Nadie podría haber contado tantas historias y anécdotas sobre el mundo del ajedrez como Andor Lilienthal, fallecido el pasado sábado a los pocos días de haber celebrado su 99 cumpleaños. Conoció en persona a todos los campeones del mundo con excepción de uno –Steinitz, el primero-, e incluso acogió bajo su techo durante una temporada al más esquivo de todos ellos, Bobby Fischer. Pero cometió el error de escribir su autobiografía demasiado pronto, a los 58 años, sin sospechar que aún le quedaba media vida por delante.
De origen judío, nació en Moscú, pero su familia se trasladó muy pronto a Budapest, donde el antisemitismo soviético era menos agresivo. Allí aprendió a jugar al ajedrez a una edad bastante tardía, los 16 años, pero recuperó el tiempo perdido a pasos agigantados. Y comenzó a soñar con vivir del ajedrez en la época en la que este juego se practicaba entre grandes personalidades en los legendarios cafés de Europa. En Viena, llegó a jugar por dinero con el célebre compositor Prokofiev, quien por entonces también se ganaba el sustento ante el tablero. Y en el más famoso de esos locales, el café de la Regence de París, derrotó por 3-1 en una serie de partidas rápidas al entonces campeón del mundo Alexander Alekhine; éste, furioso, arrojó las piezas al suelo y exigió una revancha. Sin embargo Lilienthal se la negó: “Discúlpeme, Doctor, pero quiero conservar este resultado por el resto de mi vida”. El orgulloso Alekhine se echó a reír, comprensivo con el talentoso joven.
Probablemente el ajedrez le salvó la vida en, al menos, una ocasión: gracias a una sonada victoria sobre Capablanca, fue invitado al torneo de Moscú de 1935, lo que le libró de estar en Budapest en las fechas en que se produjo la ocupación nazi. Y tras el turbulento periodo que supuso la segunda Guerra Mundial, cuando la Federación Internacional de Ajedrez creó el título oficial de Gran Maestro, Lilienthal fue uno de los primeros 27 elegidos en recibirlo.
En 1992, cuando Bobby Fischer hizo su sonada reaparición en Yugoslavia, Lilienthal, como un admirador más, no quiso perderse el acontecimiento, y viajó hasta Sveti Stefan, sede del duelo con Spassky. Cuando Fischer le vio sentado entre los asistentes a su primera rueda de prensa, le gritó: “e5xf6!”. El guiño hacía referencia a la jugada decisiva de una de las partidas más famosas de Lilienthal, la que le ganó a Capablanca, reproducida en innumerables publicaciones especializadas y que Bobby conocía de memoria. Fue el comienzo de una fiel amistad entre ambos, y cuando Fischer quiso desaparecer de nuevo, buscó refugio en la casa de Lilienthal.
Enviudó dos veces, y a su tercera mujer, 30 años más joven, solía bromearle diciendo que “era demasiado mayor para él”. Alto y fuerte, fue un buen deportista que de joven llegó a jugar al fútbol en el Spartak. Y ya cumplidos los 95, Lilienthal seguía haciendo todo lo que le placía: fumaba, nadaba asiduamente, viajaba con frecuencia y, por supuesto, jugaba al ajedrez. Causó gran asombro su llegada a la Olimpiada de ajedrez celebrada en Turín en 2006, al volante de su propio coche, habiendo conducido todo el camino desde Budapest. A quienes se asombraban de su longevidad y su buena memoria, siempre les repetía lo mismo: “el ajedrez me ha ayudado a mantener la lucidez”.
Andor Lienthal, gran maestro de ajedrez, nació en Moscú el 5 de mayo de 1911, y falleció en Budapest el 8 de mayo de 2010
[Pendiente de publicación en el diario "El Mundo" el 12 de mayo de 2010]
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David Llada @ 11-Mayo-2010
La disputa del Campeonato del Mundo de ajedrez, que se celebra estos días en la capital de Bulgaria entre Anand y Topalov, se ha visto sacudida por la noticia del deceso de Florencio Campomanes, quien fuera presidente de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) durante trece años. Campomanes, nacido en Manila el 22 de Febrero de 1927, falleció a causa de un cáncer este lunes en Baguio, Filipinas.
