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El ocaso de un gran campeón

Los pasados días 11, 12 y 13 de junio, el Campeón Mundial de la FIDE, Anatoli Karpov, de 48 años, sufría la más severa derrota que nunca nadie le ha infligido, al caer ante Viswanathan Anand por el tanteo de 5-1.

No voy a extenderme aquí en ofrecer datos acerca de la carrera deportiva de Karpov, pues ésta es de sobra conocida por todos los aficionados. Sus récords absolutos, el de mayor número de victorias en torneos (más de 130, según contabiliza el propio jugador) y el de la mayor performance Elo realizada en un torneo de alto nivel (cerca de 3000 puntos en Linares ‘94) parecen inalcanzables incluso para el mismísimo Kasparov.

Su repentino resurgimiento en el año 1994, con contundentes victorias en varios compromisos difíciles, parecían augurar para él una excepcional madurez deportiva, como la que disfrutó en su momento, por ejemplo, Emmanuel Lasker, o la que en nuestros días demuestra Viktor Korchnoi (¡67 años y sigue sumando triunfos!).

Sin embargo, este excepcional periodo no duró demasiado. En los años 95 y 96, Karpov alcanzó unos resultados que dignos, pero no ya a la altura de su mejor época. La alarma para él saltó tras el Supertorneo de Las Palmas 1996. Aunque nadie esperaba su triunfo, el último puesto, sin conseguir una sola victoria en toda la prueba, fue sin duda una de sus mayores decepciones deportivas. Desde entonces, la palabra “declive” ha ido asociada a las crónicas de casi todos los torneos en los que ha participado. Su más destacado éxito fue retener el pasado año el título mundial de la FIDE, frente a un rival, Vishy Anand, que llegó a la final muy mermado tras arrostrar para clasificarse un duro torneo por sistema KO.

Todos los aficionados, y en especial quienes admiramos su juego, supusimos que esto era algo normal; la edad no perdona y Karpov era ya un jugador demasiado veterano como para aspirar al número uno mundial. En una entrevista de Kasparov tras su victoria en el Torneo de Las Palmas (revista Gambito nº 3, pág. 26), éste dedica unas elogiosas palabras a su eterno rival: “… Sólo Karpov ha podido cambiar y encajar en la nueva generación. Creo que Karpov ha progresado hasta el comienzo de los años noventa. Ni Spassky ni Fischer han podido hacer nada igual”.

Sin embargo, el reciente match con Anand en la modalidad de “Advanced Chess” puso al descubierto una situación que ha asombrado a todos los aficionados al ajedrez, pues no cabe menos que considerarla sorprendente: Anatoli karpov no se sirve en su preparación de ordenadores, bases de datos, ni módulos de análisis. Ni lo hace ni lo ha hecho nunca.

Posiblemente algunos jugadores, y seguro que sus rivales, estaban al corriente de esta circunstancia. Pero a los aficionados nos parecía impensable que el todavía Campeón Mundial no haga uso en su preparación de esta práctica herramienta, de la que cualquiera de nosotros nos servimos.En la rueda de prensa previa a la primera jornada del match de Advanced Chess, alguien preguntó a Karpov si había probado a jugar con la ayuda del programa contra algún otro jugador, a modo de preparación. La respuesta de Karpov nos extrañó a todos: “No, mañana será la primera vez. Pero sí que he probado el programa”.

¿Cómo es eso? -pensamos todos- ¿acaso Karpov no había probado antes de prepararse para este match el famoso programa Fritz? Pues sí, así era. Y quedó claro a lo largo de los siguientes tres días. Tan patente era la ineptitud mostrada por Karpov en el manejo del programa, que Frederic Friedel (Chessbase) recurrió a darle por las mañanas, antes de las partidas, un cursillo acelerado de informática y manejo de su base de datos y el programa Fritz. Para hacernos una idea: en una de estas apresuradas sesiones, Marcelino Sión (organizador del match) se quedó de piedra cuando oyó a Karpov preguntar: “¿Y cómo se vuelve atrás una jugada?”

Ésta y muchas otras anécdotas parecidas circulaban entre el público, que podía comprobar por sí mismo que eran ciertas, pues la torpeza con la que el ruso manejaba su ordenador durante las partidas era evidente. No analizaba varias líneas; mientras el monitor de Anand mostraba enormes árboles de variantes, Karpov “sobreescribía” todo. Se hacía un lío cuando por error introducía una jugada errónea, perdía tiempo volviendo a introducir líneas ya analizadas…

La primera consecuencia de esto, claro está fue el resultado del match. Mucha gente pensaba que el talento estratégico de Karpov, con el apoyo táctico del ordenador, podía formar una formidable combinación. Pero nada más lejos de la realidad: Karpov jugaba con su atención repartida entre tratar de comprender a la máquina y analizar la situación en el tablero, mientras que frente a él, un fortísimo jugador, perfectamente compenetrado con le programa, le ponía en grandes apuros.

La segunda consecuencia, fue el desencanto del público, y posiblemente también de los organizadores y los patrocinadores (especialmente quienes aportaban el software y el hardware oficial). En palabras de Ricardo Calvo, “Karpov ha recibido el programa hace dos meses, y no se ha preparado con él. No se ha entrenado debidamente para este match. No ha sido nada profesional y, por tanto, debe afrontar las consecuencias”. Otros, como el GM Alfonso Romero, son igual de duros: “Esto fue un fraude. Ha engañado al público, a los organizadores y a los patrocinadores”, dijo refiriéndose a la ineptitud de Karpov con el ordenador.

En mi opinión, Karpov no sólo es un jugador de más edad que sus rivales, no sólo es de otra generación; lo más grave es que se ha quedado anclado en otra época, al no saber (o no querer) aprovechar los avances tecnológicos aplicados al ajedrez. Pero, aunque critico también su falta de profesionalidad, hay que reconocer que tiene mucho mérito haberse logrado mantener en la cumbre con esta desventaja. Sólo una gran doosis de trabajo y un talento inconmensurable pueden haber logrado compensarlo.

Si no me equivoco, la primera versión comercial del programa de base de datos Chess Base se sacó a la venta en 1986, aproximadamente. Es muy posible que programas experimentales de este tipo estuvieran a disposición de los ajedrecistas de élite desde algunos años antes. Y las facilidades de organizar y analizar la información que éstos proporcionan los convierten en indispensables. ¿Cómo debemos entonces calificar las proezas que Karpov logró hacia 1994, teniendo en cuenta su desventaja? Podemos presuponer que todos los jugadores a los que se enfrentó en esa época viajaban acompañados, aparte de por su analista, de su ordenador portátil, en los que se acumularían cientos de miles de partidas. ¿A cuántos kilos de papel impreso equivaldría esta información? El equipaje de Karpov, su lastre, debía de ser considerablemente pesado.

Sólo un talento excepcional, como el de este gran genio, puede explicar que Karpov siga brillando incluso en una época que ya no es la suya.

[Escrito en Oviedo el 22 de Julio de 1999; publicado en la sección de ajedrez del portal Terra, administrada por Net-64]

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David Llada @ 23-Julio-1999

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