe de ello.

Le excéntrica pareja proviene de Novokusnetsk, una triste ciudad en medio de Siberia. Pude observar ese lugar una vez desde la ventanilla de un avión, y recé porque ningún problema técnico nos obligase a aterrizar en semejante sitio. Cualquier cosa que su padre le haya obligado a hacer, como estudiar ajedrez doce horas al día o hacerle dar esas volteretas acrobáticas por el jardín, podría estar justificada si ello le ayudó en algún modo salir a de aquel agujero.

Siendo un joven prodigio con múltiples talentos, en su periplo vital Kamsky pasó primero por San Petersburgo, donde probó suerte con el piano. Más adelante, a los 14 años, con oportunidad del Open de Nueva York al que fue invitado, y gracias a la ayuda de José Cuchí y de otros exsoviéticos exiliados, Kamsky desertó de su país natal y adquirió la nacionalidad estadounidense.

Probablemente debido al carácter hosco de su padre, el joven Gata nunca despertó grandes simpatías, ni entre sus colegas ni entre los aficionados. Esto hace que con frecuencia se olvide sus méritos como jugador. Fue –y sigue siendo- el mejor jugador americano después de Bobby Fischer, y en su época de adolescente sólo Judit Polgar le superaba en cuanto a precocidad. Aunque Kamsky se demoró más que la húngara en conseguir el título de Gran Maestro, lo hizo por la puerta grande, venciendo en el supertorneo de Tilburg. Y un año después, en Dortmund ‘92, se convertía en el jugador más joven hasta entonces en derrotar a Garry Kasparov. Un afrenta que el ruso nunca le perdonaría.

De hecho, en cierto momento de su carrera dio la impresión de que este jovencito de carácter apocado y aspecto de nerdo podría acabar él solito con el cisma del ajedrez, por el expeditivo método de ganar ambos ciclos al mismo tiempo. Si bien en el de la PCA cayó en la final de Candidatos frente a Vishy, en el mundial FIDE alcanzó la final, y tuvo que ser Anatoli Karpov quien le parase los pies, echando mano de las últimas gotas de ese elixir de la eterna juventud cuyo secreto nunca ha sido desvelado. Kamsky estaba por entonces situado en el tercer puesto del escalafón mundial, y hubiera sido segundo si ambas organizaciones –FIDE y PCA- hubieran mantenido un ranking conjunto. “Es probable que ningún otro jugador haya acumulado tanta experiencia a esa edad como la que tenía yo a los 20 años”, declaraba hace poco.

En estos diez años de retiro, Kamsky se ha dedicado a estudiar leyes –tras intentarlo con la medicina-, ha formado una familia –se ha casado y tiene un hijo, Adam, de dos años-, no ha tocado un tablero de ajedrez y, lo más importante, ha desarrollado su propia personalidad, antes eclipsada por la de su padre. Ahora incluso viaja solo y concede entrevistas por sí mismo, algo que hubiera sido inaudito en su momento.

Resulta difícil figurarse hasta dónde puede llegar Gata después de tanto tiempo apartado de las competiciones. Pero teniendo en cuenta que aún es un jugador joven –31 años- y que siempre ha hecho gala de mucha tenacidad y capacidad de sacrificio, no se puede descartar que recupere su antiguo nivel. Él lo tiene claro: “Quiero estar otra vez entre los 10 mejores del mundo”. De momento, en su primer torneo de élite desde su regreso, en Wijk aan Zee, suma una derrota –frente a Topalov- y una victoria –ante Gelfand. Hacerse un hueco entre los cinco primeros clasificados sería un buen paso adelante.

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David Llada @ 16-Enero-2006

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