Bastaban diez minutos de conversación con él, en cualquiera de los siete idiomas que hablaba fluidamente, para sentirse fascinado por su cultura, sus exquisitos modales, y su aguda inteligencia: representó a su país como jugador en varias Olimpiadas de ajedrez, y se doctoró en Ciencias Políticas por la universidad de Georgetown. Políticamente no era sin embargo tan elegante, y quizás la palabra “taimado” sea la que mejor lo defina. Astuto negociador, su primera jugada magistral en el mundo del ajedrez fue convencer a su amigo personal, el dictador Ferdinand Marcos, para que ofreciese, en 1975, cinco millones de dólares como bolsa de premios para el duelo previsto entre el campeón Bobby Fischer, y el candidato soviético Anatoli Karpov. Un encuentro que pese a lo estratosférico de la oferta y a los esfuerzos de Campomanes, nunca llegó a producirse por las reiteradas negativas y exigencias del genio americano, actitud que le llevó a ser desposeido del título.
Pero si Campomanes ha alcanzado una fama poco común entre otros dirigentes deportivos, fue porque su mandato, entre 1982 y 1995, coincidió en el tiempo con la época dorada del ajedrez, en la que Kasparov y Karpov mantuvieron una de las mayores rivalidades deportivas de toda la historia. Y muy especialmente por lo sucedido durante el primero de sus cinco duelos, en 1984, suspendido antes de su conclusión.
Se había pactado que en este encuentro se proclamaría vencedor al primero en obtener 6 victorias, sin que las tablas fuesen contabilizadas. Karpov, favorito del régimen soviético, comenzó castigando a su impetuoso rival y se impuso en 5 partidas, que dejaban la victoria a su alcance. Pero vino entonces una serie interminable de tablas que alargó el campeonato por encima de los cinco meses, desbordando todas las previsiones y causando enormes problemas organizativos. Con ambos contendientes al borde del colapso físico y mental, Kasparov resucitó y se impuso en tres partidas en muy corto espacio de tiempo: era Karpov, que había adelgazado casi 10 kilos a lo largo del maratoniano duelo, quien se encontraba ahora al borde del KO. Llegado a este punto, supuestamente presionado por las autoridades soviéticas para proteger a su preferido, Campomanes decidió suspender el encuentro sin proclamar vencedor.
Ambos ajedrecistas se sintieron perjudicados y se juraron odio eterno: Kasparov, porque al fin había puesto a su rival contra las cuerdas y, dado su juventud y mejor estado físico, confiaba en sus posibilidades. Y Karpov, porque a pesar de su frágil salud, sólo una victoria más le separaba del éxito.
¿A quién quería proteger realmente el presidente de la FIDE con su decisión? “En la antigua URSS, los famosos eran esclavos del sistema. Tan sólo Campomanes sabe realmente qué pasó y por qué lo hizo”, explica Karpov al respecto. Un secreto que, posiblemente, Campomanes se ha llevado a la tumba..
Florencio Campomanes, ex presidente de la Federación Internacional de Ajedrez, nació el 22 de febrero de 1927 en Manila y falleció el 3 de mayo de 2010 en Baguio (Filipinas)
[Publicado en el diario "El Mundo" el 6 de mayo de 2010, en la sección de Opinión]
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David Llada @ 6-Mayo-2010
Con las piezas blancas y frente a su público, Veselin Topalov efectuará hoy en el aristocrático Club Militar de Sofía (Bulgaria) la primera jugada del Campeonato Mundial de Ajedrez, en el que tratará de destronar al vigente campeón, el indio Viswanathan Anand. Dos contendientes muy dispares en su estilo de juego, orígenes y personalidad, pero con una cosa en común: ambos viven en España desde hace casi dos décadas. Anand, en Collado Mediano, y Topalov en Salamanca.
Aplazado un día con respecto a lo programado, el comienzo de este duelo se vio envuelto en la incertidumbre a causa de la erupción del volcán Eyjafjälla, que convirtió el desplazamiento de Anand en toda una odisea. Tras partir de Madrid, y con una escala prevista en Frankfurt para reunirse con el resto de su delegación, el campeón mundial se encontró con que el vuelo en el que debía abandonar Alemania estaba cancelado. Ni siquiera obtuvo permiso para partir en el jet privado que un admirador y mecenas del ajedrez alemán puso a su disposición: el espacio aéreo estaba cerrado.
A las dificultades para conseguir trasporte alternativo bajo esas circunstancias para un grupo tan nutrido –su equipo de asistentes para este duelo asciende a ocho personas-, hubo que añadir los problemas de visado para atravesar ciertos países, lo que les impedía tomar la ruta más corta. Ante tales perspectivas, Anand hizo un llamamiento para que el duelo se aplazase tres días, pero los organizadores búlgaros se negaron a tal concesión. Tuvo que intervenir entonces la Federación Internacional, con una decisión salomónica: se aplazaría el duelo, pero tan sólo un día.
Al final, el periplo tomó más de 40 horas ininterrumpidas de viaje por carretera a lo largo de 5 países, para llegar justo a tiempo para los actos protocolarios y la presentación. Un desgaste que, añadido a la tensión nerviosa que acompaña a los jugadores durante este tipo de duelos, puede convertirse en un serio hándicap para el defensor del título.
Viswanathan Anand / Un devoto del gimnasio
De carácter modesto y tranquilo, Vishy puede presumir de un mérito poco común tras haber pasado más de 20 años entre la élite de este deporte: no haberse granjeado la enemistad de ninguno de sus colegas, en un mundillo en el que los enormes egos y los odios viscerales han salpicado a menudo el tablero. “Algunos dicen que no derroté a Kasparov en 1995 porque yo no tenía su instinto asesino. Pero no hubiera sido natural que yo jugase con tanta agresividad; cada cual debe convertirse en campeón siendo fiel a su propio estilo”, comentó una vez respecto al mayor revés en su carrera, cuando tuvo al Ogro contra las cuerdas para finalmente caer derrotado.
Sin embargo, con una bolsa de premios de dos millones de euros netos en juego, el afable indio puede transformarse en un tigre de bengala. Máxime cuando, siendo ya un veterano, sabe que no le quedan muchas oportunidades como ésta. El prodigioso noruego Magnus Carlsen, con sólo 19 años, encabeza desde enero el ránking internacional, y todo indica que pronto se producirá un relevo generacional que desbancará a las actuales estrellas.
Anand es, junto con el equipo nacional de criquet de su país, el deportista más famoso de la India. Mil millones de compatriotas le aclaman como un héroe, y en las dos ocasiones en las que se alzó con el campeonato del mundo, fue paseado en elefante en medio de multitudinarios recibimientos. “Tengo más seguidores que Maradona”, bromeó una vez al respecto.
Vegetariano estricto, Anand le da a sus 40 años cada vez más importancia a la preparación física. “Paso más de tres horas diarias en el gimnasio. Es la única manera de mantenerme concentrado durante cinco horas o más, sin altibajos”.
Veselin Topalov / El trotamundos del tablero
“Anand y yo hemos dominado el mundo del ajedrez desde hace cinco años; este duelo debió haberse celebrado mucho antes”. Con esta determinación, que resume el sentir general de muchos aficionados, se expresó en la rueda de prensa inaugural el aspirante, a quien parece que el hecho de jugar en su país le supone una motivación extra: “para perder, es mejor hacerlo fuera; para ganar, prefiero en casa”.
Salmantino de adopción, Topalov guarda un mal recuerdo de lo que supone disputar un Campeonato Mundial en “territorio hostil”. En 2006, tras un año como campeón, tuvo que defender su título ante el ruso Vladimir Kramnik, y lo hizo en Elista, capital de una ignota república autónoma rusa. Las sospechas de que su rival recibía ayuda informática durante las anormalmente frecuentes visitas al servicio, y sus denuncias al respecto, desembocaron en uno de los escándalos más bochornosos de la historia reciente de este deporte, a unos niveles nunca vistos desde la guerra fría.
Un panorama muy distinto al que le espera ahora, jugando ante su afición –el ajedrez sigue siendo tremendamente popular en Bulgaria-, en un encuentro auspiciado personalmente por el propio Primer Ministro, Boyko Borisov.
Topalov es un jugador que se forjó bajo condiciones muy duras, como un auténtico trotamundos del tablero desde que tenía quince años. En esa época, disputó compulsivamente torneos del circuito amateur, uno tras otro, para escalar posiciones en el ranking, hasta que logró ganarse por derecho propio invitaciones a los torneos más prestigiosos. Sorprendentemente, a los 30 años sus resultados mejoraron de forma espectacular, y aprovechó el hueco dejado por la retirada de Kasparov en 2005 para alzarse al primer puesto del ránking. Una posición que ha mantenido con bastante regularidad gracias a sus explosivas victorias en torneos.
[Originalmente publicado en el diario "El Mundo" el 24 de abril de 2010]
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David Llada @ 24-Abril-2010